Gabriel Jiménez Emán
A los poetas Néstor Francia y Ángel Malavé, in memoriam
Cada día advierto más presencia de la poesía en los medios de comunicación, tanto en las llamadas redes sociales como visuales, hallo que se celebran cada vez más festivales en todas partes, donde la poesía se ofrece como una opción para cultivar la mente o el espíritu, lo cual es muy positivo. La poesía, agente portador de belleza o sensibilidad, arte o creación en un estadio elevado, se convierte en una necesidad del espíritu por comunicar latencias profundas. En este sentido, la realización de festivales surge como un elemento vinculante, pues congrega a poetas y lectores para que éstos asistan a un escenario público a hacerse escuchar, y cotejen así sus creaciones, sometiéndose a la consideración de una sociedad donde ésta pueda hallar elementos que la ennoblezcan y permitan un mejor dialogo entre los seres humanos, la naturaleza, las cosas, el mundo o la sociedad; en fin, la poesía viene a convertirse entonces en un vínculo poderoso del ser con el espíritu oculto de una intimidad espiritual, o para señalar la profundidad oculta de las cosas.
La propia naturaleza de la poesía se resiste a las definiciones razonadas, pero acepta todas las definiciones imaginativas. No busca el logos ni la verdad como la filosofía, y acepta sus verdades sólo como posibilidades de acercarse a la belleza. La poesía es, entonces, un fenómeno estético con una tradición propia en todas las culturas, caracterizado por apoderarse de las potencias del lenguaje; para cada poeta comporta una ética particular, similar al modo en que un santo es guiado por la fe, un filósofo por la verdad o un guerrero por la libertad; en este sentido, la voluntad poética aparece en todas las civilizaciones a la manera de una brújula para orientarse en el bosque de las desazones o de las realizaciones plenas del ser ante el mundo. Desde el punto de vista psicológico, ella opera como catarsis del espíritu; en fin, casi siempre aparece como una posibilidad de encontrarse con lo otro, o de ir en busca de un lenguaje elevado; a través de la Historia, la poesía siempre ha aparecido como una mitigadora de la sed de la especie, como refugio, como faro o como iluminación para contrarrestar la incertidumbre o la angustia.
Uno de los eventos más fértiles entre poetas y escritores donde me ha tocado participar ha sido el 18º Festival Mundial de Poesía de Venezuela, realizado en Caracas entre el 8 y el 13 de julio del año 2024 en la ciudad de Caracas, donde también varios de sus participantes tuvieron ocasión de viajar a otras ciudades del interior. Las sesiones tuvieron lugar en varios espacios de la capital como el Teatro Bolívar, con la participación de escritores de varias nacionalidades, siendo el homenajeado en esta ocasión el poeta Leonardo Gustavo Ruiz, nacido en la ciudad de Barinas. Otros lugares donde se produjeron lecturas fueron el Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos” (Celarg), la Librería del Sur del Teatro “Teresa Carreño”, la Sede del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, la Casa de la Cultura “Simón Rodríguez” de la Pastora y la Escuela Popular “La Ceiba” de Santa Mónica. También varias delegaciones de poetas acudieron a los Estados Carabobo, Mérida, La Guaira y Táchira para realizar allí sus lecturas. De igual forma, se impartieron talleres y conferencias como las del poeta Otoniel Guevara, de El Salvador, quien cumplió un Taller de Escritura Creativa; Karen Ayala implementó otro sobre la Lectura Creativa en el Aula, dirigido a educadores; un Taller-Conversatorio sobre la obra del poeta José Antonio Ramos Sucre, dictado por Simón Zambrano; el escritor Daniel Arella ofreció otro Taller de Escritura Creativa. El poeta italiano Antonio Nazzaro dictó una Conferencia sobre Pier Paolo Passolini; Esmeralda Torres efectuó uno de Escritura Creativa dirigido a adultos mayores, y quien esto escribe ofreció una Conferencia sobre el más reciente libro del poeta andino Ramón Palomares, Yo, el Resplandor (2023), editado por Acirema; volumen que recoge sus poemas hasta entonces inéditos.
