Blanca Strepponi
I
el hombre se aleja
de las orillas de piedra
escucha el acompasado
batir de los remos
el lento avance
sobre el agua quieta
de las corrientes profundas
un rumor apagado lo ciega
no hay nadie en este mundo
las montañas el agua las piedras
la luz intolerable
las voces extranjeras
las aguas se arremolinan y oscurecen
forman olas que se consumen
al contacto con las piedras
negras de la orilla
resto fracturado de algo mayor
ahora incomprensible
II
tal como el hombre en el lago
así la soledad de este cuarto
hasta aquí alcanzan
los sonidos de la calle
las voces extranjeras
hacen espumas y desaparecen
en la orilla del aire que respiro
las palabras desconocidas
llegan desde un país lejano
dichas al pasar
bajo el calor del sol
soy entonces la quieta
de párpados cerrados
junto al agua espesa
III
la mano sobre el sexo
un brazo bajo la nuca
navega venus grande
los párpados cerrados
duerme venus navegante
gruesa quieta y lampiña como vaca
pasta al borde del abismo
bebe agua de orilla
sueña los crueles
paisajes olvidados
dos mujeres en el bote inmóvil
sobre el lago helado
no preguntan a dónde van
porque no ven nada son ciegas
como vacas muertas no hablan
porque se han perdido
la una de la otra la otra de sí
IV
echadas sobre la tierra
los cuellos magníficos
y las grandes vísceras tensas
bajo el pecho abierto del día
bebo en los hermosos ojos
dos vacas y yo
ahora extienden sus cuellos
las orejas inútiles cuernos
un resplandor plomizo cae
sobre los ojos ciegos
escucho todo lo que dicen
hablan de cosas que conozco
de huesos de pezuñas
de rumores bajo el agua
¿qué esperan de mí?
V
algo se agita en el fondeo del lago
olas oscuras contra la orilla de piedras
doy golpes sobre la tierra
bebo en ellas
en el triángulo
blanco de sus frentes
me alimento de ellas
no hay quien las ame como yo
extranjeras y sagradas
vacas torpes dignas bellas
bebo en sus ojos sin fondo
las vacas muertas y yo
