literatura venezolana

de hoy y de siempre

La muerte se mueve con la tierra encima

José Napoleón Oropeza

Ya no se oye sino esa lluvia cayendo tanto tiempo tanta noche tantos mayos juntos los inviernos esa lluvia tiene miedo un poco de frío tiene en las manos se enlodan como los caminos tiene miedo a la tierra está fría entre las hojas ahora se recuerda de los ojos del viento el muerto no viene pero le habla el polvo está seguro que es el polvo hace frío viene la muerte de nuevo esa lluvia tiene miedo un poco de frío tiene en las manos se enlodan como en los caminos tiene miedo no sabe qué hacer sino temblar ahora que la lluvia está tan de frente tan en su frente el viento los caminos ahora que el viento está tan en su pecho ahora que el polvo está en su carne ahora que el viento no acaba de arrancar todas las hojas ahora que el viento no hace más nada sino llenarlo de polvo sacudir todas las hojas de la noche tiene miedo- -ahora que la neblina se hace dueña de la noche ahora que todas las noches es la noche ahora que suena el río muerto tanto tiempo atrás y el viento el polvo se anidan en sus manos las hacen vibrar como esas hojas que temblando quedan en el cedro después que abril se encargó de todo el árbol ahora que volviste decíme por qué seguís aullando Julián Pé- rez por qué seguís por qué seguís apartá todas las piedras y todos los cami- nos todos los cerros y toda la neblina quiá de tu camino todas las piedras las veinte macaureles ventte río arriba echá en mis manos el agua de tus ojos azules bebéte toda el agua que tiene el boconó salí del barranco donde estás gritando veníte río arriba echáme tus cabellos hacia acá- -no dijo nada no podía hablar el muchacho estaba tieso y con los ojos enlodados el pecho abierto los dientes apretados el pecho abierto y toda la sangre formando cuatro ríos el pecho abierto y cuatro ríos el pecho qué puede decir si no no con la cabeza el cuerpo del muchacho se parece a los ojos del perro pero el perro no lama a los muertos él corre por los caminos ahora tan de noche tanto tiempo y el muerto vino en forma de hijo en forma de perro y la muerte se presenta tanto tiempo y por vez primera es muerte ahora que tanto tiempo hace no entiende él sabe que la muerte es eso él no entiende de muerte la muerte es el hijo él nada sabe espera y suena para avisar el paso de la muerte pero la culebra es vainera la culebra es mañosa como toda la neblina que del monte baja y a los montes vuelve no importa que se siente sobre el cerro eso no importa de qué sirve que aguaités el boconó por todos los ojos hasta abajo de qué vale que intentés agarrarla a ella está bajo el agua es vainera es vainera risa Pérez tú lo sabes y aguaitás la muerte como un saco que arrastran y te duele aguaitarlo pero nada podés hacer y tú lo sabes llegan te arrastran te amarran muy fuerte lora tristemente le dices que calle que vino el perro con la muerte ellos allá se ríen preguntan pero nada dices aguaitás la muerte bajando en forma de hijo aguaitás la muerte en forma de Julián tu hijo habías comenzado a morir (fue la primera porque la segunda fue la ora) había comenzado a aullar el yuca el río comenzaba a crecer era invierno en todos los caminos- «no era tan Fácil oírles decir era un hombre largo cuatro ros y liso era largo difícil creerles estaba sentado en el cerro desde donde podía ver el boconó corriendo por todos los ojos hasta abajo todavía lo aguaitabas enlazando el caballo corriendo tras el yuca corriendo por el cerro buscando la culebra la culebra es mañosa no se deja ver y ahora lo sabes y qué podés decir ahora que mayo es azul en las ramas del cedro que podés decir ahora que los campos están solos y hay hojas húmedas bajo. los árboles la neblina lega hasta el rancho lo envuelve todo él grita de nuevo el cedro allá el yuca el perro yuca llora encerrado en el monte la neblina lo envuelve te envuelve la frente y continúa aullando tu hijo julián Pérez llegó dando vueltas es de noche y llegó dando vueltas no deja verlos árboles sólo se escucha el río el Boconó sonando abajo tan cerquita el viento que vuelve y me trae tu risa tus quejidos tu risa el viento el loco viento que no encuentra donde esconderse el viento que llega llorando como el yuca el viento que llega llorando julián Pérez el viento que vuelve y me trae tus ojos tan azules el llanto del cedro el loco viento que no encuentra donde esconderse de la muerte- -y ya no se oye sino esa lluvia cayendo tanto tiempo. tanta noche tanto tiempo tantos mayos juntos los inviernos es lluvia tiene miedo un poco de frío tiene en las manos se enlodan como los caminos tienen miedo no saben qué hacer sino temblar ahora que la lluvia está tan en su frente ahora que el viento está tan en su pecho ahora que el polvo está tan en su carne ahora que el viento no acaba de arrancar todas las hojas ahora que el viento no hace más sino llenarlo de polvo sacudir las hojas ahora que la neblina se hace dueña de la noche ahora que todas las noches es la noche ahora que suena el río muerto tiempo atrás ahora que el viento. el polvo se anidan en sus manos las hacen vibrar como esas hojas que temblando quedan en el cedro después que abril se encargó del resto ahora que volviste decíme por qué seguís aullando julián Pérez por qué seguís por qué seguís apartá todas las piedras y todos los caminos todos los cerros y toda la neblina quitá de tu camino todas las piedras las veinte macaureles veníte río arriba echá en mis manos el agua de tus ojos azules bebéte toda el agua que tiene el boconó salí del barranco donde estás gritando veníte río arriba echáme tus cabellos hacia acá- -Tan acostumbrado estaba que te es difícil esta vaina, Tista Pérez, Es la ley decías, toiticos vamos a pasar por esa, tan amañado estabas que ahora te es difícil creer que estás frente a la muerte; no pueden permitir que te arranquen la vida y por eso te resistes a creerlo “Ahora la vida es un montón de huesos blancos y no puedes aceptar