literatura venezolana

de hoy y de siempre

Enrique Bernardo Núñez, ensayista, historiador y cronista de la ciudad de Caracas

Cesia Ziona Hirshbein

Introducción. Contexto histórico-cultural. La identidad nacional

Si algo caracteriza el pensamiento en Latinoamérica es su preocupación por captar y expresar la llamada esencia de lo americano, sobre todo en sus manifestaciones históricas y culturales; y para comprender mejor la historia de nuestra cultura, debemos verla dentro de ese pensar que ha hecho de América el centro de sus preocupaciones, tal como lo significa en sus escritos el pensador latinoamericano y americanista Leopoldo Zea. La originalidad y la preocupación por los valores nacionales son los temas de este pensamiento.

Intentar conocerse, definirse, delimitarse frente y en contra de los demás, y como ya lo señalo en mi trabajo El ensayo literario en Venezuela, el ensayo[1], esta «así llamada reflexión original, es una de las manifestaciones de la creación literaria de mayor alcance para la expresión de esa búsqueda del pensamiento y la cultura nacional. Y es importante decir que ningún género literario como el ensayo ha sido tan adecuado para demarcar la sicología latinoamericana, sus patrones laberínticos y sus más profundos secretos desde la misma época de la independencia».

Antes de pasar al análisis de la intensa obra ensayística de Enrique Bernardo Núñez se hace necesario-aunque sea brevemente–contextualizar en la historia cultural venezolana el desarrollo de esta expresión literaria del ensayo. Y como los límites que impone este espacio discursivo son inexorables, sólo podemos hacer mención de algunos momentos históricos culminantes de la expresión americana en Venezuela[2]. En tal sentido, debo indicar que ya en la época independentista-llamada «ciclo heroico» por el escritor

Mario Briceño Iragorry-se puede evidenciar una preocupación por el estudio de la identidad a través de una escritura de carácter literario y polémico que es precursora del ensayo. Algunos nombres, Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Fray Servando Teresa de Mier, Andrés Bello[3].

Y es que el proceso de la independencia envolvió también a la literatura. Literatura comprometida con la situación de luchas y transformaciones, la cual alienta a los escritores que participan no sólo con su escritura sino, con frecuencia, también con la acción política directa. Más adelante, la teoría positivista, que alababa el método científico por sobre la religión secular, vino a desviar la exaltación romántica salida del humeante campo de batalla hacia el curioso laboratorio de las ciencias naturales. Resaltan los escritores polifacéticos como Adolfo Ernst, Lisandro Alvarado, Arístides Rojas, José Gil Fortoul, Manuel Arcaya entre otros.

Pero al producirse el tránsito del positivismo a la modernidad, surge ahora un renovado grupo de pensadores que van a hacer frente a los rigores cientificistas del positivismo con la idea bergsoniana de la libre evolución creadora del espíritu, e insisten a la vez en la necesidad de arraigar una ideología cultural y educativa en la realidad nacional y latinoamericana.

Es este el pensamiento latinoamericano en general y venezolano en particular de los años 50 del siglo XX, y que en adelante comienza a ponerse como meta, además de anterior ideario latinoamericano, un nuevo cuestionamiento referido a las distintas entidades nacionales. He considerado importante en este particular aspecto dirigir mi investigación al estudio de casos particulares de ésta, una de las generaciones de pensadores más importantes que se ha dado en Venezuela, y que con el nombre de «neorrevisionismo contemporáneo» se signa a personalidades como Mariano Picón Salas, Mario Briceño Iragorry, Augusto Mijares, Enrique Planchart, Caracciolo Parra León, y el propio Enrique Bernardo Núñez. En efecto, en esta ocasión hemos escogido para el desarrollo de nuestro estudio, al no suficientemente estudiado ni justamente reconocido intelectual Enrique Bernardo Núñez, con el objeto de dar a conocer su pensamiento y traer a la luz su concepto de la historia que expresó a través de una densa e importante obra ensayística.

