literatura venezolana

de hoy y de siempre

La escritura entrometida de Carolina Lozada

Jul 8, 2025

Por: Ana Julia Carballo

El olor de la manzanilla, el sonido de monedas cayendo unas sobre otras y su canto estriado en las yemas de los dedos inauguran una novela minuciosa y caricaturesca, con canciones de ópera, fragmentos de poemas, cuñas de radio, un loro que no se calla y un vecino silenciero que hace pública su demanda a
punta de escobazos en el techo. A pesar de que no hay onomatopeyas, ni invenciones vallejianas en el lenguaje, es una historia ruidosa en la que por encima de los demás sonido que impera es el de la risa.

La narradora, que a veces parece Lozada misma, es consciente de su papel dentro de la novela, el de una espectadora entrometida que pone el ojo en lo pequeño y en lo que no le incumbe, juzga y aconseja a los personajes o intenta sobornarlos para que actúen de determinada manera —especial empeño pone en los asuntos amorosos de la protagonista, Clara Cecilia—. Su mirada atestigua al pescadero decapitando pescados, se detiene en el momento en el que se encuentran las manecillas del reloj, especula un cómo y un por qué, o al menos lo imagina.

Junto con Todo es lo que parece1, esta segunda novela de Carolina Lozada hace la pequeña saga de un poblado conservador y pacato donde seres solitarios y peculiares intentan conseguir el amor y se encuentran envueltos en historias tan ridículas y retorcidas como las de cualquier pueblo latinoamericano donde, por cierto, hay un “bicho”, porque esta es una obra escrita en Venezuela y no huye de su contexto. Sin embargo, no se detiene en los pormenores de los conflictos políticos, económicos y sociales. Sí, la dictadura está presente, pero es una sombra acechante antes que un eje alrededor del cual ocurren los acontecimientos.

La historia llega hasta el lugar de la escritora, su casa y los deberes domésticos conforman una suerte de ficción paralela que merece atención, de lo contrario pueden terminar “en río, en inundación, en diluvio que me arrastre sin arca y encharque las páginas escritas” (33). La ficción de la novela y la de la vida real se entremezclan y entran en diálogo hasta hacernos pensar que la autora no puede haber inventado todas las cosas que le pasan a los personajes, son tan inconcebibles que deben inspirarse en hechos reales, en los maquiavélicos milagros de lo cotidiano.

Leo Fisiología de las cosas pequeñas y no puedo dejar de verla como una versión tropical de la animación checa FimfaRum2. En ella hay un hombre al que nunca le vemos el rostro y que lee las historias de un pequeño pueblo y sus habitantes. Sin embargo, más allá de leer, mete la mano e interviene en el relato para enriquecer las ya enrevesadas vidas de las marionetas. De esta forma, también Lozada, tras el antifaz del anonimato, se mete en las vidas de los pobladores, no obstante, hay un cinismo esencial que la caracteriza: Clara Cecilia y sus acompañantes se le escapan, desbordando su dominio y reclamando cierta autonomía.

Los personajes se conforman a partir de las descripciones que hace la narradora (sobre ellos y sobre lo que los rodea), pero también con supuestos, con tentativas y con sus posibles reacciones ante dudosos eventos, creando una red de escenarios en ocasiones angustiantes o inverosímiles —pero siempre divertidos— que nos ayuda a comprender un poquito mejor cómo es posible que esta gente, en apariencia poco memorable, resulte más que extravagante en la intimidad.

A medida que avanzamos en la lectura, descubrimos en Fisiología de las cosas pequeñas un tejido de minicuentos3. Basta ver el índice para notar que el título de cada capítulo podría ser el de un cuento independiente, sin embargo, más allá de la estructura, los relatos mínimos también están en la historia: pareciera que los personajes se quedaran detenidos, esperando y mirándonos mientras la voz que narra conecta anécdotas de las cosas que los rodean, personas o asuntos de su posible pasado y futuro. Desde las primeras páginas y a lo largo de toda la obra es casi visible una viñeta en la que Clara Cecilia se detiene a pensar y a suponer, de esa suposición sale otra viñeta con una historia paralela que puede abarcar nuevas ramificaciones para luego volver a la primera.

Sería difícil resumir la historia en un par de líneas, limitándose a la realidad fáctica de Clara Cecilia, porque entonces estaríamos hablando de otra novela. En Fisiología de las cosas pequeñas, la narración oscilante viene y va de un relato al otro, de un accidente al siguiente, vale preguntarse cuál es la trama principal, ¿la que sucede en el presente o la de los pequeños y pícaros incidentes que ocurrieron, que habrían podido y que podrían ocurrir?

Clara Cecilia se cruza con buenas historias: vigilantes que apuestan sobre asuntos privados de un tercero, una mujer que habla con las tortugas, un cura demasiado humano, la señora de limpieza a punto de perder la cabeza y un abogado sin casos que defender. Por más irrelevantes que puedan parecer, no son parte del decorado, cada personaje que aparece en el relato global o en las pequeñas subtramas tiene la importancia suficiente para ser el protagonista de su propia novela. Prescindiendo del orden jerárquico, cada minicuento es la narración de algo tan intrascendente y valioso como la línea que guía la historia. Por eso es tan urgente continuar con el hilo “principal” como irse por las ramas acompañando a Clara Cecilia, entrometerse en su pensamiento un poco maniático para averiguar cuáles son las flores favoritas de un personaje secundario y llegar con el ramo adecuado a su hipotético velorio, pero, si llegara a morir, ¿le harían velorio?, ¿y si es ateo?, ¿acaso le gustan las flores? Nada se sabe, todo se va averiguando —o no— y lo único que sí está claro desde el principio es que la narradora se encarga de crear a los personajes y de intentar que les vaya más o menos bien, pero hasta ahí, porque ella tampoco está para andar cuidando “libres albedríos de otros” (35).

Así es que termina la novela, suena el timbre y quedan abiertos los relatos diminutos y torcidos de personajes atropellados, exiliados, abandonados, resignados, avergonzados, enojados, ¿no era esta una historia de amor?

NOTAS

1 Primera novela de la autora venezolana, publicada en el 2023 por Monroy Editor.

2 Película del 2002 dirigida por Aurel Klimt y Vlasta Pospíšilová. Es la adaptación de cinco historias de Jana Wericha contadas a la manera de las fábulas antiguas, pero a la vez irreverentes, sorprendentes y con moralejas divertidas.

3 Lo que tiene sentido tomando en cuenta que la escritora es mayormente conocida por sus libros de cuentos.

Reseña publicada en Voz y escritura 30, 2024: 213-215.

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