literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Yolanda Pantin

Mar 20, 2022

Estos años
En estos años aprendimos
a extrañar los paisajes, a pasar
las páginas de los libros sin leerlos,
a no tener tiempo, en la premura,
de recoger la casa.

Dejamos atrás la juventud, la confianza
en la poesía (que nunca tuvimos), pero
algo que no sabemos todavía
nos amarra al cuerpo.

Ceguera
Los prejuicios
no me dejaban ver
una rabia
que no alimenta
a la poesía.

El día que salí a cazar gatos
Me encontraban ante el umbral
despierta bajo sombras
dormidas cuando
las cosas fueron apareciendo.

Tenaces depredadores
avanzaron atravesando
restos mudos
de asombro; en su andar,

dejaban atrás espejos
como derrumbes,
sobre la marcha,
escombros.

Hasta la fuente llegaron
de los hechos
donde maléficos
urdieron
magnicidio.

Todo estaba en su sitio,
en el bosque
con nudos amarrados,
pero ellos

por el corredor
continuaron de la muerte
en su adentrar espeso.

Lobos
El mundo estaría en sus comienzos
cuando éramos una  manada y no
no habíamos acercado todavía
al círculo del fuego para calentarnos.
Eso fue más tarde.

Mi pelo brillaba, gris y blanco, fino.
Era otro entre las fiestas
tras el alfa dominante . Lo seguíamos
a donde fuera por sobre
capas de nieve, adentrándonos
en las marañas como sombras,
o escalando montañas, sibilinos.

No había cuento para niños,
ni leyenda donde nos apareciéramos
a la zaga de los recolectores, cazando.
Terror y desprecio sembrábamos.
Todo lo hacíamos en grupo.
No nos cansábamos.

Era un llamamiento.

Primero fueron los dragones.
Luego nosotros. O al revés.
De todo lo ocurrido quedó un trauma
que intentaron los pueblos exorcizar
con historias moralizantes.

Fantasmas
Desandar los pasos

para regresar a los lugares
que no conocieron
con sus rectas esquinas
y sus cosas, sin desear
otra cosa que no sea
el deseo de regresar.

Pasar al otro lado
de la reja que separa
a esta casa de la calle.

Sin miedo

subir las escaleras
y una vez que nos reciben,

entrar.

Piedad 
No podemos sostenernos.

No tenemos la fuerza que movía
como un molino la culpa
hasta el día que nos perdonamos.

Nos quedó de aquel tiempo
un hueso sano pero como la miel,
resumió el amor por encima del daño.

De tu vida quedó una niebla sin historia,
y de la mía, al entregarme: todo y nada

 

Lecciones de amor y de odio

Cuando una mujer escribe
la letra a sobre la vida
está llorando un niño
algo cuece
sobre una hornilla sin fuego
brazo en el que apoya
su minuto de silencio
un segundo para pensar en algo
curva de la espalda
o matar o piedra
cuando una mujer apoya
la letra a sobre la espalda
está llorando un niño
un niño que la llama
siempre
en la letra a de la ternura
en la letra del odio de la a
que empieza
en el beso que la a termina
cuando una mujer escribe
te ahogo yo te muero
un niño llora sobre el hombro
ella lo abraza

 

Casa das pedras

Vacío. Todo está en calma:
El deseo de morir; el deseo de apagar la sed
Con furia. Todo respira ceremoniosamente. La memoria
Exhala fragancias de un viejo dolor
Que aún perdura.
Yo sólo observo la belleza que el día
Me da para matarla.
Que Dios olvide todo esto:
La mano que en la calma forma
Un idéntico abrazo, un cuerpo parecido;
Doble ensimismado
Que goza en las tinieblas de los labios.

 

Divagación IX
(con Cernuda)

Si el hombre pudiese decir lo que ama
estrechar contra el pecho su funesta batalla
Su solo amor perdido ante su sola muerte
sin rendir ni pedir ni dar nada

Si el hombre pudiese decir lo que ama
con su sola palabra y su caricia
con su amor tendido como un cuerpo que ama
yo sería aquel que imaginaba

 

En la terraza

Inútil resistir a la muerte que las cosas llevan
al silencio de la calle
al aire que mueve el papel
sobre la mesa.

Sonata

Debo enterrarte de mí

ser bruta con todo
lo aquello que tuvimos

tu cuerpo tocado
como un loco

Voy a tocar tus cabellos
de boca enterrada

todo aquello que perdimos
amor mío

el aire los perfiles

voy a enterrarte de mí
con todos mis recuerdos

la vez lejana con mi madre en los rieles

Voy a cavar muy hondo en mi cadáver

Hender la pala en el fruto del cráneo
donde duermes

como una niña inválida

 

 

La luz

La luz
brilló
por un instante
entre los arbustos
a la orilla
del camino
se escuchó
el canto
de un pájaro
claramente
en el oído
esta certeza
El dolor
en su raíz
es intolerable
y luego
Lo que conocemos como tal no es
dolor
sino un presentimiento del dolor

 

Homenaje

Presa de la luz

mi madre bate sus alas ciegas
en la noche

Pequeñas marcas en la piel
agujas, lamentaciones

Se trata de la infancia
tan hondamente perdida

el color del cabello
el óvalo del rostro

Mi madre descansa sobre la pared blanqueada

mientras

en la sed de los espejos
el sueño se fatiga

 

Tríptico del mar

I

La visión del mar, azul, puro,
podría aplacar la conciencia,

vaciarnos de la vida
adentro,

como si un magnífico
poder tuviera.

Pero libros, amigos, recuerdos,
algunas vez amados, regresan

cuando estamos solos ante esta sombra líquida.

II

Amé la luz
solamente un día
la luz plena
de nada esclarecida.

III

Frente al mar que se vacía
de sí mismo

siempre

al borde
de lo no revelado

 

Piedad

No podemos sostenernos.

No tenemos la fuerza que movía
como un molino la culpa
hasta el día que nos perdonamos.

No quedó de aquel tiempo
un hueso sano pero como la miel,
resumió el amor por encima del daño.

De tu vida quedó una niebla sin historia,
y de la mía, al entregarme: todo y nada.

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