que eso sea muerte, la gente en Boconó es vainera, se trata de una vaina, tú lo sabes, es una buena vaina, los hombres son vaineros tú lo sabes Llegan y te saludan alegremente les dices que pasen que están en su casa; Zoraida sal limpiándose las manos, os saluda, los hombres contestan entre dientes, se que- dan mirándola, a ti no te gusta, son vaineros y algo se proponen. Sonríen pícaramente, te preguntan por dl, tú no lo sabes, tú no lo sabes, te pones nervioso, se acercan a Zoraida la agarran por un brazo, te pregunta tú no sabes, te pones nervioso es que no sabes, te da mucho miedo es que no sabes, es que no sabes, uno se calla es que no sabes, te acercan un rifle hasta la nuca es que no sabes, te da mucho miedo es que no sabes, uno se calla, es que no sabes te rascan la garganta con el cuchillo es que no sabes, y dónde está hijocputa es que no sabes y te vamos a joder la mujer te la vamos a coger por todas partes es que no sabes donde está hijoeputa te vas a morir como un pendejo tú conoces esto verdad con esto te vamos a cortar las bolas es una bayoneta es que no sabes, y esta carta coñoemadre es que no sabes, y estas fotos y ese rifles que no sabes, la sangre brota como un pozo «es dulce el labio duele el labio es que no sabes es que no sabes, encima el fogón las topias están bailando delante de tus ojos a Zoraida le agarran los senos se los apretan coño es que no sabes es que no sabe, la pared se viene encima las topias están sobre la frente algo caliente brota de ella ya no sabe es que no sabes, esas risas lejanas y di pues hijoeputa, es que no sabes- Te «echan agua fía, te levantan, se ríen una y otra vez, tú te callas, te dicen que le digas que vuelva que hace falta en casa, el de la bolsa ríe ríe, que si lo ves le digas que vuelva el de la bolsa ríe ríe, dice que ha vuelto aquí lo tienes, te golpea una y otra vez con la bolsa de huesos, comienzas a sangras, la bolsa se pinta de rojo, el uniforme del hombre se mancha con tu sangre, el soldado se arrecha y te arroja sobre las topias encendidas, ahí e van los huesos más atrás. Algo que hiede como a trapo quemado como a sangre como a hueso. no sabes nada es que no sabes te duele el cuerpo te amarran los pies por segunda vez (porque la primera fue la otra fue en octubre en otro octubre) digo que te amarran los pies y enseguida te dejan caer sobre el fogón encendido y una lluvia de carajazos viene después no sabes de qué parte y te vas a quemar por pendejo coñoemadre, te vas a quemar, dice el primero, la mujer te la vamos a coger por todos lados al muchacho le cortamos las bolas, el muchacho está muerto, ella lo sabe, ella lo sabe, dice el segundo, es una bayoneta es que no sabes nada; te duele es que no sabes la sangre brota recuerdas el agua del jagüey recuerdas la quebrada y estas fotos tú no sabes y esa cara es que no sabes La Pared se viene encima el fogón las topias caes te levantan caes todo baila delante de tus ojos y algo dulce baja de los labios hasta el pecho qué es tú no sabes el agua te despierta se llevan al muchacho (fue la primera porque la segunda fue la otra fue la otra crees fue en octubre en otro octubre pero cuando eso tú no estás él está solo en Biscucuy es la última) se llevan al muchacho y tú no puedes hacer nada se llevan a Zoraida te la vamos a coger por todos lados el muchacho llora lo llevan amarrado coño es que no sabes dí pues dicen todos dice el primero el segundo, dicen todos la primera vez y la segunda, la primera vez y ésta, en aquel octubre y el octubre este dí pues hijoeputa, pero es que no sabes, octubre antes y después yo no sé yo no sé nada dices aquella vez repites hoy. Te echan agua fría una y otra vez tú te calla dile que vuelva que hace falta en casa acaba de decir el primero, dile que vuelva ríe ríe dice que ha vuelto aquí lo tenés dirá después al mismo tiempo que te muestra la bolsa de huesos y comienza a golpearte tiempo atrás. Se pinta de rojo la bolsa de huesos el uniforme del soldado (fue la segunda y ahora es la vigésima) te arroja sobre el fogón encendido ríe ríe sacan al muchacho se te va Zoraida el muchacho te mira como diciendo adiós, adiós, adiós, adiós, como ayer cuando subió él solito- -Caes sobre el fogón, de esto te acordarás después cuando hayas muerto, caes sobre el fogón (no sé si fue la sexta), la topia se enciende se calienta la neblina vuelve y arropa todo el monte el boconó el bravo río de aguas tan audaces es atrapado antes que decida correr por otro lado la neblina baja toca las aguas se las traga todas no deja para nadie sube al monte lo seca en un instante baja hasta el cedro se desnuda tan ligero las hojas lacas caen el cedro llora o el muchacho es el cedro es el cedro o el muchacho tal vez yuca tú no sabes tú oyes voces que aúllan como diablos tal vez sea la neblina tal vez la muerte la culebra el mismo boconó que lucha para que las aguas no lo dejen de una vez las voces se hacen dueñas de la noche la neblina vuelve volverá tú lo dijiste volverá ú lo sabías tú lo sabes y ahora lo que tenés que hacer es voltear la cabeza y contemplar el polvo inundando el universo volvió ahí la tienes ahí la tienes y ahora todo se llenará de polvo tú lo dices tú lo aúllas el río crece la neblina retorna las hojas muertas caen muy cerca del fogón las topias se encienden nuevamente voces que aúllan como el diablo tal vez seas vos el que aúlla el cedro o quizá el yuca o tal vez seas vos Julián Pérez tal vez seas vós el que hallas enredado en las ramas del cedro donde hijo y taita se confunden en las ramas más altas- -te muestra la bolsa plástica son los huesos te dice son los huesos del hijo es tu hijo tista Pérez son los huesos de julián son tus huesos que vuelvan con la niebla julián Pérez son tus cenizas que desandan de nuevo en las alas del viento tanto tiempo tanta noche seguida y esta es la primera o tal vez la última son tus cabellos que desandan mano a mano hombre a hombre siglo a siglo tus ojos lavados en lo alto del cedro