Canción de la piedra
Vine a secar sobre esta piedra
este vestido rojo de mi madre
este barco de papel, casi borrado
esta historia olvidada
este espejo roto por un trueno y su relámpago
esta memoria herida.
Vine a secar sobre esta piedra
lo que encontré en la casa de la infancia.
Pero no digo a nadie la mitad de lo que oculto.
Voy a secarlo a la orilla del río
sobre estas piedras inocentes.
Voy a devolverle un tiempo a mis tesoros
a ver si rescato la fresca pureza de lo nuevo.
Porque no sé cómo decir pájara en vuelo.
Porque no recuerdo el olor de la tierra.
***
Ciudad vuelta a soñar
¿De dónde sale este dolor?
¿Este rumor de árbol, este temblor de monte?
¿A qué hora se acuestan a dormir las hojas?
¿Quién dejó para que yo reparara este vergel arrasado?
¿Cuál es el riesgo de volar a ras del agua si voy herida?
¿Cuántas muertes he merecido por no honrar la flor de la siempreviva?
Perdí por blasfemar mi paraíso
pero alcancé a presagiar el misterio de un reino
y volví para fundar en mí todas las ciudades.
***
Una mujer se traga la noche
Para Inés Ruiz
Una mujer se traga la noche.
Sin ser sol, ni canto de pájaro,
se apaga de a poco, se encorva.
Una mujer, como hoja seca se quiebra, se rompe.
En medio de la nada que es su noche,
es una roca desnuda.
Sin héroes, sin himnos, despojada de palabras,
cruza en línea recta hacia su albur
y devuelve la noche intacta.
***
Como la piedra
¿Eres acaso tú
aquella muchacha vieja
que supo reconocer
en la corriente del río
su voz y sus designios?
¿Eres tú?
¿Son estos tus ojos desmesurados,
opacos como la piedra,
inútiles como una súplica?
***
Madre muerte
Oh, madre muerte que habitas el cielo,
la tierra y el canto sagrado
de los que vamos a morir.
Adorado nombre que en nuestras bocas
es algo más que una plegaria.
Detén el agua roja
que sale por debajo de la puerta.
Salva la casa al menos.
Déjanos morir bajo este techo sin nubes.
***
Nos queda el río
Hermana, a pesar del naufragio nos queda el río.
Tal vez sea verdad que en el fondo nos espera una casa
donde quedarse dormida no obligue peaje a la muerte.
Toma esta lámpara, acércala a mi rostro, no me olvides.
Voy a bajar hasta el fondo, voy a limpiar de escombros
piedra a piedra.
Allí nos aguarda nuestra madre río.
A veces se alcanza merecer el sueño.
***
La noche de la casa
Habíamos estado intentando no soñar.
Nos quedábamos sostenidas al vilo de la penumbra
toda la noche pegadas la una a la otra.
Afuera el río pasaba
largo y caudaloso, pausado y profundo.
Cuando una cabeceaba y por segundos
se dejaba vencer por el cansancio
para la otra era legítimo toser
temblar de frío, mover una pierna
todo menos el sueño.
Nada es más rotundo que las tiniebla y el miedo
si la noche se deleita en su existir.
A veces, era lícito tomarnos de la mano
apretar fuerte hasta blanquear los nudillos.
Otras, presentíamos los sonidos de la noche,
estremecidas.
Íngrimas en la sombra
levitando en el medio azul nocturno
colgadas al desamparo en la noche de la casa.
Peregrinas del frío
Peregrinas las viajeras del frío.
Van en la seguridad de la noche
ordenadas como alubias
cada una en un poro
desde el nacimiento.
Todas empuñan el cuchillo de su desidia.
Pasan inciertas, vaciadas de arrojo.
Se arrastran hacia un destino con más luz.
Suaves y abandonadas.
***
Viajeras
La única forma de viajar seguras
es en el vagón de un río.
Entremos, toma mi mano.
Más tiempo tendremos de ver por la ventana
porque en el río habitan todas la ciudades soñadas.
Pon tu mano sobre la mía.
El río está siempre en nosotras.
Mira allá aquel pájaro azul
y este ciervo de ojos afiebrados.
Se te nota menos triste ahora.
Mientras cierro mi mano sobre la tuya
cuéntame un secreto largo.
Reclínate
mira qué amarillo tiene la flor de la acacia
***
De cómo el río pasaba
A veces el río protege
es cama de luz.
Sus afluentes brazos que se estiran a salvarte.
Un río es sangre diluida mil veces.
El canto del río se oye lejos
pero no abandona.
El río, dos veces madre
como un poema que te eleva,
te saca del agua.
A veces el río no pasa, se queda.
Y es más que del dolor
la plenitud y el canto.
Hay ríos de sangre
agua roja que arrastra la vida
de los que se atrevieron.
Hay ríos nauseabundos.
Arrastran muerte y codicia
a cal y canto.
Hay ríos de olvido
como entre tú y yo
y un silencio.
