literatura venezolana

de hoy y de siempre

El ensayo venezolano en el siglo XX

Feb 15, 2025

Alexis Márquez Rodríguez

I
En Venezuela existe una larga y fecunda tradición ensayística. Durante el siglo XIX venezolano los géneros imaginativos (poesía y narrativa) fueron muy pobres. Los únicos poetas realmente importantes que entonces tuvimos fueron Andrés Bello y Juan Antonio Pérez Bonalde. Y en cuanto a narrativa, aunque la novela y el cuento surgen en ese siglo, no hubo figuras de gran relieve en esos géneros. En cambio, los géneros conceptuales (ensayo, artículo periodístico, epístola, oratoria sagrada y profana…) tuvieron cultivadores de primera línea. Los primeros fueron integrantes muy destacados de la generación de la independencia, como Simón Rodríguez, Francisco de Miranda, el propio Simón Bolívar, Andrés Bello, Juan Germán Roscio, Miguel José Sanz, Manuel Palacio Fajardo, José Luis Ramos y muchos más.

Más tarde, ya consolidada la república salida de la independencia y de la ulterior separación de Venezuela de la Gran Colombia, en 1830, surgen nuevos pensadores que cultivan los géneros conceptuales con gran inteligencia, claro dominio del lenguaje e ideas precisas y avanzadas en relación con los grandes problemas nacionales, como eran la organización de las nuevas instituciones políticas, económicas y sociales, la educación del pueblo, la preservación de la salud, etc. Figuras estelares de ese período son Fermín Toro, Juan Vicente González, Cecilio Acosta (1818-1881), Valentín Espinal y Luis Alfredo López Méndez, entre muchos otros.

II

Traspuesto el siglo XX, esa tradición continúa, prolongada en notables ensayistas y cultivadores de otros géneros conceptuales, que dan cuerpo a un pensamiento venezolano moderno y avanzado en todos los órdenes, e incluso hacen aportes muy valiosos al pensamiento continental.

La primera generación de pensadores venezolanos de este siglo se vincula ideológicamente con la filosofía positivista, que nos venía desde el siglo pasado. Casi todos son nacidos y en parte formados a finales del siglo XIX, cuando el Positivismo aún vive un auge en Hispanoamérica, aunque en Europa ya comenzaba a mostrar signos de decadencia. Fenómenos como el caudillismo, incubado en el latifundio y en las relaciones de producción semifeudales que imperaban en nuestros países, todos de economía aún esencialmente rural, y producto en buena medida del carácter peculiar de la guerra de independencia, dieron origen, ya en este siglo, a tesis sociológicas inspiradas en las ideas positivistas y en el determinismo geográfico y racial. Surge así la teoría del gendarme necesario, concebida no sólo para explicar la existencia del dictador, sino también para justificarlo. El nombre más descollante en esa corriente es Laureano Vallenilla Lanz, cuyo libro Cesarismo democrático es una verdadera obra maestra dentro de esta concepción, cuya importancia ha empezado a perfilarse mejor en años recientes, cuando la lejanía en el tiempo permite una observación más objetiva, sin las deformaciones que generan las pasiones a favor o en contra del autor y de la obra.

Otra figura venezolana importante dentro de la corriente positivista fue José Gil Fortoul, historiador, ensayista, narrador, político y jurista muy destacado, autor de una monumental Historia constitucional de Venezuela que, no obstante su fundamentación positivista, y por ello la obsolescencia de muchas de sus apreciaciones, sigue siendo fuente y referencia imprescindibles para los nuevos historiadores.

Muy importante es también Lisandro Alvarado, una de las cabezas más lúcidas del movimiento positivista venezolano. Fue historiador, médico, lingüista, sociólogo y antropólogo. Aplicó sus conocimientos de medicina y antropología al estudio de la historia venezolana y de sus caudillos. Su obra más perdurable ha sido sus Glosarios del bajo español en Venezuela, antecedente esencial de los modernos estudios filológicos y lingüisticos sobre el habla del venezolano.

Otro de los pensadores positivistas, firme sostenedor de la tesis del gendarme necesario, fue Pedro Manuel Arcaya, jurista y político de muy destacada actuación en el gobierno de Juan Vicente Gómez. Las tesis positivistas acerca del caudillismo y del dictador, como es de suponer, produjeron reacciones, en pensadores coetáneos o posteriores, que refutaron dichas tesis y propusieron otras interpretaciones sobre nuestro proceso histórico y político. Tal es el caso de Augusto Mijares (1898-197..), cuya obra más importante, Interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana, es la más sagaz refutación de la teoría del gendarme necesario. Mijares es también autor de una excelente biografía de Simón Bolívar, y de otros libros sobre educación, política, moral social, etc. Desde el ángulo marxista, las tesis de los positivistas fueron refutadas también con gran perspicacia, entre otros por Carlos Irazábal, en su ensayo Hacia la democracia .

