Libardo Linarez
«Marimon, estado del tiempo» es el libro más importante desde el punto de vista afectivo de Rótulo Ediciones, por ser una antología de poetas inéditos que en su mayoría trabajaba de una u otra forma en la revista Rótulo, fuera escribiendo, revisando textos o diseñando. Todos los participantes tenemos un vínculo estrecho con el oficio de la escritura que, en cierta forma había sido silenciada por las circunstancias o por no pertenecer a ciertos círculos. Esto lo demuestra la participación de Yony Anzola, quien ganando un premio nacional de poesía estudiantil y representado al país en un evento internacional en Brasil, hasta la fecha sólo tiene publicado los poemas que aparecen en esta antología. Y lo invitamos para celebrar y reconocer su logro.
Se pudiera decir que «Marimon, estado del tiempo» es un fruto de aquellos primeros atrevimientos en la Plaza Sucre de Independencia cuando promocionábamos la lectura de autores yaracuyanos a mediados de los años 90. Aunque en aquel momento no pasaba por nuestra mente publicar libros, se estimulaba la creación de vínculos estrechos con éstos. Nunca había mirado este libro desde esta perspectiva, sólo con el hecho de que existen pocas antologías de escritores inéditos. Tal vez sea el único en el municipio Independencia y también en Yaracuy que pueda presentarse como resultado o nueva fase de una actividad de promoción de lectura que ha tomado otras dimensiones.
Marimon es un acto de justicia que hacíamos introspectivamente. No estaba alejado de los criterios y normas editoriales porque existe en sus autores calidad literaria y una temática influenciada por la montaña que le dio el título a esta antología bellamente ilustrada con maculatura y diseño del maestro Santiago Pol. Es también una ratificación de nuestras convicciones y un hallazgo en nuestras búsquedas. El testimonio de una efervescencia irreverente que movió los cimientos de la cultura del circo y del bochinche. Son muchos los enfoques sociológicos desde los que pudiera mirarse este libro a la par que se valora su contenido. Son voces silenciadas que pudiéramos clasificar en dos generaciones: La generación de Carlos Montesinos, Eliseo Mora, Raúl Martínez y Libardo Linarez y la generación de Soledad Vázquez, Alfonsina Piña, Iván Montes y Yony Anzola.
Más allá de todas estas reflexiones, Marimon es el libro de los afectos, de la amistad inquebrantable que no es ajena a las desavenencias y los disgustos. Es el libro que da testimonio del verdadero valor humano. Y nada ha importado que: «el mundo sea una taza de café rota/ por los disparos de la soberbia» como lo describe Alfonsina Piña, porque nuestro anhelo es: «iluminar el corazón/ con cirios y cometas/ invitar a los amigos que se fueron/ cambiar de identidad la puerta de la calle» y pedirle a todos volver a la plaza donde comenzamos hace 30 años como lo sugieren los versos de Yony Anzola… convertir ese lugar: «En una cabaña de Campo/ donde el fuego de la hoguera renace» como lo afirma Carlos Montesinos… porque al igual que él: «Yo prefiero, ahora que estoy vivo, una lágrima/ que riegue mi cuerpo que muchas que inunden/ el féretro de mi descanso«. También bien lo prefiero ahora que medito mientras armo página a página éste, nuestro libro. Y puede que en mi «Mirada cabalgue el trueno de la tristeza y el musgo sembrado en los huesos de mis propias manos tremulantes le esperen despojos» como lo afirmaRaúl Martínez. Pero este es el camino que he escogido: “El juglar no canta al azar/ cuando recibe hebra suelta/ del tejido de la vida/ Su canto es un gemido” ¿Es Raúl Martínez en Marimon o es Marimon en él? Es Marimon en todos: “Un lugar muy particular/ donde nacen las flores camino al viento/ y las lívidas gotas de la llovizna/ hacen que un color violeta/ se degrade sobre los bancos/ con un aroma a melancolía” “Son tenues matices/ hurtados en los crepúsculos” (Libardo Linarez). Marimon es “Genesis, capullo embriagante de misterios/ con alas de ángelus vas al encuentro de los dioses” porque “Llegaste entre ráfagas de truenos y relámpagos/ Prometeo juega nuevamente con el fuego” como lo describe Eliseo Mora.
Y apelo a los dioses porque mientras armo éste, nuestro libro, hago mío el miedo de Soledad Vázquez: “Miedo en convertirme en otro(a)/ a olvidar, a dejar de sentir/ Miedo a descubrir que la tecnología me ha robado el Alma/ y doctrinas consumistas me han robado el cerebro/ Miedo a despertar un día/ con dos cuencas vacías y una boca seca/ que sólo repita consignas absurdas/ y dogmas impuestos”. Si… tengo miedo hoy de esa imposición que nos ha fragmentado, porque: “De qué vale gritar rojo/ si se piensa verde o azul, marrón o negro/ de qué vale amar la patria/ odiando al pueblo” (Iván Montes). Pero este miedo sólo alimenta la irreverencia con la que se ha defendido la pureza de toda ingenuidad: “Me cago en los sistemas vampiros/ en las orejas que sólo escuchan lo que quieren escuchar/ en la palabra que empuja a la guerra/ en la libertad parafraseada por la represión/ en la tertulia del terror/ en la tortura del dinero/ en la gran importancia de la puta bolsa de valores/ en la divertida masacre tecnológica/ Me cago en las traiciones/ en el reguetonto/ en el decente castellano que nadie habla/ Me cago/ en quien guste de la mierda/ en quien viva de ella…/ Me cago a mí mismo cuando quebranto mis ideales/ y doy un paso atrás”.
Marimon tiene de todo en su unidad temática y reflexiva de la vida y la adversidad que se contrapone a ésta. Es la consumación del mundo que concebimos y nos fue totalmente esquivo, pero que en la medida de lo posible, lo hicimos girar hacia atrás. Hacia la magia del sinsentido y la locura que nos acredita. Reúne un cumulo de aspiraciones y premoniciones que décadas antes advertían el destino de nuestra suerte, mientras danzábamos al filo de un abismo. Son voces que hoy se rememoran desde el exilio y el silencio. Sólo la montaña da testimonio de su canto. Son el otoño que este paisaje hoy desconoce.
