literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Beatriz Mendoza Sagarzazu

Sep 20, 2023

Y un día
vendrá
en que tu voz
diga mi nombre
y yo no te responda…

Al principio
habrá un no
acostumbrarse,
un aro fuerte
rodeando el corazón,
que traspasa
el costado
y duele tan hondo
como la piedra
caída
en un pozo oscuro
y sin límites.
Un frío
llegará a tus
huesos
y más allá de tus
huesos
hasta tomarte
por entero
sin reservas
y la vida tendrá
entonces
un sabor a almendra
amarga,
te cercará
hasta no tener
aire,
espacio,
ni espacio
para el aire.

Pero el hambre
clava su afilado
diente,
la sed
repite monótona
su nota
aguda,
el pelo,
las cejas
y las pestañas
crecen y
crecen
y la vida llama
a sus dominios
a su engranaje simple
y viene
un lento acostumbrarse,
un ir perdiendo
la intensidad,
la pena,
ese deslizarse
sin sentido
por días y noches
y días
sin color cierto
ni medida.

Una flor,
el paisaje enmarcado
por una ventanilla
de tren,
una música,
algo habrá que
llame a tu alegría
que encuentre
la rendija
por donde colarse
hasta hacer
profunda la grieta
y llenar
de luz,
de aire,
de gozo,
tu corazón
en sombra.

Y entonces
sólo entonces,
comenzará
mi muerte.

Cada vez
que me olvides,
que te desprendas
de mí,
de mi recuerdo,
habré de hundirme
un poco,
de perderme
por entre espesos
árboles,
por entre túneles
sin término
ni luz.

Y sin embargo
sabré buscarte,
llegar a ti.
Tocaré a tu olvido
para que tu olvido
ceda
y me encuentres
en sitios conocidos,
en palabras, llantos
y penas
solitarias,
en el goce y la tortura
de un hijo,
entre los brazos,
en el “Dios te guarde”
de noches
vacías de mi voz
y llena de otras voces
que tal vez
yo desconozca.
Pero sólo hallarás
la sombra
de mis manos,
el hueco
donde hubo una palabra,
la huella de un gesto inconcluso,
inacabado.

Porque un día
vendrá
en que sólo podré
darte la certeza
de algo que no existe,
que hacía falta
aunque no quieras.

***

Fue necesario hacerme de otra piel
aceptar
la permanencia en el umbral
el que mi palabra se perdiera
en el aullido circundante.

Fue necesario
acostumbrarse al dominio del silencio
al confinamiento entre mis propios límites
para sobrevivir.

***

Ando a dentelladas
a tumbos
al acecho.

Desde la oscuridad ojos fijos
me penetran,
vigilan
mil fieras coléricas
y hay un crujir de huesos cercanos
rondando la noche
sin fin.

En esta vasta soledad inhóspita
sólo el miedo da la sensación
de estar vivo
y el recuerdo de algo claro
que una vez hubo.

Sobre la autora

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