tus manos guindando en el hocico de yuca tus cabellos adornando las ramas del desnudo cedro y esta es la primera o tal vez la última porque la décima fue octubre muy atrás- -decime vos de qué tumbas salís y en qué tiempo decime cuándo y por qué fue decime de una vez; desde qué rincón del monte me llamás todos los meses y todos los segundos todas las tardes y todas las mañanas todos los años siglo a siglo; decime vos en qué vuelta del cerro me esperás en qué rama te encontrás ahora por boca de quién estás hablando en qué punto tienes enredados tus cabellos en qué río dejaste guardada la sangre de tus venas decime vos si fue en el boconó para echar también la mía dónde dejaste la última mirada en qué piedra te quedaste dormido aquella noche dónde dejaste clavados los pies dónde las manos desde qué rama me hablas desde qué remolino del río estás roncando desde qué cueva estás aullando todo el tiempo desde qué paral estás orando y dónde tenés guindados los cabellos Julián Pérez, tirámelos acá. Ya no tienes tiempo para seguir pensando comienza a golpearte la neblina se extiende el cedro estrena nuevas hojas el monte crece el cedro llora se seca el monte las hojas viejas caen al río se calla se disipa la niebla ahora es la noche la que aúlla como el hijo te levantas miras el camino está oscuro te golpean caes ya no tendrás tiempo de seguir mirando te golpean te levantas la neblina vuelve ahí te van los huesos más atrás, ahí te van los huesos de tu hijo, ahí te van los huesos de Julián, tendrás la muerte sembrada en el estómago (de eso te darás cuenta después)- -tampoco supo cómo. fue pero ahí está, ahí está en el viejo pario con Julián. Están en el patio de los naranjos, el camino de espaldas, el muchacho a un lado, Ese día mataron el cochino de los naranjos; Julián nunca lo había hecho. Era la primera vez que le daba un palo para que lo descargara varias veces sobre el cochino. El viejo Tista sí sabe, el viejo Tista se acuerda del cochino y de los hombres; se movían como el cochino, se retorcían y se movían como el cochino, Le acercó el cuchillo y la ponchera, se lo clavó muy cerca del corazón. Después se acordaría de eso, de los hombres y de los cochinos; emitían los mismos gruñidos, la sangre mana y mana, llena la ponchera; hace un río que baña la hierba, llena la ponchera, forma un río, car en el agua, cae en el río, el río cae en otro río en el río de agua en el blanco Boconó que brama y brama como bestia como toro mientras se colorea con la sangre del cochino que aún sin sangre continua gruñendo, El agua se enrojece, los hombres mueren, brota la sangre de su frente, rueda cae en los labios, los labios son dulces, salados, el río corre, baja hasta el pecho, baja. Acerca la ponchera el animal continúa gruñendo roncando hasta callarse, aprieta los dientes y se calla gruñe, la tierra se mueve el fusilamiento es fácil; acerca el cuchillo y la ponchera, lo clavó muy cerca del corazón, la sangre mana y mana. La tierra se mueve, el cochino gruñe, los hombres gruñirán mucho después; Julián y Tista estarían juntos, verían el fusilamiento, fue fácil como las películas, igualito, pobres, no se dieron cuenta sino cuando ya tenían veinitrés tiros encima. La sangre brota y brota, tienes el labio grande, grande tal vez esté hinchado, piensas punto, Te volteas, Duele la frente. Todo está oscuro, huele a sangre, a trapo quemado a cabellos. Debe ser el cochino, Después de pelado se pasa directamente por la candela, tienes los labios apretados, ya no gruñe, tiene la cabeza echada hacia atrás, los dientes apretados, los ojos muy abiertos, la sangre mana, es un pozo la ponchera. Creyeron que todo fue una patraña como tantas. Tenían la boca cerrada con los adhesivos y no pudieron decir nada, pero el cochino gruñe gruñe mientras el Boconó continúa bramando con la sangre encima, gruñen igualito al cochino del naranjo, igualito, igualito alas película: la montaña gris devuelve los tiros se lamenta mucho antes que los hombres, la tierra se movía con ellos en la tierra se mueve ellos saltan gritan debajo de tanto adhesivo el Boconó se queja cuando le cae la sangre el cochino echa la cabeza hacia atrás hacia este lado y hacia el otro, la tierra se mueve, ellos saltan saltan, la muerte se mueve con la tierra encima, Llegaste tarde pero pudiste ver cuando les dispararon. Tenían mucha fuerza los fusiles recuerdas el árbol que se parte en dos, recuerdas el árbol que cae muy cerca de tus pies, recuerdas que era la una de la tarde; acerca la ponchera y el cuchillo; lo lava muy cerca del corazón la sangre mana y mana gruñían igualito cabeza hacia atrás cabellos hacia el río dientes apretados brama y brama el Boconó durante todo el día. Los habían agarrado en un cerco a los soldados, era la una de la tarde, el sol estaba alto, el Boconó callado. Te habías quedado en el rancho por si acaso (te gustaba vigilar la muerte muy de cerca) pero oíste las granadas desde allá. No fue fácil la emboscada, los hombres se conocían el camino palmo a palmo y quizás mucho mejor que ustedes. Llegaron derecho, pero no los sorprendieron (de eso te darías cuenta después, cuando estés contemplando aquellos hombres saltando y gruñendo con la tierra encima), Te habías quedado en el rancho por si acaso, pero no viste ninguno, es fácil distinguirlos a pesar del verde, pero no viste ninguno, simplemente oíste las granadas. Llegas, crees, a la una de la tarde, el sol es alto, Habían agarrado a dos y a todo estaba listo para fusilarlos: acerca la ponchera y el cuchillo se lo clavas en el pecho, muy cerca del corazón, el cochino se estira echa las patas hacia atrás el hocico delante como buscando tierra se estira una y otra vez la sangre corre y corre cae en la ponchera el cochino gruñe sobre la tierra verde uno de los hombres se lleva la mano al pecho el pecho lo ve así como algo que él quiere mucho y se le marcha como algo que le duele mucho como algo que se jodió por siempre gruñe sobre la tierra