Enrique Bernardo Núñez, el ensayista

Enrique Bernardo Núñez es el más creador de aquellos ensayistas que citaba anteriormente. Acaso no creamos enteramente en su doctrina espiritualista de la historia, pero todos sentimos el espíritu de sus descripciones geográficas, de su razonada exaltación de la naturaleza, del campo y de la tierra venezolana. Y en este sentido, su labor ensayística, como la de los rapsodas homéricos, es realmente poética, y muy actual pues, sigue causando estremecimiento estético a la vez que comunicando su amor por la  tierra con la que se siente comprometido. Enrique Bernardo Núñez dio al ensayo un esplendor y una flexibilidad antes no conocidos.

Nuestro personaje nació el día 20 de mayo de 1895 en la ciudad de Valencia. Conoció desde sus años estudiantiles la necesidad del periodismo, y al llegar a Caracas, lo vemos algunos años en la Universidad, pero desde 1912 se dedica exclusivamente al periodismo y a la literatura. En 1912 obtiene una mención en los «Juegos Florales» con el trabajo titulado Bolívar orador. En 1925, el gran estilista modernista y autor de los Ídolos rotos, Manuel Díaz Rodríguez, Presidente para ese momento del Estado Nueva Esparta, se lleva a nuestro autor a la isla de Margarita en calidad de Secretario. Esta breve estancia de un año en la luminosa isla le inspirará su novela Cubagua. Durante aproximadamente diez años, desde 1928 hasta 1938 se dedica,-sin darle tregua a las labores creadoras-, a múltiples actividades diplomáticas. Y al llegar de vuelta a Venezuela se suceden incesantemente las publicaciones de la mayor parte de su importante obra ensayística, especialmente es de mencionar Una ojeada al mapa de Venezuela, Orinoco, El hombre de la levita gris, Arístides Rojas, anticuario del Nuevo Mundo, Codazzi o la pasión geográfica y el primer tomo de sus Figuras y estampas de la antigua Caracas. Es cronista de la Ciudad de Caracas en dos oportunidades, desde 1945 a 1950 y desde 1953 hasta su muerte, ocurrida en la misma ciudad de Caracas un primero de octubre de 1964.

Su estilo, de profunda conciencia literaria, le hizo ser muy exigente en el acto creador y en ese sentido sus ensayos están más próximos a la poesía lírica que a unos apuntes informativos y que inserta mayormente en la prensa nacional. Y son de su preferencia los temas referidos a la situación existencial de Venezuela, a los problemas de la venezolanidad y al estudio de los perfiles de personajes venezolanos. Dotado de gran imaginación, profunda sensibilidad especialmente por la tierra originaria, y de una intensa espiritualidad existencial; su escritura trasluce antecedentes de mucha, muchísima lectura, y una cultura muy peculiar y ecléctica para su época. La mayor parte de los ensayos de Enrique Bernardo Núñez son ciertamente amenos y profundos, y el rigor subyace en el prolijo y minucioso aparato documental y que se percibe en cada afirmación, en cada secuencia argumental, por lo tanto siempre muy bien sustentada.

Su concepto de la historia. Utilidad de la historia

Desde Anaxágoras de Clazómene (500-488 a. C.) pasando por Hegel y hasta llegar a nuestros momentos, el espiritualismo-la doctrina que declara que algo indefinible fluye en la historia de la humanidad y cuyo método para seguir ese valor es la intuición-ha sido profesado en formas diversas por muchos pensadores e historiadores. Nadie, tal vez, lo ha razonado con mayor claridad que el filósofo Emmanuel Kant (1724- 1804), nadie con mayores argumentos éticos que Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770- 1831 ), y nadie con mayor afinidad espiritualista y fuerza obsesiva que el ensayista venezolano Enrique Bernardo Núñez en sus intrincados ensayos, y sobre todo en su «Discurso de Incorporación a la Academia Nacional de la Historia», llevado a cabo el 24 de junio de 1948 con el importantísimo trabajo titulado Juicios sobre la historia. Dice Mieres respecto a esta espiritualidad histórica de nuestro autor: «En Núñez observamos bastante afinidad con la concepción espiritualista. Reconoce que algo indefinible fluye en la historia de la humanidad. Independiente de las razones puramente económicas…»[4]

