Alberto Hernández
Las rodillas
¿Sabrá Dios de los callos?
¿Tendrá conciencia de que las rótulas
emigran muchas veces de la fe?
En un templo solitario Ellas las rodillas
Colman su dolor en silencio.
Al ponerse de pie
-quien las lleva puestas-
la destreza de los meniscos
devela el consuelo de haber sido
sostén de una urgencia terrena y pasajera.
Los talones
Saben de pasos y caminos
del ritmo de los huesos
de la dureza de la tierra
o de la acritud del barro en los zapatos.
Como par silencioso
Ellos –en mayúscula por respeto-
No olvidan los denuestos de las piedras
Y las grietas que el tiempo y el trabajo
Han abierto con creces
Los talones habitan en la parte más alejada del sueño
Por eso no sufren pesadillas
Aunque la irregularidad de las calles
Podría afectar su estado de ánimo
Los talones saben esperar
Por años sostienen esqueletos y una carne
Que habrá de darle cuentas al silencio.
Compiten con los dedos
Pero también lo hacen los pies.
Los párpados
Persianas ventanas puertas
Detrás de ellos los ojos
Tan agudos
A la hora de abrir y cerrar el mundo.
Cada parpadeo podría anunciar la caída de un astro.
La piel
Arropados por el pellejo o el cuero del tiempo
Andamos aferrados a la lisura de la juventud.
Una arruga en la cara
Las venas lustrosas y abultadas de las manos
El cojear en la mañana
Y el goteo al mear
Delatan que la piel se quiere ir
La piel habla desde sus cimientos
Se aferra a los músculos
Acepta disimular la costura de los huesos
Y es tan bondadosa
Que nos cubre de la desnudez de la muerte.
La nariz
Apunta hacia el poniente
Hacia el suelo granizo
Índice sin huesos matutino
La nariz y su olfato calibran
La llegada de chubascos y tormentas
En alergias y gripes es perito
Aunque a veces se equivoque en olores
Las hay para todos los gustos
Las hay para determinar el lugar del origen
O el origen del lugar
Y a veces son tan ellas que resultan
Un poema cómico en un largo estornudo
La lengua
La mitología griega la tiene por trágica
Y los dragones
Que también son mitológicos
Pero chinos
Por ardiente
Dentro de la cueva de Platón
Anidan las bacterias y la lengua sumadas a los dientes
Y a las calamidades que bajan por el esófago
Contráctil y también peligrosa
Ha sido causante de tristes y famosos ajusticiados
Mientras el condenado está en el cepo
Su lengua recapacita y tiembla
Del ahorcado emerge victoriosa
Para burlarse de los testigos
Nadie –ni Dios-
La puede sujetar: la muerte también suele ser su víctima
Por eso en la morgue no la mencionan
Y la dejan dormir por los siglos de los siglos.
El estómago
Amarga saberlo vacío.
Lleno anuda las envidias del hambriento
Ese saco resume nuestro pasmo
Lo convoca y lo destroza
Valija necesaria mucosa viajera
Saco de impertinencias
Pleno de gases y molestas agruras
De panes salados o dulces refleja amoríos
Conjuga peristálticos y asombros
Mientras la mesa reverencia los platos.
Los intestinos
Si alguien se extravía en estos laberintos
Se recomienda calma
Barbitúricos y pañuelos
Amén de algún perfume que aleje el mal tiempo
El caso es que nadie podría perderse
Porque sería imposible tomar estas lúgubres rutas
Los viajeros de estos caminos
Flotan más tarde en alguna tina
Donde abundan el silencio, la reflexión y un eco.
El hígado
No hay industria más afanosa que esta península de sangre.
Hematopoyética
Hematopoética
La cumbre de su éxito está en filtrar milagros
Alcoholes y venenos
Y cantar mientras la borrachera se asienta en la resaca.

Interesante reflexión. Sobre todo la forma poética de decirnos: la piel nos cubre de la muerte, Realmente, la vida aunque tenga esqueleto, no sería ella,sin la piel. Estaríamos desnudos y en silencio. Jamás nos veríamos en el epejo. Mucho menos nos entierarían-como dice el pueblo por otro. Ni nos enterrarían. Nadie –ni Dios- /La puede sujetar: la muerte también suele ser su víctima/Por eso en la morgue no la mencionan/ Y la dejan dormir por los siglos de los siglos.Salvo que acontezca lo ya dicho: La semilla que entra, no es la misma que sale. Somos árboles y de él afloramos con la carga de accidentes del cuerpo. Ellos nos permiten con sus párpados, palpar después de abrir las persianas oler el mundo y saborear sin las papilas gustativas las verdades dulces y amargas que nos dan vida o nos matan.
Interesante respuesta la tuya también, profunda, filosósica y poética