Juan Martins
Discurso melodramático en dos capítulos
PERSONAJES:
EXEQUIEL, muy joven y aventurado. «Office boy» de la televisora. Viste elegante para su edad.
AURA, 41 años. La apariencia sensual ciñe su modo de vestir.
RUBÉN, Joven, dueño de la televisora, sólo aparece como imagen proyectada de vídeo.
HOMBRE UNO Y DOS, aparecen de acuerdo a lo que exige el texto.
A la memoria de Aura
A Bernardo Carey por sus sugerencias a tiempo
Las escenas se desarrollan en un camerino de televisión. Se encuentra limpio, definido por una puerta de acceso como límite de entrada, marcando un lugar aislado y de pocos elementos: un tocador cuyo marco está sin espejo y da hacia al público. Para los personajes sólo será el referente de un espejo, para el público, un marco vacío, un objeto abstracto que encuadra la mirada entre los actores y éste, el público. En el lugar permanecerá un maniquí. Al fondo, se proyectan imágenes, según lo exija el texto. Encima del tocador una pequeña daga. Con todo, quiere el autor que el diseño de esta escenografía posea un color uniforme, preferiblemente de tonos grises, con la intención de señalar una línea fotográfica en blanco y negro. Sobrio y definido
CAPÍTULO PRIMERO. ESCENA PRIMERA
Entra AURA hablando. Busca sentarse en uno de los bancos del lugar, frente a ella un espejo sencillo y de buen gusto. Existe en ella la intención de encubrir su suicidio. Recurre para ello a una pequeña daga. Como si estuviera al final de su vida (en un juego de lugares comunes). Se mira en el espejo. Continúa. Al fondo «Symphony No.6. Pathétique. Adagio lamentoso» de Tchaikovsky. De aquí en adelante se reitera este fondo musical al gusto del director de escena.
AURA.- ¡El muy marico! Mandarme en todo. ¡Como si yo fuera una maldita muñeca sueca! Cuando ni siquiera me he maquillado. (Cambia. Remedando a un slogan publicitario. Juega con la daga y luego se maquilla) «Uno debe mostrar su mejor sonrisa, su mejor alegría»… El tipo es imbécil. (Pausa larga. Ríe) Pretende obtener, con todo y su estupidez, mis favores. (Pausa. Se toca el cuerpo lascivamente) ¡Un día de estos me dirá qué color remesar en mis ojos, otro día, en los labios. Otro día ¡qué sé yo en qué lugar del coño! Pues le diré a ese estúpido que me maquillo primero así, (declara en gestos) o sea, donde me dé la gana… (Continúa igual. Esta vez como si alguien la interrogara, mirando hacia el público a través del marco del espejo) Un carajo que no conoció estudio, sino dinero, anhela ahora, a punta de jalar bolas, ser dueño de todo… Corrijo, es dueño de todo. Ya parece un gallo. Pero, se «peló»… No soy su gallina. ¡Qué vaya a joder con otra! Que bastante hay en esta mierda… (Cambio) De acuerdo, seguiré maquillándome. Sin tener nada mejor qué hacer: tomaré ahora mis labios y mi cutis. (Pausa. Se mira al espejo) ¡Ay! Parezco a una vieja puta… (Pausa) Ese Rubén si es arrecho, cogerme a las primeras de cambio. (Entra EXEQUIEL interrumpiéndole)
EZEQUIEL (Entrando).- ¡Permiso! Señora Aura. ¡Ah!, disculpe, ¿le interrumpo?…
AURA (Algo sorprendida. Segura de sí. Le recibe caminando alrededor de él. Pasa seguro a la puerta y la cierra con vehemencia. Él, se extraña en algo. Entra despacio a la escena. Ella, continúa alrededor de él).- No se asuste, sólo murmuraba en voz alta.
EXEQUIEL.- ¿O con el espejo? Descuide… no es de mi incumbencia…
AURA.-No, está bien. Su pregunta es pertinente. Continúe.
EXEQUIEL.- He venido porque Rubén…
AURA.- Sí, me di cuenta. Rubén no deja de joder…
EXEQUIEL.- Señorita, usted sabe que él da las órdenes…
AURA (Ambos se dirigen hacia el espejo, mientras la mujer utiliza un tono deburla).- Sí, él da las órdenes…(Cambia. Transición) Pero cambiemos de tema. Para empezar, prefiero que me llames Aura, sencillamente Aura.
EXEQUIEL (Nervioso).- Como diga, señorita, perdón, Aura…
AURA.- ¿Estás nervioso?
