literatura venezolana

de hoy y de siempre

Intervenciones a la luz

Jun 26, 2022

Thalía Sánchez

 Sólo traigo mis manos,

ambas cruzan la memoria de la imagen y la transforman

estoy cada vez más cerca:

Algo renace entre matices

suspendido en el telar de los colores primaros.

 

Se impone en lo intangible un sonido

toco la imagen bruscamente

aplico a la ternura como una norma

y desaparece lo turbio de mi corazón.

 

Detengo la marcha para observar la forma:

un nuevo paisaje en la imagen se estremece

 

Esta fotografía me ha vendido sus entrañas,

me ha dejado entrar en sus quimeras

para hacer del sueño una reconciliación permanente.

 

Espacio de luz inhabitado

sabemos de la imagen el vacío

sabemos que no existe tal realidad,

pero reconocemos la belleza como un espejo que nos mira.

 

Existen flores que no conocen el mar, pero aquí se extingue toda limitación

aquí se puede hacer de la flor el mar,

intervenir de pronto el silencio para que sea pájaro

a eso se refiere la imagen cuando descubre su segundo lenguaje.

 

Yo no la dirijo

yo no dirijo el movimiento ni lo que se expande en el viaje

a cada objeto le va naciendo su doble complejidad.

 

Por eso he venido,

para bautizar los caminos que no existen en el mapa

para contemplar un territorio desfallecido

y levantar sobre él                 claridad.

 

Las paredes de la imagen son regiones que me han sido dadas.

 

 

 

A Stivaly Maestre, por su fuerza; su voz de huracán

 

Suspendida la tempestad frente a los astros

todo queda sin rostro después de la alabanza

 

La casa, esta casa

ya no es espacio-tiempo-luz.

 

En cada rincón que se viste de escombro

las horas viajan vencidas

 

Las paredes se desglosan

tienen síntomas de una ciudad deshabitada

 

Se oyen las palomas andando

frenéticas y enloquecidas,

chocan contra los espejos inútilmente

sus plumas salpican el suelo,

lo rasgan

 

Apagan el martirio de verse solas

 

Es lenta y honda la transición

atraviesan el cristal, pero nada hay del otro lado

nada que calme el ansia

de volver a su tierra prometida

 

No quieren verse solas

en esta casa

que ya no es espacio-tiempo-luz.

 

 

 

 

DEJÉ DE ESCRIBIR: Un ave ha incendiado la página

se devora en la ceniza la estrella milagrosa

no sabe que está dormida, que se retuerce y gime y choca frente a hilos de plata

hilos que desconocen algún sitio sagrado

que se pulverizan en el tiempo porque nadie los palpa

nunca soy suficiente frente a las palabras

y sin embargo se derrama la quietud en esta hora que no es mía

en esta hora donde traigo las manos enredadas

en el relámpago de tu frente.

 

Creces, y tu vida pesa como mil siglos

atas tus manos a la garganta,

te devuelves a tu origen

porque la vida te ha sido negada

 

Tiemblas, y tu boca es sal

tiemblas, y el animal come de tu carne

mientras te abres convulsa frente a la lluvia

 

Figura universal del movimiento

el agua furiosa vino a visitarte

 

Algo que no pronuncias te reclama

y no sabes bien porqué.

 

 

 

Habito en la sed

No me nombran las aguas

no me arrastra de pronto su corriente

seré otra al abandonar mi sombra.

 

En la blancura de la noche persisto

sostengo mi sueño

y se deshace.

Habito en la sed.

 

Antiguos silencios trastocan mi morada

antiguas palabras se pronuncian,

sin reconocerme.

 

Infinitud en la memoria: ¿Existes?

 

no levantaré la voz

no elevaré este canto para salvarme.

Amanecer será cuestión de mi suerte.

 

Intento florecer sobre la grieta,

y la luz toca mis últimas palabras.

 

 

La música es el canto de un pájaro que ha venido a verme,

en medio de esta sala vacía.

 

 

Oigo este canto tendido en la cima de un árbol

lejano,

puedo ver su unión con la luz.

 

 

 

Quiero habitar lugares menos oscuros

devorar en la danza la agitación de los días.

 

Me rodea una luz que apenas puede sostenerse

en la hora más cruel de mí existencia.

 

 

 

Vienes de lejos, donde el silencio se debilita

y las aves no pasan cerca

Otra luz recorrerá tu cuerpo

y lo imaginará sagrado

 

No conoces el aleteo del pájaro y sin embargo

aprendes a llorar su muerte.

 

Vienes desde el fondo del alba,

pero no sabes detener el fuego que te crece

 

Allá el sueño se teje mientras los sonidos te recuerdan

sobre este abril que terminó por rompernos

 

Otras flores cuelgan,

casi extintas en el arroyo de tu vientre.

 

 

 

Voy levitando en el vacío

alargado y salvaje se teje entre mis dedos.

 

 

Distorsionada, tenue luz que me socava

fisura que es parte de mí como la sangre.

 

 

 

 

Para que las luciérnagas conozcan la poesía

Luciérnaga en vigilia      noctámbula enciendes la noche

Haz que tiemble todo a tu paso        pide un deseo que perdure en el día

Tambalea el aire que absorbes

sopla mi oreja con tus alas.

Dame de tu Luz el cobijo                             ven que esta sed me asfixia

quédate, que nazco nuevamente del polvo

quédate mientras el suelo se agita

mis ojos te recuerdan de la otra vida.

 

De tanto silencio los insectos se evaporan

ninguno toca estas llagas

ninguno es capaz de amar lo que palpo

 

Sólo el noble vacío que te habita puede nombrarme.

 

Madre de la lumbre, cuerpo bañado en oro

insisto en tu hondo principio,

en tu protección primitiva.

 

Ofréceme la intermitencia, Luciérnaga en desvelo

que tu sol me alimente

y me acompañe despierta.

 

 

 

La luz será breve, pero sólo esta alianza bastará para salvarme,

ahora soy lugar integro, sagrado

sincero es el acercamiento a mi corazón

 

Me ofrendo

contemplación absoluta es este viaje hacía mi centro.

Sobre la autora

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