VII
Sobre todo ella sabe
de llegar al muelle
que no sobrevivió
a las mordidas del agua
o a puerto inevitable
sabe de la mecedora desvestida
del silencio posado en el columpio
y del viento imparable entre los arboles
ya no hay quien recoja los higos
y enseñe los rezos
solo los pájaros van y vienen
al patio
tenaces
como el hambre insaciable
de los recuerdos.
XII
Ella se esconde de ella misma
se esconde de su propia sombra
se guarda de aquel que la ama
con los ojos cerrados
única
intacta
invulnerable
perfecta
ella se esconde
se esconde
por miedo a arrastrarlo
al voraz río crecido que es.
II
Una mujer canta
no soy yo
una mujer ríe
no soy yo
una mujer sueña
no soy yo.
Una mujer salta del trampolín
esa soy yo al vacío
una mujer clama
soy yo confinada al espiral
del desamparo
una mujer anochece tus pasos
relampagueo de pecados
esa soy yo, viva.
XIV
Se acerca la noche
la observo de reojo
ahora y aquí
coronada de entrecanas
hoy la noche
no sabe a enamorados
a semillas de almendrón
sabe
a tiempo de naranjos amargos
y espinos.
¿Quién te nombró muerte?
¿Quién armó de hoz tus manos
y no de rosas doradas?.
¿Quién vistió tu rostro de fealdad
y no de mujer hermosa de tez rosada y rojos labios?.
¿Quién dijo ayer que transitas por espacios oscuros
y no te perfumas con algas marinas a la luz del sol?.
¿Quién, muerte, quién?
¿Quién asegura que persigues a los hombres
y no que ellos se extasían en tus dulces abrazos?.
¿Quién dispuso tu nombre para asustar a los niños
y no dijo que jugabas “metras” con las gotas de lluvia?.
¿Quién, muerte, quién?
¿Quién diría que no eres una mujer apasionada
y que tus senos saltan como cabras montescas
al roce de las manos del amado?.
¿Quién, muerte, quién?
¿Te llama ausencia silencio
y no vida?
Sin tiempos
Te había buscado infinitamente antes de mis tiempos y tus tiempos
en los mares de mis angustias bajo soles inexistentes.
Te había llamado repetidamente convirtiéndome en un eco desesperado.
Te recorría en mis pasos buscándote en sueños de rostros desdibujados
y con la simpleza de lo primitivo y el tiempo exacto de relojes milenarios
sin apresuramientos y excusas para breves encuentros
apareces existes
desde ayer
desde hoy
desde siempre
perteneciéndote mis huesos equivocados mil veces
y este cuerpo que no se ajustó nunca al ritmo de otros cuerpos
por qué el rito de la pertenencia es sagrado
desde el primer estremecimiento hasta el grito del éxtasis final.
Sin tiempos te amo
Aun cuando perduren
los sonidos de muerte acechándome
fantasmas rondándote rondándome
Aun cuando las mareas no siempre estén bajas
y los peces duerman en las tardes de lluvia
Aun cuando a mi tiempo lo toque la tristeza
y las culebras nocturnas de las lámparas de mi casa me cierren el paso
Aun cuando los viejos amores persistan
porque el espíritu se me fugo un día entrando a tu cuerpo
y eso basta.
Te amaba
Te amaba que hasta compuse una música extraña
con los nombres de las mujeres que te amaban
Te amaba sin luces, bajo las velas.
Te amaba en la regadera al aire libre donde nos bañaba la luna.
Te amaba tan solo en una sala amueblada con guacales
para recibir los amigos en las tardes.
Te amaba en mi cuarto
adornado con un florero de barro
para recoger flores silvestres del patio de la casa.
Te amaba por el olor a sudor y a tierra recién sembrada.
Te amaba por el silencio de tus pasos
tú taza de café y los ojos sobre los periódicos del día.
Te amaba y no sé si alguna vez me amaste
y tampoco sé porque exactamente te amaba.
Te amaba y hoy me conformaría
con colocar mi cabeza en tu hombro
descansar de tanto equivocarme.
Las abuelas no mueren
Cuando la abuelita Dolores murió
llegaron a la casa de la tía
mi madre que vivía a cuatro casas apenas
los tíos y los primos que venían de otras ciudades
los amigos de los tíos y las tías
y los vecinos.
Nosotros los primos éramos tan pequeños
como la abuela para ese entonces.
No sabíamos aquello de que la vida se dejaba
por error sobre el asfalto y las noches.
Sabíamos jugar en la pérgola de trinitarias
en la casa de una de las tías,
inventar aventuras sobre las copas de los arboles
y escasamente aprendíamos a nadar
y a conocer el sabor de los almendrones
sembrados en el jardín de la casa de mi madre.
Llego el carro negro
tan negro y reluciente como el asfalto en verano
y en él una gran caja de madera.
Era tan grande la caja para albergar
el cuerpo tan pequeño de la abuela
y sus pocos cabellos lunosos
y su silencio
y el montón de arrugas
y todas las trinitarias que florecieron una vez en sus ojos
y la piel injertada tras el incendio ocasionado
por un cigarrillo y las pastillas de dormir
-esas que no eran de caramelos-
que usaban las tías y los tíos para engañarla
dulcemente como a una niña
como a nosotros las primas y los primos pequeños.
Era tan pequeño su cuerpo para ese momento
que habría cabido en el costurero
de madera de mi madre.
Cuando sonó la campana
que anunciaba la misa para despedir a la abuela
a todas las nietas nos colocaron
sobre los cabellos un velito redondo blanco
sujetado con una horquilla
por aquello de que no se los llevara
el viento como a la abuela
y a los primos los vistieron
con la ropa de salir los domingos a visitarla.
Más tarde la casa se quedó en silencio y vacía.
La cama de la abuela quedo también en silencio y vacía.
En la mesita de noche
dormían sus escasas pertenencias
que a los días nos repartieron
a los primos y primas:
la talla de la Virgen del Carmen
unas estampitas de otros santos
la medallita de la Santísima Trinidad del abuelo
y el retrato del abuelo con la dedicatoria
A quien más que a ti Dolores con este amor
para siempre aun después de muerto
y en un monedero
unas poquitas moneditas que titilaban
como el caminar de la abuela
y unos zarcillos con aguamarinas
como los ojos de la abuela.
La abuela no había muerto.
La abuela se fue a visitar unos días al abuelo
por lo de la promesa de amor juntos para siempre
escrita en la parte posterior de su retrato.
Siguen floreciendo las trinitarias
en cada casa de la familia
iguales a las de la casa del abuelo y la abuela
albergadas en sus pupilas.
La abuela no ha muerto.
Todo es un cuento.
Las abuelas no mueren.
Si colocas una caracola en tu oído
derecho o izquierdo
las escuchas hablar y cantar.