verde, sale la sangre espesa y negra, se revuelca mil veces, encierran las uñas en los terrones negros, quieren escapar, huir hacia abajo, se revuelcan mil veces se retuercen sus pies se estiran y se encogen el segundo se mira todavía el pobre pecho el pecho vuelto estopa vuelto mierda estira las patas las echa Hacia atrás río arriba el hocico hacia adelante como buscando tierra se estira una y otra vez la sangre corre en los brazos se estremecen de un lado a otro; no ves otra cosa que aquel animal saltando y saltando, aquellos hombres gruñendo debajo de los adhesivos, saltando, y saltando con latiera encima, saltando y saltando; desde hacía buen rato ya eran muertos, pero se- guían moviéndose con la tierra encima, Te duele la cabeza, estás marcado. “Te acuestas de nuevo te levantas hiede mucho la sangre que baña tus cabellos, la riera sigue moviéndose con la muerte encima. Te regresas, limpian sus armas para que no se oxiden, vuelves la cabeza duele este lado, digo que vuelves la cabeza y ve la muerte creciendo creciendo como el río en invierno. Tienen la cara dura como una estopa llena de sangre seca, los ojos abiertos, el pecho vuelto mierda, pare de la cabeza destrozada el muchacho le dio duro no dejó de preguntar y qué es esto son los hígados decías y qué es esto es el bofe le decías y esto son as tipas le decías al muchacho el muchacho estaba callado era la primera vez pero no era miedo simplemente era falta de costumbre digo que estaba callado cuando los acabó de enterrar bajo el árbol más grande que estaba junto al río estaba callado pero no era miedo sino falta de costumbre, pensaste, mientras recordabas la cara del muchacho cuando los vio caer tambaleantes sobre las topias negras, cuando los oye aullar debajo de las espesas vendas, cuando como todos, escucha los bramidos del bravo Boconó. Corres hacia los otros, es muy tarde, duele mucho la cabeza, sigue saliendo la sangre, eres dos ríos de sangre, la pierna derecha es la cama de uno, la frente es la cabecera del segundo; la pierna izquierda está chamuscada, está cliente, tal vez tengas fiebre, tengas sed, la tinaja está lejos, la pierna derecha duele mucho, tienes dos brasas ardientes en ambas pupilas, abres los ojos, el sol molesta a esta hora del día, pero tú sientes que ahora te molesta más; una y otra vez abres los ojos, todo está nublado, no alcanzas distinguir las figuras, todo se te va haciendo cada vez más oscuro, es mejor seguir durmiendo sobre las topias frías- -Vuelves de nuevo la cabeza; la muerte se multiplica en mil zamuros. Vuelan sobre los cuerpo recién desenterrados bajan los arrastran; tienen las patas espesas como el lodo, cortan halan vuelan vuelven: ves la cara de uno de los hombres yéndose viniendo, ojos muy abiertos, como el cochino; se multiplican en diez veinte zamuros, vuela una mano Con los pájaros negros, cae se eleva de nuevo con el zamuro grande negro. Oyes el ruido de aviones que pasan. Se espantan todos los animales. Hacen mucho ruido las bombas que caen, es un ruido infernal toda la tierra tiembla y vomita todo lo que lleva de comenzando por los hombres que estaban enterrados muy cerca del río digo que la tierra tiembla, gritan las piedras de dolor, los cerros vuelan por los aires los zamuros los árboles se elevan como plumas, caen nuevamente sobre la tierra herida, se elevan de nuevo y caen más adelante sobre el lomo del bravo Boconó. Ustedes permanecen agachados muy cerca del río, caen las bombas; nuevamente taparse los oídos abrirla boca para que no se re- vienten con tanto ruido tano grito de latiera herida, abrirla boca y creer uno que es un árbol de aquellos agacharse y convertirse en piedra, agarrarse a una piedra grande y dejar que la tierra tiemble como una hoja seca, dejar que la tierra se abra en veinte mil barrancos, cerrar los ojos y resignarse a que ella abra la boca y nos trague en cosa de segundos- -Abres los ojos, los ves multiplicándose en diez veinte zamuros, ves la pared y los hombres que están junto a la puerta larga. Los hombres gruñen, el árbol se parte en dos, acerca la ponchera y el cuchillo, la sangre brota, la pierna izquierda está algo brazos se estremecen de un lado a otro, los pájaros vuelan las bombas comienzan a caer, el río está verde de árboles, las piedras gritan de dolor, el erro más alto se parte en diez pedazos y la tierra gruñe como mil cochinos. El árbol cae muy cerca de tus pies, limpian las armas para que no se oxiden, la sangre echa a perder las armas, volteas la cabeza y ves la muerte moviéndose con la tierra encima, Abre los ojos, todo está oscuro y te da miedo. Sabes que la muerte cae en octubre. Todo se seca, coge su fusil y nunca vuelve, todo se seca, los caminos cansan mucho y uno suda hasta barro de tanto caminar por ellos. Coge su fusil y nunca vuelve, todo se seca y no vuelve sino hasta el otro octubre, cuando todo está tan seco triste, Te da miedo, Es octubre y la muerte acostumbra venir tan callada tan seguida de niebla, es octubre y la muerte lega en una bolsa plástica. Abres los ojos, todo está oscuro y te da miedo. Sopla el viento y chilla. Oyes el río, no el de sangre el de agua. Está seco el río de sangre. En octubre todo es seco, en octubre la muerte baja en forma de bolsa, en forma de tripa. Recuerdas ahora el muchacho junto al río. Oyes el río. El agua del río. Dices algo del ruido. Allá lejos, te paras en el cerro y lo oyes y lo ves bajar al río, tocar el agua, juguetear con ella, Pero el muchacho no baja, no baja desde el día del fusilamiento de los hombres y eso fue hace tantos octubre. Ahora sopla el viento en tu frente. La frente se refresca, el viento sopla. Hace frio, hace frío en las noches de octubre. Es octubre y esperas. Esperas. La misma cosa de siempre, está esperando, No tienes fuerzas, no haces nada, absolutamente nada. Miras el camino. Te acuerdas. Tienes cansados los ojos; hace rato esperas y diez minutos es suficiente para acostumbrarse a no morir. Los caminos están secos