Isaías Medina López
Boulevard en el bohemio
Al norte queda el asfalto
y al sur la sonrisa del adiós
Cada día está más alta la marea
in nombre de las cosas nuevas
Quien se haga llamar timonel
tendrá la muerte digna de un poeta
La tormenta de pretender la noche
calentará su vaso de añejo
El empeño de ser farol
le arrancará la calma de los ojos
Tú y yo un día incansablemente
Al sentir esa materia que llamas mi cuerpo
la tregua que solicitan tus sentidos
resultará imposible
En la hora de ajustar la mirada
de hacer agenda oculta nuestra evidencia
yo seré el conjuro tan buscado
la medida exacta de tu deseo.
A la añeja barra de un bar
No es que la barra sea un hombre
pero es a lo más que se parece
No fue para reyes sentados
en grandes mesas construida
Cierta hora de los bares
nos recuerdan caballos atados a una cerca
y bohemios de piernas colgantes
simulan jinetes que se hablan desde adentro
Tras la barra alguien atiende poetas
seca las copas y atiende como padre
como un hermano distante
pero que al mismo tiempo es querido
sin ese porqué innecesario que aquí no importa
En otras circunstancias nuestra barra
es sólo madero leño apoyo de la mano
que frena las caídas de un rostro
el nuestro tal vez
donde cualquiera sin esperanzas
se detiene para tomarse una sonrisa
Una cerveza por la sequía del año 1978
Ahora cuando el aire
como serpiente nos deshace
y de la antigua montaña
ningún río arriesga sus peces
la vida tropieza sin decir palabras
se va de un lado a otro
remembrando el clima de ayer
la cerveza que tomamos en la lluvia
haciendo planes para mudarnos de hemisferio
Uno se llena de hábitos de piedra
Ahora en lo extenso de los campos
un hombre de mirada azul hurga
y pregunta qué fue de su guitarra
Adentro
en casa tras la puerta
mi hermana deshoja una margarita
cierra los ojos y llora amargamente.
Del viejo poeta a la bohemia novicia
Que te haya perseguido tanto
poco me garantiza tus besos
Acudo a tus dominios
desde otra eternidad
hechizado desde otro olivo
como en una cacería antigua y primigenia
Y ya no se acostumbra perecer de puro amor
Yo que inventé el manual de la torpeza
canto mientras nadie escucha
aparezco y todos se aprestan a partir
¿Acaso podré un día
respirarme hombre en tu pelo?
El duende de la casa no quiere regresar al bar
En la postal de amarilla letra
mi abuelo se repone de mensajes imposibles
mira el R. F.
de Rosa Federman
bajo el ron que se lo indica
porfía anteojos
palabras que nadie escribe
fechas cercanas (nunca 1924)
Mi abuelo que leyó tabacos
almanaques de cada luna
y alcobas solitarias de mujer
ahora transparenta el café
sin un lamento
sin ese curioso dolor del ya no más
Recuesta su cabeza
sobre los hombros de la casa
donde todavía es fácil acariciar la vida
Quizá responde extraviadas cartas
alguna señal de auxilio en el olvido
o muerde pertinaz
un simple despecho por la muerte
Resaca
Lo que ahora
como rueda de infierno
golpeante y seca
nos recorre
aturde menos
que recordar
cuánto de celestial y dulce
anoche tuve
Última confesión de un trago de ron al amanecer
Mi gracia
no está en ser dócil
o en ser útil
Soy el favorito escudo
de una moral incomprendida.
