literatura venezolana

de hoy y de siempre

Estatua de sal (selección)

Dic 6, 2025

Cristina Gutiérrez Leal

Cristina

A la señora Martha Cristina.

Me nombraron Cristina por una amiga desahuciada de mi madre.
La señora Martha Cristina me heredó su segundo nombre,
su adolecer.
Cuando sucumbo al reproche
mi madre me consuela diciendo que también tengo el nombre de Cristo.
Él también vivió desahuciado, mamá.
Tengo nombre de mujer muriendo
y de hombre clavado en la cruz.
Eso lo explica todo.

***

Mi Cruz

A Cruz, mi madre.

Pensándolo bien, Jesucristo
en algo por fin nos parecemos:
ambos tenemos una cruz.
La tuya redimió al mundo
la mía sólo a mí.
No debo cargarla
soporta todo mi peso
mis coronas de espinas.
En ella lavo mis pecados
y los únicos milagros que he visto
tienen su nombre.

***

IV

Hay mares que llegan con sus olas antiguas
a golpearme el lomo,
a recordarme cuántas mentiras he tenido que decirme
para soportar el ruido de algunos barcos.

Esta marea no tiene ojos,
sólo brazos largos para tantear mis orillas
rasguñarlas de vez en cuando.

Yo no sé cómo dividir estos mares,
cómo llegar a la tierra prometida.

Estoy del otro lado,
creyéndome a salvo
ahogándome sólo un poco.

***

V

Nosotros, los torpes
miramos siempre de frente
pero las trampas vienen en los pies.
Somos expertos en caer
pero no en hacernos ciegos.
Es tiempo de saber que cada mirada de soslayo
fue ya sufrida.
Y cuando en esta casa pregunten por ustedes
ustedes, los que se entrenan con el látigo
se guardará silencio.
«La venganza es mía», dice el Señor.

***

Sé del mar reventando contra un muro 
cómo me asusta cuando levanta demasiado su oleaje 
cuando enfría sus aguas y es imposible. 
Sé de gente buena acodada en puentes 
contemplo sus miradas cristalinas y la mía se envidria 
me siguen enfermando mis ojos litorales 
                                         mis costas. 
He visto desde un balcón 
un río que divide tres países 
abrí ya muchas veces mi puerta para saludar desconocidos 
ya estiré una nueva lengua 
ya me senté lo más al norte posible 
ya estuve en la última calle de un país 
ya fui todo lo insular que pude 
ya he puesto toda mi fe en un viaje 
ya he querido volver y abrazar 
corro tras un nuevo paisaje que se alborote en mis ojos 
vivo huyendo de este lugar que soy 
pero el desarraigo no me cura 
no me cura.

Sobre la autora

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