literatura venezolana

de hoy y de siempre

Suele vestir de sombra (selección)

Sep 16, 2021

Juan Martins

EN LA INQUISICIÓN de las horas, la noche

(que debes llamar abandono)

tiene lugar en ti.

Has devorado de los sueños

mi techo de ruinas

como este pozo que se mete en la memoria,

lleno de otoño ajeno y vertical

que ciega la sonrisa de los árboles.

Recorría entonces con delirio

en busca de su Ariadna,

pero mueren duendes en la soledad

de este niño que aprendió a morder el miedo.

 

No es revelarte lo que quiero

porque el secreto—esta casa vencida—,

es y será mi regocijo.

 

 

ALGUIEN me lastima

en el cuerpo del otro

para este hundido resto que soy.

Hasta amarte por separado

de la luz que se revienta

sobre mi sueño,

lidiando en el tallo de tu sexo,

como este

proverbio del reflejo

que se yergue de lo eterno

cuando te excitas con la idea

de lo sagrado,

de saberte morir

en un abrazo anegado y disuelto.

 

 

HAS DICHO que los labios

son como la ignominia

de tus vestiduras,

nunca usados para la oquedad

desnuda de tu cuerpo.

Ya sin ti, no tendremos la despedida

de los espejos

con los que limpiabas

las sombras de mi rostro.

 

 

ESTA CULPA de su mirar

mudo, mientras ahogo

el instante del rezo

por la espera líquida

de tus movimientos.

Pero no pude desgranar el

dialecto de tu tiempo,

desgranar tu respiración

como un presagio de la ciudad

donde se celebra la abertura

de tus pechos.

 

Y el aliento desnudo se detiene.

 

 

CADA INSTANTE de su lágrima

será el resto de tu bajo vientre.

 

Cerrada sobre la frase

de tu memoria,

una niña posa su cara

sobre las hojas del agua

donde el viento las hunde

hacia aquella sombra húmeda

de la noche,

hacia la sonrisa vencida de

mi arrepentimiento.

 

Siempre taciturna y distante,

amorosa y sedienta

el cuerpo del sexo te será ajeno.

 

 

TENER QUE

odiar al deseo

—que descansa—

en el residuo de la espera.

Las bardas se dilatan

por debajo de los hombres

y no cubren su alegoría,

acaso se oculten del instante

para suplir el adulterio del temor.

 

Habrá que darle lugar al mundo

a pesar de que el tiempo

se extienda en la amenaza

de dos cuerpos que se levantan.

Sobre el autor

Deja una respuesta