Francisco Massiani
Para dar con el amor
Para dar con el amor
es preciso conversar con el silencio.
Caminar sobre las palabras
con zapatillas de seda.
Trepar por los peldaños
del tiempo
y llegar hasta el final de la escalera
caer al abismo:
La arena más sólida y pura.
Para escribir un poema
Yo
saco mi colt
la hago danzar brillante en el cielo
y cuando encaja en mi
mano bandolera
disparo tres poemas
que serán tres palomas
que serán tres banderas
que serán tres sombreros
y tres conejos
y tres lunas
y veinticinco amores.
Fácil lograrlo
y he aquí una de las recomendaciones
para conseguir tal destreza y exactitud en el manejo de mi colt:
beberse más de trescientos litros de cerveza
enamorarse por primera vez de una mujer
que te mira con lástima
ser el primer jugador de fútbol de tu equipo
pero errar el chute más importante, el del último
campeonato del año escolar.
Viajar más de once veces en barcos diferentes, y en mares diferentes.
No llegar jamás al puerto que uno imaginó que debía llegar.
Pero en cambio encontrar el amor en cada uno
de estos puertos
equivocados.
Ser fuerte, buen atleta,
pero llorar por ejemplo porque
vimos un anciano cuando cruzaba entre
millares de carros.
Levantar más de veinte kilos con un brazo
como si fuera una flor
no poder levantar el ánimo
cuando nos dan una flor.
Reír
a carcajadas
en una esquina de alguna ciudad
sin motivo
soñar a los veintiocho años con llegar a ser el
mejor escritor del mundo.
Tomar un lápiz
y en vez de escribir un poema
hacer un barquito
o una escalera
o una mosca
o un paraguas de sol
y aceptar de una vez por todas
que no hemos nacido todavía.
Hablar mal del mundo
y amarlo tanto
como a una caja de fósforos
guardar un caramelo que nos dieron
hace diez años en una fiesta.
Botar el dinero
Luego, cambiar el orden de todo esto, y
Repetirlo, es decir, vivirlo.
Por ejemplo
Es decir:
Donde se lee:
«Levantar más de veinte kilos con un brazo»,
vivirse como:
Levantar más de veinte brazos con un kilo.
Donde se lee:
«Y en vez de escribir un poema
hacer un barquito»
vivir o hacer lo posible por vivir:
«en vez de escribir un barquito
hacer un poema».
Luego
comenzar otra vez en algún rincón del mundo.
Pasos
Pones el pie
el otro pie
y respiras
pones el otro pie
el que dejaste atrás
y respiras suavemente.
Suena a toda una vida
Poema de un golpe
Hoy no tengo ganas
ni siquiera
de verme en el espejo
amarme
recordarme
hacer muecas
cambiarme la cara.
Es preguntarle si estoy de pie
si he vivido
tener antepasados.
Hoy no tengo ganas
ni de aburrirme
ni de hacer palabras
ni de sufrir
ni de darle sentido al cafecito
al cafecito con los cigarros.
Es casi no tener alma.
Todos los poemas hablan de lo mismo
Todos los poemas hablan
de lo mismo
hablan de la muerte o de la vida.
El día que nazca un poema
diferente
dejaré caer el poema
y veré una estrella.
Es irremediable…
Es irremediable;
Cuando tienes los ojos abiertos
apareciendo en la memoria de mis manos
el color de tus senos
el sudor de tus senos
entonces te lo mereces todo
Triste
sí
fatalmente
creo el mundo solamente tuyo.
Ya no podría entrar en ti
Ya no podría entrar en ti
en tu gruta no habría más apetito
quizá Dios ya no dormía acurrucado
entre tus piernas.
Ya no habrían lunares tímidos que contar
en tus pechitos.