y ahora el cuarto arde, arde la frente arden las topias del fogón, hay una topia encima de tu frente, hay una topia caliente, caliente como una brasa roja. Miras el camino hacia el fondo, el último invierno borró todo. No llueve. La topia está caliente. Cierras los ojos y miras el camino. No llueve pero hace mucho frío, Sueña con la muerte. La muerte está en la bolsa llena de huesos, encima del estómago, la muerte está en la pierna izquierda, la muerte está en la topia cliente, viene bajando por el río de sangre. El muerto camina despacio y se sienta en una de las topias y te habla lentamente. Tú eres bueno, te dice, yo mismo me maté, tú no disparaste no. fue fusilamiento yo me suicidé, te dice, yo me suicidé porque era malo. Te despiertas todo continúa tan oscuro; no quieres pensar nada, tienes la bolsa pegada a la barriga no temes nada nada esperas, estás acostumbrado a tanta muerte los caminos están secos, la topia está caliente. El muchacho se sienta sobre un tronco al borde de aquel río (tenía los ojos azules como el agua). Siempre estaba limpia el agua de ese río, el río de entonces. Llovía y el muchacho veía la lluvia caer sobre el bravo río, veía la lluvia, miraba los caminos, pensaba, mirando los caminos, oía el canto de la lluvia eterna, miraba la lluvia, miraba los caminos, bajaba la cabeza quizás para oír mejor la lluvia, chapoteaba la noche y el camino. Habla poco pero es buen muchacho, observa el agua, fuma un cigarrillo bajo el cielo oscuro y cerrado (te acuerdas de eso, Julián Pérez). Estabas detrás de él observando cada uno de sus actos. El agua bajaba desde el cerro y el ruido y las hojas que el río arrastra consigo son suficientes para cambiar un destino. Llegas hasta él le enseñas el fusil vamos le dices e gusta mi fusil En 30 fabricado muy lejos de estos lados te gustaría tenerlo en tus manos acariciarlo disparar con él (tiene mucha fuerza mató dos y tumbó dos árboles muy fuertes) ya conoces el manejo sí ya lo conoce ha visto salía el tiro es cosa fácil como acostarse con una mujer supongo que has tenido algunas mujeres cómo cuántas te gusta mi fusil ya yo estoy viejo y no veo bien yo ya estoy viejo y con el yuca basta. Cierras los ojos y lo ves subir. El camino queda atrás. Lo ves subir. “Te gusta mi fusil”. Avanza cerro arriba. La sombra avanza, avanza, los hombres llegan sin tocar la puerta, sin llamarte antes, sin esperar que abras; llegan los saludas te pones nervioso, son vaineros los conoces, te pones nervioso, los hombres llegan llegan la sombra avanza la ves subir te gusta mi fusiles bueno Fn 30 fabricado muy lejos de estos lados te gustaría tenerlo en tus manos acariciarlo disparar con él, lo ves subir, la neblina lo envuelve lo arropa se lo lleva nunca vuelve nunca nunca con la neblina vuelven ellos te entra miedo te miran los miras con recelo la gente es vainera en Boconó, piensas Se trata de una broma, una visión, tal vez sea un el vez un mal dormir quizá sea obra de fantasmas de espíritus burlones, se trata de una vaina; ayer lo viste subir nunca bajar ayer lo viste bajar todos los días la ves la neblina es más vainera que toda la gente que vive en las montañas la neblina no engaña sube baja trayendo algo sube llevando baja trayendo todos los días todas las noches y todas las mañanas sube baja nunca en forma de hijo nunca nunca. Nunca nunca él subió untualito, el subió no más ayer, él subió no hace mi tres días, basié, es una broma, la muerte no me asusta, esto es una vaina de los hombres, los conozco la conozco, ella no bajó en forma de hijo nunca nunca ella no me mete miedo la conozco los conozco son vaineros los conozco ella nunca baja en forma de hijo, basié es una broma: -No es una broma, Tista Pérez no es una broma, no son vainas. Aguaitá nomás el sacoehuesos creciendo en tu barriga, aguaitá el yuca, el perro yuca, corriendo con las tripas de tu hijo; mira nomás el río de sangre enredado en tu pierna, escuchá nomás los aullidos del río Boconó le está cayendo sangre de tu hijo y tu sangre Tista Pérez y la sangre del yuca y la de todos los hombres que ruedan por las piedras, mirá nomás la noche, mirá nomás la noche Tista Pérez. No es una vaina tu hijo aullando en las noches de luna, no es una vaina la pierna que el yuca lleva en el hocico, Tista Pérez aguaitá el río de sangre que baña el patio grande, aguaitá el río que sale de tu pierna, aguaitá el río guindando del hocico, escuchá los gritos del pobre Boconó, escuchá, le está cayendo sangre, no son vainas; le está cayendo sangre hirviente la piedras se retuercen de dolor, el Boconó aúlla como diablo, le está cayendo sangre, no son vainas, le está cayendo sangre cien años adelante cien años más atrás le está cayendo sangre no son vainas. Tista Pérez tú lo sabes. Mirá tu hijo corriendo como loco, mirá el yuca huyendo y la muerte olfateándola detrás, mirá la noche sin estrellas escuchá los cantos de la culebra gris escuchá cómo grita se comió a alguien se comió las estrellas se comió la noche y hasta el río; escuchá los aullidos de tu hijo, tista Pérez, escuchá los fantasmas bebiendo agua en el río de hace cien años, escuchá el perro corriendo y tu hijo corriendo como loco y la muerte siguiéndolo detrás. Vete allí, más adelante, vete tú mismo más atrás, aguaitate tú mismo, aguaitate tú mismo, Tista Pérez, mira adónde vas corriendo detrás de tu muchacho, miráte la frente golpeada por la topia, mírate corriendo como loco mírate corriendo bajo la luna blanca, cómo corrés hasta cansar, Tista Pérez cómo te cansás, en busca de la culebra gris, la culebra que no mató Yuca, porque Yuca era viejo y no ve bien. Escuchá el corazón, cómo te suena, miráte resollando sin parar, estás cansado y el muchacho aúlla todavía. Estás cansado y no encontrarás la culebra, el muchacho aúlla y Yuca ladra, tú buscás, te volteás, no hallás nada, la topia está caliente. La culebra es mañosa y no se deja ver, la culebra es jodía, la culebra es vainera, Tista Pérez, mirá las tripas