Poetas de otros países que nos acompañaron fueron Ramón Torres Galarza (Ecuador), Diego Alonzo Sánchez (Perú), Stephany Rojas Wagner (Perú), Lubi Prates (Brasil), Luis Lorente (Cuba), Alejandra Lerna (Colombia), Xavier Oquendo (Ecuador), Benjamín León (Chile), Sylvie Marie (Bélgica), Moncef Oumaibi ( Túnez), Regina Ramos (Uruguay), Karla Jazmín Arango (Colombia),Giovanna Mulas (Italia), Gabriel Chávez Casasola (Bolivia), Marie Françoise Bernard (Martinica), Fredy Yezzed (Colombia), Armando Maldonado (Honduras), Maricruz Mendes Vall (Paraguay), Leandro Frigolli (Argentina), Abdul Zagbour (Siria), Antonio Nazzaro (Italia), Natalie Toledo (México), Asthur Etwebi (Libia), Charo Guerra (Cuba), Marige Langelaar (Países Bajos), Murad Sudani (Palestina), Gabriel Impaglione (Argentina) y Diego Alonzo Sánchez (Perú).
Entre los venezolanos contamos con la presencia de Edy Barboza, Venus Ledezma, Wilmer Rupertis, Morella Maneiro, Víctor Manuel Pinto, Daniel Arella, J.A. Calzadilla Arreaza, Raúl García Palma, Eloísa Soto, Luis Alberto Angulo, Milagro Meleán, Edgar Méndez, Alejo Vivas, Rubén Darío Roca, Isaura Duarte, Giordana García Sojo, Beatriz Aiffil, Julio Borromé, Oswaldo Flores, Liberlay Bermúdez, Beira Lisboa, Vielsi Arias, John Gallardo, Anaïs Monjes, Miriam Caldera, Jorge Rodríguez Gómez, Franklin Fernández, Mohammed Hassan, Mariana Ruiz, Ximena Benítez, Kristel Guirado, María Eugenia Inojoza, Maribel Prieto, Benjamin Martínez, Jasmil Mendoza, José Gregorio Vásquez, Esmeralda Torres, Bolívar Pérez, María José Escobar, Leonardo Gustavo Ruiz, Antonio Trujillo, Juan Calzadilla, Luis Alberto Crespo, William Osuna, Enrique Hernández D`Jesús, Tarek Williams Saab, Ana María Oviedo, Pedro Ruiz y Gabriel Jiménez Emán. Al inicio del evento leyeron sus poemas en el Teatro Bolívar varios poetas jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Poesía “Juan Calzadilla”: Mayelin Márquez, Arlev Monterola, Carlos Rangel, Michel Ramos, Johnny Angelviz, Yekuana Gil, Sarai Junco, Juan Pablo Mañú y Zulmay Barrios, con lleno total de la sala “Manuela Sáenz”. El evento estuvo auspiciado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura e Información, cuyo Ministro es Freddy Ñáñez, y bajo la coordinación general de un equipo liderado por Ana María Oviedo Palomares.
Compartí con numerosos bardos, y sobre aquellos que tuvieron la deferencia de obsequiarme alguno de sus libros, haré brevísimas reseñas en esta crónica.
Ramón Torres Galarza (1960) es un poeta y filósofo ecuatoriano de quien se pudiera decir medita valiéndose de un instrumento lírico, y a la vez siente desde una reflexión novísima sobre América Latina, como posibilidad de tejer otras ideas en pos de un nuevo humanismo para la sociedad en su conjunto; Ramón cree fervientemente en una ciudadanía que pudiese contar con el suficiente equilibrio ecológico y humano, y a través de éste ir como zurciendo otro tipo de existir en comunidad o comunión; de ahí que pueda escribir libros de reflexión o de poesía como Ser del Sur (2013) y Avistamientos (2020) y otro como Madre nuestra que estás en la selva (2019) compuesto por textos sentí-pensantes en lenguas castellana, aymara, pemón o quechua vertidos en una preciosa edición donde las páginas en verde (de selva) alternan con sugerentes dibujos e ilustraciones. Veamos algunos de estos poemas que piensan y sienten simultáneamente: Sueño de jaguar dormido / despierta ya, que a esta hora / en la madre selva / amanecen creaturas. /Cuida el agua, su sonido / y la tierra de sus frutos. / El sol penetra en el bosque / y florece la semilla, / el azul es de colores, / y el verde te da sabores. / Mas solo el humano camina / y pretende descifrar / el misterio del ser / sólo una parte / sin jamás llegar al todo. / Jaguar, humano, mi hermano / vamos juntos a encontrar / al bejuco sanador / para soñar y crear.”