EXEQUIEL.- Es que si no envío esto a tiempo, tendré…
AURA.- Conozco ese tipo de presión.
EXEQUIEL (Confiado).- Entonces, comprenderá que Rubén…
AURA.- Aquí se hace cuanto él pide. Lo que él… pide (Algo molesta consigo. Muestra gesto de inconformidad) Por ejemplo, vienes a pedirme que corra hasta la sección de grabación, sin olvidar, por supuesto las nuevas reglas del «Market» y de publicidad o, en cambio, a que si estimé, como él pide, el nuevo «look» de maquillaje… (Con gestos insinuantes)
EXEQUIEL.- Sabrá usted que es justamente mi trabajo.
AURA.- Sin embargo puedes hacer que tu trabajo sea diferente.
EXEQUIEL (Algo interesado).- ¿Cómo?
AURA.- Es sencillo. Primero, prométeme que te vas a relajar y, a cambio, te ayudaré con Rubén. (Se le acerca muy cariñosamente, como si le conociera desde hace tiempo. Toca los cabellos de EXEQUIEL.) Prométemelo. Necesito escucharte.
EXEQUIEL (Inseguro. Rodea la habitación del camerino).- De acuerdo, se lo prometo.
AURA.- Ahora iniciamos nuestra confianza. (Se acerca hasta la puerta para asegurar que está cerrada, muy sigilosamente. Con determinada predicción. Sin que se percate EXEQUIEL) Aprecia las cosas con más tranquilidad. Por ejemplo, cuándo me preguntabas si hablaba con el espejo… Sí, hablaba con el espejo… Con él podemos tener una vida placentera. Depende de cómo mires las cosas.
EXEQUIEL.- No lo tome tan en serio…
AURA.- Por favor, dejemos tanta distancia y tutéame, ¿quieres?
EXEQUIEL.- Bueno, para mí es un placer, Aura…
AURA (Manteniendo intimidad con su diálogo).- Mejor así. Te decía, pues, que sobre el espejo verás un mundo interior impenetrable. Debes cultivarlo, y entenderte con él. Puede servirte, incluso, de consejero, ya en una situación más íntima de intercambio. ¿Estás de acuerdo?
EXEQUIEL (Algo inseguro.).- En cierto sentido sí.
AURA.- ¿Qué dices?
EXEQUIEL.- O sea que si es, por el contrario, para despejar frustraciones y engaños. No veré otra cosa en el espejo que un marco vacío.
AURA.- Hablas del tema con firmeza.
EXEQUIEL.- Hago el esfuerzo. Escribiendo algunas cosas…
AURA (Sorprendida con emoción).- ¿Escribes?
EXEQUIEL.- No exactamente.
AURA.- ¿Qué entonces?
EXEQUIEL.- Bueno he tratado de escribir para esta última telenovela. Ya sabes…
AURA.- Pero allí, con Rubén, no hay lugar para ese tipo de vainas que me estás diciendo.
EXEQUIEL.- Ellos quieren un poco de tus ideas, las vendes. Tú conoces el medio y aprendes1⁄4 Coño se gana algo de dinero así.
AURA.- Visto, de ese modo, es más fácil.
EXEQUIEL.- Uno encuentra el modo.
AURA (Muy sensual).- ¿De enredarse?
EXEQUIEL.- No, de ganarse la vida.
AURA.- Eso es verdad. (Se le acerca, queriendo seducirle. Todo es confuso para EXEQUIEL) Uno encuentra cuanto quiere.
EXEQUIEL (Eludiendo la situación).- No siempre. Entenderse con ese Rubén es difícil. ¡Aquí únicamente se hace lo que él manda! Por eso trato de escribir…
AURA (Satisfecha de la conversación).- En cambio yo uso el espejo y así me olvido de ese Rubén ¡cara de culo!
EXEQUIEL (Se acerca al espejo, simulando su inocencia).- ¿Cómo?
AURA (Le sigue el juego).-Te detienes frente a él, juegas un poco, cierras los ojos hasta lograr concentrarte en un personaje. Preludias sus tonos y tu cuerpo deja de pertenecerte para cambiar por una imagen que no eres.