colgando en el hocico de Yuca, mirá las tripas del hijo, mirá los huesos creciendo en tu barriga, la culebra es mañosa, mira nomás el monte, mirá nomás la lluvia, mirá nomás la culebra que baja, mirá los ojos del viento enredado en tu frente (ahí te van los huesos más atrás) -Le respondés que no que la culebra es larga y peligrosa, el muchacho se empeña, le decís que no, que la culebra es mañosa, le decís que escuche el canto, tan sólo el mero canto, pero el muchacho quiere. El muchacho quiere, tista Pérez, el muchacho corre y más atrás se marcha el Yuca, la culebra os halla tú lo sabes así tuvo que ser, la culebra los halló, escúchala cantando bajo la noche negra. Te acordás de todo. El muchacho tiene los ojos azules como el agua. Está allí, con todos sus ojos, mirá nomás el agua, mirá nomás la nieve que se forma en el cerro más alto echá los ojos hacia allá tendrás los ojos del muchacho más acá, los cabellos que bajan de las nubes hasta el otro río cien años más acá. Mirá nomás el agua, mirá el río, mirá nomás el cerro cuando llegué la noche, mirá hacia allá y lo verás sentado como siempre. Mirá nomás el cerro, aguaitá el camino cuando caiga la noche y la culebra empiece a gritar; lo verás todo de nuevo, tendrás los ojos en el agua, tendrás los cabellos en las ramas del cedro y las tripas en el hocico de su perro. No es una broma, Tista Pérez, ves que no son vainas mías, mirá el río, mirá la tripa en el hocico, mirá el yuca corriendo, escuchá a tu hijo, mirá nomás el cerro, mirá nomás los huesos pegados en tu estómago, mirá los cabellos que del cerro se alargan como manos y en tus manos se enredan, mirá nomás el cerro, ahí te van los huesos más atrás- -Le muestra la bolsa de huesos lo golpea de nuevo. Comienza a sangrar. Tista el viejo Tista comienza a sangrar octubre tan allá se pinta de rojo la bolsa el uniforme del soldado se arrecha lo arroja sobre el fogón encendido octubre atrás ríe ríe sacan al muchacho coño se le va Zoraida el muchacho que sube te gusta mi fusil el muchacho que sacan lo mira se va Zoraida se la llevan al muchacho lo empujan días atrás después el muchacho regresa te gusta mi fusil se lo llevan tan pronto vuelven en forma de huesos el viejo Tista lo arroja sobre el fogón encendido octubre atrás ríe ríe sacan al muchacho coño se le va Zoraida el muchacho que sube te gusta mi fusil el muchacho que sacan lo mira se va Zoraida se la llevan al muchacho lo empujan días atrás después el muchacho regresa te gusta mi fusil se lo llevan tan pronto vuelven en forma de huesos  el viejo Tista llora le preguntan él no sabe lo golpean comienza a sangrar lo tumban sobre el fogón (ahí le van los huesos más atrás). Tista despierta no puede moverse la topia está caliente la topia está amarrada a su frente las topias están creciendo en ambos pies Tista quiere levantarse pero no puede sangra sangra a topia del pecho está que arde Tista ve pero no puede no dice nada no puede hablar abre los ojos ve el muchacho cerca del camino Tista ríe ríe el soldado calla Tista ríe ríe ríe toca los huesos de la bolsa la bolsa está pegada a la barriga los huesos están rojos toca la bolsa y ríe el muchacho está tieso el pelo abierto la frente rota los ojos enlodados el pelo seco espeso como estopa Tista no sabe nada Tista ríe ya no llueve no se oyen los otros los no hombres gruñen la tierra no se mueve la ponchera está vacía el muchacho está tieso y suena como un tambor el hijo suena igual, la topia está caliente y suena como un tambor el hijo suena igual Tista ríe ríe los caminos allá lejos le enseñan al muchacho el muchacho está tieso los soldados entran perforan el rancho a tiros ellos no hablan basié es una broma en Boconó la gente es muy vainera Tista rc ríe cae al fogón el soldado está arrecho allá vas y esto es serio. Tista allá vas allá el muchacho lo llevan amarrado Zoraida va vendada caes sobre las topias encendidas el muchacho te mira caes sobre el fogón encendido octubre muy atrás la topia te golpea ahí te van los huesos más atrás- -Fue fácil, como las películas, igualito, pobres, no se dieron cuenta sino cuando ya tenían veinte tiros muy encima la sangre brota y brota, tienes el labio grande tal vez esté hinchado te volteas duele la frente está todo oscuro huele a sangre el Boconó aúlla desde lejos cubre adelante octubre más atrás, huele a sangre a trapo quemado a cabellos debe ser el cochino después de matado se pasa directamente por la candela tiene los dientes apretados los ojos muy abiertos la sangre mana mana es un pozo la ponchera Tista la ponchera le trae el hijo es la bolsa el río aúlla la tripa en el hocico el río Boconó aullando como gato el hijo está en el río el río está aullando con los huesos encima nunca en el estómago en la boca del río encima de las aguas como troncos debe ser otra la bolsa la bolsa que tienes pegada en el estómago, basié es una broma, en Boconó la gente es muy vainera. Los otros preguntan pero Tista el viejo Tista no ve nada no escucha nada dice sí no con la cabeza es que no sabe el cuerpo del hijo se parece a los ojos del perro está tieso se parece al perro pero el perro no llama a los muertos ellos corten por los caminos ahora tan de noche tanto tiempo y octubre regresa cada noche tanto tiempo hijo y perro san- gran bajo la noche negra tanta noche tanto tiempo y todavía Zoraida lo llama y le dice ven y come mientras él se queda mirando las gotas de sangre que de las nubes caen Tista no oye ve el camino Tista no oye Tista ríe la muerte vino en forma de hijo es la ley toiticos vamos a pasar por esa los tiros asustan Tista ríe sale corriendo contra la guardia contra el perro para que no venga más la muerte Tisa ríe ríe para que la muerte no venga para que no venga hay que correr tras los hombres que del cerro bajan por el cerro suben hay que correr tras el perro que regresa con un brazo en el hocico hay que agarrar la muerte agarrarla para que no entre por la puerta agarrarla afuera Tista sabe Tista escucha