literatura venezolana

de hoy y de siempre

Autobiografía al alimón de un sueño editorial: Ítaca

Eziongeber Chino Álvarez

Milagros Mata Gil

Los Torquemada para el Santo Oficio, los editores a lo suyo.

(Manuel Borrás: editor de Pre-textos) 

I.

Aunque he tenido experiencias en el campo de editar libros, además de mis muchos años de vida vinculada estrechamente a los periódicos (talleres, redacción, calle, difusión, mercadeo) en realidad no tenía entre mis planes formar una editorial. Hablábamos el Chino Álvarez y yo sobre una planeada antología de poemas de José Pulido y la idea se nos ocurrió casi al unísono.

II

Era una idea demencial: en plena cuarentena, rodeados, casi cercados por la pandemia. Pero cuando Milagros asomó la idea le dije: -Vamos a echarle bolas, yo soy un echao palante. Y lo primero que tuve que vencer fueron mis propios prejuicios ¿libros virtuales? Yo tengo mi biblioteca, toco mis libros con cuidado, con cariño, y eso lo he escrito por ahí muchas veces. Pero ahí estaba la realidad: yo quería publicar mis propias crónicas, allí estaba el esfuerzo de Milagros con la obra de Pulido… y todas las dificultades. No teníamos dinero para acometer una impresión, así que, sí, abordamos el asunto. Milagros me pidió que leyera y releyera el poema de Cavafis, me recordó las incidencias del viaje de regreso de Ulises, me advirtió que habría lestrigones y cíclopes tratando de impedir que pasáramos. Y también me advirtió sobre Circes y sirenas. Somos profundamente amigos Milagros y yo, confiamos el uno en el otro, y esa amistad nutre y da fundamento a nuestro proyecto, y le dije sí, vamos palante. 

III.

Para mí, la pandemia se convirtió en una oportunidad, en la oportunidad de reinventarnos. Se trató en todo momento de beneficiar el quehacer literario, el nuestro y el de tantos amigos talentosos que querían publicar y no se atrevían, o pensaban que era muy difícil, y nosotros queríamos animarlos. Pero de repente nos fueron apareciendo otras inquietudes. Empezó con el asunto de los blogs y la comunicación que plantean. Aunque algunos amigos, como Alí Reyes, de “Tigrero” ya me habían mencionado la importancia de esa herramienta, fueron las recomendaciones de Golcar Rojas, experimentado en dichas y quebrantos de la autopublicación, y las de mi yerno Carlos Montilla, experto en marketing digital, las que nos pusieron en ese camino: blogs, página de Facebook, el aprovechamiento de esa plataforma, que ya el Chino había venido usando con eficacia: todo eso nos puso en el camino. Por supuesto, había y hay mucho que aprender.

IV.

A mí me sorprendió y me encantó el éxito instantáneo de los blogs. Obviamente, por el impulso de la promoción en las redes sociales y por los amigos. Pero también por la calidad de las lecturas, potenciadas por el atractivo de los colores y las imágenes.Creo que fue entonces cuando internalicé que estábamos en medio de un cambio de paradigma: tú sabes, imaginé cómo se sintió aquel hombre que se encontró con que ya la tableta de arcilla estaba siendo sustituida por el rollo de papiro o de pergamino. Eso debió haber sido un trauma. Y después, ese otro cambio del rollo al códex: otro cambio y otras resistencias. Y luego, la imprenta y la masificación del libro. Adiós copistas de los monasterios. Y después, la pluma fuente, la máquina de escribir, los procesadores de text. Cambios tecnológicos que afectaron la sociedad. Bueno, nosotros estamos metiéndonos de lleno en uno de estos cambios de paradigma. Y estamos conscientes de las resistencias y reservas, aunque seguros de que vamos a permanecer por aquí mucho tiempo y que veremos la aceptación de esta visión del mundo 

V.

El ciberespacio es un territorio de muy extendidas fronteras, con pocas reglas de juego y con muchas probabilidades, donde uno puede efectivamente aventurar. Así que nos declaramos aventureros. Y han sido igual de aventureros José Pulido y Blanca Elena Pantin, que se arriesgaron a acompañarnos. Sin embargo, desdeñar las posibilidades de difusión y enriquecimiento de elementos y lenguajes que se podría producir en el entorno virtual es, creo, más arriesgado, porque es un desconocimiento anacrónico de las potencialidades tecnológicas del futuro inmediatísimo. Pero ya nos estamos enfrentando a esas resistencias. Y seguimos apostando al libro virtual aunque estamos ofreciendo paralelamente los servicios de Amazon y otras librerías que permiten la publicación en físico. Para complacer a los autores y los lectores.

VI.