Ah! El apetito de vida se fugaba entre mis dedos
caía tembloroso en la tierra
sembraría por su cuenta
un ramillete de flores o
se dejaría tragar por la huella de tu
nombre. Esa huella que se abrió de tanto
mirar yo la tierra sonando tu nombre entre
mis labios
hueca inútil el eco
de tu nombre vacío:
fue ahí entonces donde asustado
puse el pie (quería correr, quería correr)
y caí en un abismo de nada.
En la hora del odio
En la hora del odio
cuando las agujas se detienen
en el mismo lugar del fuego
cuando el sol es una aguja
que pincha la pupila
y se derrite en tu espalda
ardiendo cuando los pájaros se queman
en el aire y caen sobre el techo
hecho de cadáveres
llega la inútil poesía con un ti en la sien.
En el momento de los cigarrillos
multiplicados con la misma acidez
cuando el aire tiene olor a murciélago
y a cabellos achicharrados
cuando los niños son entregados en la hoguera
a fin de alimentar el verano asesino
este maldito verano de mi país
cuando son entregados los trofeos
en el rito de la muerte
y caen orejas y brazos y manos
y labios y cabezas en la hoguera
llega inválida y cojeando la puerca poesía
o con un tiro en la sien.
O cuando la lluvia inicia su paseo matutino
arrastrando las huellas cansadas
y limpiando la máscara de acero
que cubre indiferente nuestra
maldita ciudad
cuando la lluvia se muerde con los cigarros
y se detiene a figurar las nubes rotas
y asustadas llega cojeando a toda prisa
la inútil poesía con un tiro en la sien.
O cuando te desprecias
en la hora donde las horas
se unen en un mismo punto
en el mismo deseo de desaparecer
en la hora condenada al fuego lento de la rabia
y el cuchillo en la carne inocente de cualquiera
o cuando es en la tarde
y el sol está rojo de vergüenza
por tanta ternura consumida
por tanta ternura caída
o cuando es de mañana
y vuelve el día con sus
martillazos en los dedos
o cuando más gustes desgraciado
el caso es que llega
la inútil poesía
cojeando
o con un tiro en la sien.
Y escribes poesía
ya viejas de tanto cantar con la misma garganta
acostumbradas a ceder en el mismo miedo
caen dos y cuatro y hasta cinco poemas
y el último con un tiro en la sien
ardiendo de sol en el lugar
donde sangra.
Tablero en la arena
Y pensar que puedes dibujar en la arena
un cuadrado y trazar líneas
que le den salida a otros cuadrados
y dentro de cada cuadrado números
y sumar y restar y dividir y calcular
y todas las operaciones posibles
dentro de los juegos posibles de jugar
con cada número
y otro con cada cuadrado y otro
y pasar TODA UNA VIDA PASAR
toda una vida pensando en las combinaciones
aritméticas posibles que pueda permitir el juego
del cuadrado y los números
TODA UNA VIDA jugando en la arena
con los números
y pensar que puedes pasar toda una vida
pensando y jugando y los números
y el siete cuarenta y tres y treinta
y siete por ocho en la arena.
Y PENSAR QUE HAY VIDAS ENTERAS
QUE SE PIERDEN
enteras que se gastan
que se pierden que se mueren que se
van jugando con aquel tablero en la arena.
Tristeza
Tristeza coja,
adelantada a unos pasos de mí.
Tristeza que busca la mesa más arrinconada del café
aparta la silla como para una vieja amante
y se sienta y acoda la cabeza en el ángulo más solo.
Tristeza perruna melancolía.
Tristeza de todos los días a las seis de la tarde
de todas las horas los domingos.
Nunca en este café
Nunca antes habían pesado menos
las mesas en la tierra
nunca habían sido más cuadradas
nunca tan separadas y tan limpias
nunca las mesas habían sido tan parecidas
en este café de esta maldita tarde
cuando pienso y siento
que nadie puede ayudarme
que nadie puede ayudarme
que ni siquiera yo quiero ayudarme nunca.
