literatura venezolana

de hoy y de siempre

El final de la noche es otro abismo

Ago 5, 2025

ENSUEÑO

En instantes y lugares idénticos
he pisado tu sombra
y no he sentido tu consistencia.

Una isla se preña de pensamientos
también idénticos.
La arropan resacas que traen misterios
de ultramar.
Una sílfide se columpia por encima de los arrecifes
y al unísono canta murmullos
que se confunden con mi respiración.
De una gaviota
se desprendió un pañuelo blanco
y grande, muy grande…

Alguien encendió mi lámpara.

¿Acaso llegabas?

***

HISTORIA DE MI SOMBRA

Un carro pasó
y aplastó mi sombra.
Me dolió la herida no sangrada,
el vaivén de rostros atribulados
por el reloj de la calle
que cuenta a pasos los segundos de respiros
que se pierden.

No advirtieron la sombra retorcida
sobre el bache que se hace espejo cuando llueve.
No sé por qué se me soltó de la mano,
siempre iba delante de mí
y a mi izquierda.
Yo ocupando el borde de la acera
para protegerla.
Cuando rozaba muros blancos
se le marcaba más la vida,
y entonces yo me volvía sombra
de mi sombra.

Hoy ha llovido
y quizás de repente
se le ocurrió que al igual que yo
debí tener rostro y manos de carne,
con las que pudiera zafarse
de mí, para siempre.

Se le olvidó que tuvo que arrastrarme consigo.

***

AMANTES

Dijiste en el tren
que aquí nos amaríamos,
lejos de los rumores
dejados en el barrio.

Y partiste una rosa pinchándote los dedos,
por cubrirme el cabello
con su piel de durazno.

Frente a la iglesia supe dialogar con la piedra,
transmutada en el ángel
de sonrisa demente.

Quise guardarte espacio
y negué el banco a nadie.
Soñé que me besabas
oculto entre mis piernas.

La sábana de nieve congeló mi garganta,
y al despertar encuentro tu sombrero sin rostro
oscureciendo el cielo, la calle.

Los dos dos solos.

Un pie huye descalzo a liberar al otro
de su fogosa media salpicada de rojo.

La hoja corta el cuello
que aún se apoya en tu hombro.

***

AL LADO DEL OLVIDO

He escuchado tu cuerpo
y no me perteneces
La distancia se agota en la memoria
esperando que existas

Aquí,
en el hábito de contar calles
de calcular el tiempo
según el tono de los rostros,
persigo unos cabellos que han cruzado
al lado del olvido.

Y aguardo a que sigas llegando
y no me reconozcas.
Mañana – me digo-
tu boca.

***

ÚLTIMA ESTANCIA

En vano intentas detener la noche,
acudir a su cielo con asombro de niño
y remedar, como en los viejos tiempos,
la oración silenciosa
que nunca comprendiste.

A ti mismo te niegas justo cuando se aguarda
la fogata del árbol
vencido en la intemperie.
Oyes gritar al mundo
y aunque a él perteneces,
prefieres darte prisa por poblar de abandono
la calle que te envía hacia nuevos tormentos.

Es mi última estancia sobre la tierra
dices,
y si un día el amor vuelve a pulsar tu sangre
la espuma efervescente de tu loca alegría
dará el traspiés que temes
al acabar la página.

***

PERO SE ELEVA EL POLVO DE TU NOMBRE

Quiero habitar el paso que has dejado
con las fragantes lluvias,
en él mirar la imagen de la noche
que no abarcan mis manos.

Un retazo de tierra es lo que pido
donde  afirmes tu espacio,
el color del fantasma que respiran
tus ojos solitarios.

Busco emprender el cielo
con  un  sueño  en  los  labios,
roer cualquier canción que me apresure
a olvidar el silencio en sus antiguas conchas.

Pero se eleva el polvo de tu nombre
y lo oscurece
el regreso que arrastro.

Sobre la autora

Deja una respuesta