literatura venezolana

de hoy y de siempre

El cuarto de lo imposible (Crónicas y relatos)

Dic 28, 2021

Alberto Hernández

Uno lee a al Chino Álvarez, de nombre de pila Eziongeber, y aparece un relato, una crónica y una sonrisa. Podría ser que esa sonrisa se transforme en risa, pero sin escándalo, porque la inteligencia de su humor, tan de todas partes induce a tomar las cosas con calma para no encabritarse. Se trata en todo caso de una escritura donde se combina lo que uno cree serio (no es sirio) con lo que podría ser una broma pero es también una ecuación. Digamos, Eziongeber Chino Álvarez es una marca verbal, de calidad registrada, que atraviesa por una permanente crisis: no para de escribir sobre todo lo que se traviesa en el camino, sobre todo si tiene ese gracejo que algunos caminos tienen llenos de pasos: está la abuela que escribe, la maestra de apellido Verde, los amigos poetas, los políticos que menciona, el mundo al revés y al derecho, pues. Es decir, vuelvo, este venezolano del oriente venezolano que ha vivido en Caracas y ahora en el estado Miranda, pero que habla o escribe  como oriental, digamos, como cumanés o margariteño, es capaz de hablar inglés con acento muy criollo, así como hablaba francés con acento de Porlamar el poeta José Lira Sosa y con pujío llanero el también poeta Ángel Eduardo Acevedo, que es mucho decir, porque los tres, el autor del libro que ahora comento, y los dos poetas que han sido mencionados, lo hacen con una magistral interpretación de himno nacional y de pachanga dominical, como una misa de aguinaldo, pues.

Pero bueno, me salgo del guion. Por ahí no viene la cosa. Es bien sabido en mi caso, que cuando leo un libro se me pega el estilo o la manera de decir. Que ya muchos me dicen plagiario o copión. Tampoco es esta la cuestión. Viene por aquí:

Eziongeber Chino Álvarez es un autor prolífico desde su tentativa existencial: escribe para derramar sobre el mundo su talento, su fresca alternativa torera (porque escribe de todo con una gran sapiencia, alegría, tensión y atención ante los temas y capote firme) y, además, con conocimiento de causa, que así dirá como abogado que es y como cronista, cuentista, editor y demás géneros que no sabemos, pero lo hace muy bien desde su escritura.

En este libro que ha sacado al mundo la Editorial Ítaca en su colección Biblioteca El país de los turpiales, en 2021, se condensa una pequeña parte de la inmensa biografía del autor, quien cuenta desde lo que ha vivido o han vivido otros sin sobresalto alguno: escribe con una mezcla de seriedad monacal y un humor libre, a veces perversamente delicioso y sin pepitas en la lengua, como creo que él dice cuando tiene que sacar a relucir las pepitas en la lengua.

“El cuarto de lo imposible” revela, entonces, que el Chino Álvarez sabe contar una historia, muchas historias, tantas que tiene un arsenal de libros que ha guardado con cierto celo porque es ahora, a su edad, que tampoco es que esté viejo, cuando ha comenzado a sacar a relucir su trabajo literario. Es un trabajo que contiene todo el sabor venezolano con letras bien usadas en las que no se pierde mucho el tiempo en donosuras, lindezas y perendengues. No; el Chino va directo al grano con una elegancia propia de quien se para en la esquina y ve salir la luna. Es decir, no se arredra ante nadie para escribir con hondura o en la superficie de las aguas sus crónicas y relatos, aderezados con palabras del diario devenir e ir de quienes vivimos en este país o pretendemos tomar alguna trocha con esas  voces que jamás se perderán ni que vivamos en Japón. Que es decir muchísimo.

Vuelvo a decir es decir: nuestro autor es humorista de los más serios porque al parecer él no se ríe de sus gracias o de sus relatos, mucho menos de las desgracias ajenas: a veces ocurre que cuenta algo y nadie se ríe, porque él lo quiso así, según uno de los relatos que aquí aparecen y se quedan grabados en la mente del lector.

Este tipo se las trae. Por eso hay que leerlo y disfrutar de su buena escritura y de su felicidad extrema cuando escribe para quitarse tanto pegote existencial: terrenal y hasta cósmico, porque el Chino también sabe ver las estrellas y los astros y los cometas y hasta los asteroides (no confundir con esteroides) sin nombre aún, desde el momento en que asume su condición de escritor, que lo es y sabe hacia dónde apunta.

Pues bien, he leído su libro y lo he disfrutado porque lo he pensado, pues esa es la idea. En el fondo hay una crítica que no debe pasarse de largo, porque todo libro contiene una crisis, que la estamos viviendo, pero que debemos desarmarla para poder salir de ella, para así entrar en otra.

Si deseas adquirir el libro, puedes ponerte en contacto con la Editorial Ítaca, siguiendo el enlace.

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