Nada de ti, de tu presencia viva,
nada de tu calor, ni de tus manos;
nada de tu verdad ni tu destino,
ni del acontecer de tus edades.
Nada, de tu vida en esencia
y tus caminos,
ni tus minutos de vivir callado;
nada en mi de tu norte y de tus pasos,
nada sino tu voz y tu sonrisa.
Nada quedó en mi vida de tus horas,
nada de tu presencia y de tus días.
Nada quedó de cierto entre mis días;
solo la certidumbre luminosa,
de tu verdad vivida en mis palabras.
Tu presencia en la vida se hizo brumas,
de un lejano y hermoso acontecer;
tu palabras nació con las estrellas
y desapareció en el amanecer.
Nada de tus palabras, sino el suave
y acompasado ritmo de tu voz;
nada sino la huella en luz y canto,
de tu paso sublime en mi vivir.
***
Sobre el tiempo sin fin,
innominado,
nace en la noche la verdad temida;
surge de entre las voces olvidadas
la presencia por siempre mantenida.
Como la luz incierta que se asoma
en el amanecer de cada día;
surge la imagen muda, detenida,
sobre el silencio inmenso de las horas.
La verdad se hace viva entre los labios
y el dolor se hace carne entre la vida;
sobre la noche sola, contenida,
atraviesa un mensaje sin palabras;
hoy tu recuerdo vivo, soterrado,
es la semilla cierta, germinante,
de la verdad eterna de mi vida.
***
Está allí,
como piedra que duerme
en el fondo del cauce;
permanente, inviolada;
aunque el agua del río
continúe su corriente.
Está allí;
es la fruta
que la humedad corroe,
desintegra su carne
y queda la semilla
que es la vida.
Está allí,
como piedra que duerme
en el fondo del cauce;
permanente, inviolada;
aunque el agua del río
continúe su corriente.
Es pequeño tesoro
que se guarda intocado;
es vida permanente
a donde regresar
cada instante.
***
Es tu voz matinal que abre la brisa
clara de amanecer,
y tu sonrisa de floración frutal,
soterrada vivencia mantenida
en el silencio azul de tu presencia,
vereda detenida en el camino
de tu vida en agraz.
Desde los infinitos horizontes,
tus ojos suspendidos mantuvieron,
la mirada en incierta mutación;
hacia el obscuro abismo sin distancias,
camino detenido en el silencio
del silencio total de mi existencia.
***
Me duele este dolor de no sentir
el alma en eclosión y la ternura
inerme, silenciosa, adormecida.
Me duele este callar de mis palabras,
este silencio de sollozo y grito.
Me duele este dolor de correr siempre
hacia la luz incierta de los días.
Me duele este sentir entre la carne,
el dolor infinito del olvido.
Me duele la ternura suspendida
frente a la dura vida detenida.
***
Vendimia de tu voz y de mi vida
estas palabras surtas en poemas;
cosecha derramada de mis campos,
en rumores de gajos cristalinos.
Vendimia de tu voz,
rumor distante,
cristal de copas rotas en cadencia
de silencios totales;
distancias infinitas,
voces truncas,
en inútiles muertes consumidas.
Vendimia de mi vida,
derramada,
hacia horizontes de diáfanas edades,
vigencias mantenidas en torrentes
de agigantadas aguas cristalinas;
floración consumada en cosecha frutal
de vegetal vivencia mantenida.
