literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de José Antonio Escalona Escalona

Ago 13, 2022

Sueño de amor

Perfecto sueño de amor sería
oír las voces del universo
que cantan enamoradamente:
como si no existiera el odio
que vence el poder de la ternura;
como si la ira de los hombres
no ensangrentara cuerpos y almas;
como si en las flores y los frutos
hubiera lozanía perpetua;
como si pudiesen ser amigos
el júbilo y la melancolía;
como si esa luz omnipresente
no fuese gemela de la sombra;
como si todos los corazones
merecieran de verdad su nombre;
como si todo dolor no fuera
paralelo alterno de la dicha;
como si las aguas de la tierra
corrieran siempre por cauces puros;
como si la herencia de la vida
no fuera, fatal, la propia muerte.

 

Inmóvil

Inmóvil como siempre
me recibes.
Y en tu absorto silencio permanezco.
Tal actitud hierática del cuerpo
es aparente imagen. Muy adentro
del corazón
-timbal de la alegría
y de otros ritmos del sentir-
sigue
sin pausa
el íntimo concierto.

Sólo apariencia –digo- de reposo.
Porque el vuelo
de mi imaginación
en ilusorios giros me lleva
sucesivamente
del inmediato ahora
a lo pasado
y vuelta a lo que es sueño todavía.

 

Heredad del júbilo

1
Desde mi soledad
Sólo veía
Tu contorno de nube viajadora.
La tornadiza imagen de tu vuelo
Pasaba por la hondura de mi valle
Sembrándolo de oscuras mariposas.
¡Un aroma, tu voz, entre la brisa!
¡Estabas tan distante
De la raíz hundida de mis sueños!
Entre nocturnos árboles del tiempo,
Los símbolos de antiguas primaveras.
La florida memoria de tu cuerpo,
Me poblaba de estatuas pensativas.
¡Te sentía tan lejos!
En la penumbra huidiza
Del seco atardecer y la nostalgia,
Tus cabellos izaban la bandera
Del país fronterizo de la noche.

2
Detrás del horizonte de tus lágrimas
—Más allá de tu propia lejanía—
Adivinaba apenas
La invisible verdad de tu presencia.
Sostenías en alto
Contra el azul del cielo
—anocheciente—
El palomar en vuelo de tus manos,
Colmadas
Con la ofrenda luminosa
De los primeros astros de la tarde.

3
Estábamos muy cerca, sin embargo.
Súbitamente
Te sentí muy honda.
Parecías venir
Desde mí mismo,
Desde la eternidad de mi tristeza,
Desde el ardiente bosque
De mi sangre,
Alumbrando el camino del retorno
Con el desnudo fuego de tu llanto.
En el agua sin brillo del remanso
Del corazón —cautivo en su destierro—
Resplandeció el secreto de tus lágrimas
Los límites del alma nos ataron
Con entrañables lazos de ternura,
Como los hilos de la savia
El alto aroma y la raíz profunda.

 

El silencio del agua

El silencio del agua,
Meditador silencio
Del agua sensitiva del remanso
Le está diciendo al corazón que escuche:
No palabras, engaño del oído,
Conversación inútil entre sordos
Como vuelo de pájaros sin rumbo.
No rumores del aire inoficioso
Semejante a los labios
De una estéril mujer frente al espejo.
Ni estruendos de torrente sin destino
Que apenas deja espumas
En la aridez sedienta de los cauces.
Ni menos el clamor innumerable
Del mar que sólo baña
Tercamente desiertos farallones.
Dentro de sí su propia voz escuche
Mi corazón: la del amor que tiende
Su red comunicante de armonía
Sobre todos los seres de la tierra.
Aquélla de las fuentes y los ríos,
Heraldos de la vida de los campos.
La del aire que anuncia el nacimiento
De la aurora en el canto de los pájaros
Y es música en la danza de las flores
Y al polen fecundante
Como también al regalado aroma
Sirve de enamorada mensajera.
La voz que en litorales y horizontes
Carga y descarga en sucesión alterna
Las naves del espíritu del hombre
Con la palpitación del universo.

