literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Enrique Planchart

Jul 27, 2025

Heló la muerte la fraterna mano

Heló la muerte la fraterna mano
que acariciara un día mis cabellos,
y para siempre heló la voz de aquellos
labios que el nombre diéronme de hermano.

Si a soledad me condenó el destino
permitió en un rigor que yo encontrara,
un albergue de paz en mi camino,
un blanco y tierno pan y un agua clara.

Y fue en tu casa donde hallé el descanso
que había menester a la fatiga;
y el río de mi vida halló un remanso
de suave sombra y de frescura amiga.

Y fue tu voz un trino entre las frondas,
y fue tu alma un cielo claro y puro,
que cada vez que se miró en las ondas
tiñó de azul el remolino oscuro.

Como el nenúfar, hijo de la onda,
un afecto surgió, sencillo y blanco.
!Bien puede darlo la corriente honda
si se amansa un momento en el cilanco!

Podrá después seguir, en su carreta
contra las piedras, cada instante rota;
mas qué importa, si va imperecedera
la fragante memoria en cada gota.

***

Siesta

Ángel o ave, el solitario instante
que tú rechazas vuela en torno tuyo,
y el silencio desciende de sus alas,
que en suaves sombras pasa por tus ojos.

El sueño de las hierbas, oloroso,
entre velos de sol, sube y te envuelve
en la glauca penumbra que desgarra
el fulgor breve de las hojas muertas.

La fina voz del niño que tú fuiste,
por mil líquidos labios repetida,
huye otra vez en la infantil corriente
hacia el placer de hablar con los rosales.

Huye la voz, mas su mejor frescura
domina blandamente tus sentidos,
y los esparce por el valle claro
hasta el confín donde la luz fallece.

***

Noche

Nocturna noche de alabastro y ébano
guardada en el estuche de tu suave
dormir, tan puramente, que la ansiosa
mirada del amor más bien te ampara.

Arde la llama fiel cerca del lecho,
pero tan castos son tus pies desnudos,
que en vano siembra sobre el torso muelle
sus misteriosas flores la penumbra.

Oculto el brillo móvil de tus ojos,
te quedas de ti misma abandonada,
y a vida más serena te transportas
con el candor de una sonrisa nueva.

Pasado el corto linde del instinto,
en grave eternidad viertes tu hora;
e inmaterial adquiere tu hermosura
el sentido profundo de la noche.

***

CUARTETO DE CUERDAS

Primer Violín.

¿Quién escribió este adiós
con fuego y con cenizas
sobre mi corazón?

También la luz suspira
en la trémula llama
que alumbra mi vigilia.

Esta turbación
es como un misterio
que aumenta el amor.

Muriera en tal tormento
si no se renovase
de momento en momento.

Segundo Violín.

Ya no estás conmigo;
pero estás en todo
desde que te has ido.

Tu nombre está en mis manos,
en mí pecho, en mis ojos,
y no puedo besarlo.

En el aire te encuentro,
pues tu ausencia me ha dado
el tacto de los ciegos.

Durase eterno el sueño,
porque estando sin mí
estoy contigo.

Viola.

Por el cielo pequeño
pasa una noche enorme
sin luna ni lucero.

Cómo golpea el viento
con ráfagas de sombra
mis banderas de duelo.

Cuántos días de pronto,
de pronto cuántas noches.
Todo el tiempo es ahora.

Como fosfena blanca,
en el recuerdo oscuro,
tu frente tan lejana.

Violoncello

A veces regresan tus manos;
sobre mis sienes se posan
y son mi corona de espinas
porque siento el calor de las gotas
de sangre por mis mejillas:
mas también mi corona de rosas
porque toda la estancia se llena
de la delicia de tu aroma.

***

ODA DE LOS CUATRO ELEMENTOS.

Estrofa 1.
«Hoc erat in uotis» Horacio.

Yo te canto en la tierra. La reciente
estación, renovando los verdores,
te llama con instancia y tiernamente
desde el valle que añora a los pastores.

Ven. Marcaré tu huella en el relente
que todavía argenta los alcores
-como en mi corazón- el más ferviente
rumbo al vuelo de eglógicos amores.

Bajo la comba del samán dilecto,
que en verde luz los brillos amortigua,
adoraré en tu cuerpo lo perfecto.

Y sencillo. Mas, ay, pues me apareces
blanca y serena, como un ara antigua,
mis besos de uva y miel serán las preces.

Antístrofa I

«Je menrs sur toi».Valery.

Yo te canto en el aire. Conturbada,
a veces te acaricia desde el huerto,
por tu balcón a la tormenta abierto,
la brisa, en una ardiente bocanada.

Tranquila yaces en tu lecho, amada:
el adorable busto descubierto
y fundida la faz, en un incierto
matiz de sombra con la muelle almohada.

Antes que el beso tu sopor sacuda
y a la luz de un relámpago te vea
en toda tu beldad, mía y desnuda.

Ardiendo en tu perfume está mi vida,
alzada sobre ti, como una tea
por la doble tormenta. combatida.

Estrofa II

«Si nozis pouvions fuir notre centre». Hugo.

Yo te canto en el agua. Su lamento,
preso en su cárcel de cristal, varía
el surtidor en notas de alegría,
al pasar de un momento a otro momento.

Prisionero de amor, mi pensamiento
va de la dicha a la melancolía;
mas no son las cadenas lo que siento
sino lo breve de esta cárcel mía.

Unamos tiernamente las mejillas
y este jardín será mar sin orillas
donde bogue apacible nuestra nave.

Pero el mismo océano se halla preso
en sus confines. Un beso, sólo un beso.
Que en una gota el infinito cabe.

Antístrofa II

«Jesús, Jesús». Jeanne D’Arc.

Yo te canto en el fuego. Entre la llama
que le tortura el cuerpo ensangrentado
una voz de la víctima proclama
su postrer voto al cielo levantado.

Ardiendo, ardiendo el pecho que te ama,
y en amarte resume el más preciado
motivo de existir, tu nombre clama.
Amor, amor, en ti vivo confiado.

Fuego y amor por sendas desiguales
caminan; pero en obras van parejos
y toda esencia en ellos se convierte.

Y ahora, cuando toco en los umbrales
de la noche, columbro a sus reflejos
que vienen de ,la vida y dan la muerte.

Epodo.

«Somos divinidades mortales». Heráclito.

De alegría te vistes en la hora
de alegría, de duelo en las de duelo;
yo te conozco: cambias sólo el velo
que te oculta la faz desoladora.

Fatalidad te llamas. Destructora
de cuanto por ti misma, en tu desvelo
eterno, creas. Pero no aminora
tu presencia la fuerza de mi anhelo.

Confiado en el amor, avanzo inerme
por tus dominios. No podrás vencerme
porque junto conmigo va mi amada.

Y, mientras tú nos tiendes nuevo lazo,
vamos los dos, en insoluble abrazo,
a hundirnos en tu todo o en tu nada.

***

Ruego

Imagen de ti misma, a cada instante
en nueva imagen tuya convertida,
que hurta a la mirada del amante
la plenitud apenas presentida.

¿Por qué huir de tu vida hacia otra vida
que está detrás del espejo tan distante,
y no escuchar la voz que te convida
a fijar en la luz tu luz cambiante?

Es cierto que no es tuya tu hermosura
sino cuando la miras encerrada
en el arca inviolable del espejo.

Pósate, mariposa, en la frescura
de tu rosa, que pronto será nada
porque ya se quebranta su reflejo.

Sobre el autor

Deja una respuesta