El poeta salvadoreño Otoniel Guevara (1967) me hace llegar sus libros Luzbellica (2024) y La pipa del albatros (2021). El primero es un homenaje a los mártires que entregaron sus vidas a la guerra de guerrillas en El Salvador durante los años 70 del siglo XX; el segundo, también de algún modo recrea la lucha de los pueblos ante las formas despóticas de poder, se titula La pipa del albatros (2021) obtuvo un importante premio en su país. Del primero selecciono un texto en prosa, titulado “Desde la carretera mi corazón te espera” y dice: “Hace apenas un par de horas compartíamos esa estación de jade y rebeldía que cada amanecer tus ojos adivinan. A través de los tapiales intento divisarte y vos no reconocerías a esta que ahora se sien te extraño, como en medio de una reunión de empresarios. Extraño, porque un perfume usurpa el lugar de mi sudor de musgo, porque mis zapatos brillan como un niño sin hambre, porque en lugar de tus brazos un escapulario cuelga de mi cuello. Porque el amor voló y quedó de prendedor en las viejas arrugas de los dioses que ya llevan centurias hablando esta misma desazón de mecer columpios de fuego en los brazos de los niños. (…) El amor madura y envejece con nosotros. Me asalta una profunda conmoción al saber que hay tanto pueblo donde agrandar el abecedario. Y mi corazón se inflama como una luna indígena que se colma de orquídeas, pancartas y profusas cabelleras.”
Saludamos a los poetas revolucionarios de El Salvador, a aquellos que como Roque Dalton entregaron lo mejor de sus vidas, pensamientos y sentimientos a la lucha del pueblo, donde de seguro convive la obra y vida de Otoniel Guevara, poeta de amplia sonrisa y voz sonora, con más de veinte libros editados y considerado maestro de poesía por el Estado salvadoreño.
De Leonardo Gustavo Ruiz recibo con gusto sus libros El viaje (2022) y Esto, palabra, eres (2023) y en ambos percibo lo que he llamado la presencia de un paisaje dialogante: a medida que el poeta se adentra en él surgen las voces para convocarnos a unas presencias renovadas que, además, nos interpelan haciéndonos parte de ellas; todo mediante una lengua sutil penetrada de pausas y silencios. Como bien se anota en el texto de presentación de este libro, “el sujeto lírico es un quien que se forma al descampado con brazos humanos, geografías e historias, en un carrusel de orígenes en busca de sí mismos (…) sujeto errante que se reconoce en el olvido y se pregunta quién es la arena y quién es el viento en esta playa sola de la vida. Veamos un poema de cada uno de los libros de Ruiz; de El viaje entresacamos “Otro mismo”: “No veo lo real en el sueño / No veo lo irreal en el juego / Pero el sueño no es broma / La fantasía juega al sueño / La vida juega a la muerte / Mas si la muerte y el sueño / son hermanos gemelos / la irrealidad juega a soñar / en jardines de muerte / Solo la fantasía juega sola / como un niño en el tiempo.” Del libro Esto, palabra eres entresacamos el siguiente texto del homenajeado de esta edición del festival, quien además se reveló como dibujante, mostrando sus obras en la Sala de Exposiciones del Celarg. “Veo noche por la misma ventana, / noche adelantada a un mediodía / de luna candente en los cuerpos / al describir su paso lento los sudores / un lenguaje ensopado sin más claves / ni gestos / y esa noche vendrá / no en el tiempo ni en la distancia / sino desde el signo más ausente, / con su sed irreverente en el costado.”
Raúl García Palma (1958) obtuvo el Primer Premio Franco Venezolano de Poesía convocado por la Embajada de Francia en Venezuela y la Fundación La Poeteca, con su libro Clamor por lo invisible (2024). El autor cuenta con varios títulos de poesía y ensayo; en el libro mencionado percibo a primera vista una poesía narrativa de tintes cuasi-apocalípticos; habita en ella la inminencia de un fatum, de un destino negativo a punto de cumplirse. “Si no tiene visión / no habrá espacio para dirigir las preguntas / Quien lee entre el tejido del tiempo / y la diáspora / ahora duda acicalado sobre rocas / entre lo recóndito de plazas / calles / Después de haber finalizado la lluvia / ¿la seguirá escuchando? / El agua cae / es menuda / será todo / Crecimiento de semillas / brotes de raíces”.