Otros importantes ensayistas, con mayor o menor identificación con el Positivismo, fueron Gonzalo Picón Febres (1860-1918), notable como historiador y crítico de la literatura venezolana; Julio Calcaño (1840-1918), diligente investigador en el área de la filología y el lenguaje; Rufino Blanco Fombona, también novelista y poeta, aguerrido luchador contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, figura descollante del Modernismo, quien escribió sobre la Conquista y la Colonia venezolanas como problema histórico; César Zumeta (1863-1955), periodista y diplomático, incisivo denunciante del imperialismo estadounidense y más tarde entusiasta defensor de la tesis del gendarme necesario; Manuel Díaz Rodríguez (1871-1927), más conocido como novelista y cuentista, pero autor también de hermosos ensayos, en especial sobre temas de estética, considerado como el más conspicuo representante venezolano de la prosa modernista; Pedro Emilio Coll (1872-1947), otra de las figuras más prominentes de nuestro Modernismo, narrador y ensayista sobre temas vinculados con la creación estética y literaria; Santiago Key Ayala, notable prosista, cultivador del ensayo sobre diversos temas, signado sobre todo por la exquisitez de su estilo; Julio Planchart, dedicado primordialmente a la teoría y crítica literaria; Pedro César Dominici (1872-1954), ensayista y novelista, propulsor del Modernismo, imbuido de una filosofía pesimista y escéptica.

Aunque más conocido como narrador, José Rafael Pocaterra escribió también textos ensayísticos, y especialmente es el autor de Memorias de un venezolano de la decadencia, que aunque no es un ensayo propiamente, sino mas bien un texto de carácter narrativo, fue sin duda la más enérgica y aleccionadora denuncia contra la dictadura gomecista, un dramático testimonio personal de las torturas y vejámenes de todo tipo que se practicaban corrientemente en las cárceles del régimen. En la misma generación positivista, aunque no se identificó con esa corriente, destacó dentro de la teoría y la crítica literaria Jesús Semprun (1882-1931), quien sentó cátedra en la materia y alcanzó un gran prestigio y autoridad como crítico, dentro y fuera de Venezuela.

III

Más adelante surgen también otros pensadores, que escriben principalmente ensayos y artículos periodísticos, practican la oratoria u ocupan cátedras universitarias con gran brillo. Uno de ellos, de dilatada y fecunda vida, es Arturo Úslar Pietri (1906), quien, además, cultiva también el cuento y la novela, y en menor medida el teatro y la poesía. De sólida formación humanística, Úslar medita y escribe sobre los más diversos aspectos de la vida nacional, siempre enmarcado dentro de una honda preocupación por el desarrollo de las instituciones y por el destino histórico de su país. La educación, la economía, la política, la cultura en general son temas frecuentes en sus escritos. También ha ejercido la teoría y la crítica literarias con gran agudeza, y fue uno de los introductores y exégetas del movimiento vanguardista en nuestro país. En su obra ensayística destacan los siguientes libros: Comprensión de Venezuela, Las nubes, Letras y hombres de Venezuela, Del hacer y deshacer de Venezuela, Tierra venezolana, Godos, insurgentes y visionarios, Oraciones para despertar

Otra gran figura del ensayo venezolano y continental es Mariano Picón Salas (1901-1965), quien alcanzó un extraordinario dominio de la técnica ensayística, del artículo periodístico y del lenguaje, lo que lo ha llevado a ser considerado como un estilista y un humanista notable. Su pensamiento trascendió las fronteras de su país, y todo el Continente fue tema primordial de sus preocupaciones y de sus escritos. Libros suyos, como De la Conquista a la Independencia, Europa y América, Regreso de tres mundos…, son aportes esenciales a la formación de un concepto diáfano y concreto de lo americano, que hoy renuevan su vigencia ante el fenómeno de la globalización, que por un erróneo desarrollo podría aniquilar los principios básicos de la identidad continental y nacional de nuestros pueblos.

Mario Briceño Iragorry es otro de los grandes ensayistas venezolanos. Católico fervoroso, es quien mejor ha defendido la obra de España en América, pero sin dejar de exaltar el aporte criollo e indígena en la conformación de un espíritu nacional. Se destacó, además, por la dignidad y decoro con que denunció el imperialismo estadounidense y se enfrentó a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, lo que le valió el exilio y la agresión física por esbirros del dictador.

