Lina Giménez
II
Te alejas en la voz
y de repente
regresas en el eco.
IV
Por favor, no me grites,
estoy cansada
de escuchar mi nombre.
VIII
Quítame estos grilletes
de penumbra
y dame una palabra iluminada.
XII
Soledad, déjame una mañana
despertar asombrada
sin tu peso en la frente.
XIII
Te escondes en la vida
y te asomas curiosa
tras la muerte.
XIV
Soledad, murciélago nocturno,
que chupa, chupa y chupa
la sangre del insomnio.
Un mar calla
adentro de tus ojos.
XIX
Esta noche no entras.
Yo me opongo,
y de pronto
te encuentro en las paredes.
XXVII
Vieja chismosa,
repitiendo tus chismes
cada hora
como si pudieses
calumniar al silencio.
XXVIII
Guadaña que siegas las palabras
nacidas en mi canto,
Vas cortando una a una
las espigas del llanto.
XXX
Soledad, yo me rindo,
ganaste la batalla
entre Voz y Silencio.
Ya tienes tu botín
de tiempo calcinado.
XXXII
No me asusta
tu silueta de sombra
Ya estoy acostumbrada
a dormir en tu alfombra.
XXXIV
Estás disfrazada de murciélago
porque sabes que le tengo miedo.
Sigue con tu disfraz
mientras yo te dejo
una cruz de esperanza
que ahuyente tu fantasma
de antiguo animalejo.
XXXVII
Fuiste mi cuna,
ahora eres mi cama,
pronto serás la nave
que me lleve a la nada.
XL
Estás colgada en el techo
como lámpara ciega que ilumina
mi claridad secreta.
XLV
Araña tejedora
me tienes encerrada
en la red de las horas.
XLVII
Antigua carcelera
tú tienes tus barrotes
yo tengo mi escalera.
LX
Soledad agorera,
que predices el canto
en una pajarera
donde encierras el llanto.
LXVII
Blanca luz del cielo
puñal que se clava
todas las mañanas
en mi pecho austero.