Ana María Oviedo Palomares (1964) es una de las poetas venezolanas que ha venido describiendo una mayor riqueza en el dominio de la expresión y en la diversidad de sus temas. Su lenguaje se desplaza hacia diversos ámbitos, pero manteniendo siempre una sobriedad luminosa como aquella que se percibe en sus libros Dominio oscuro (1977) De fuego o de ceniza (1993) y Flor de sal (2003). Oviedo Palomares ha sido objeto de reconocimientos y premios en festivales. En esta ocasión, Ana María me hace entrega de su libro El reino de los sauces (2022) donde plasma su homenaje al pueblo palestino, lo cual logra de manera admirable, como bien podemos apreciar en este poema: ¿Cuánto pesa un gramo de arena? / En mi patria tiene el peso de la sombra de una nube. / ¿Cuánto pesa una gota de agua? / La inclinación de la piedra en la que / cae una lágrima, / la medida de la sed de mi gente. / ¿Cuánto pesa una mira a pleno sol en las dunas? / Toda la sangre de los que se aman / en nombre del regreso. / ¿Cómo imaginarnos la flor que nunca vimos? / Nos basta la tormenta, / el rojo resplandor de herida abierta / que dibuja cada atardecer el desierto.” Vemos, así, como una gota de agua o una flor pueden ser símbolos distintivos de la fuerza del paisaje, ante la mirada del ser humano que sufre.
La poeta caraqueña Beira Lisboa (1982), ha impartido clases y talleres en diversas universidades venezolanas y seguido cursos con notables poetas como Luis Alberto Crespo, Juan Calzadilla y Armando Rojas Guardia, me entrega su libro Urgente (2020), en cuyo texto de contraportada apreciamos un comentario de Calzadilla donde éste nos dice que Beira utiliza una “brevedad contenciosa para explorar situaciones absurdas e insólitas que se presentan, ni más ni menos, que en la vida diaria. Situaciones para las cuales da igual que emplee el verso libre o la prosa corriente, sin que se moleste en lo más mínimo el pretender pasar por una poesía lírica”. En Beira Lisboa aprecio una fuerza en la imagen; potencia que se presenta como una cruda realidad y luego se transmite mediante el asombro de lo cotidiano: “Si me voy / al otro extremo de la ca(l)ma / no es por ejercicio de soberanía / es por no abandonar lo que no tengo / un cuadro de Magritte, tres zapatos / Si algo faltara / trae a los perros / y llévate sus pulgas / Si algo necesita este poema / agrégale tu latido / Te entrego lo verdadero / La desnudez insalvable / Un cigarro sin humo.”
También cae en mis manos un libro de Antonio Trujillo (1954), Taller del aire (2024), donde se han trabajado las palabras observando siempre correspondencias entre la imagen natural (o externa) con la imagen formada en el espíritu de quien la lee o escribe; es decir, Trujillo apuesta por una conexión entre la imagen de un árbol, un río o una nube, con la capacidad del demiurgo o poeta para hacerla transvasar al “alma” de quien la observa, como pudiera cumplirse en el orden de una espiritualidad depurada o un nuevo panteísmo, lo cual se ha efectuado en algunos de sus libros, como Unos árboles después, Taller de cedro, Ballestía. Al inicio del libro Taller del aire leemos un texto: “Entra a tu vacío / sé hostil a toda / penumbra / en la casa del cielo / gobierna lo invisible / no traduzcas / Dios lo sabe / y talla en tu alma / nunca en los árboles / de afuera.” Más adelante en otro poema apreciamos cómo Trujillo se ha vuelto una suerte de orfebre del lenguaje, sumergiéndonos en una poética donde cada vocablo brilla como una gema bajo el sol: “No digas esta luz es mía / ni labres palabra alguna / mientras pasan los escribas / guarda el silencio / de la pureza / y frente al velamen / de la astucia / algo santo / esa flor de mundo / el nombre de un ancestro “.
