Caracas amor y muerte
a Belkys Arredondo
A pleno sol
la ciudad quema
en la piel
se abre a mis pies
-amante inhóspita-
su boca de humo
me besa
su llaga
me besa
flor de sangre y cemento caliente
en la memoria
de la crónica roja
sus brazos me acogen
en el miedo punzante
de la multitud ansiosa
su vocación de sobrevivencia
me conmueve
hasta lo hondo
—»Te quiero, le digo,
a pesar de todo»
como acariciando su lomo
-su verde montaña, su exiguo
pulmón-
sus monumentos en ruinas
sus viejas melodías
Vivir
bajo fuego cruzado,
con el alma en vilo,
un silencio
que estalla en la garganta
impronunciable.
Vivir
con miedo de morir
sin verte en la refriega,
atravesando la incertidumbre
de cada día
como una oscura puerta
que cae al abismo.
Vivir
bajo el fuego cruzado
de tus ojos,
buscando un lugar
para encontrarnos
bajo el fuego cruzado
de nuestros cuerpos.
Puerta adentro
mirar la vida de reojo,
tomar el tiempo a mi medida,
detener presencias
y pasar.
Esta calma
no me engaña,
el teléfono callado, la pavana
de Hubert Laws para sumergirme
en la quietud.
Los periódicos viejos
ya no me toman por sorpresa,
tampoco las cartas, las fotos,
las deambulaciones.
La memoria,
a veces,
es un truco que se usa
contra el tedio,
puerta adentro.
Aún
A veces,
la vida es un cerco,
estás en ella
como María Estuardo,
esperando el día de tu sentencia.
O es como un zoológico,
donde eres el mono,
-se ríen de ti, no contigo.
Y aún cantas
en tu jaula, mi amor.
Sin saber por qué.
Aún
tantas cosas,
deseos, sueños, apetitos.
No te explicas cómo
aún
Me veré
en la luz que no cesa,
aún en medio
de las ausencias repetidas,
la oscura esperanza
que toma su barco,
bebiendo lejanías,
tallando sus adioses.
Voy a verme en esa luz
que había en los ojos
que alegres sonrieron para mí,
instantes robados
para la dicha merecida
(la pagamos con creces).
Volveré a decir
de huidizos dones
que me amoldan,
cincelan grietas,
por donde el viento pasa
y respira,
así en mi casa entra la luz.
LA CASA
a Marisol Marrero
La casa
antes de ser casa
fue sentimiento.
Hizo sus paredes
en nosotros
y en los que nos precedieron.
Se hizo refugio.
Pero la casa un día
empezó a derrumbarse,
la casa un día
se hizo intemperie.
Hoy no es día
para palabras limpias
bien puestas en la mesa
comámonos
estos restos
ya no importa saber
si nos alimentan
devoremos
de una vez por toda
lo que queda
las moscas el mantel sucio
el no te creo
ANTICUARIO
Esos objetos
que rondan por la casa
guardan historias
esas llaves
esas viejas fotografías
semblantes severos y melancólicos
los cuellos altos
las faldas largas
y ese abuelo
con la mirada perdida
pañuelo en el bolsillo
su taza en la mano
Refugios en páginas amarillosas
ensueños grises
llenos de olvido
Esas otras casas
llenas de silencio
perdidas en el claroscuro
de otros tiempos
Estas habitaciones transitorias
me olvidarán
acogiendo nuevos huéspedes
-quizá menos furibundos-
mientras en mí tallan
islas a medianoche
muros
No quiero ir a casa
quiero alejarme
perder toda certeza
todo centro
no quiero ir
a ninguna parte
quiero el lugar
donde se desvisten
los sueños
se quema
la ilusión
por ser un veneno
peor
que el dolor venidero
Deambulo en la casa vacía,
la que no me espera,
como una pesadilla interminable,
me hago a su aire de respiraciones entrecortadas,
a su espesa niebla acariciándome.
Alguien me casó con ella,
me puso un anillo oscuro
con la cara hacia la muerte