Este concepto de espiritualidad histórica se imbrica con el de la utilidad que le asigna Enrique Bernardo Núñez a los hechos acaecidos en el pasado. En tal sentido afirma Mieres que «Núñez califica a la historia como la huella salvadora, raíz nutricia para alimentar a cualquier pueblo, en cualquier circunstancia y salvarlo de la peor desgracia; además, como lección moral rara el futuro y como eficaz inspiración para inspirar políticas adecuadas y certeras»[5]. En efecto, para comprobarlo en la propia obra de Núñez, permítaseme transcribir este fragmento de su citado «Discurso»:

…la historia de nada sirve a los pueblos en sus crisis, y es más necesario a nuestro país hacer historia que escribirla, no podemos renunciar a ella sin decir al mismo tiempo que nuestra existencia carece de fundamento, sin renunciar a una herencia moral y material. Un pueblo sin anales, sin memoria del pasado, sufre ya una especie de muerte…[6]

Libertad

Parte de la «utilidad de la historia» que enuncia Enrique Bernardo Núñez en sus ensayos, es la de buscar la liberación de todos los individuos dentro de la sociedad en que viven como respuesta del constante suceder de épocas, cosas y personajes. En ese sentido fue un soñador de la Libertad, libertad que invoca con firmeza en la mayor parte de sus ensayos. «…Tras esa historia económica o de los economistas puede hallarse la pasión de un pueblo por su libertad», afirma en su «Discurso de Incorporación». La historia pues, como una lucha por la libertad, libertad física pero también liberación del espíritu humano[7], «… en nuestros días hemos visto grandes naciones hundirse bajo el peso de todas sus riquezas. En cambio, otras han resistido por su amor a la libertad. Es indudable que los pueblos necesitan de una fuerza superior a la del oro. El Dorado y la Libertad son dos maneras de concebir la historia …»[8]  Este concepto confluye perfectamente en su extraordinario ensayo, revelador desde el mismo título: Miranda, o el tema de la libertad. Magistralmente concatenado, se imbrican ahí todas sus ideas sobre el héroe, la historia y la libertad, sin el tono panegirista (como él mismo autor lo confiesa) propio de aquellos momentos en los cuales otros escritores le estaban rindiendo tanto culto al héroe. Y efectivamente con mucha documentación y profundas lecturas pertinentes, Enrique Bernardo Núñez analiza a Miranda (igual que a los demás personajes que escoge en otros ensayos, algunos heroicos y otros no tanto) desde una perspectiva más espiritual que conductual, para poder penetrar en los rasgos más humanos de esos héroes. Y así vemos que el segundo párrafo del citado ensayo sobre Miranda es toda una meditación espiritual relacionada con la Libertad:

…La evocación de Miranda obliga a preguntarnos lo que entendía por libertad. Todavía hoy nos hacemos esta pregunta. No hemos podido formarnos un claro concepto de la libertad. Tratamos de explicárnosla por medio de insurrecciones, alzamientos, y el cambio de un gobierno por otro. La libertad está en derrocar al gobierno constituido que por su lado ha querido mofarse de la libertad… Miranda pasa y nos deja su tema de libertad… No hemos podidos adquirir el hábito de la libertad… La gran biografía que está por escribirse es la biografía imaginaria de un pueblo creador, interpretado por gobiernos creadores….[9]

Cuando el juez de policía Farrel le interroga en 1801 acerca de lo que entiende por libertad, responde que la entiende según Locke. Lo mismo dice al senador Lanjuinais. La suya es una libertad «sabia y juiciosa»… [10]

Héroes. Personajes destacados de la vida venezolana

Con tono impetuoso y muchas metáforas, los personajes que pertenecen al álbum de estampas de venezolanos insignes acumuladas en la escritura de Enrique Bernardo Núñez forman parte de su teoría de la historia. En esta galería, compuesta por ensayos, capítulos independientes u obras completas como es el caso de El hombre de la levita gris y que fue creando a lo largo de toda su vida, insinúa en ella su orgullo venezolano y su respeto por las figuras que han conformado el fragor de los acontecimientos de esa historia, y que la vez-según su análisis—dependen cada uno de ellos, de su propio medio geográfico. En ese contexto, Bolívar-el primero, el Libertador-siente, según Enrique Bernardo Núñez, ese inexorable llamado de la tierra más profunda, y rescatando al héroe del culto oficioso, afirma: «Venezuela dio a Bolívar, no Bolívar a Venezuela»[11]