Ensayista de obra escasa, pero de altísima calidad, es Isaac Pardo (1905), autor de un libro monumental sobre la utopía, Fuego bajo el agua, considerada nacional e internacionalmente como una obra maestra del género. También son importantes sus libros Tierra de gracia, sobre nuestro pasado colonial, y Juan de Castellanos, uno de los estudios más completos y agudos sobre el famoso cronista.

Excelente cultivador de la crítica literaria desde puntos de vista académicos, en parte discutibles pero en su caso muy respetables por su inteligente y erudita sustentación, fue el Presibítero Pedro Pablo Barnola (1908-1986).

Ensayista por excelencia, además de poeta, crítico notable y ágil cultivador de la crónica periodística, Luis Beltrán Guerrero (1914- 1997) acumuló una sabiduría universal, que lo hizo acreedor a que se le considerase el mayor humanista venezolano en el siglo XX.

Juan Liscano (1914), uno de los poetas mayores de nuestro país, es también un notable ensayista y articulista, muy activo y fecundo, que escribe con frecuencia y sobrado talento sobre temas diversos, especialmente sobre política, moral social, teoría y crítica literarias, erotismo y materias cercanas a lo esotérico.

También José Ramón Medina, esencialmente poeta, ha trillado la historia y crítica literaria, con admirable constancia y aportes muy valiosos.

El cultivo de la teoría y crítica literarias ha tenido gran auge en nuestro país en al segunda mitad del siglo XX. Además de algunos de los nombres antes citados, destacan también en este aspecto ensayistas como Guillermo Sucre (1933), sagaz y respetado en sus análisis críticos, sobre todo de la poesía; Oscar Sambrano Urdaneta (1928), de indiscutible autoridad en el conocimiento y valoración críticas de la vida y la obra de Andrés Bello; Orlando Araujo, licenciado en Letras y economista, magnífico cuentista, inteligente cultivador de la crítica impresionista; Domingo Miliani (1933), excelente conocedor y comentarista de la novela hispanoamericana, especialmente la de los autores del boom; Francisco Rivera (1933), crítico cuya erudición, sobre todo en el dominio de los clásicos, no lo hace pesado, gracias a su estilo fresco y ameno; Oscar Rodríguez Ortiz, de formación muy sólida y profunda, cultivador de una crítica que se nutre, entre otras fuentes, de sus conocimientos filosóficos; Alexis Márquez Rodríguez (1931), consecuente en su trabajo crítico, gran conocedor y exégeta de la obra de Alejo Carpentier y de la novela histórica, acucioso investigador de los problemas del lenguaje; Víctor Bravo, muy activo en su ejercicio de la docencia y la crítica universitaria, especialmente enfocada hacia la narrativa de dentro y fuera de Venezuela; Velia Bosch (1933), poeta y especialista en literatura infantil, ha dedicado mucho de su tiempo y de su inteligencia al estudio crítico de la vida y la obra de Teresa de la Parra; Manuel Bermúdez (1930), minucioso conocedor de la semiótica y su aplicación a la crítica literaria; Carmen Bustillo, atenta al estudio crítico de la narrativa continental y del Barroco hispanoamericano; Douglas Bohórquez, cultivador también de la crítica universitaria, especialmente en el ámbito de la narrativa, pero aplicada con amplia libertad, sin aferrarse a criterios rígidos ni estereotipados; Carlos Pacheco, igualmente destacado en el cultivo de la crítica universitaria, con excelentes trabajos sobre la novela del dictador; Luis Barrera Linares, también narrador, igualmente alinderado dentro de la crítica universitaria, pero ejercida con gran amplitud de criterios, con aportes muy estimables, de validez continental, a la poética del cuento; Rafael Di Prisco (1931), acucioso y serio investigador sobre la historia y desarrollo de la novela venezolana, también novelista él mismo; Gustavo Luis Carrera (1933), inicialmente dedicado con mucho interés a la crítica literaria, derivó después primordialmente hacia el cuento y la novela; Alba Rosa Hernández Bossio (1936) ejerce con éxito la docencia y la crítica universitarias; Julio Miranda, venezolano nacido en Cuba, escritor polifacético, fue un excelente crítico y antologista del cuento venezolano contemporáneo; José Napoleón Oropeza, cuentista y novelista, ha dedicado también tiempo y esfuerzos a la teoría y la crítica literarias, especialmente sobre la narrativa; Stefania Mosca (1957), narradora, ha escrito también ensayos muy inteligentes y sagaces de moderna crítica literaria; Miguel Gomes (1964) ha alcanzado una formación académica muy sólida y rigurosa, y practicado con éxito la crítica y la docencia universitarias, ésta última en universidades estadounidenses; Cristian Álvarez (1959), de formación científica, ha derivado hacia la crítica literaria, con logros muy valiosos, especialmente en el análisis de la obra poética de José Antonio Ramos Sucre y la ensayística de Mariano Picón Salas.

