María Eugenia Martínez
Introducción
La Institución literaria está conformada por un grupo de individuos con identidad propia que realiza actividades que atienden, generalmente, a intereses y objetivos comunes; para funcionar, crean sus propias normas, establecen relaciones y hacen uso de un conjunto de recursos comunes para su subsistencia, es decir, ejecutan acciones a partir de prácticas sociales. En tal sentido, el discurso y su uso constituyen una de las prácticas sociales más importantes condicionadas por las ideologías, así es como “el poder y la política de una institución a menudo se ejercen por medio del discurso de sus miembros (Mumby y Clair, 2000, p. 265).
Partiendo del hecho de que las opiniones y las actitudes compartidas de un grupo son un tipo de creencias que están interrelacionadas debemos suponer que algunos elementos estructurales de la argumentación son signos importantes en las estructuras subyacentes de las actitudes ideológicas de un grupo (Cf. Van Dijk, 2003, p. 73). En este artículo se analizan las estructuras proposicionales discursivas presentes en 12 textos publicados, a lo largo de tres meses, en el Papel Literario de El Nacional que forman parte de una polémica cuyo origen recae sobre la pregunta ¿qué pasa con la narrativa venezolana?, surgida de una mesa de ponencias de la VI Bienal Mariano Picón Salas 2004. Todo esto para mostrar cómo se modelan las opiniones de un grupo institucionalizado.
Aclaratorias teóricas para resolver dudas: relación entre tema, ficciones y escenarios de poder
Los textos son acciones sociales que se ajustan a un conjunto de normas, máximas o principios que permiten el funcionamiento relativamente eficaz entre las personas. Son actos comunicativos que responden a unas determinadas convenciones y finalidades compartidas por los miembros de un grupo y llegan a ser el resultado de su desarrollo histórico y cultural (Cf. Barrera, 2000; Calsamiglia y Tusón, 1999 y Van Dijk, 1980, 1987, 1999, 2000, entre otros).
En un texto y contexto dados, cualquier estructura o estrategia discursiva puede ser utilizada de manera persuasiva y por tanto de manera ideológica. La ideología[1] no sólo forma parte de las estructuras del discurso, sino que va a depender de los modelos de contexto social que reproducen para los receptores, los emisores del discurso. Las ideologías están definidas de un modo más general como “sistemas de creencias”, sin embargo, hay muchos tipos de creencias, muchas de las cuales no son ideológicas. En el discurso no solo se reproducen ideologías –si se reproducen–, sino también actitudes, conocimiento, modelos de experiencia, objetivos presentes e intereses personales. Por esta razón la comprensión del discurso implica la construcción de modelos mentales por lo que es posible que la influencia ideológica no tenga siempre los efectos pretendidos o esperados de las representaciones sociales del contexto. La comunicación en general, y en consecuencia, también la comunicación ideológica, están orientadas hacia el manejo de esos modelos que representan lo que el emisor del discurso quiere que el receptor sepa o crea.
En la reproducción del discurso las proposiciones representan un tipo de cognición social y se constituyen en un conjunto estructurado que fundamenta las de creencias básicas de un grupo (Van Dijk, 2003, p. 73). Son unidades de significado expresadas generalmente mediante una oración simple del tipo “la literatura vive un momento luminoso” (Echeto, 2005c).
En tal sentido, en los textos de la polémica se verbalizan proposiciones sobre la narrativa venezolana debido a que es una problemática en el contexto sociocultural que interesa a todo el grupo. Se espera que estas proposiciones que involucran temas socialmente relevantes para el grupo tengan consecuencias ideológicas al ser reproducidas, asimismo se espera que los textos producidos por representantes de un grupo social específico generen opiniones con base ideológica o persuasiva.
El poder está relacionado con las ideologías, entendidas como “creencias fundamentales de un grupo y de sus miembros” (Van Dijk, 2003, p. 14). Las manifestaciones del poder no deben ser entendidas como un acto formalizado en una sola dirección y en un único sentido dentro de la organización jerarquizada de la sociedad, sino más bien como una relación permanente entre localizaciones, núcleos o unidades sociales concretas que están condicionadas. Por lo que, más allá de un concepto estático y vertical del poder, aludo a éste como un conjunto de negociaciones, compromisos y mediaciones. El poder para el grupo de la institución literaria no es sólo el Estado, sus recursos y la manipulación que hace de las personas, sino también es el prestigio, la fama, los contratos, los honorarios, los premios y los reconocimientos que se extienden a la posibilidad de alcanzarlos a cualquier costo y a través de cualquier medio. Esto es, la autopresentación positiva ante el grupo y fuera del grupo.
