De Demencia precoz
Guardé la boca hacia el rincón llorando
suplicando a la madre del arroz (mi verdugo)
pero siguió la cuchilla en las venas
Pregunté por qué el martirio no cesaba
La miel roja no se detuvo
aunque giró la mano es busca de sutura
Ella mi sangre era echada en las hojas
donde un oso inválido lamía
*
No hace hora esta noche
sólo el aire en los tubos de hueso
la helada la muerta la perdida
Lloremos su recuerdo fatuo
a Mario Abreu
Sufre la madre y gira como el gallo
tiéndese en el paño de nácar
a soñar con la sed
guarda la razón de su vientre
las batallas de abejas
pero siempre nos mira desde su potestad
con lástima
y lame el dolor de cabeza
moviendo la cola siempreviva
Si volviera con el ala caída en la mejilla
y sus patas sangrantes brillando en el sol
a la entrada del templo
rendido y rojo en el aire su plumaje
hasta caer finalmente a la última tierra
yo llevaría su dolor suplicante
a los ojos lluviosos de Palas Atenea
Encontré sus ovarios en el lago
aún no despertaban los soles
en la melena de los cedros
pero la majestad fragante me vencía
Aspiré y por tres días retuve en los pulmones
aquella tempestad de lavanda
No sé cuánto he dormido desde entonces
pero la hija del espliego
ha caminado y bebido mi sangre
De La última tierra
Mi mal existe desde que tenía lo que se llama uso de razón
Sigo en el patio muerto
con sus lagartijas y grillos borrachos
mirando el agua caer en mis ojos verdosos
Sigo esclavo del mismo patio que me asombró
donde mi madre ebria de cáncer me acunó
en un retrato suyo que me acompaña en esta lluvia pestilente
No tengo aroma conocido,
ni lavanda, ni sándalo
(tal vez un pino de corta vida)
Perdí esta vida jugando a vivir con la muerte.
El dolor no se mitiga
en el pañuelo
en el lino, en el sollozo…
Existe como una mansedumbre
irreparable
Tiene recodos, venas
chapotea en la estiba
y las camisas sucias:
corre, muerde recuerdos
por las marismas presurosas
de arenas
Cabalga como una copa tuya
de cangrejos
que jamás conocieron el caballo
Esta noche el dolor
me ha besado en el sueño
dejándome el ungüento de la boca.
Quemada por el viento del silencio
una puerta golpea en mi memoria
Recuerdo que hay maderas rotas,
/tablones apilados, una pared rugosa,
alambres claveteados por el sueño
y mi padre atravesando patios, conversando en un delirio con mi madre enferma.
Recuerdo las aguas de un invierno que se llevó
la ropa tendida en el patio
y también la mirada de quien escribe a solas
con su sol oprimido en el pecho
Advierto que estoy hablando de una ferretería
donde mi vida transcurrió en silencio
atrapado a una red de metal
y a mostradores tristes
posados por las manos de inmigrantes chillones
alargados por su terco destino de morir
claveteando una mesa de fantasmas.
¿Quién está en asfixias
Quién renace en las sombras
de un reloj muriente,
acabado y soñado en el patio
donde suelen encasquillar caballos
que dejaron valijas sudorosas
de sus amos muertos?
¿Quién mueve la mecedora
de esa casa vacía,
contemplándose en un espejo
que lo fragmenta y lo pregunta,
acariciándolo, lamiéndolo a escondidas?
Nunca tuve tu amor
nunca lo tuve
y así naciendo fuimos a la nada.
Por despeñados ojos y cascadas
cada uno cayó desde su altura.
Se fueron estos ojos al silencio
de una carne preciosa,
amaneciente,
sin perder por un rato sus despojos
del aire que nos vió desvanecientes.
Hoy me quiero mirar y ya te miro,
ojos, pestañas,
temblor de la cortina.
El apamate de flores serenas
se ha tendido en el río
Ya los pájaros de pupilas errantes
retornaron de sus trabajos hechiceros
Y la noche, cerrando la caja de colores
abre entonces
los jazmineros y los grillos.