Recomendaciones
Hacer una estrella de papel
jugar con la arena
para que se escurra
entre los dedos el mar
entregar un caramelo
a una señora de paraguas
ponerse de pie
cuando pasen los perros
dar una moneda al viento
un beso a la nada
un abrazo completo
a la mujer perdida
y convertida en árbol
estrella y arena
y mar y beso
y nada y estrella
buscarla
y amarla íntegra
para no cometer nuevamente
la estupidez de sentirse eterno.
Dime papá…
Dime papá
¿sufres tú cuando yo lo hago
te dueles tú cuando me duelo
te sacudes
lloras cuando ella no sonríe y me desprecia
no me desnudan sus manos
sus ojos?
Porque ¿sabes?
Yo cuando te dan en las canas me escondo de ti
de mí
y me pongo a llorar
así cuando era niño
así hoy
Dime papá
¿Eres tú padre mío
o soy yo el padre y tú el hijo?
Adagio
Y fue tenerlo todo sin tocarlo
arrimarme leerme aquí diez páginas
no seguir leyendo
fumar
seguir leyendo
cambiar los números
y es que hay desafío en cada letra
cuando leo
cada palabra la escribo
y escribiendo
vienen a mí los colores que no pude encontrar
Es el deseo humano de no conformarse
de no estarse quieto
de quitarse la cobija en el frío
reírse con los muertos
en el cementerio
y llorar al lado casi
en la orilla casi
de la sonrisa
Y es por eso
asustado
que me acuesto
con la camiseta de fútbol
que tiene cosido atrás al revés
el número trece.
París
«Siento» dijo el barbudo del Dome a su amigo
el poeta ruso «que no puedo avanzar
que estoy viviendo en el pasado
que no logro morder la vida
de este presente
de esta barra que toco
y que me enfría
la mano y la copa de cerveza
que no puedo entrar en este momento
y pertenecerle.
El ruso se bebió un trago de vino de su copa.
El ruso sonrió. (Un diente picado.
Los lentes redondos)
El barbudo ya había bebido de su copa de cerveza.
«Será que sólo a la mujer le pertenece el presente.
El hombre es un pájaro
que anda buscando futuros locos
o escarbando en esa basura de recuerdos
que lleva sobre el hombro
pero la mujer sin el hombre no puede volar
y se aburre de estar tanto tiempo
en un solo pie
en un solo escalón
y el hombre sin la mujer
pierde peso
no puede rozar las hojas
sentir el fuego de la tierra
el latido del mar en la arena
el hombre sin la mujer
se vuela solo sin saber donde
y se quema
arde delirante
polilla imbécil
se deshace en el sol.
El barbudo por hablar había perdido la mirada
de cobija de leña y alfombra
de camita tibia y Vivaldi en la ventana nevada.
El barbudo había perdido
la mirada de cuerpo solo
de mujer herida por la limpieza de una sábana
de una cama sin compañía
por hablar el barbudo no advirtió
la mirada de la mujer que era la misma
del Metro o de la plaza La concorde o de
la rue Serpente
al darse vuelta sintió que la espalda
de la muchacha que salía
(de la muchacha cuando lo
miraba con calor de abrigo abrazo
en el metro Chapelle) tenía algo que ver con
el sillón vacío de la primera mesa del restaurante,
la muchacha por mirarlo tanto
al barbudo
no vio que había
algo brillante en el aire
que algo luminoso
la perseguía
que el barbudo arrojaba estrellas
por los ojos que
los dos se amaban flotantes
en el espeso y humoso
aire del Dome.
Cádiz
¿Saben lo que ocurrió?
Ocurrió algo sencillo
y hermoso
como el trabajo de pulir un cuchillo.
Al llegar a Cádiz,
el puerto último de España
antes de tomar hacia Santa Cruz,
nos despertamos a las cinco de la mañana con
el canto de cientos y cientos de gallos.
Yo sentí que eran todos los gallos
que nos celebraban.
Y al mirar por la ventanilla de nuestro camarote
vi los cientos y cientos de gallos enjaulados.