En esta oportunidad, el medio llegó –a mi juicio– de improviso a un grupo social que pertenece a la institución literaria. Desde éste emitieron sus opiniones y lograron un espacio desde el cual consiguen legitimarse. En las lecturas aisladas que proporciona un suplemento literario de circulación semanal, los textos se perciben como plagados de diferencias, sin embargo, bajo una lectura acuciosa encontramos proposiciones semejantes que veremos a continuación.
La polémica
Curiosamente, la polémica se inició de manera inesperada sobre todo ante los comentarios de la periodista que cubría el evento en los que se preguntaba “¿Qué representa un debate sobre la literatura local en el cual los primeros en abandonar las sillas son los escritores?” (Sainz Borgo, 2005). Comencé por preguntarme –yo también– cómo era que algo que carecía de público y debate fuera llevado a las páginas centrales del Papel Literario de El Nacional, órgano de difusión masiva de un grupo institucionalizado. ¿Acaso se trataba de un acto filantrópico?, no lo creo. Aún no consigo dar respuesta a esta pregunta, sin embargo, el debate logró extenderse, milagrosamente, a lo largo de cuatro meses. Me inclino a pensar que es posible que –la periodista– como representante de un medio impreso intentó regular la disposición de este grupo social y les dio la oportunidad de mostrarse, autoidentificarse y defenderse.
Los textos
El papel literario de El Nacional es una sección “cultural” dirigida a un grupo específico, en él circulan los miembros del sistema literario venezolano, al menos aquellos que gozan de algún reconocimiento. Así, lo que comenzó “desde las universidades” como “un aburrido congreso” (Chirinos, 2005) terminó obteniendo, misteriosamente, una apropiada difusión. Los textos fueron publicados entre el 20 de marzo y el 2 de julio del 2005 y aparecieron en el siguiente orden, 20 de marzo del 2005. Echeto, Roberto. La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura; 16 de abril. Sandoval, Carlos. Espías, jueces y demonios: una pintura de la narrativa venezolana actual; 16 de abril. López Ortega, Antonio. Entre la basura y la luminosidad; 16 de abril. Gutiérrez, Leroy. Carta a un escritor venezolano; 23 de abril. Echeto, Roberto. Bendito sea el pan que producimos; 23 de abril. Quero, Milton. La literatura y sus tiempos; 23 de abril. Chirinos, Juan Carlos. ¿Quién le pone el cascabel al crítico?; 7 de mayo. Padrón, Alejandro. En torno a la polémica sobre la literatura venezolana; 7 de mayo. Sandoval, Carlos. Crítico con cascabel que come el pan que producimos; 16 de junio. Gaspar, Catalina. De saberes y miradas; 2 de julio. Chirinos, Juan Carlos. La desnudez del crítico; y finalmente, 2 de julio. Echeto, Roberto. Contra los malos mestureros.
De todos los textos sólo dos fueron presentados en la Bienal, el primero de Echeto, La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura y, el primero de Sandoval, Espías, jueces y demonios: una pintura de la narrativa venezolana actual.
Los miembros del grupo
A excepción de Padrón que es economista, todos son licenciados en Letras y, dentro de la institución literaria comparten distintos roles, Barrera Linares (2005, p. 21) señala que “cuando confluyen en una sola persona, es como tener varios trajes o disfraces y colocarse cada uno de acuerdo con la situación”. Quizá esta multiplicidad explique lo que refiere Chirinos (2005) cuando habla de “lo que nos da de comer” porque hasta el momento dificulto que alguno de los polemistas haya conseguido vivir de la ficción, aclaro, de la escritura de ficción. Por otra parte, todos tienen varios títulos publicados que los ubican como escritores venezolanos, han ganado premios y obtenido menciones en los certámenes literarios nacionales y, los que no lo han logrado, han participado como jurados para decidir el cambio de destino de autores y obras venezolanas. Esto podría hacernos pensar que no sabemos a ciencia cierta desde cuál de los roles opinaron los polemistas o si combinaron los roles en su discurso.