En el libro que me obsequia Karla Jazmín Arango (1986) titulado El destino de los pájaros (2022) asistimos a una poética de extrema sensualidad, donde parece acaecer una fiesta de los sentidos que va envolviendo al lector hasta hacerle partícipe de su mundo, ejecutando a su vez una mutación de elementos naturales conjugados con los del oficiante humano (el lector) para armar esta coartada donde los pájaros nos sirven de guías para ir al encuentro de imágenes cristalinas y sonidos puros, como bien apreciamos en el texto de “Acertijos”: “Cómo vamos a saberlo / si los diccionarios poco entienden / de lo que en realidad /significan las palabras / Pero una espina con tu dedo índice / te ha revelado el sabor de la condena / y una mano haciendo ondas / sobre tu pecho desnudo / te ha deletreado la palabra “pez” / Deja los vórtices de la interpretación / para otra noche / que aun sean tus entrañas / las encargadas de develar el acertijo.” Karla Jazmín está presente en varias antologías colombianas y ha participado en diversos festivales internacionales; sus palabras han tomado las formas de creaturas aladas.
La literatura del colombiano Fredy Yezzed (1979) es de tipo conceptual y lúdico, estructurada en base a parodias y permanentes retos formales que sumen al lector en un fascinante juego de imágenes y personajes célebres de la literatura, el arte o la filosofía. Ejemplos de ello son tres libros suyos seleccionados parcialmente en un pequeño tomo con el título de La orilla de los heterónimos (2020); estos son La sal de la locura (2010), escrito entre 2005 y 2010 por un personaje llamado Ariel Muller, paciente psiquiátrico en un hospital de Buenos Aires y autor de los escritos que conforman el libro con el título mencionado, cuyo segundo texto transcribo a continuación: “Voy por el mundo con un agujero de bala en el pecho. El aire me atraviesa de frío. Los niños juegan de asomarse de un lado y otro. Por allí, la única mujer se me fugó y la última orquídea que sembré no quiso echar raíces. Voy con esa música de violín perforada. Con ese delirio de insomnio. Voy caminando por las calles con un agujero de bala en el pecho- Represento muy bien mi papel de muerto. La gente no se asombra de verme malherido y distante. Los hombres meten su dedo índice comprobando que no es un engaño. Creen meter el dedo en un sueño. Y la pérdida es que despierto y la herida sigue sangrando. En un sueño me sostiene de los hilos del mundo. Es un agujero de bala donde me cabe todo el mundo.”
El otro libro de Yezzed seleccionado aquí es El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (2012) donde la creatividad de su autor nos convence estar leyendo al mismísimo Wittgenstein, uno de los pensadores más originales de Europa, conocido por su obra el Tractatus Logico–Philosophicus, referente de la filosofía europea. Veamos algunos de estos pensamientos: “Un W. adentro & otro W. afuera. Uno que pronuncia la palabra campo & otro que aspira la palabra abismo. Uno que siente la ternura de un niño & otro que piensa en las flaquezas de una mujer sola. Como la flor que resiste el peso del cielo, uno & otro arquean sus tallos…para no dejar caer a Dios.”
El tercer libro de Yezzed es Carta de las mujeres de este país (2019) compuesto por versos plenos de sugerencias asombrosas. Transcribo parte de “A quien está leyendo esta carta” reza: “Porque te queda poco tiempo, / debes leer rápido estas líneas. / El nerviosismo de los perros en la mañana / la quietud sospechosa de la calle / y esta repentina mudez / te avisan que vienen por ti. / Esperamos la noche y en pocos segundos subirán la escalera. / Ya es tarde para escuchar la voz de tu madre…” Es impresionante cuánta inventiva puede lograr Yezzed con estos textos de heterónimos suyos.
La colombiana Alejandra Lerna (1991) me obsequió un minilibro de poesía con el título de Para explicarle a Mariana. Alejandra nació en el Valle del Cauca y ha publicado cinco libros de poesía; estudió periodismo y comunicación social en la Universidad de El Valle, con un master de escritura creativa en la Universidad de Sevilla y varios premios en su haber, entre ellos el Nacional de Poesía. Ella fue una de ls presencias encantatorias del Festival y de su libro artesanal reproduzco uno de los poemas que hablan de una visión gozosa y penetrante del mundo, de una lucidez que puede tener sus lados oscuros: “Hemos tardado mucho en construirnos / Los derrumbes, por el contrario, son instantáneos / Siglos sobre eternidades para que existan las ciudades / años de resistencia para dar forma al amor / y sólo se requiere un pequeño segundo / menos / una milésima / y todo habrá acabado / No valdrán oraciones / ni llantos hondos / la esperanza es un traje raído / Quedamos igual que en el principio / desnudos / sangrantes / desposeídos de todo / creyendo que el vacío es / la carga más pesada de llevar”.