Cientos y cientos de gallos andaluces
que viajarían con nosotros
que cantarían sobre nuestro camarote
en garganta y garganta y canto
y plumas alborotadas
sentiríamos un eterno
y crudo amanecer sobre el mar
y jamás sería la noche
y jamás sería la noche.
Hoy siento una gran nostalgia por los gallos
del querido y viejo buque Virginia del Churruca.
Postales Barcelona
Desde esta esquina he visto pasar a un caballero
de capa y espada abrazado a una puta.
Han entrado en un lugar húmedo y oscuro.
Se han sentado, junto a los barriles de vino
y han pedido ajo y picadillo de hígado
y un platillo donde ya están hirviendo
los pequeños camarones.
Los he visto,
los he visto hablar un poco
él viene del mar aunque más bien parece
un capitán de artillería.
Ella vive en un cuarto cerca de este lugar donde
ya comienzan a comer y el hombre que los atiende
en mangas de camisa ha dejado un botellón de vino.
Las piedras se pulen con los tacones de las mujeres.
El viento que viene del mar choca entre las paredes
de esta calle estrecha y deja una resonancia eterna
un murmullo parecido al de una sábana
un paño que se alborota con el viento.
Colón se arrodilla y un pájaro azul se ahorca
en la plaza san Jaime. Tres romanos caminan
soportando el peso de una mujer dormida.
Ha sido acuchillada y la llevan a enterrar.
El enano que dibuja tigres y palomas
se ríe del caballo del boticario y
deja escapar los males del estómago.
Ciudad de putas y tierra de todos y de nadie.
Aquí han mordido el fruto de la vida
los gitanos y los griegos
algún chino loco
algún argentino de la pampa.
Aquí la mujer ha sido
amasada por millares de manos
de millares de naciones y banderas.
Aquí en el barrio gótico
en el barrio chino
en la calle del Conde del Asalto llora una vieja
que vende cigarros porque un maldito le dejó
caer una moneda de compasión. «Hijo de puta», grita.
Aparece no una niña, sino una teta. Una teta que
sale de una puerta roja. Una teta sólo. Y luego
cae un caballo. No un hombre. Sino un caballo.
Un caballo roto. Al revés. Con las patas quebradas.
La cola ceniza.
Los colmillos tienen aspecto de haberse molido
entre ellos mismos.
Y un día que…
Y un día que
había nubes
se perdió un niño
y lo buscaron
buscaron días de todas horas
y lo hallaron
dormido
en un árbol
con una nube
en la frente
sonreído, casi
sin despertar.
Para colmo la gente esperando…
Para colmo la gente esperando la muerte
o la vida que es lo mismo en vez de
salir corriendo con un niño de flor con un
dedo de agua con alguna señal
que estalle todas las falsas señales que nos han
arrastrado a esta locura
no sabemos ni contar con los dedos, Camilo,
y nos piden que sepamos amar
nos piden
que sepamos decir buenos días
que sepamos
cómo se despide un señor de una fiesta
nos piden
que sepamos sonreír
y amar al prójimo como a ti mismo
y todo lo recuerdes de las tiras cómicas de
Charles Chaplin
y compañía.
¡Sea la vida como a sí misma!
Sea la vida
sea la
vida
en todo caso montarse
en el último piso del edificio que menos
apeste a civilización y arrojar
un jarrón de monedas de todos los países
como una protesta.
Pero que no sirva esa protesta para nada.
Juego del tiempo
Pensemos en el presente
ya demasiado viejos
ya ni el pasado
ni el presente
nos pertenece
Mediodía del trópico
Señor de la ternura
arroje usted ese paraguas
y hunda, con su dedo, la piel del sol:
la transparencia de las hojas quemadas
inundarán un verano de cuerpos
melancólicos y olvidados.
Podrá amarse sin ganarle al tiempo
una pulgada de espera
será una alegría inmóvil
una ola que se envuelve en sí
para desaparecer sobre la arena
o convertirse en un punto brillante
una respiración de paz
el mar no abrazará distancias
en los ojos de mi amada.