He sentido que uno de los grandes retos que tenemos es manejar la relación con los autores. Hay mucha gente que piensa que porque nos está pagando puede hacer exigencias que vayan más allá de la responsabilidad editorial. Por ello, Milagros y yo, y el equipo que nos acompaña, es decir, los diseñadores y los asesores de marketing, estamos en comunicación permanente, lo que no es fácil debido a las distancias geográficas, pero aquí, otra vez, funcionan otros cambios: nos acercamos por teléfono, por WhatsApp, por chats de Messenger. Es verdad que hemos hasta cambiado nuestro horario de trabajo y lo hacemos de madrugada. Pero palante. Dividimos los ámbitos: aunque participo de la lectura de los textos, me ocupo de los aspectos legales y de la administración, mientras Milagros atiende la edición y la promoción y difusión. Eso no significa que sean compartimientos aislados, porque nos informamos, nos consultamos, mutuamente. Y eso lo hacemos, valga la acotación, sin abandonar nuestro propio trabajo como escritores, las publicaciones nuestras en sites y revistas on line, así como en los blogs. Una cosa que hay que tener en cuenta es que un blog eficaz necesita estar vivo, actualizado, mantenido. Y ese servicio lo ofrecemos a nuestros autores. Y hasta a otros escritores que lo soliciten. Muchos creen que es una papita, pero no, es una tarea que exige tiempo, sensibilidad y responsabilidad. 

VII.

Hacer un libro con los medios de hoy en día es fácil, hacer una buena edición es lo complicado. Editar es una manera de compartir. Esta es una de las cosas que engrandece este trabajo. Por lo tanto, hay que ser muy cuidadosos con lo que elegimos para los otros. Hay que seleccionar obras que, egoístamente, nos hagan imprescindibles. Por eso expandimos el campo de lo que queremos publicar cuando diseñamos las colecciones. Hay una dedicada a crónicas y relatos, Cíclopes y Lestrigones se llama. Una, dedicada a la Poesía, Los Mercados de Fenicia. Otra, dedicada a ensayos, entrevistas e historia, la Biblioteca de Ítaca. El Punto Azul está dedicada a las reediciones. Perséfone, a las novelas. Y Opus, a la publicación de libros cristianos. Sea lo que sea, apuntamos a la excelencia. Y a la globalización. Ya estamos recibiendo y evaluando propuestas: dos libros biográficos, uno de crónicas, uno de relatos y una gran gran sorpresa. También publicaremos el segundo volumen de crónicas del Chino Álvarez y una novela mía inédita.

VIII.

Estoy convencido de que nuestro objetivo debe ser sacudir al lector de su modorra, de su comodidad psicológica, política y social. En cierta forma, los lectores de hoy parecen haberse convertido en un grupo subversivo, por lo menos en este país. Hubo un patético momento en la educación venezolana en que se disminuyó la importancia de la enseñanza y el aprendizaje de la lectura y la escritura. La lengua materna, esa preciosa herencia que nos ha sido traspasada y trasvasada desde hace quinientos años, fue relegada a la caja de herramientas y, cuando creció, creció realenga y sin control, o creció enclaustrada en los gabinetes de los poetas, o en el cubil más exquisito de las academias. Como si perviviera aquel famoso lema de los soldados federalistas, Muerte a los que saben leer y escribir, se despreció y desprestigió durante años el sabor y el saber que emanaban de la lengua. Las grandes empresas, las que manejan los dineros del mundo, han entendido la relación que ya Herodoto y Platón, en los lejanos días de los griegos, plantearan en sus leyendas sobre Giges: el poder de quien maneja la lengua es similar o mayor del que maneja los intríngulis de las finanzas: el desarrollo de todo poder deriva de la magia y la posibilidad de hacerse visible e invisible a voluntad: las monedas y la escritura son representaciones de ese poder.  

Hay entre ambos símbolos una relación semántica indisoluble. Y no ha habido sustitución de ese valor. Los políticos contemporáneos conocen también de eso y por esa razón las dictaduras se proponen destruir todo vestigio de educación y de cultura. Y la pandemia pudiera estar ayudando a esas dictaduras para que ejerzan más control sobre los ciudadanos. En ese sentido nosotros somos subversivos: contra todas las circunstancias adversas le decimos a la gente: lee, comprende lo que lees, léete a través de esta escritura ¡lucha! Y, además, vence al acomodaticio que hay en tí. El libro virtual es el futuro, hasta por razones ecológicas. La lectura es una forma de la rebelión: educarse, ser un lector, un escritor, un músico, es resistir. Por otra parte, otra parte de nuestra visión del trabajo editorial consiste en negarse a la censura. Como dijo alguna vez Manuel Borrás, que ha llevado la editorial Pre-textos durante 43 años, y es uno de mis modelos, Torquemada, ese fanático destructor de libros, para el Santo Oficio, los editores, a lo suyo.

IX.

Cierto que creamos esta empresa y la estamos sacando adelante por ura razón espiritual, para decirlo de alguna manera: la promoción y difusión de la Literatura. Pero también porque deseamos aprovechar nuestro talento y nuestros conocimientos para mejorar nuestro nivel de vida. Deseamos monetizar como se dice ahora, esos conocimientos, así como la voluntad de trabajo que tenemos, para asegurar nuestra vejez. Somos personas mayores, pero con gran capacidad de trabajo, con mucha fortaleza personal y con grandes deseos de aprender. Además, somos escritores. Vivimos por y para la letra: por eso nos convertimos en editores. Y por eso hacemos nuestro trabajo con mucha atención y con toda la honestidad del mundo. Como hemos mencionado con frecuencia: esto es un viaje, una aventura y, como dice el poema, Ítaca es la meta, pero procuraremos que el viaje sea largo, productivo, fascinante, a veces con dificultades, y que cuando algún día lleguemos al puerto, mi amigo Eziongeber y yo y toda la tripulación que nos acompaña, seamos más sabios y, sin duda, más dignos de llamarnos seres humanos. 

25 de noviembre de 2020

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