literatura venezolana

de hoy y de siempre

Los accidentes del cuerpo

Sep 25, 2021

Alberto Hernández

Las rodillas

¿Sabrá Dios de los callos?

¿Tendrá conciencia de que las rótulas

emigran muchas veces de la fe?

 

En un templo solitario Ellas las rodillas

Colman su dolor en silencio.

Al ponerse de pie

-quien las lleva puestas-

la destreza de los meniscos

devela el consuelo de haber sido

sostén de una urgencia terrena y pasajera.

 

Los talones

Saben de pasos y caminos

del ritmo de los huesos

de la dureza de la tierra

o de la acritud del barro en los zapatos.

 

Como par silencioso

Ellos –en mayúscula por respeto-

No olvidan los denuestos de las piedras

Y las grietas que el tiempo y el trabajo

Han abierto con creces

 

Los talones habitan en la parte más alejada del sueño

Por eso no sufren pesadillas

Aunque la irregularidad de las calles

Podría afectar su estado de ánimo

 

Los talones saben esperar

Por años sostienen esqueletos y una carne

Que habrá de darle cuentas al silencio.

 

Compiten con los dedos

Pero también lo hacen los pies.

 

Los párpados

Persianas ventanas puertas

Detrás de ellos los ojos

Tan agudos

A la hora de abrir y cerrar el mundo.

 

Cada parpadeo podría anunciar la caída de un astro.

 

La piel

Arropados por el pellejo o el cuero del tiempo

Andamos aferrados a la lisura de la juventud.

 

Una arruga en la cara

Las venas lustrosas y abultadas de las manos

El cojear en la mañana

Y el goteo al mear

Delatan que la piel se quiere ir

 

La piel habla desde sus cimientos

Se aferra a los músculos

Acepta disimular la costura de los huesos

Y es tan bondadosa

Que nos cubre de la desnudez de la muerte.

 

La nariz

Apunta hacia el poniente

Hacia el suelo granizo

Índice sin huesos matutino

La nariz y su olfato calibran

La llegada de chubascos y tormentas

En alergias y gripes es perito

Aunque a veces se equivoque en olores

 

Las hay para todos los gustos

Las hay para determinar el lugar del origen

O el origen del lugar

 

Y a veces son tan ellas que resultan

Un poema cómico en un largo estornudo

 

La lengua

La mitología griega la tiene por trágica

Y los dragones

Que también son mitológicos

Pero chinos

Por ardiente

 

Dentro de la cueva de Platón

Anidan las bacterias y la lengua sumadas a los dientes

Y a las calamidades que bajan por el esófago

 

Contráctil y también peligrosa

Ha sido causante de tristes y famosos ajusticiados

 

Mientras el condenado está en el cepo

Su lengua recapacita y tiembla

Del ahorcado emerge victoriosa

Para burlarse de los testigos

 

Nadie –ni Dios-

La puede sujetar: la muerte también suele ser su víctima

 

Por eso en la morgue no la mencionan

Y la dejan dormir por los siglos de los siglos.

 

El estómago

Amarga saberlo vacío.

Lleno anuda las envidias del hambriento

 

Ese saco resume nuestro pasmo

Lo convoca y lo destroza

Valija necesaria mucosa viajera

Saco de impertinencias

Pleno de gases y molestas agruras

 

De panes salados o dulces refleja amoríos

Conjuga peristálticos y asombros

Mientras la mesa reverencia los platos.

 

Los intestinos

Si alguien se extravía en estos laberintos

Se recomienda calma

Barbitúricos y pañuelos

Amén de algún perfume que aleje el mal tiempo

 

El caso es que nadie podría perderse

Porque sería imposible tomar estas lúgubres rutas

 

Los viajeros de estos caminos

Flotan más tarde en alguna tina

Donde abundan el silencio, la reflexión  y un eco.

 

El hígado

No hay industria más afanosa que esta península de sangre.

Hematopoyética

Hematopoética

La cumbre de su éxito está en filtrar milagros

Alcoholes y venenos

Y cantar mientras la borrachera se asienta en la resaca.

*Publicado por: Ediciones Ave Azul, Texcoco, México (2021)
2 comentarios en «Los accidentes del cuerpo»
  1. Interesante reflexión. Sobre todo la forma poética de decirnos: la piel nos cubre de la muerte, Realmente, la vida aunque tenga esqueleto, no sería ella,sin la piel. Estaríamos desnudos y en silencio. Jamás nos veríamos en el epejo. Mucho menos nos entierarían-como dice el pueblo por otro. Ni nos enterrarían. Nadie –ni Dios- /La puede sujetar: la muerte también suele ser su víctima/Por eso en la morgue no la mencionan/ Y la dejan dormir por los siglos de los siglos.Salvo que acontezca lo ya dicho: La semilla que entra, no es la misma que sale. Somos árboles y de él afloramos con la carga de accidentes del cuerpo. Ellos nos permiten con sus párpados, palpar después de abrir las persianas oler el mundo y saborear sin las papilas gustativas las verdades dulces y amargas que nos dan vida o nos matan.

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