literatura venezolana

de hoy y de siempre

Toda la poesía, todos los cuentos: Rosauro Rosa

Nov 3, 2021

Por Alberto Hernández

1.-
Uno cree sabérselas todas cuando habla de poetas y poesía. O de narradores. Uno cree que sólo anda en una selva de significados y significantes como si se tratara de una enciclopedia de saltos y trancazos semánticos, relativistas y hermenéuticos. Uno cree que sólo la poesía o el relato se leen en las librerías, bibliotecas o universidades, en los conciliábulos de los yos emergentes. O es aquella creación que hace que el poeta o el narrador se pongan la mano en el mentón y sonrían para que sientan que está allí, apoltronado como un jeque, como el retrato de Proust.

Es decir, uno se cree patrimonio de los simulacros. Pero la poesía y la narrativa van más allá de los poetas y de los contadores de historias. La palabra es espuma que muchos no saben asir. Por eso unos tantos se creen la poesía o el cuento que anuncian en sus títulos nobiliarios o en sus escritorios por donde pasan aves descoloridas mientras quien habla desde lejos, desde el desconocimiento, es dueño de aventuras volátiles con pájaros ciegos y se sumerge en el mar donde todos los colores son posibles, pero que ven en blanco y negro.

Quien esto afirma se reviste de alegría al leer los textos de Jesús Rosas Marcano, instantes célebres de Efraín Subero como investigador. También con más fiesta los poemas y cuentos del maturinés encallado en Porlamar, José Lira Sosa. Y, por supuesto, a Magaly Salazar, al muy conocido y leído Francisco Suniaga. Al clásico Renato Rodríguez. A Arnoldo Rosas, Emira Rodríguez, Luis Castro, José Salazar Meneses, Ángel Félix Gómez (Felito), Chevige Guayke, Toribio García, entre tantos otros que la Isla de las Perlas ha parido para beneplácito de sus lectores.

Y como este país es muchas veces tan capitalino, el resto del mapa ha sido casi silenciado. Por supuesto, hubo un tiempo en que se movía la rueda de los afectos y el de la calidad para hacer registros de lo que acontecía en toda la geografía literaria nacional. Quedan aún retazos de esa manera de actuar. Como cuando los futuros escritores se iban a Caracas a estudiar o a buscar reconocimientos a través de sus necesidades básicas. Quiero decir, a trabajar para salir adelante, como decían nuestros padres y abuelos. Caracas ha sido, a pesar de tantas distancias, generosa en las excepciones personales que muchos conocemos. Caracas, la Caracas de las palabras, la de los libros, ha sido eso, generosa, cuando los poetas venidos de otros lares y los que nacieron en la capital se reconocen en el país que otros han visto desde lejos y ellos han viajado para entregarse desde sus versos y relatos.

Con Rosauro Rosa Acosta, como con tantos otros, el silencio ha sido costa visitada.

Probablemente mis afirmaciones contribuyan a abrir zanjas o a mostrar entrecejos arrugados. O haga levitar algunos egos. Pero esa ha sido la realidad. Muchas veces volteamos la cara cuando sentimos que “cierta” poesía o narrativa no se arrima al fogón de nuestros precipicios. Hay una poesía lejana. Una novela anónima. Hay una poesía escondida. Sencilla, ingenua, así como una poesía de mala estirpe. O una narrativa mal construida.

Años ha, Andrés Eloy Blanco sufría de lepra porque el pequeño mundo “ideológico” lo tenía marcado. Igual pasaba con Gallegos, con Salmerón Acosta. Hasta que despertamos y comenzamos a vernos en ese país que negábamos porque sublimábamos el “compromiso”, la revelación de unos ángeles que hoy han caído en su propio chaco de barro.

2.-

La poesía y la narrativa de Rosauro Rosa Acosta, como él mismo lo afirma, son creaciones sencillas: marítimas, isleñas. Y mire usted cuán profundo es el mar y qué íntima y solidaria es una isla. Esos versos, esos relatos están contenidos en “Toda la poesía. Todos los cuentos” (Fondo Editorial RRA, 2015), un extenso testimonio desde la superficie que en Margarita acoge a todo el mar Caribe con la pronunciación de quienes allá habitan: aire, aves, orillas, isla. Una poética desde el acento oriental, desde la marea que apasiona y devora los días. Desde el oleaje verbal que sacude el corazón frente a las noches y días del trópico.

Un extenso, digo, libro que abraza toda la creación de este margariteño que canta desde su paisaje. Desde la soledad y el cielo abierto lleno de maniobras aviares. Una poesía desde todos los pronombres. Y unos relatos donde encajan perfectamente los personajes de aquella dimensión isleña de la cual también somos herederos.

Rosauro Rosas Acosta nació en Pampatar en agosto de 1925. Fue coordinador de El Sol Cultural. Forma parte de esa gran legión de escritores de Nueva Esparta, quienes han alimentado la invención, la gracia castellana a través de su poesía, sus relatos y su canto.

3.-

Un poema para aumentar la curiosidad del lector:

RASTROS DE SOLEDAD

Este es el sueño y esta es la nostalgia. Sobre la piel del viento
la escribieron marineros borrachos cansados de maniobras y singladuras.

La impregnaron de antiguos limos que la edad cuaje en el alma,
y por ello la Noche tiene su pesadumbre de lágrima o de rezo.

La playa solitaria.
Hace ya muchas horas pasó la brisa y se nutrió de ausencias.

Toda la poesía, todos los cuentos de Rosauro Rosa Acosta está disponible en: https://www.amazon.com/dp/B00YZ0MDQK

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