LÍMITES
Trazando lentas rayas, suspendidos
en vuelo displicente, los zamuros
surcan el recortado cielo del edificio,
sumidos en su búsqueda confusa.
Se asoman intrigados, pues divisan
nuestro diario cadáver incesante,
la muerte en bolsa plástica, la basura,
que así resume el breve desenfreno,
el logro desechable, la raída
esperanza que a todos nos impulsa.
Quizá podamos, al mirar arriba,
sostener la mirada, vencer la repugnancia,
y alcanzar la medida indispensable
de magnanimidad para estos tiempos:
Aceptar agua de frescor vencido,
adoptar como patria el condominio,
y admitir que los zamuros, al volar,
determinan los límites del cielo.
***
IMPUNTUALIDAD
Seré siempre impuntual, pues mi reloj maniático
vive perdiendo el tiempo escurridizo,
o ganándolo a veces, no sé bien.
Cuando digo reloj no me refiero
al impersonal círculo
que barren los dos brazos delgadísimos
(aunque tenga caprichos él también)
Lo que me enreda es
la intromisión de la desidia extraña
que llaman poesía,
de la molicie que llaman pensamiento,
en el reloj oculto,
en los resortes y engranajes laxos
que entorpecen mis vísceras perplejas
y distraen las aspas de mi espíritu.
Pues si entra la metáfora,
o si llega una idea
(culpa sin atenuantes)
y me arrebata las dudosas riendas,
me hace perder el tiempo inútilmente,
o ganarlo, no sé,
y me hace llegar tarde a todas partes.
***
TESTIGO
Cada familia tiene su fantasma
que atraviesa entre generaciones.
Pero al pasar suele cambiar de alma,
de ruidos, vestiduras, vejaciones.
Cuando rodaba por los caserones
(sin luz eléctrica) de mi bisabuelo,
era tardío, soltaba maldiciones
y arrastraba cadenas por el suelo.
Ahora, venido a menos, sólo asoma
de madrugada algún gemido débil,
desaparece cosas, proporciona
algo de asombro en esta era estéril.
Devuelve la inocencia, la refluye,
acerca un vivo espasmo hasta la médula,
y el estremecimiento restituye
algo de asombro en esta era incrédula.
Ese desliz furtivo, ese enemigo
que anidaba la muerte entre sus huesos,
se nos ha vuelto el último testigo
del temblor, de la vida, del exceso.
***
SOMBRA DE LA PASIÓN
El lujo de tener un pajarito aquí
(un agreste detalle en el paisaje urbano)
sin más barrotes que los dedos curvos
de sombra que proyectan los helechos,
nos llevó a proveer, sin recelar,
alimento abundante cada día.
El pájaro venía y revoloteaba
y comía enfebrecido, sin parar,
y regaba de alpiste el piso del balcón
(para sublevación de quien lo limpia a veces).
Hasta que descubrió su reflejo en el vidrio
y dedicó más tiempo a combatirlo
que al gusto de comer. Esa batalla
incontrolable, repetida, procaz,
ha roto el embeleso ilusionado:
El tierno pajarito, el detalle bucólico,
es una fiera tozuda y afilada
que golpea los cristales con saña pertinaz.
Hemos cortado el suministro diario;
ya el tesoro de alpiste es leyenda agotada.
Pero el pájaro viene y lucha contra sí
y se inmolará pronto, dejando en el cristal
su rajadura brusca, su sombra de pasión.
***
CONDICIONAL
Si uno pudiera, con fugaz sonrisa,
recordar el futuro y deshojarlo
como si fuera a suceder ayer;
o adivinar a tientas y a certezas
los entresijos roncos del pasado,
hasta aliviarlos con el aire ingrávido
de pliegues que no han sido…
Si uno tendiera el cuerpo
sobre el filo del tiempo
y fuera caminando con los ojos,
y mirando asombrado
con las inquisitivas plantas de los pies…
Si uno se desdoblara, en fin,
en este fin de mundo
que nace cada vez y desfallece ahí mismo,
podría beber el agua más exacta,
esa que se condensa en los minutos
y los convierte en gotas delicadas,
en parpadeos de una frescura súbita
que abre y cierra los ojos del instante.
***
LUCIDEZ
Mirar el sol de frente: atreverse a entender.
Primero quedarán los ojos ciegos,
desprovistos de alcance y de discernimiento.
Pero después vendrá la pródiga confianza
con su disposición de mirar adelante.
Y allí estarán brillando
futuras ocasiones,
evasivas luciérnagas que ahora logramos ver
porque mirar el sol nos predispuso.
Las vemos detenidas como chispas inútiles,
cada una emitiendo su canción peculiar,
doliente a veces, o acaso victoriosa.
¿Pero cómo vivirlas o evitarlas
si su rumor opaco
se escucha siempre, sí, pero resulta
incomprensible a veces?
Entonces recordamos que insectos antiquísimos
atrapados en ámbar nos llegan como fósiles.
Y quizás, al revés, invirtiendo ese viaje,
las oportunidades se libren de la huraña
jaula que las retiene
y vengan reunidas en enjambres
dispuestas a moldear
las vidas con su oblicua pasión intempestiva.
Así, ahora auxiliados por la capacidad
escrutadora que el sol nos deparó,
al captar el zigzag de los momentos
que acuden a su urgente conciliábulo,
podremos dibujar el tiempo venidero,
descubrir su rapsodia, su abalanzada música,
pues las aladas manchas impacientes
algo revelador
quizás dirán.
