literatura venezolana

de hoy y de siempre

La fotografía del premio Pulitzer 1963

Dic 6, 2025

Antonio Robles

El 02 de Junio de 1962, se subleva el batallón de infantería de marina acantonado en Puerto Cabello, estado Carabobo, Venezuela; ya el espectro de la tragedia se extendía circundante, merodeaba en el ambiente, almas de bisoños soldados ya se preparaban ante el terrible llamado, oscuros nubarrones conjuraban en el horizonte. En las horas subsiguientes, el fotógrafo y reportero gráfico venezolano Héctor Rondón Lovera llega al puerto para cubrir los acontecimientos en sus labores reporteriles, este fotógrafo tomaría la famosa fotografía titulada “La ayuda del padre”, que daría la vuelta al mundo y que ganaría el premio Pulitzer de fotografía en su versión del año 1963.

Al ser galardonada con el premio Pulitzer 1963, la imagen de esta fotografía rondaría por el mundo, la imagen muestra a un sacerdote católico con su hábito negro que intenta levantar a un soldado herido de muerte, en el suelo está el fusil que este soldado moribundo deja caer, hay algunos charcos de agua en la calle porque momentos u horas antes había llovido, ¿pero quién era este soldado que muestra la imagen fotográfica y que muere en ese instante en los brazos del sacerdote que intentaba ayudarlo?, en ese instante en que a este ser lo envuelve la bandera de los olvidados, en ese instante en que parecía que aves negras desde las nubes observaban y en el último aliento de esta vida desconocida se evaporaba el destino.

Pero rememorando los acontecimientos que comenzaron aquel 02 de junio de 1962, cuando un grupo de oficiales y soldados de la infantería de marina de Venezuela se alzaron en Puerto Cabello, tomaron las estaciones de radio, tomaron la sede de la policía y asaltaron el fortín Solano donde liberaron y armaron a civiles que estaban ahí como presos políticos, varias horas después aviones de la fuerza aérea del gobierno comenzaron a bombardear algunas posiciones de los alzados; ya en las afueras de la ciudad de Puerto Cabello comenzaban a llegar y concentrarse los batallones del ejército venezolano que en los próximos momentos enfrentarían a los rebeldes y aplastarían el alzamiento.

Las nubes sobre el puerto seguían pareciendo cuervos que observaban, el aliento del soldado de la fotografía se extinguía. Uno de los batallones del ejército venezolano movilizados hacia Puerto Cabello era el batallón Manuel Piar, acantonado en la ciudad de Barquisimeto, estado Lara; entre los integrantes de ese batallón iba un soldado de nombre Andrés de Jesús Quero, ¡ese era el soldado moribundo de la fotografía “La ayuda del padre”, ganadora del Pulitzer 1963!

Andrés de Jesús Quero había nacido en la ciudad de Santa Ana de Coro, estado Falcón, situada al noroeste de Venezuela, al momento de su muerte y en el instante de la famosa fotografía tendría unos 19 o 20 años de edad; la vida de Andrés de Jesús Quero había transcurrido de forma común y corriente, como todo muchacho pobre y de provincia decidió enrolarse en el ejército, esa era la única manera que tenía un joven muy pobre de la época de cambiar de ambiente y vivir en otra ciudad. Andrés de Jesús vivió su infancia, adolescencia y la poquita juventud vivida en el barrio Curazaito, uno de los barrios más pobres y populares de la ciudad de Santa Ana de Coro.

Al enrolarse en el ejército, Andrés de Jesús Quero no imaginaba que su imagen moribunda quedaría grabada para siempre en aquella fotografía “La ayuda del padre”, en aquel instante en que este soldado desconocido agonizaba como Cristo en la cruz, en aquel instante en que el crepúsculo temblaba y comenzaba a evaporarse su pequeño mundo; ya las banderas del olvido se preparaban para ser enarboladas y hubiese sido así de no haber existido la fotografía del premio Pulitzer 1963 que captó los segundos en que un pedazo de humanidad moría para ascender a la altura del jardín de piedra.

