Performance
Pasen
vengan a ver
Avisten esta ausencia
este dolor
esta sombra
Es un monstruo
un invento
un chillido
una verdad
Pasen
vengan a ver
miren su máscara
desgarren su pecho
no se asusten
es un espejo
Subtatuaje
Eliodoro se pinchaba el cuero de su quijada
con agujas de coser zapatos
y se aletargaba sobre una cama de clavos
exhalando por sus ojos viajes imaginarios.
No desangraba sino el mar de sus fábulas
y sus naufragios olían a incienso de por aquí
hasta descifrar los pergaminos perdidos:
“El mar es la codicia de cualquier odiseo
una decisiva aventura de miedo y regocijo”.
Yo oí el cuento una tarde de afán
El hombre decía:
“Era hermosa y su voz ondeaba en los azules reflejos del reino de agua”.
¿Existe la sirena? preguntaba.
“Su canto muerde las ficciones y derrite los silencios.
La anclé en una playa palpitante
increíblemente bajo la piel de mi pecho.
Pero a partir de aquel momento
una piedad misteriosa se fue apoderando de mi corazón”.
De pronto Eliodoro se tragó un candelabro con velas encendidas
y desde sus entrañas surgieron sombras chinescas:
en su torso desnudo sentada yacía la sirena.
“El mar como el amor es un enigma
o como todo en la vida una ilusión”.
Eliodoro perdió el mar
se olvidó de sus reinos
alguna lluvia le removía su naufragio.
Recordé que con el chasquido de sus dedos
flameaba la visión y arrojaba por la boca
espuma azul y escamas doradas
era cuando desaparecía de la escena
envolviéndose en una capa de fuego.
Naturaleza
Vuelo por el tatuaje de tu nombre
imagen de estepa y venas de agua
y me detengo donde el sol acorrala las tardes
Merezco tu aliento tu frente
el barro ancestral de los corazones ocultos
tu pelambre vegetal en mi canto
De vuelta me queda el verso para recordar
Recordar el horizonte y perderme
Un azahar en mis sueños
“Y no encontrarte no es ninguna angustia pues abarrotas el largo almacén de lo factible donde lo real es mayor que la realidad”. Carlos Drummond de Andrade
Yo encendí la lámpara. Tenía la mecha larga como una serpiente y un aceite propicio para ungir los puntos cardinales. Entonces la sala se iluminó como si fuera la casa predilecta del sol.
Esa vez, el recuerdo no era de lluvia, pero exclamaba guirnaldas, valses, marcha. Tú ya no tejías encuentros entre las begonias y las amapolas, sino que eras un azahar abierto boca arriba respirando los vientos celestes.
Me dijiste: no olvides el tártago porque la escena no debe apagarse.
En el corredor alguien rasgó la euforia de los colores. Y las mujeres salieron ataviadas con cintillos de pájaros y vestidos de claveles: ¡lindísimas! Y los hombres sacábamos humo sonando las jambas y los mesones para que las pomarrosas saltaran y revotaran estremecidas. Las conversaciones y las cosas fueron de un beber de risas y ayeres.
Yo salí, un instante, por una bocanada de memoria; al regresar, todos se habían marchado con temblores nostálgicos en sus cuerpos.
Solo quedabas tú en medio de la sala. También habían retocado tus pétalos, y te dejaron cubierta de palabras, silentes palabras que estaban guardadas en ambulantes secretos. Y la lámpara dio tanto brillo que no quedó ninguna sombra en el lugar.
Todo fue intensa luz y me perdí.
Niña y universo
por Ixchel Aymara
Un árbol expone en sus hojas la brisa
la acera es un ritmo de hormigas con sombrillas
en la rayuela las lagartijas acomodan las piedras
y los suspiros suspiran el porvenir
Tan cerca está el arcoíris
por donde rueda una naranja
cuento que está en algún libro
El columpio vuela y traga sorpresas
tiene crines de caballo
En esta historia
la princesa usa chanclas
y pantalones de piyama con huequitos
− ¿pisé?
no sé no sé no sé
pisé los bordes del universo
La niña cierra el libro
baja la cabeza
y se pone a llorar
Rondas de insomnios
Voces náufragas
de orilla a orilla
en las rondas de insomnios
Una calle de abejorros luminosos
parecen niños jugando con los dientes clavados en la luna
las preguntas se quedan en el espacio sideral
Un vecino baja a limpiar el pozo
su cuerpo flota sobre las hojas húmedas del manzano
La bruja buitre enseña colmillos plateados
el tejado se pudre por el estiércol de su acecho
Quiero la luna guindada en el pasillo
y la sala repleta de niños babeando sal
para que los burros negros no entren a la casa
y todos se duerman
y paren de contar
Conquista
Senos
húmedos y lozanos
redondean la puerta
un fósforo
incendia el barrio
Un libro de historia
comprime una rosa
entre cenizas
Para morir de amor
Ojalá a nadie se le ocurra
desoñar la tristeza
porque moriríamos de risa
Ni desoñar la risa
porque moriríamos de llanto
Ni desoñar el llanto
porque moriríamos desiertos
Que no desueñen el amor
porque desoñarían la alegría
y podríamos morir de tristeza
Ojalá a nadie se le ocurra
desoñar la tristeza
para morir de amor
