Por Sophia Castillo
Sin libertad no hay formas de arte que valgan la pena
Sofia Imber, 2015
El nombre detrás de todo
Sofía Imber Barú fue una periodista, gestora de arte y directora del MACCSI en Caracas. En la década de los 40, estudió tres años de la carrera de medicina en la Universidad de los Andes, pero terminó por dejarla y regresar a la capital, donde empezaría a escribir y publicar artículos en periódicos y revistas, nacional e internacionales, y se mantuvo haciéndolo por casi cincuenta años más, excepto que a partir del 1959 lo haría en su propia creación: la revista CAL: Crítica, Arte y Literatura, junto a su primer esposo Guillermo Meneses
A partir de ese momento, Imber contó de carrera artística y periodística que no dejó de crecer, admirable y asombrosa, la cual resulta relevante no solo para el periodismo, sino también para la historia venezolana. Fue miembro del capítulo venezolano de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, de la directiva de la Junta del Museo de Bellas Artes, de la Sociedad de Amigos del Museo de Bellas Artes de Caracas, primera mujer ganadora del Premio Nacional de Periodismo, miembro de la Asociación Venezolana de Periodistas, del Colegio Nacional de Periodistas, del Sindicato de Radio y Televisión, de la Asociación de Escritores Venezolanos, y de la Comisión de Artes Visuales.
Luego de todo esto y por si fuera poco, fundó el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, posteriormente llamado Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber y cuya directiva se le fue arrebatada por el Gobierno de nuestro país en 2001.
La divulgación de arte como un arte propio y de nadie.
Es el arte de hablar de arte.
Se infiere en la sociedad común que quien estudia arte o se dedica a él tiene como salida profesional algo como ser profesor de arte, pero si no fuera importante ¿habría siquiera la intención de enseñarlo por parte de instituciones? Quien divulga arte imparte la humanidad misma, sirve un recordatorio en medio de un mundo tan corporativo y errático, pero sobre todo, cambiante. Porque en un contexto en donde la actualización de la realidad como la conocemos es constante, y la meta incansable parece ser la de estar al día con lo nuevo, la historia y el arte siempre resultan como refugios, porque permanecen. Nos dice “Esto fue humano, fue hermoso y fue de la siguiente manera”. Los hechos que nos formaron como humanidad son siempre aquellos que implican sensibilidad, y la historia escrita de este modo no puede ser borrada. Podemos recurrir al arte en busca de algo como permanencia, algo que le pertenece al mundo y a nadie a la vez, algo que acoge y comprende.
Y en agregado a eso, la divulgación no solo nos traza el camino del arte que ya fue, signo que visibiliza y hace accesible al arte que está siendo en el momento presente. Su objetivo se ve cumplido cuando a través de la difusión de artistas extranjeros, o quizás emergentes, se crea una conexión con un público. Es en ese punto que la divulgación cultural resulta imprescindible para la escritura de la historia misma, por tanto no es difícil ver la manera en que el divulgador es una figura de suma y a la vez indirecta importancia entre nosotros, e Imber es de las mejores que Venezuela ha tenido.
El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber
Fue fundado por la periodista el 28 de febrero de 1973. Bajo su dirección se realizaron más de 650 exposiciones diferentes y alcanzó a ser el museo más importante del país. Contó con la primera biblioteca especializada en arte a nivel nacional y con el paso de más de 5.000 piezas, entre cuyos autores destacan Pablo Picasso, Claude Monet, Andy Warhol, Fernando Botero, Carlos Cruz Diez, Francis Bacon, Henri Matisse y Jesús Soto.
En 1999 se le otorgó su nombre y apellido al museo, en 2001 se destituyó a Sofía por parte del Gobierno tras 28 años de dirección bajo el motivo de una “revolución cultural” y en ese mismo año, la decadencia del antes calificado mejor museo de Iberoamérica pasó a ser su exposición más resaltante. Hablamos de descuido del mantenimiento de la infraestructura, pérdida de artistas y vínculos de importancia y un público cada vez más reducido y reacio a la idea de ir,“extravío” y robo de piezas almacenadas en el museo que luego aparecían decorando las paredes una que otra casa de las altas alcurnias encargadas de aquella llamada renovación, y el cierre de espacios como cafés, jardines y alas donde antes se albergaban
personas de toda la capital para ver las obras.
El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas nunca volvió a ser lo que era bajo la dirección de Ímber, pues como escribió el pintor colombiano Botero en una carta dirigida a ella tras su destitución: “—es el equivalente de sacarte de tu propia casa, siendo como es una creación tuya de la cual todo el pueblo de Venezuela debe sentirse orgulloso.” El museo se le quitó el alma cuando a Sofía se le retiró de él, y esto se sabía en Caracas; sin embargo, la huella ya era indeleble para entonces.
El periodismo como arte
Con el periodismo pasa que su objetivo se puede resumir en los términos “verdad” y “gente”, y cuando trabajas con estos dos elementos no se puede sino hablar de sensibilidad de una forma u otra. El trabajo del periodismo, por tanto, es uno desbordantemente humano y cuyas matices se extienden de la misma forma en que la definición misma del ser humano lo hace. Es la reunión de las verdades de toda vocación y profesión relevante para nuestra funcionalidad social, y manejar el arte de la verdad es sólo otra manera de llamar al periodismo.
El programa “Solo con Sofía”, iniciado en 1976 y emitido hasta 1982, es una parte muy importante de la huella y presencia de Sofía Ímber en la historia venezolana, ya que la agudeza e imparcialidad que caracterizó sus entrevistas, terminó significando un espacio para toda la cultura que la periodista difundió. El aura y espíritu del que hablo tan abstractamente se ven evidenciados en su manera abierta y frontal de abordar a los entrevistados, entre los cuales, por cierto, destacan una extensa cantidad de personalidades tanto de la política y la comunicación como del arte, nacionales e internacionales. De esta forma, la imagen de Sofía se convierte en algo más universal, tanto para aquellos que les importaba y buscaban participar de la cultura como para aquellos que no, porque te convertía en parte de la cultura, bien si lo sabías o si no tenías ni la más remota idea.
Legado: lo que hay por aprender
Sobre su carrera, sobre el legado que dejó, hay una gran lección de autenticidad y valores de trabajo a la mano, lista para ser aprendida. Esta se deja ver, sobre todo, en la honesta voluntad de, a pesar de las circunstancias, seguir expresando y compartiendo. Aún más tratándose de arte. En pasado no es un tiempo muerto, sino algo que está en constante regreso a nosotros, tanto en materia de estudio como por el carácter cíclico de la historia, por tanto, Imber resulta no solo un excelente ejemplo de la labor históricamente valiosa que es la divulgación de arte, sin que su carrera y vida en sí mismas nos recuerda que los venezolanos siempre hemos estado haciendo cosas magníficas, y que los referentes para seguir haciéndolas están aquí,dentro de nuestro propio país. Como la historia del antes termina por ser imprescindible para la formación del futuro, vidas y obras como la de Sofia Imber son para un presente como el nuestro — convulso e incierto, como reseteandose en un loop infinito — refrescantes, y útiles para ampliar las posibilidades que somos capaces de imaginar en nuestros sueños del mañana.
Referencias
- https://revistaetiqueta.com/sofia-imber-una-mujer-excepcional/
- https://www.elnacional.com/2024/05/para-los-jovenes-quien-fue-sofia-imber/
- https://primicia.com.ve/especiales/sofia-imber-la-mayor-promotora-de-arte-y-periodismo-en-
- venezuela/
- https://abediciones.ucab.edu.ve/el-maccsi-un-museo-diferente/