 

La torre del aroma

Ahora soy el sueño
En compañía del silencio
—Iinerte casi—
En medio de la noche
Sobre el campo.
Y tú
También en medio de la noche
—De la noche de todos mis enigmas—
Irradiando fragancias:
En la negrura ángeles sin vestes,
E igual de hechizadoras que la esencia
De los antiguos filtros.
Sólo a mi ritmo, y al destello
De las luciérnagas insomnes
Somete sus efluvios
Su torre en flor de aspas molineras
En actitud fragante de holocausto.
Visión vedada a los humanos ojos
¡Oh! Fuente del olor entre la sombra.

 

Aquí estoy en la tierra de la noche

Aquí estoy en la tierra de la noche
Como un árbol después de la tormenta.
Cortaron las espadas del relámpago
Cuanto había de efímero en las frondas.
Lejos —¿o acaso dentro de mí mismo?—,
Escucho la campana de un arroyo.
¿Por dónde llega su rumor, si el aire
Es una inmóvil lámina en la sombra?
Muere el rumor en criptas de silencio,
Cual se cierran los círculos del agua
Sobre el herido corazón de un pozo.
Recobran su sosiego los sentidos,
Y en soledad triunfante, sigo siendo
¡Único huésped de la noche sola!

 

Inédito horizonte

Cestillo de cristal la medialuna
En manos de la noche jardinera.
La noche va por ámbitos floridos
Cortando —rauda— fúlgidos manojos.
Tu corazón de novia y novilunio
Viajero de la noche por mi sangre.
Cestillo del amor donde recoges
—Constelación de lirios— mi ternura.
Viene de siderales contrapuntos
Cruzando el trébol de la mediasombra
Doble cuadriga de ilusorias lumbres.
¡Míralas… y me miras, y te miro,
Y al mirarnos, inédito horizonte
Abre la cruz del sur de nuestros ojos!

 

Memoria de esta tierra junto al cielo

Memoria de esta tierra junto al cielo
Con nubes al alcance de la mano,
Y horizontes tan cerca de los ojos
Que sus contornos cierran la montaña.
¡Provincia de las fuentes y los trigos
Y frutales aromas en la brisa;
Dulce país de nieblas y claveles
Dormido en un sosiego melodioso!
Galería de lienzos vegetales
Alzada entre columnas de arcoiris,
Donde la luz enciende mariposas.
¡Bajo su clima de altitud y égogla
—Gemela del amor— mi poesía
Descubrió la raíz de su destino!

 

Hable el silencio

Escucha

siempre

la exhortación de tus sentires

y las premoniciones de tu instinto

antes de revelar tus pensamientos.

Si no puedes expresarlos

-como ciñe de rumores

la fluvial corriente

las rocas

aflorantes en la mitad del cauce-

detén

el discurrir de las palabras

y que en tu corazón

hable

tan sólo la elocuencia del silencio.

 

Admoniciones

No digas a tus sueños

ceremoniosamente:

«Buenos días» o «Buenas noches».

Vívelos de verdad a toda hora

y a plena luz o en la absoluta sombra.

Que tus días

lo mismo que tus noches

no sean diferentes de tus sueños.

No preguntes al sol cada mañana

qué rumbo ha de seguir tu fantasía

pues no requiere itinerario

su incoercible libertad de vuelo.

No olvides que el Amor

es la sustancia única, que sacia

la sed y el hambre

de esa felicidad nunca imposible

que en alma y cuerpo todos anhelamos.

 

A la conquista de la soledad

Ahora sé tu nombre verdadero,

isla de soledad reconquistada:

tierra del corazón en el desierto,

residencia del llanto perdurable.

¡Aquí contigo, donde nada crece,

el tiempo es un remanso sin fronteras,

y el espacio un hermético recinto

bajo un cielo sin luz ni movimiento!

El rumor de la vida y de la muerte

y las remotas músicas del mundo

tus límites oscuros no traspasan.

¡Y el silencio delata su presencia

sólo porque en su entraña, prisionero,

oigo mi propio corazón clamante!

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