ahora el Boconó aullando como gato es la sangre que se une con las aguas la sangre hierve y lo hace crecer lo hace gritar es la sangre Tista sabe- -Ya no llueve ahora vendrá el día y la hora de enterrarlo pero la guardia lo agarra y lo amarra y se lo llevan preguntan por los guerrilleros pero él no sabe Tista mira está mirando a la muerte disfrazada de un saco que arrastran de un perro que arrastran de un perro que ladraba no hace mucho cuando veía gente subiendo las colinas Tista ve la muerte en el perro que arrastran en el perro que lata en el perro que golpean para que deje de latir en el perro que sangra en el perro que arrastran y en la bolsa que traen octubre aquel Zoraida llora reza pero él dice que calle que vino el perro con la muerte que vino el hijo más atrás ellos se ríen preguntan por el hijo ríen ríen él no sabe llora llora duele la frente la topia está aún caliente mira al hijo subir mira el camino mira la bolsa plástica más adelante las tripas del hijo colgando chorreando en el hocico del perro muerto tal vez nunca en octubre más acá recibe un golpe con la bolsa los huesos pegan duro y Tísta cae sobre las topias encendidas más acá todavía ríe mirando los caminos y oyendo al Boconó aullando como gato. Miras los caminos, ese invierno, llueve sobre la topia, rueda el agua por tu frente, Es invierno, pero ya habías muerto en ese tiempo. Fue la primera, porque la segunda fue la otra, fue la última luego, fue la otra. Te habías sentado para ver al Yuca en el medio del camino como buscando algo lejos; luego serían los aullidos, los aullidos del Yuca, los gritos del hijo, los aullidos del viento en tus oídos. Más adelante lo del hijo y lo del perro, algo pegado a tu risa, u risa es el viento o el viento es la risa o las dos cosas es una misma cosa tú no sabes, sólo ese viento ese algo que regresa con él, octubre el cruel octubre, enredado para siempre en tus cabellos- -El mirar todas las tardes bajo la noche negra; los años matan, le golpean el pellejo a uno y uno se vuelve tonto, pero existe algo más grande que mata todavía mucho más y tú lo sabes. Tista lo sabes, tú comprendes ahora ese sentarse del muchacho a temprana edad, sobre los cerros, desde donde podía ver el Boconó corriendo por ambos ojos hasta abajo. Tú entiendes muchas cosas, sabes de la otra muerte, tú entiendes de la muerte que trabaja y trabaja y nunca deja, que aúlla que aúlla y hace temblar hasta las mismas bestias. Lo otro quedaría atrás, es cosa de recuerdos. Todo se olvida. Qué importaba el verse ciego tonto ciego. Pero esto es otra cosa y tú lo sabes, tú ves el camino, oyes el viento llamando a la puerta y el polvo que llega con el viento, el muchacho que te mira la mujer que llora el perro que aúlla, Oyes la lluvia sales oyes la lluvia sales tiemblas ella dice algo sobre ti él está viejo déjenlo ella te mira y llora oyes el perro callas vienen de arriba tú los ves ríe ríe saltas varias veces bailas saltas sobre el fogón por la parte de atrás vienen oyes la lluvia y ríes saltas varias veces oyes el perro loras ríes es algo así los inviernos los caminos en el fondo el viento que vuelve habla en tu misma boca y la llena de polvo con la frente es algo así la topia está caliente yes invierno- -Ha amanecido despiertas la sangre se ha secado el río está seco despiertas y estás solo las topias sembradas en tu cuerpo crecen crecen la bolsa está caliente el camino seco los caminos se cansan y se marcan está seco escuchas el agua de otros ríos te levantas no están se los llevaron pero el perro el Yuca corre en los rastrojos con las tripas del hijo y la bolsa con los huesos del hijo está tan cerca de la copia allá las tripas en la boca del perro y acá la bolsa de huesos pegada a tu barriga Tista cerró muy bien las puertas pero la muerte llega. Tista no ve bien y la muerte se mueve como el búho el Yuca y el hijo se agachan en los matorrales pero la muerte sabe avanza avanza y no le importa que ellos aúllen como diablos no importan que corran y se escondan ella sabe ella los halla ella está en la cueva ella los espera y los abraza Tista ve cuando viene el hijo en forma de tripas viene el Yuca trayéndolas y llora llora ríe ríe e el hijo en forma de brazo en forma de huesos fue la culebra dice la culebra está escondida en Vueltas Largas nos espera Yuca no la mata Yuca no ve bien está viejo no ve bien no puede esconderse más allá lo sor- prende callada lo mata de una vez continúa aullando- -Habla de ella no le teme a todos nos muerde es la ley y por ahí tenemos que pasar toiticos pero el muchacho es pequeño y no entiende de esto él tiembla y llora cuando ve a su amigo en el cajón el viejo Tista lo agarra por los brazos le habla al oído «el muchacho callas calla mientras pasa la muerte cierra la puerta y la muerte pasa y Tista dice desde adentro es la ley por ese trance tenemos que pasé toiticos corre cierra la puerta el muchacho quiere ver él no lo deja cierra la puerta cierra la puerta pero el muchacho baja con la muerte o acaso sea ella la que baja hasta las topias las enciende para que Tista caiga sobre ellas se desangre oiga la lluvia caiga varia veces se desangre viendo bajar la bolsa de huesos más atrás. El hijo de Tista se escucha en los rastrojos y Tista espera la topia está caliente es octubre y espera mira el camino se acuerda se sonríe o llueve la topia está caliente el Yuca corre por el cerro con las tripas del hijo Tista mira de frente y se ríe ya conoce la muerte la muerte baja del cerro la muere baja sin tocar las puertas no importa que siempre estén cerradas el perro aúlla con la mano en la boca. Tista ríe la muerte baja por la pierna izquierda la muerte la tiene el perro en el hocico- -Todavía tienes tiempo de mirar todas las tardes bajo la lluvia roja los años matan pero la lluvia queda la esperanza de la lluvia el camino está seco y tal vez llueva durante esta tarde. Todo se olvida y puede que te olvides del camino, Tista Pérez, Pero el olvido es lo