EXEQUIEL (Entusiasmado).- ¿Por quién cambias?…
AURA.- Espera…
EXEQUIEL.- Me gustaría verlo…
AURA (Toma el lugar de EXEQUIEL. Se sienta frente al espejo. A partir de este momento AURA insiste en involucrarlo a su juego).- Voy a intentarlo. (Cambio: expresado al personaje) Pienso en este espejo y me acomodo en el lugar de una mujer que ha esperado a ese joven. Ella viste hermoso, sólo para él. El cual ha llegado en ese instante. Aún permanece emocionada, cuesta creerle que el joven está cerca de ella. A su disposición. Ha tenido el sentimiento de esperar para su cuerpo. Él, como joven, en alguna medida, se siente entusiasmado. Ella muestra su cuerpo, en el que, a pesar de todo, conserva su piel (EXEQUIEL piensa que no se trata de él) para sus ojos. Él debe tocarla, sentirla. Pueda que se le acerque poco a poco. Desea, sus labios sobre sus piernas (EXEQUIEL se asusta ante el imperativo sensual de AURA. Le quiere tocar tímidamente, como deseándose convencer. Sin embargo el contexto no se lo permite: se ve interrumpido por la risa de ésta) y él apenas se le acerca… (Cambia. Vuelve a reír) No supo qué hacer. ¿Puedes imaginarte que no le besó las piernas?
EXEQUIEL (Su deseo de tocarla se ve interrumpido. Muestra un gesto de inconformidad. Hace saber que se trata de un juego).- Si es pajúo.
AURA.- No, al contrario, él la respeta y es un joven atraído por su madurez.
EXEQUIEL (Confiando).- Cuando se es joven. Quiere uno otra cosa.
AURA.- ¿Lo dices por ti?
EXEQUIEL.- No necesariamente. Uno va al grano, Aura, al grano. Tú sabes…
AURA.- Todos los hombres piensan en lo mismo (Molesta) ¡No deberías llamarme Aura. No se les puede dar confianza!
EXEQUIEL.- Vamos Aura, te comportas como una niña. Eres joven aún, mas no una niña.
AURA.- Eso no tiene nada que ver con la edad. Es el deseo de aquél personaje. No el mío.
EXEQUIEL.- En todo caso, defiendes al personaje.
AURA.- Una buena actriz defiende a su personaje.
EXEQUIEL.- Con tus personajes de las telenovelas no eres así.
AURA.- ¡Esa vaina se hace por dinero! Tú acabas de decir: «Rubén pone las órdenes». Uno obedece.
EXEQUIEL (Cambiando el contexto de la conversación).- Tienes razón. Mejor seguimos jodiendo a Rubén. Quisiera formar parte de este juego ¿Explícame cómo haces? Recuerda que no soy actor.
AURA.- No es tan difícil. Primero te concentras. Cierra los ojos, (Le cubre los ojos con sus manos) relájate y vendrá a tu mente. (EXEQUIEL se mueve) ¡Debes concentrarte! No es un juego. Además, conoces algo de esto, estás en el medio.
EXEQUIEL.- Está bien.
AURA.- Es cierto. No es tan difícil. Siendo así, debes mirar hacia el espejo. Recordar, sobre todo, recordar…
EXEQUIEL (Igual).- ¿Así?
AURA.- Sí. Piensa bien a quién puedes interpretar.
EXEQUIEL.- Sólo dame tiempo.
AURA (Se le acerca, sin que EXEQUIEL lo note, pretendiéndole sensualmente).- ¿Lo tienes?
EXEQUIEL (Manteniendo los ojos cerrados).- Quisiera interpretar a un rey desterrado.
AURA.- ¿Cómo?
EXEQUIEL.- Verás… (Cambia. Como rey) Ahora que él ha tomado el poder, en mi lugar, se han desatados todas las envidias en un sólo hombre. En mi lecho han querido corromper lo que en otro tiempo quise hacer de este reino: desguarnecido del dolor. Donde el viento no tiene lugar en la oscuridad. Puesto que su salida se vierte hacia la mirada de los sueños. De existir el día, la noche es expulsada hacia aquel viento sobre su propia pérdida. Ya ha dejado de existir. Y a su emplazamiento sólo socorre el hambre. Y la naturaleza ha quedado sin voz, sin cuidado. Están ausentes los caballeros de la corte. No hay quien proteja el lugar, sintiendo dolor el dolor. Para que nadie tenga derecho, una vez que el pecado haya consumido su belleza, a vivir de su propia aflicción que viene de esas columnas aún blancas donde mi rostro se muestra. De las tierras lejanas vendrá la locura a sustituir mi razón y será el instrumento de mi venganza. Cuando la muerte de los ojos sacie su sed.
Oscuro
