literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Leisie Montiel

Jun 9, 2025

AJEDREZ
Abro mi nombre en el salto del caballo,
trote de eles de un mapa íntimo y remoto
como el azar que aletea en los cuadros,
el juego de ser la monofauna real
del antiguo honor de reyes momias,
pero aún altivos.
Cuando caigo presa en el bando enemigo,
donde habitan caballos perversos,
me hierve el alfil en las venas
ysalgo al enristre de diagonales, suturas,
retrocesos, avances limitados
al color de la custodia.
Por eso prefiero la digna humildad del peón,
el silencio de las torres
en la acción definitiva del enroque,
porque moverme reina,
girasol de codicias a flor de matemáticas,
significa deponer el rincón de la espera
que ha crecido en las raíces del tablero.
Abdico de tus fascinaciones
para siempre,
no me conmueven tus ínfulas de dama perfecta.
Ya bastante he tenido
con los jaques matices de la muerte.

***

EXTRAVÍO
De tanto soñar adentro
me volví miope y huraña,
envejecí más que mi carne
y perdí el hilo de las horas.
De haber aprendido a tejer o a bordar
como las abuelas,
quizás los puntos de cruces invisibles
o los nidos de abejas sin abejas
me habrían auxiliado de esta caída ciega
y precipicio
de donde no he salido.
Sé que hay manos amigas abiertas en el aire,
pero no las distingo;
son apenas gestos de cortesía en abstracto
los rostros que dicen sonreírme
a un metro de distancia,
y más por intuición que por memoria
acierto con las calles conocidas.
A veces he sentido que viviendo una vida
de talla menos grande,
sin las conjugaciones pretéritas del tiempo,
podría regresar a la inconsciencia
de la nube de azúcar devorada en los circos,
de las risas gratuitas con retazos de gramática inocente
como semáforos de un ojo verde
y fijo.
Pero ya no me sirven las señales de tránsito.
Los pies que sacaba a pasear todos los días
hicieron sus maletas
sin despedirse.

***

TENTATIVAS
Lo que te di
que tuve
no lo vieron tus ojos.

A veces,
en el roce de nuestros labios,
casi creí que me descubrirías
pródiga de ti, liberada del miedo.
Pero lejos estabas,
a pesar de las mordidas exquisitas
con que intenté acercarme.

Era inútil aún mi cuerpo entero.
Precisabas, quizás, de más ausencia,
de espacios en un vilo
adonde no se llega sino solo.

Acepté con el tiempo desatar nuestras manos,
recobrar el inicio que quedó interrumpido
como cuando uno sueña
y luego un golpe hondo nos sacude.

Entonces fuimos dos,
enfrentados, disímiles,
con la distancia entre nosotros
perversa.

***

ENTRESUEÑO
Recobro la mirada de los dioses antiguos,
la eternidad trocada por ánforas de aceite
en una tarde con caída de hojas
y un camino quemado
por soles sucesivos.

He transcrito en mi lengua la ruptura del sello,
el pasado reposo, las mudas pulsaciones
que fluyen bajo el tiempo
sin llegar a la muerte,
la unidad de las cifras dispersas como el cielo
con su corte de estrellas,
cuando algún mago acierta
los signos del destino.

Desenvuelvo las redes que forjaron mis pasos
y las echo a volar en el aire, en el fuego,
en aguas que retoñan entre las faldas de las montañas,
porque ha llegado el día
en que asciendo a otro ciclo
de ritmos que aún ignoro.

Ya no vivo en el sueño de los dioses,
ahora soy yo quien los ve dormir en mi senda
y ellos quienes buscan los olvidados dones,
en un amanecer donde las hojas
apenas han abierto el aro tembloroso
de su hora verde
y fija.

***

ÓSMOSIS
He recogido voces mientras viví en el mundo,
y luego era imposible despojarse de ellas
como de un traje viejo
que ha pasado de moda.

A mí arribarían en busca de algún rostro
que pudiera dar cauce a sus palabras.
Estaban desprendidas de sus antiguos dueños,
huérfanas. Como los bosques vírgenes
nunca por nadie vistos,
sin luz que nos descubra sus contornos.
Sólo mi oído y mi corazón que gime
las extraña.

Fue cediendo mi cuerpo de cuanto estaba afuera,
consentí sus caprichos a deshoras,
peticiones puntuales
que enfermaron mi sueño.

Ahora que viven dentro desde adentro,
he olvidado lo que sé del silencio
y sin embargo permanezco muda.
Habitada por ellas,
pero sin mí.

***

LA CAÍDA DE LOS ÁNGELES
Venimos de las sombras,
de un lugar inhóspito que apenas
se divisa
detrás de tus pestañas.

Hemos emprendido nuestra ausencia
y sin embargo aparecemos frente a un parque
donde miras siempre la caída
de aquéllos que replegaron sus alas,
por redimir del silencio
a las aves del fuego.

Entre huella y huella recogerán las migas
de sus miembros blandos,
la ceniza que hará temblar la vida
en otras tierras,
donde las manos mueren
sin tiempo de aferrarse a algún encuentro.

Entonces cerraremos tus oscuros pozos
y podrás escuchar
-como quien nunca tuvo conciencia del sonido-
el trueno de un plumaje
que se bate en las llamas.

***

IFIGENIA
Ifigenia aparece en un camino
donde van mis ojos
empañados de asombro,
da medio giro
entre rizos largos y teñidos
de profundidades que resbalan
hasta la cintura.

No es el mar quien ahora la asedia;
es un lago que ha venido a unir
nuestros tiempos de ocaso.

Otra vez he quedado sola,
con la última imagen de cintas que serpentean
en el tono sangriento de la daga
y en el negro latido
de fieras innombrables.

Ifigenia se hunde en un paso de mármol
vuelto arena
y pronuncia su conjuro maldito:
justicia.

***

TRIBULACIÓN
En tus labios
el sonido de mi sangre
silenciosa.
Es todo cuanto puedes palpar
de lejos,
en esta cercanía de zapatos en trance
que se miran
y no se reconocen,
que se rozan lustrando la distancia
-siempre la distancia
con su ojo ciego.

Catarata del mal

Sobre la autora

Publicados en: https://www.geocities.ws/poeta_invitado/leisie_montiel.html.

Deja una respuesta