EL DESTERRADO
A mi buen amigo Gaspar de Olavarría
Cual llora el infeliz que entre cadenas
Para siempre se ve,
En estas playas, al dolor ajenas,
Mis duelos lamenté.
Cuán triste suerte la de aquel que gime
Sin poder ya llorar
Y siente el alma que el dolor oprime,
Con el placer soñar!
ΕΙ que apenas un rayo de esperanza
Que forja la ilusión
Contempla solitario en lontananza
Sin fe en el corazón!
Así el marino en la elevada popa,
Sin velas ni timón,
Espera aun, mientras el Noto arropa
La rota embarcación.
Diez y ocho años! y perdida miro
Mi juvenil edad!
Y apenas en el alma hay un suspiro
Que alivie mi ansiedad?
Diez y ocho años! triste mi destino
¿Sin cambiarse veré?
Eternamente en mi infeliz camino
Espinas hollaré?
Lejos de aquí! la aurora, el mar, las flores
No lucen para mí!
Acrecientan mis penas sus primores!
Lejos, lejos de aquí!
En otro tiempo, alegre e inocente,
En su primor gocé
Y en los altivos cocos puerilmente
Dulces nombres grabé.
¡Hélos allí! recuerdos de ventura
Que doblan mi pesar,
Cuando a ocultar acudo mi amargura
A orillas de la mar!
Oh! venid, venid, brisas! ¡cuántos días
Me hicisteis esperar!
Arrastradme a otras playas mas sombrías
Donde pueda llorar!
Me insulta la belleza de esta tierra,
De su cielo el fulgor:
Llevadme presto! el corazón se aterra
En faz de su esplendor!
Llevadme presto! el fin de mis pesares
Quizás encontraré;
Tal vez entre las ondas de los mares
Alcanzarlo podré.
***
PARECES VIEJO
Pareces viejo!, me dijiste un día
Con amargo dolor, cuando te hablaba
De una fe que mi alma no tenía
Y mi vida infeliz desesperaba.
Y vi en mi pensamiento que los años
No son los que más gastan la existencia;
Que envejecen aún más los desengaños,
Y esa vejez helada es la experiencia.
Juzgando en mi conciencia el alto rango
A que alza la virtud el sacrificio,
Vi vender el honor, comprar el vicio
Y arrastrarse las almas por el fango.
Y vi que eran, al mundo así le plugo,
Señor el fraude y la virtud mendigo;
Mas aceptas la horca y el verdugo.
Que el vil halago del infiel amigo.
Y subí hasta el amor! y el pecho lleno
De la embriaguez mas pura, vi temblando
Que ahogada el alma por inmundo cieno
Íbanse los ensueños disipando.
Y conocí el placer; y al fin la sombra
Del hastío fatal nubló mi frente,
Y nada ahora al corazón asombra,
Sino el amor que abriga tu alma ardiente;
Que indiferente el pecho al mundo instable,
De mi ser en lo interno hoy solo siento
Algo como un fantasma inexorable,
Un verdugo tenaz: mi pensamiento.
***
Y TÚ ME OLVIDARÁS?
Tú eres feliz, hermosa! tú, que el paso
Mueves ligero entre brillantes flores,
Como el luciente sol hacia el ocaso
Su carro entre vivísimos colores.
Tú eres feliz, hermosa! tus placeres
Son los versos, las flores y la danza;
A ti bajan en coro alados seres
Y te sonríe siempre la esperanza.
Mas yo no espero nada; oscura bruma
Cubre mi corazón, y ya cansado,
Es mi alegría cual la blanca espuma
Que tiembla y pasa sobre el mar salado.
Tú solo has visto luces y armonía
Y regias pompas y contento y calma;
Yo tristeza y dolor, la faz sombría
Del destino fatal que hiela el alma.
Tú solo has visto, generosa y pura,
El amor del hogar que lleva al cielo;
Yo del hastío, al fin, miré la oscura
Fuente que baña al corazón en duelo.
Encarnación feliz de un ángel bello,
Se miran en tu frente encantadora
De la casta inocencia el blando sello
Los alegres colores de la aurora.
Y en la mía, que ocultos sinsabores
Dejaron al pasar descolorida,
La huella mirarás de los dolores,
La marca del verdugo de la vida.
Oh, sé feliz , hermosa ! tus placeres
Son los versos, las flores y la danza;
Que a ti bajen en coro alados seres
Y te sonría siempre la esperanza!
Mas cuando tú, de mi dolor testigo,
Sepas que estoy bajo la tumba fría,
Que es solo polvo el cuerpo de tu amigo,
Me olvidarás también, hermosa mía?
***
EL PECADO ORIGINAL
Al oído de Adán, con dulce acento,
Seductora palabra Eva murmura,
Y se estremece Adán y en su locura
Quebranta del Señor el mandamiento;
Y como ruge tempestuoso el viento
Que levanta la arena en la llanura,
Huye, con un sollozo de amargura,
El ángel de la dicha al firmamento.
Aparece el Señor. Severa brilla
Su faz augusta en el tremendo juicio;
Y en dura voz fulmina sus enojos.
Callan, tiemblan y doblan la rodilla;
Apiádase el Señor de aquel suplicio
Y el lloro pone en sus dolientes ojos.
***
EL ÁNGELUS
Those evening bells! TH. MOORE
Campana de la tarde, plañidera,
¡Cuántos recuerdos en tu voz vibrante
Me traes del hogar y del instante
En que feliz te oí la vez postrera!
Ya del gozo pasó la alegre hora:
El corazón que ayer fue mi contento,
Dentro la tumba oculto yace ahora
Y no oye más tu gemidor acento.
Y así cuando yo muera! Lastimosas
Tus voces siempre sonarán mañana,
Mientras otros a orar sobre estas losas
Con lágrimas vendrán, dulce campana!
