literatura venezolana

de hoy y de siempre

De bares y mujeres

Feb 13, 2022

Isaías Medina López

Boulevard en el bohemio

Al norte queda el asfalto

y al sur la sonrisa del adiós

 

Cada día está más alta la marea

in nombre de las cosas nuevas

 

Quien se haga llamar timonel

tendrá la muerte digna de un poeta

La tormenta de pretender la noche

calentará su vaso de añejo

El empeño de ser farol

le arrancará la calma de los ojos

 

Tú  y yo un día incansablemente

Al sentir esa materia que llamas mi cuerpo

la tregua que solicitan tus sentidos

resultará imposible

En la hora de ajustar la mirada

de hacer agenda oculta nuestra evidencia

yo seré el conjuro tan buscado

la medida exacta de tu deseo.

 

A la  añeja barra de un bar

No es que la barra sea un hombre

pero es a lo más que se parece

 

No fue para reyes sentados

en grandes mesas construida

Cierta hora de los bares

nos recuerdan caballos atados a una cerca

y bohemios de piernas colgantes

simulan jinetes que se hablan desde adentro

 

Tras la barra alguien atiende poetas

seca las copas y atiende como padre

como un hermano distante

pero que al mismo tiempo es querido

sin ese porqué innecesario que aquí no importa

 

En otras circunstancias nuestra barra

es sólo madero leño apoyo de la mano

que frena las caídas de un rostro

el nuestro tal vez

donde cualquiera sin esperanzas

se detiene para tomarse una sonrisa

 

Una cerveza por la sequía del año 1978

Ahora cuando el aire

como serpiente nos deshace

y de la antigua montaña

ningún río arriesga sus peces

la vida tropieza sin decir palabras

se va de un lado a otro

remembrando el clima de ayer

la cerveza que tomamos en la lluvia

haciendo planes para mudarnos de hemisferio

 

Uno se llena de hábitos de piedra

 

Ahora en lo extenso de los campos

un hombre de mirada azul hurga

y pregunta qué fue de su guitarra

 

Adentro

en casa tras la puerta

mi hermana deshoja una margarita

cierra los ojos y llora amargamente.

 

Del viejo poeta a la bohemia novicia

Que te haya perseguido tanto

poco me garantiza tus besos

Acudo a tus dominios

desde otra eternidad

hechizado desde otro olivo

como en una cacería antigua y primigenia

 

Y ya no se acostumbra perecer de puro amor

 

Yo que inventé el manual de la torpeza

canto mientras nadie escucha

aparezco y todos se aprestan a partir

 

¿Acaso podré un día

respirarme hombre en tu pelo?

 

El duende de la casa no quiere regresar al bar

En la postal de amarilla letra

mi abuelo se repone de mensajes imposibles

mira el R. F.

de Rosa Federman

bajo el ron que se lo indica

porfía anteojos

palabras que nadie escribe

fechas cercanas (nunca 1924)

 

Mi abuelo que leyó tabacos

almanaques de cada luna

y alcobas solitarias de mujer

ahora transparenta el café

sin un lamento

sin ese curioso dolor del ya no más

 

Recuesta su cabeza

sobre los hombros de la casa

donde todavía es fácil acariciar la vida

Quizá responde extraviadas cartas

alguna señal de auxilio en el olvido

o muerde pertinaz

un simple despecho por la muerte

 

Resaca

Lo que ahora

como rueda de infierno

golpeante y seca

nos recorre

aturde menos

que recordar

cuánto de celestial y dulce

anoche tuve

 

 

Última confesión de un trago de ron al amanecer

Mi gracia

no está en ser dócil

o en ser útil

Soy el favorito escudo

de una moral incomprendida.

Sobre el autor

Deja una respuesta