de menos (tú lo sabes), lo importante es saber que la culebra está en el monte y que persigue al Yuca para matarlo. Te volteas. La topia está caliente, el río de la pierna continúa corriendo. Te levantas, te golpean una y otra vez, legas hasta la puerta debes cerrarla estaba abierta la cierras se oye el viento. El río corre hasta abajo, e ro corre, el Boconó corre sobre la pierna izquierda, te golpean de nuevo con la bolsa de huesos; esta vez no paran te duele mucho el cuerpo si es la frente no lo sabes es el pecho la frente y la pierna quemada; la sangre sale y sale sin cesar- Quieres levantarte ahora, ahora que las nubes amenazan con esa lluvia como el lodo, quieres levantarte digo, pero no puedes, porque moriste tiempo atrás. La sangre salió toda, toda; no intentes recogerla, ya no es tuya, llegó hasta el Boconó y el Boconó está lejos, quedó cien años hacia atrás. Sí la sangre se ha acabado, Tista, la sangre se ha acabado, llegó hasta el Boconó, o tal vez esté en las nubes en esas nubes que amenazan, no intentes levantarte, eso era antes, no intentes levantarte, no podrás, estás muerto octubre atrás (fue la segunda porque la primera fue hace años hace rato) y ahora estás aullando en las ramas del cedro y si eres hijo o padre yo no sé, el Boconó es uno nada más. Ahora no puedes recogerla o es que no escuchás al río bramando, es que no te ves encima de sus aguas es que no escuchás tus propios aullidos lanzados a viento no sé desde qué cedro; te digo que no puedes llegar hasta allá, el Boconó está lejos y no podrías llegar. No puedes recogerla es mucha sangre y todos los borbollones se parecen, todos son del Boconó. Oyes la lluvia (esa lluvia roja esa lluvia espesa como el lodo) pero no la ves, no ves nada estás marcado, Te levantas, caes nuevamente sobre el fogón encendido, Te preguntan, es que no sabes, te golpean, tú no sabes; Zoraida grita, el muchacho te mira, coño se llevan a Zoraida, la sangre comienza a brotar, cómo te pesa. Todo se oscurece; la neblina se extiende el cedro estrena nuevas hojas el monte crece poco a poco el cedro llora con todas sus ramas hacia abajo se seca todo la neblina se va extendiendo poco a poco va secando todo las hojas viejas caen el Boconó comienza a quejarse a bramar como una bestia, tu sangre está cayendo sobre su lomo blanco tiempo atrás tu sangre está muy lejos lejos lejos acá no queda nada sino ese cedro aullando con todas sus ramas hacia abajo ese río bramando como toro ese viento buscando donde guarecerse ese montón de huesos que la sangre te arroja por primera vez. Más allá, sólo esas ramas crujiendo, despidiéndose del árbol, diciendo adiós adiós; esa niebla que vuelve y lanza los huesos en el mismo lugar donde cayó la sangre tiempo atrás–Oyes esa lluvia, esa última lluvia, la primera, tiempo atrás; miras el cielo aquella vez y ésta, porque en algún lugar ibas a morir, qué carajo, piensas, las hormigas te harán círculos pero no serás de ellas nunca nunca, te acuerdas de tu hijo del caballo del tiempo de otras cosas el viento; no oirás la lluvia, pensaste entonces aquel día; serás mudo de tierras y de cosas, piensas, seguirás pasando y los encuentros serán definitivos, pero hoy; en este momento, tienes el valor del canto sabes más del viento y de lo que has mirado, de lo que no has visto de lo que te dejó para siempre la implacable noche, octubre el cruel octubre. La tierra está húmeda y fría entre las hojas, te levantas, caminas y recuerdas piensas y caminas oyes, oyes las voces de los muertos sus cantos encendiendo las topias del fogón, oyes el canto (y ésta es la novena), puedes cantar y cantas, hoy es el canto, sabes más del viento y de lo que has mirado, de lo que te sembró desde siempre y para siempre la implacable noche: octubre el cruel octubre. Ríe ríe sopla el viento y chilla en tus oídos la voz del hijo muerto no sabes cuándo tal vez en esta misma noche (la tercera), la misma el mismo instante, sopla el viento y arranca todas la hojas que te mostraba el cedro, se queja el árbol se agarra de la tierra y se niega a ser arrancado por el viento, ese viento que golpea y sacude las ramas de una vez; te muestra los cabellos del hijo te golpea en los oídos te muestra los cabellos y canta para siempre lo que decía Paulino, más allá esa sangre se parece al barro nunca toca el alma nunca nunca; una y otra vez oyes su voz ríe re acá parte las amas te golpea con ellas, ríe ríe lo oyes reír cuando te vuelves (por última vez ¿o acaso la primera?) y ves esos ojos los ojos del viento; la tierra llovería te crecería un día, te piensas creciendo en ese instante en que te acuerdas de todo en ese instante en que te hundes en la noche por quinta o cuarta vez, en ese instante en que sabes más del viento, en ese instante en que caes en las aguas que te llaman desde siempre, que fue cuando comenzaste a aullar por los siglos de los siglos, errante para siempre, desposeído de tierras y de cosas, desde siempre y para siempre, por los siglo de los siglos enredado en la niebla que baja de los montes y a los montes vuelve dejando los retoños todavía en ese árbol que es ya viento sin raíces, sobre ese árbol donde chapotean la noche y los caminos, donde comienza a arder, desde siempre y para siempre: octubre el cruel octubre- -Allá donde parece que comienzan todos los aullidos, allá donde la tierra tiembla cuando llega la noche allá donde los borbollones se tragan a las bestias de una vez, allá donde parece que la tierra fue tragada por las aguas, donde todos los borbollones se devuelven, te reciben, donde cae ese cedro aullando con todas sus ramas hacia abajo, allá te hundes para siempre (o comienzas a hundirte por primera vez); eres un nuevo borbollón de sangre o agua, o tal vez empiezas a aullar porque es de noche, el caso es, que si eres padre o hijo yo no sé; es de noche, y sólo soy capaz de oír esos aullidos bajo la noche sanguinolenta y, para siempre, verde.

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