El 02 de Junio, quizás en la tarde o ya entrada la noche, comenzó la movilización del batallón Manuel Piar de Barquisimeto, los soldados comenzaron a subir en los camiones bajo la mirada de los oficiales, quizás ya rondando la medianoche comenzó el viaje hacia el Puerto Cabello, en uno de esos camiones iba Andrés de Jesús Quero, los camiones se detendrían en un sitio llamado El Palito, en las afueras de Puerto Cabello, dónde se unirían a otros batallones, entre ellos el batallón Carabobo acantonado en Valencia, estado Carabobo y el batallón blindado, acantonado en Maracay, estado Aragua, Andrés de Jesús bajaría de uno de estos camiones junto a centenares de almas. La fotografía del Pulitzer esperaba a Andrés de Jesús para inmortalizarlo en el tiempo, y así la bandera de los olvidados no flamearía tierra y sangre.

La fotografía “La ayuda del padre” del premio Pulitzer 1963 se auto describe, es un grito estático y silencioso, es una imagen dirigida al vacío del espíritu humano contemporáneo, el soldado Andrés de Jesús Quero aún con vida pero agonizando, el sacerdote católico que intenta levantarlo, la muerte conjurando con sus manos glaciares en oscura procesión y entonces en esa fotografía hay algo extraño, algo así como una vertiente sobrenatural con una sombra y tonalidades grises y verde olivo que se alejan; si, los olvidados y marginados de la tierra también tienen sombra.

La fotografía del premio Pulitzer 1963 ya es un acto de redención, el tiempo ya comenzaba a apagar las velas encendidas sobre su línea y la fotografía lo evitó, la sombra moribunda de la imagen ya iba camino al abismo dónde el silencio y el olvido danzan y la fotografía lo evitó, el devenir humano está plagado de seres con sed de recuerdos, Andrés de Jesús Quero fue rescatado del abismo por esta fotografía y ahora desanda dentro de ella como eterno llanto de lluvia, como garúa confusa derramada en el tiempo congelado en un segundo fotográfico, desanda encerrado en el paraje solitario y abismal de la fotografía del premio Pulitzer 1963.

Otra figura emerge de esta fotografía como plegaria en la tormenta, como un acertijo; ¿quién era el sacerdote católico que tenía al soldado Andrés de Jesús Quero en sus brazos e intentaba socorrerlo?, ¡su nombre era Luis María Padilla!, este sacerdote surgió en medio de la tragedia como un apóstol transportado a través del tiempo, se acercó al grupo de soldados abatidos, percibió que Andrés de Jesús agonizaba aún con vida y lo ayudó, intentó como llevarlo a un puesto médico, intentó, se acercó, lo tomó entre sus brazos con el valor de los apóstoles, como el Cristo de los agónicos, el Cristo de los que sufren y que se vuelve unidad con la agonía y con el sufrimiento.

Un segundo fotográfico, el soldado y el sacerdote, “La ayuda del padre”, las dos figuras dentro de la fotografía conforman un salmo desgarrador, soldado y padre, hombre herido de muerte y apóstol intentando resucitarlo como Cristo resucitó a Lázaro, ¡levántate Lázaro!, ¡levántate Andrés de Jesús!, y el tiempo comenzó a apagar las velas encendidas sobre la línea de la eternidad y como vertiente sobrenatural, las sombras de estas imágenes divagaban, se iban, más allá, más allá, más allá. ¡Levántate Andrés de Jesús!, se evapora tu destino, pájaro cristalino moribundo por sed de recuerdos y el viento de lejanas cumbres va congelando tu paraje solitario.

Eterno llanto de lluvia, un segundo fotográfico en el tiempo y del mismo sonido del tiempo emergen sombras; ¡levántate con la ayuda del padre! y el crepúsculo temblará en otro sendero, fotografía del premio Pulitzer 1963 estampada en la bandera de los olvidados que diseña recuerdos, si siete palabras dijo el redentor en la cruz, ¿cuántas palabras dijo Andrés de Jesús Quero con la ayuda del padre Luis María Padilla? Si, el instante de la fotografía premio Pulitzer 1963 lo levantó para extender sus siete palabras desde el jardín de piedra, dónde junto al padre Luis María se vuelven estandarte de niebla y pájaros cristalinos que anidan al margen de olvidos que marcan a este mundo.

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