Milagro Meleán (1994) elabora una poesía conceptual rigurosa, hermética a ratos, muy exigente consigo misma; parece huir de los lirismos para afincarse en terrenos propicios a la meditación, a las interrogaciones surgidas en las entrañas del ser, tal apreciamos en su libro Tomo (2023) constituido con prosas cuyas pausas son espacios blancos en la página y dejan ver la densidad de su palabra, tal constatamos en los textos que siguen: “ ante ti el sendero besado y vapores del suelo entre grietas hacia el astrágalo para dormir de incienso invocando la desnudez / tanto de besos te han negado más conoces el dialecto del mandato / y eres dulce esclavo ante la inspiración de tus poros / desahuciado de encierro en la cofia del entorno ante ti el camino que se piensa / te has vuelto testigo de la instauración del fuego / piedras / lluvias / polvo / locomotor te escondes / y cubierto te levantas ante la pisada antigua / cayendo tras el rastro de otras huellas.” Milagro estudió Letras Hispánicas en la Universidad del Zulia y ha publicado sus poemas en revistas de Argentina y Venezuela, especialmente en la conocida revista Poesía de Valencia, estado Carabobo.
Gabriel Impaglione (1958) nació en Argentina y ha vivido largo tiempo en Italia, donde trabaja en el campo editorial y periodístico, es director de la revista de poesía Isla Negra y organiza festivales como Palabra en el Mundo, evento donde he tenido la suerte de trabajar con él a distancia durante varios años, realizando este Festival en Venezuela (en los estados Falcón y Yaracuy), y ahora me ha tocado darle un fuerte abrazo a Gabriel en Caracas; me obsequia sus libros Arpa a bocca (2021) en lengua italiana y su Pequeño poemario nocturno de donde selecciono el poema “El destiempo quema si saco una mano”: “ El destiempo quema si saco una mano / fuera de la hora / si digo una palabra innecesaria / caerá como pájaro / carbonizado / si doy un paso más allá si olvido / la desmesura del silencio / talvez destiñan las amapolas / y no quede rastro del agua en el aire / duerman los grillos / sobre sus instrumentos apagados / Mejor aquí nos quedamos / En esta nave fondeada en la siesta / Mi mano duerma en tu cintura / Tú ovillada en mi pecho me nombras / las criaturas que juegan en tu risa “
Gabriel vino acompañado de su esposa Giovanna Mulas, escritora de novelas y cuentos; estuvieron ambos leyendo sus textos en la parroquia caraqueña de San Agustín del Sur, donde quien escribe esta crónica nació hace muchos años.
El poeta Rubén Darío Roca (1991) me hace llegar su libro Desde el esqueje semejante (2024) presentado en la Librería del Sur del Teatro Teresa Carreño durante el Festival. Saludo con afecto al poeta Roca, a quien conocí en su ciudad natal de Barinas augurándole un magnifico porvenir en la escritura lírica; ya tiene editados los libros Partisanas del canto (2021) y Todavía no sé (2016). En Desde el esqueje semejante hay un interesante diálogo entre dibujo y poema, entre imagen plástica y palabra– percibo también un intenso diálogo entre naturaleza y ser, entre paisaje y ente, estampado en los segmentos acertadamente titulados “Patios”, de donde selecciono uno de ellos: “Cuando la casa que no existe se inunda / le crece una flor en la cocina / para el desvalido. / Cada pétalo se convierte / en la doméstica esperanza / de un recibo de luz solvente / de una alfombra mandala. / Entonces procuro recoger los pétalos / antes de que lo mustio se acerque. / Dejo los grifos abiertos / exhorto un quiebre en la cascada / que mantenga la casa / floreciendo floreciendo floreciendo.”