Bolívar el Libertador, comprende al momento, según Enrique Bernardo Núñez, lo que hay que hacer, su genio es «simple y complejo como una gota de agua» [12]. Pero sin quererlo, Enrique Bernardo Núñez sigue el paradigma del imaginario heroico, tratando de disimularlo con la coraza de la razón crítica y el análisis historio-geográfico. Es la elevación de los héroes sobre la base de una densa documentación y una crítica mordaz de la circunstancia política que los envolvía a todos ellos en situaciones conflictivas.

Además de Miranda y Bolívar, otra figura relevante digna de mención a la que Enrique Bernardo Núñez dedica importantes páginas es la referida a don Arístides Rojas, especialmente el texto titulado Arístides Rojas, anticuario del Nuevo Mundo, escrito en homenaje al cincuentenario de su muerte, el día 4 de marzo de 1944. Esta obra está nutrida por las fuentes de la propia obra de Arístides Rojas, de los trabajos y testimonios del ensayista chileno Amunátegui y también de las famosas y densas descripciones de Alejandro de Humboldt, viajero alemán al que vuelve más tarde en sus crónicas de los «techos rojos», y es que en efecto, por Arístides Rojas y a través de Enrique Bernardo Núñez llegamos a las minuciosas descripciones, interesantes vivencias y la poco estudiada estancia de Humboldt en Caracas, lo que también inexorablemente nos lleva al famoso encuentro del naturista con don Andrés Bello, en una infinita espiral de almas coincidentes.

La tierra

El libro de Enrique Bernardo Núñez titulado Una ojeada al mapa de Venezuela es ensayo y es pura poesía. Poesía de la tierra y ensayo sobre la geografía de Venezuela. Los otros, los compañeros de su generación creían en la búsqueda de la «venezolanidad», de aquellos elementos que eran idénticos en los venezolanos, por caminos bifurcados, es decir la identidad[13] a través de los elementos de la cultura, la lengua o de la política. En cambio Enrique Bernardo Núñez busca la identidad (identificación) en el color y olor de la tierra venezolana, la «tierra roja y cándida». «Ante todo la tierra que tenemos delante reclama de nosotros una interpretación», exclama. Desde el deslumbramiento de la ciudad capital, aún cuando muy provinciana pero en plena efervescencia urbanística, pasa Enrique Bernardo Núñez al laborioso vértigo del barro primigenio con que Dios formó los indómitos campos del hombre americano. «Estamos unidos por vínculos poderosos a la tierra en que hemos nacido. Esa tierra tiene en nosotros súbitas revelaciones y los que la desconocen arrostran una expiación inexorable …»[14] Con mucha fe en los pueblos que habitan en la geografía venezolana, mapa que su imaginación dibuja en la forma de un árbol, sobre todo expresada en la anteriormente mencionada recopilación: Una ojeada al mapa de Venezuela. Se prefigura en esta obra la felicidad con que Enrique Bernardo Núñez cultiva el género del ensayo para trasudar unas imágenes admirables de esa geografía que luego completará con su famoso texto La ciudad de los techos rojos. Ello, por cierto no es casual. En ese contexto de la geografía venezolana se define un concepto histórico dirigido a lo originario, y es a la vez una invitación a estudiar y buscar en esos orígenes geográficos de todos los nombres y esquinas con antecedentes históricos, la identidad de su pueblo.

Siguiendo esa misma preocupación por el destino a futuro a través de la geografía imbricada con su historia originaria, escribe después con especial amor literario el magistral texto Orinoco, que lleva por subtítulo «Capítulo de una historia de este río». Puedo afirmar que además del caudaloso Orinoco, están también la isla de las perlas, está Píritu, la patria de Peñalver, más hacia el occidente Maracaibo con su batallad el petróleo, virando hacia la izquierda Montalbán y La Goajira, etc., etc., etc. Todos y cada uno de estos lugares viven patéticos, poéticos para mostrar la razón del ser de la venezolanidad hacia un futuro creador, incluso estético. Y todo ese recorrer por la órbita geográfica y de su pasado, también hace que tenga eco de su propio momento histórico donde existía una profunda preocupación americanista. Es así como nuestro escritor habla del hombre y del espíritu americano en contraposición con la doctrina eurocéntrica, elocuentes son los siguientes fragmentos de su Discurso: «La Conquista fue funesta, porque ahogó en  su cuna al genio americano. Preferible es, pues, aceptar como más cierto el testimonio de los hombres de 1810… Los descendientes de los conquistadores o los criollos salían en busca del espíritu americano. Y esta parte de su aventura tiene hoy la mayor vigencia.»[15]