IV

Al avanzar el siglo XX, junto con la aparición y desarrollo de nuevas tendencias y valores dentro del ensayo, se ha ido produciendo también la especialización dentro del mismo, más nítidamente que en el pasado. De los ensayistas que hemos mencionado hasta ahora, muchos se dedicaron primordialmente a determinados tipos de enfoques, en campos muy específicos como la sociología, la antropología cultural, la teoría y la crítica literarias, la educación, la economía, etc. Pero no se trataba de especialización propiamente, sino mas bien de una concepción en cierto modo integracionista, global y totalista. Con frecuencia uno de esos ensayistas, como es por ejemplo el caso de Lisandro Alvarado, escribía un ensayo de historia o una biografía de algún personaje histórico, un estudio patológico sobre figuras de la política venezolana, un artículo crítico sobre una obra o un autor determinados, o sus monumentales Glosarios del bajo español en Venezuela. Todo ello escrito con rigor y seriedad, no como un simple diletante. No es un caso único, sino que era lo predominante. Mas con el tiempo, y debido a factores muy diversos, los ensayistas y demás cultivadores de los géneros conceptuales se fueron ciñendo más a materias y temas específicos, a manera de especialización.

Surgió así, o se robusteció, el ensayo histórico, que no debemos confundir con la historia propiamente, aunque haya discurrido paralelamente con ella. Se trata de textos en los cuales, sin prescindir totalmente de la narración de los hechos, se busca primordialmente su interpretación, dentro de un contexto determinado en que los acontecimientos se entrecruzan y entraban. Tales son los casos de ensayistas e historiadores como Caracciolo Parra Pérez, agudo historiador del período de la Independencia; Caracciolo Parra León, dedicado especialmente al estudio de la cultura en la época colonial; Ramón Díaz Sánchez, también narrador importante, estudioso de la historia política venezolana del siglo XIX; Miguel Acosta Saignes (1908-), antropólogo, etnólogo e historiador marxista, agudo analista del aporte de los negros a la cultura venezolana; Eduardo Arcila Farías, especializado en la historia de la economía venezolana; José Nucete Sardi, autor de una de las mejores biografías de Francisco de Miranda; Ramón J. Velásquez, periodista de mucha garra y seguramente el mejor conocedor de la historia política venezolana; José Luis Salcedo Bastardo, el más acucioso y consecuente investigador de la vida y la obra de Simón Bolívar; Guillermo Morón (1926), autor de una copiosa obra sobre la historia general de Venezuela y de ensayos sobre temas políticos y de moral social, además de haber producido también una valiosa obra narrativa; Manuel Caballero (1931), polémico y agudo estudioso de la historia política de nuestro país; Elías Pino Iturrieta, muy perspicaz en sus análisis históricos, particularmente referidos al período final de la Colonia y al siglo XIX, poseedor además de una muy elegante prosa; Manuel Rodríguez Campos, atento al estudio de la historia política, sobre todo del siglo XIX venezolano; Germán Carrera Damas, pionero en la revisión de la figura histórica de Simón Bolívar; Luis Castro Leiva (-1999), autor de ensayos históricos a menudo matizados de teoría política y filosofía, y algunos más.

Dentro de este grupo hay también los que se dedican preferentemente a la biografía de grandes figuras de la política y la historia, como Tomás Polanco Alcántara,un verdadero maestro en ese difícil arte, biógrafo, entre otros, de Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita. También Ángel Grisanti, autor de excelentes biografías sobre Antonio José de Sucre, José María Vargas y Francisco de Miranda.

En la misma línea, pero procedentes del periodismo más que de la historia, Jesús Sanoja Hernández (1931) y Eleazar Díaz Rangel (1932) realizan una notable labor dentro del periodismo de opinión, y escriben grandes reportajes sobre temas históricos y políticos, con una extraordinaria receptividad por el público. También es muy importante la obra de Vladimir Acosta, investigador sumamente acucioso y disciplinado sobre todo en el área de la antropología cultural, con estudios muy notables sobre la mitología americana y universal.

