literatura venezolana

de hoy y de siempre

Huesos agotados (selección)

Oct 23, 2021

­Raquel Santeliz

Dolor

Un grito descontento

sale por mi nariz,

comienzan a formarse

cinco ojos

que latigan.

 

Barro hacedor

protege el desarme de mi dolor,

Porque

están rompiendo la forma de mis labios

Él, el que desde mi niñez

ha ofrecido frescura

y jugaba

a bañarme

con las hojas de albahaca.

 

Un grito descontento

guía mis pies descalzos,

me quedé sin su voz

en pleno al verlo;

Juega con los cangrejos

que viven en el olvido,

Registrando tumbas.

 

Llueve donde se abre la puerta inclinada

Reporto la emergencia,

no poder correr

una línea.

La inercia

otras líneas se pierden perpendicularmente,

manos en alto,

me abrazo

logro irme por una vereda

en distancias prudentes,

un perfume me hace mirar el reloj,

escucho la desolación adolorida.

 

 

Despedida

Tras la puerta

dejo escrito lo mucho

que te amo.

 

En nuestra casa sin techo

posan los platos

que nunca te serviré,

el diván donde te quite las medias

y la respuesta.

 

Alice mis cabellos por verle

acabe con mi guardarropa

su camino no es mi nombre

el suyo es:

Ocres, verdes tejidos de arañas

 

No son idiotas mis ojos

solo lloran

la cesta de lo imposible.

 

Disfraz

Amarras mis vellos púbicos,

grito mis malas palabras

despiden secretamente

a fuerza de tragos

la saliva que me ahoga.

 

Tantas cuentas

perdí la sensatez.

 

Sé filtrar el luto

por mi esqueleto

por este mausoleo.

 

Esta noche

los perros cantan

la vigilia

de mis sesos

destrozados

que vomita

la ausencia

que no evoqué.

 

Hora del óbito

a tantos golpes de imposibles

el perdón se accidenta,

jamás pensé oír

la herida de un mal

sacudir sin piedad

un acordeón.

 

Ahí  

Queda el patio grande

donde las espumas de jabón

hacen resbalar el amor

sobre ruedas del destino,

ahí mismo

las rosas están plastificadas

en un anónimo bolsillo

ejercicio del agua que tatúa a pleno sol

muchachos que arrancan

la pasión

a golpes de palos como espadas.

 

Quedan esos niños

de plena libertad,

la bicicleta

se los llevó por las calles

que amarra el sentir

por el pescuezo

esperando el olor completo

 

Se queda la pelota

que brinca

por los peldaños

de la escalera

que dirige al estanque

de quién espera,

ahí está el juego

el canto y las caricias

suave como lombrices

de mutuos cabellos

 

Queda el estallido

recogiendo lo abierto

sobre el mundo,

ese mundo de carrusel

cuadrado

pequeño

cómplice

 

Quedan los locos crédulos

que se preocupan

por salvar

las agujas del reloj

 

 

Sobrevivir a la intemperie

Encontré una humanidad

resonante

en un páramo de lucidez,

releo parábolas

que no me llevan a la nada,

apelo

al tráfico de los poetas orgullosos,

ellos saben que el volumen

es un síntoma de los versos

al tamizado riesgo,

una geografía efervescente

 

que anuncia

la verdad está de peltre,

la permanencia

es un hueco en estos ecos

que encuentran

las prórrogas perpetuas.

 

Cordones

Amanecí

con una pata atascada

en el tejado,

tengo demasiado sol,

la humedad

me deja ciega

 

La cura, el salto.

De saltar, yo salto,

pero no tengo claro

en qué punto del tejado

están los tres cordones

de mi existencia

 

Un pesado collar

cuelga de mi cuello

por mi espalda,

las hormigas

muerden mi lengua,

Si caigo

los tejados inferiores

reventarán mi cabeza.

Un salto

un salto.

Mi ombligo sangra…

Otros tejados he vencido

a otra piel

he encarnado.

 

¿Cuántas muertes llevo?

¿Cuántas vidas me quedan?

A la altura del azar

La razón

rompe mi boca.

En este tropiezo de muros

está un pez seco,

que se ríe

 

¡Ay!

Soy humana

carajo…

de cuerpo

traje y nombre.

 

Escuchen:

el sol me está quemando

en este desgarre,

aferro humedecer

esperando

sin vergüenza.

 

 

Taza de café

Yo te quise

en este punto muerto

que refugia el occidente.

Tengo que cobrar a velocidad

lo que queda de mis llagas.

 

Campanas encintas

reta mi madre,

mientras da vuelta

la taza de café.

 

Ya mis canciones

no buscan el amargo

del licor,

aunque tengo

todas las razones.

 

En mis entrañas

dominan demonios

para no comer manzanas.

 

Sobre la autora

*Ambas imágenes corresponden a obras de la autora

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