I
Solo el sonido de tu voz en la noche
mientras el helado viento escala las paredes
y una profunda lluvia marca la orfandad.
Allí bajo cientos de estrellas
una pequeña chispa quiere ser acogida
por un tembloroso y tambaleante cuerpo
que es muy frágil para sostener la mirada de la luz.
Solo la propia voz es el cálido aliento
que sostiene a nuestra sangre.
II
Entre los sueños de la casa
encontré dormidos a los lirios…
Más allá dormitaban unas matas de coco
y por el otro lado florecían
cayenas y trinitarias.
Entonces me dije: La casa sueña bonito
pero me entristeció ver marchita la sábila.
La casa, yo lo sé, sueña con
niños corriendo y jugando por sus patios.
La casa sueña contigo que la visitas
y le das de comer a las aves.
Allá está mi vieja casa soñando contigo.
III
Cuando se fue mi madre
florecieron los lirios.
La cayena inventó colores y explotó en alegrías
y de flores los capachos.
Las rosas del frente cargaron
más que nunca y expandieron
su aroma lejos.
La clavellina se llenó de arrendajos, cristofués,
querrequerres.
Los cubiros hicieron fiesta y los aguaitacaminos
se mudaron al recién formadizo pozo del patio
donde las bestias descansan.
Ahora hacia los lados del río
se formó un garcero junto a la altísima presencia
de los malabares…
En fin, ya estoy por pensar que mi madre
no se fue sino que volvió
por tantos aromas y colores al vuelo.
Por estas tardes tan dulces de majaretes
y papaya y coco…
Ahora las distancias y los tiempos son otros
mientras la memoria irrumpe
con los rostros de los abuelos…
Los lirios siguen floreciendo
en el patio de mi casa.
IV
Como una sombra cruzó por la desmemoria
y las distancias sin tiempo
se volvieron calor de sangre ancestral
en miradas amorosas y silentes.
V
No quedaba ya nada que decir.
Todas las historias se habían
esfumado entre los olvidos
VI
Y entonces quedaba solo
con una cáscara de limón,
un pequeño vaso a medio llenar y
una espléndida sonrisa que abría
soles en la intuición y nubes
en las miradas y manojos de flores
con mariposas y mieles que se
expanden por tu cuerpo.