Otro poeta de notable capacidad experimental es Víctor Manuel Pinto (1982) nacido en Valencia de Venezuela, donde ha desarrollado una labor editorial notable al frente de la revista Poesía, fundada por los eminentes poetas Reinaldo Pérez-So, Alejandro Oliveros y Eugenio Montejo en la Universidad de Carabobo, continuada luego por otras generaciones. Entre los libros de Pinto están Aprendiz de la carne (2007), Voluntad para no matar (2011) y Quieto (2014). Durante el festival de poesía, Víctor me obsequió un libro, Welserland (2021), experimento donde se ensamblan la crónica, la historia, la novela y la poesía en una proporción interesante; de éste elijo uno titulado “Bartolomeus Welser” y reza: “Bartolomé, tu cabeza será nuestra lámpara. / Nos llevarán tus ojos abiertos por el rastro / de sangre hasta la carne chamuscada del indio. / Serás el anatema de un conjuro aborigen, / una totuma de huesos para beber sangre / de gallos negros en los rituales de la guerra. / Cruzaremos Welserland con tus restos al hombro / silbando como el loco que mató a mi padre. / Cruzaremos Welserland con tu cabeza hedionda / confesándolo asuntos del sexo y el crimen. / Bartolomé, tu cráneo será nuestra canoa. “
La escritora cumanesa Esmeralda Torres me hace llegar un libro de la poeta jamaiquina invitada al festival Marie Francoise Bernard (1960), titulado Lunes rebelles (2024). Esmeralda es una de las escritoras más activas de la literatura venezolana actual, ha merecido numerosos premios en las menciones de cuento y poesía; justamente en este año acaban de otorgarle un galardón internacional en México por su libro Mudar la casa (2024) que estamos ansiosos de leer. Primero leamos un texto de la jamaiquina Bernard, “Telepatía nocturna”: “Desde el fondo de mi noche sin sueño / Dejo el amanecer intruso / Y me dirijo a la fantasía de tu deseo / Hasta los campos ondulantes / Del placer / De las noches habitadas / De la caña lamida de jarabe chorreando / Tallos sugestivos tocando el borde / De mi puerta suave / Al viento iridiscente / De tu insistencia / Que cadencia las flores y las hojas de plata / Que impulsa a mi campo de delicias / Ese ritmo sudoroso y febril / Que abre la puerta de mi noche sin sueño”
Luego apreciemos el poema de Esmeralda Torres titulado “Relojes” del libro recién premiado: “Abandonar un reloj de pared a su suerte / expone a recordarlo todo. / Pagarás un alto previo por el descuido / pues en su engranaje gira / una copia exacta de tu vida.”
Abdul Zagbour es poeta de Siria y doctor en filosofía por la Universidad de Leipzig en Alemania, viajero impenitente que ha vivido largas temporadas en Alemania y Venezuela. Este autor, tan estimado en nuestra patria, es de temple revolucionario y de enorme generosidad, autor de los libros Lluvia del corazón, El ruido de las palabras y El meridiano y la sombra. Es traductor del castellano, el inglés y el alemán y autor de importantes antologías bilingües de poetas venezolanos traducidos por él a la lengua árabe. De su extensa obra elegimos un poema intitulado “En la muchedumbre del universo” el cual reza: “En la muchedumbre del universo / con tantas cosas intercaladas, la visualicé. / Se ubicaba allá / rendida tras una pared / acostada como si la noche la alinderara. / Era la sombra que se plasmó de ella. / Su sombra espejeaba todo su entorno. / Abandonada allá / jadeaba dicha con el universo / y sus cuestiones interminables.”
En mi caso, durante el festival leí algunos poemas de mi antología Balada del bohemio místico (2009) en la Librería del Sur; en otra ocasión ofrecí una conferencia sobre la poesía póstuma de Ramón Palomares, recogida por el poeta Pedro Ruiz y publicada por Acirema bajo el título de Yo, el resplandor (2023). A lo largo de mi charla en el Celarg hice hincapié en aspectos clarividentes de la poesía postrera del bardo trujillano, donde se pueden seguir pistas que conectan a esta obra con los místicos, tanto los de la tradición cristiano-católica como la de algunos visionarios panteístas que han intentado descubrir zonas de revelación a través de la palabra. He quedado impactado con esta obra, pues se trata de una etapa de depuración mística presente en uno de los poetas fundamentales de nuestro país y de la América Latina. Cito sólo algunos textos breves del volumen: 2. “Que la idea se empareje / que suene en fragor como cruda nieve. / Desde la altura puedo verla, / el quebracho de ventana / y yo, tortuoso, oteando. Confórmate a mi / y resiste el asalto de blancas luces / boca arriba. El texto 16 nos dice: “Echado cara al cielo sobre el lecho verde / puedo acunar en mí el blanco de / una garza. / Y mi alma va en un lento agitar / entre el espacio y sus imágenes / una pareja de golondrinas / bebe de mí / y el color de mis orillas sonríe.” Y esta otra joya engastada de la revelación poética: 25. “Sombra en el ardiente primor / Para verme en ti / que importa esa espuma doliente, / penas, hombres. / Mi sol se hunde cada vez más. / Tal vez sea tiempo ya de ser / una flor, una espiga. / Y la maravillosa alma de mi ser / la ráfaga vacía girando alrededor.”