Cronista de la ciudad de Caracas

No podemos finalizar este estudio del concepto de la historia en Enrique Bernardo Núñez sin mencionar su actividad de Cronista. Tal como dijimos anteriormente, fue cronista de la Ciudad de Caracas en dos oportunidades, de 1945 a 1950 y de 1953 hasta su muerte. Nadie mejor que él para ofrecer un recorrido nostálgico por una ciudad que fue y que apenas se mantiene en la denominación de sus calles, plazas, esquinas. Producto de «largos años de investigación en archivos y hemerotecas, lecturas de memorias y monografias en el venero de las tradiciones orales»[16], según confiesa en la nota introductoria.

Enrique Bernardo Núñez se dedicó a Caracas casi enteramente en sus últimos años, como cronista municipal. La ciudad que él amaba era esa, la de los «Techos Rojos» que cantó José Antonio Pérez Bonalde. Entendió, tal como vimos que «un pueblo sin anales, sin memoria del pasado, sufre ya una especie de muerte»; y que «por carecer de una política fundada en la historia nuestro país no es hoy lo que debiera ser». El Samán era para él, el árbol nacional, no el Araguaney. Advirtió en el discurrir aparentemente pacífico de los tres siglos de período hispánico, una doble corriente de servidumbre y libertad, de autoctonía y colonialismo y el Samán, era el mudo testigo de esa historia, también la víctima propiciatoria.

NOTAS

[1] Desde que me incorporé al «Instituto de Estudios Hispanoamericanos» (1975) me he dedicado principalmente a estudiar la literatura relacionada con el pensamiento de la expresión americana. Ello me ha obligado a revisar–desde sus orígenes-las voces que lo han «ensayado» y que  han creado la conciencia intelectual de América.

[2] Agregamos que este trabajo se inserta en el proyecto coordinado por mí que se titula «El ensayo literario en Venezuela, siglos XIX y XX», financiado por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, de la Universidad Central de Venezuela, dentro de la órbita del trabajo multidisciplinario.

[3] En cuanto a Andrés Bello y Simón Bolívar, lo estudio desde un ángulo que considero de gran importancia para la historia de la cultura, como lo es el literario-ideológico. Ambos, Andrés Bello y Simón Bolívar son precursores de un ideario americanista logrado a través de esta escritura, ambos forman parte del círculo intelectual de los fundadores del ensayo en toda Hispanoamérica, junto a Francisco de Miranda, Sarmiento, Alberdi, José Martí, Montalvo y Mariátegui.

[4] Antonio Mieres Mimeografiado.

[5] Ídem

[6] Enrique Bernardo Nuñez, Novelas y Ensayos, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1987, p. 208.

[7] Ídem. p.210-212

[8] ÍDem. P.213

[9] Francisco de Miranda <<Miranda, o el Tema de la Libertad» en: Novelas y Ensayos de Enrique Bernardo Núñez, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1987, p. 294.

[10] Ídem. P.294y295

[11] Enrique Bernardo Núñez. Novelas y Ensayos, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1987, p. 218.

[12] Ídem . P.223

[13] La identidad como fondo virtual al cual nos es indispensable referimos para explicar cierto número de cosas, a elementos idénticos.

[14] Enrique Bernardo Núñez. Novelas y Ensayos, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1987, p. 218.

[15] Ídem. P.216.

[16] Enrique Bernardo Núñez La Ciudad de Los Techos Rojos, Caracas, Monte Ávila Editores C. A., 1988, Primera Edición. P. 283.

Sobre la autora

*Fuente: Actas XIV Congreso AIH (Vol. IV).

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