En el ensayo filosófico, que a veces adopta la forma más acabada del tratado, la figura más prominente es, sin duda, Juan David García Bacca, venezolano de origen español, no sólo un excepcional cultivador del género, sino también maestro de varias generaciones de filósofos venezolanos. Entre éstos destacan Ernesto Mayz Vallenilla, especialista en la filosofía de Heidegger e infatigable estudioso de los problemas de la modernidad y de la neomodernidad; Juan Antonio Nuño Montes (1927-1995), también español de origen, pero nacionalizado venezolano, con muchos años de dedicación a la docencia universitaria y a la producción de ensayos sobre diversos temas filosóficos, y en los últimos años de su vida al comentario periodístico sobre variados aspectos de la realidad cotidiana, con un manejo desenfadado de la mordacidad, la ironía y el sarcasmo, dentro de una concepción en extremo amargada y pesimista del mundo y de la vida; Antonio Pasquali, venezolano de origen italiano, orientado primordialmente a los temas de la comunicación, en los cuales se le reputa nacional e internacionalmente como una autoridad; Federico Riu, también español tempranamente aposentado en Venezuela, donde ejerció largamente la docencia universitaria y escribió importantes ensayos, generalmente con una orientación marxista o afín al Marxismo; Ludovico Silva, gran estudioso de la filosofía marxista, a la cual procuró despojar de excrecencias dogmáticas y deformaciones propias del llamado “marxismo ortodoxo” o “vulgar”, desarrollado al calor de lo que se ha conocido como “socialismo real”; Pedro Duno (-1998), pensador muy agudo dentro de los cánones del Marxismo; J. R. Núñez Tenorio (-1998), también muy diligente en el estudio y divulgación de la filosofía marxista; Fernando Rodríguez, atento observador de la cotinianidad y estudioso también del cine. Caso especial es el de José Manuel Briceño Guerrero, de sólida formación filosófica dentro y fuera de Venezuela, también con profundos conocimientos sobre el lenguaje, con notable dominio de más de diez idiomas, e igualmente narrador.

En el ámbito de la filología y la lingüística es estelar la figura de Ángel Rosenblat, nacido en Polonia, de ascendencia alemana, emigrado a la Argentina, con formación universitaria en Alemania y España, y finalmente aposentado en Venezuela, donde realizó la mayor parte de su obra, dedicada primordialmente al estudio del habla venezolana e hispanoamericana. También en el campo filológico destaca el nombre de Pedro Grases (1909), catalán tempranamente nacionalizado en Venezuela, máxima autoridad mundial sobre la vida y obra de Andrés Bello, autor de una copiosa y valiosísima obra bibliográfica, y maestro de varias generaciones de profesores e investigadores en diversos aspectos de nuestra cultura.

La crítica teatral ha tenido sus principales sostenedores en Enrique Izaguirre, Leonardo Azparren Giménez y Rubén Monasterios, entre otros. La de artes plásticas la han practicado Alfredo Boulton, Rafael Pineda, Juan Calzadilla, Francisco Da Antonio, Carlos Duarte, Carlos Manuel Möller, Perán Erminy, Roberto Guevara (-1998), Juan Carlos Palenzuela y Víctor Guédez. En la de música, danza y ballet destacan los aportes de José Antonio Calcaño, Rahzes Hernández López, Israel Peña, Alberto Calzavara y Teresa Alvarenga.

En el campo de la investigación y la docencia de la economía es notable la obra de Domingo Felipe Maza Zavala, de orientación marxista, no obstante lo cual goza de un inmenso prestigio en todos los sectores, ganado en el ejercicio de un dilatado magisterio universitario por su honestidad intelectual y ciudadana y por la inteligencia y sabiduría plasmada en una copiosa hemerobibliografía. Entre sus discípulos destaca Héctor Malavé Mata (1930), con agudos ensayos sobre el concepto de subdesarrollo y la vinculación de la economía con la política, también destacado cuentista. Otros valiosos ensayistas en materia económica han sido Héctor Silva Michelena, Maxim Ross, Armando Córdova, Franciso Mieres y Emeterio Gómez, algunos de ellos deslizados del Marxismo al neoliberalismo.

Hay, finalmente, un grupo de jóvenes ensayistas de difícil ubicación, que cultivan en parte la teoría y crítica literaria, a veces derivan hacia lo filosófico desde afuera, es decir, sin ser propiamente filósofos, y escriben también textos, especialmente periodísticos, sobre lo cotidiano, con una textura que participa de lo literario y lo filosófico. Amén de que algunos también practican, con éxito, géneros imaginativos, sobre todo la narrativa. Entre ellos destacan Antonio López Ortega, Juan Carlos Santaella, Gabriel Jiménez Emán y Ennio Jiménez Emán.

Sobre el autor

Publicado en: Aleph: Revista de Literatura Hispanoamericana, no. 14, 2000, pp. 39-49

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