Para quienes deseen obtener una idea completa de los autores participantes en el Festival, fue editado un volumen –que me fue entregado por la poeta Mariana Ruiz– donde concurren todos sus autores. Se trata de un libro de más de quinientas páginas, con ilustraciones de Leonardo Ruiz y al cuidado de Stephany Rojas Wagner, con la coordinación editorial de Ana María Oviedo Palomares, Ingrid Rodríguez y Freddy Yezzed. Mariana Ruiz (1986), quien me dona la obra, es una joven poeta barinesa de obra ascendente de quien me permito citar unos versos de alto contenido político: “En todos los lugares del mundo se dice: / “los marines restauraron el orden” / La verdad –y todos lo sabemos—es que el / orden de las cosas existía mucho antes / Taínos libres o presos de sus propis leyes / De SUS propias leyes / Esta bien, / nos vamos porque creemos firmemente en la / democracia / Pero voten por él / Para mantener / El orden de las cosas / Otra fachada / y un maremoto.”
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Por supuesto, en el evento me encontré con viejos amigos como el poeta Luis Alberto Angulo, José Gregorio Vásquez, Julio Borromé y otros tantos (sería imposible reseñarlos a todos en esta crónica) con quienes departí instantes de efusión, entre risas y recuerdos, y hasta hice nuevos amigos como Jasmil Mendoza León de Barquisimeto, y José Ángel Fernández Wuliana del pueblo Wayuu, estado Zulia. Ellos y otros amigos de mi generación hicimos un grupo de complicidad instantánea para conversar y hacer bromas e interpretaciones sobre esto o lo otro, y hasta fuimos juntos a un paseo que teníamos programado para subir en el Teleférico de Caracas al Cerro Ávila, conocido también por su nombre indígena Waraira Repano (La gran montaña). El servicio de funiculares está funcionando muy bien; el ir suspendidos en unas pequeñas cabinas en medio del gran cerro mirando desfiladeros, bosques, precipicios y senderos puede ser una experiencia emocionante. Al llegar a las caminerías turísticas del cerro, disfrutamos el recorrido y tomamos chocolate; llegando luego a asistir a una visita guiada por el interior del restaurado Hotel Humboldt, una réplica del que fue construido en la época del general Pérez Jiménez, bajo la dirección del arquitecto Tomás José Sanabria, llegando incluso a disfrutar, en el Pent House del hotel, de una soberbia vista del valle de Caracas mientras casi flotamos entre nubes; por momentos se apoderó de nosotros la sensación de estar cerca de algún edén. Sin embargo, el hotel Humboldt me dejó una imagen ambigua: si bien posee una bella arquitectura, también me transmitió una sensación negativa del fasto de lujos, intrigas, poder y celebraciones exageradas; la propia guía del hotel nos hablaba siempre del general Pérez Jiménez como si estuviera con vida, como si el hotel estuviese detenido en el tiempo y el espacio.
Al cierre del festival, nos ofrecieron una velada de despedida en los espacios de la Casona de la Poesía “Aquiles Nazoa” en el Parque del Este, que estuvo animada con la música de dos orquestas en vivo: una de salsa caribeña y otra de rock & roll, donde nos divertimos y bailamos. En la parte de rock, me sentí como poseído por el espíritu de los Beatles, subí sin titubear al escenario y canté “Yer Blues” de John Lennon: fui ovacionado con tal fuerza por los poetas, que por breves instantes experimenté la incomparable emoción de ser un ídolo de masas, al oír los vivas y efusiones y sentir los abrazos de mis buenos amigos.
Después de tantas experiencias exaltadas y hermosas, uno debe regresar a las realidades de la vida cotidiana, casi siempre con un dejo de nostalgia o amorosa melancolía, agradeciendo haber vivido tantos momentos sublimes al calor de las compañías mágicas de los poetas, compartidas a plenitud en este maravilloso festival.