Echeto es productor de espacios radiales y dibujante, Sandoval es crítico y profesor universitario, aunque aún confieso que no puedo separar la crítica de la escritura, López Ortega es promotor cultural y editor; Gutiérrez es editor; trabaja en Otero Ediciones y Libros de El Nacional; Quero es profesor y dramaturgo. Chirinos posee un dato que parece relevante en su currículo “actualmente reside en España” en “ese punto donde Madrid desaparece y se vuelve cielo” (Méndez Guédez, 2005). Gaspar es ensayista y profesora universitaria y, Alejandro Padrón es profesor universitario.
Todos, quiéranlo o no, pertenecen al sistema literario venezolano.
Las proposiciones del grupo
Como expresé anteriormente, en la reproducción del discurso las proposiciones representan un tipo de cognición social y, se constituyen en un conjunto estructurado que fundamenta las creencias básicas de un grupo, las coincidentes en los textos se agrupan en los siguientes tópicos: la crítica literaria, las editoriales, los escritores, los premios, y las razones de la literatura, como veremos a continuación.
¿A qué le temen, a la crítica o a los críticos?
La crítica literaria y los críticos generan conflicto entre el grupo. Representan una suerte de abstracción que parece haberse ganado la mayor responsabilidad de todos sus males, digo de todos los males de la narrativa venezolana. De acuerdo con las proposiciones es una actividad autoritaria y canonizadora[2] (en esto coincide con el resto de los polemistas, curiosamente, Gaspar, no así Sandoval), tiene poco vigor, es deshonesta y cerrada, debe despertar el interés por el disfrute del lector y es la culpable de que “buena parte de los libros que ven la luz en el mercado venezolano pasan sin pena ni gloria” (Echeto, 2005a).
Por su parte, los críticos no estudian, no leen ni le prestan atención a la literatura venezolana, no se acercan a las propuestas y fenómenos editoriales recientes, no postulan nuevas teorías, no entienden las preocupaciones de los escritores ni sus técnicas, miden con el canon, sólo escriben trabajos de ascenso en el ámbito universitario que además carecen de peso, hablan de autores que los legitimen a ellos, no prestan atención, no orientan, son jueces inquisidores. Y yo me pregunto ¿Cómo puede hacer todo esto un crítico que ni estudia ni lee?
Entre la mayoría de los autores hay un desconocimiento del papel de la crítica, sus opiniones, como hemos visto, son contradictorias, a tal respecto cabrían las preguntas que formulaba Barthes también a propósito de una polémica: “¿Cuántos escritores no han escrito sólo por haber leído? ¿Cuántos críticos no han leído sólo por escribir? Y a manera de aclaratoria hacerles saber que “La crítica no es sino un momento de esta historia en la cual entramos y que nos conduce a la unidad –a la verdad de la escritura” (Barthes, 1971, p. 82).
¿Qué dicen de los escritores?
En estas proposiciones curiosamente los autores se excluyen del rol de escritor, escriben en tercera persona para referirse a ellos y nunca a nosotros; esto a mi juicio es como hablar mal del gobierno desde el gobierno; así se alejan de la ficción que producen para decir que los escritores no publican en el extranjero, no figuran en los catálogos internacionales, escriben igual que antes, carecen de talento, vocación y disciplina, no piensan en el lector, no son humildes, desconocen el papel de la crítica y no le interesan a la crítica.
El papel de las editoriales
Las editoriales también tienen su culpita porque de plano no se interesan por la literatura nacional, no son como las extranjeras. Sin embargo, los autores coinciden en que hay “una constelación” de editoriales alternativas y comerciales que publican la literatura venezolana y creen que las existentes se consolidan. Las que parecen tener más prestigio entre los polemistas, porque las citan, son la Fundación Bigott, Fundarte, Monte Ávila y El Nacional. Consideran que todas éstas “hacen un esfuerzo”; pero “los tirajes son breves” y “no distribuyen los libros”.
Aún hay esperanzas
Hay dos grupos de argumentos que se esgrimen como estandartes esperanzadores: los autores que han publicado en el extranjero como José Balza, Eugenio Montejo, Ednodio Quintero, Juan Carlos Méndez Guédez, entre otros, y los certámenes literarios. Estos últimos parecen tener un efecto tranquilizador porque, pese a todo lo anterior, Adriano González León alguna vez ganó el Seix Barral, Enza García ganó el Casa de América de Madrid, Juan Carlos Méndez Guédez el Fernando Quiñones, Oscar Marcano el Jorge Luis Borges, Ana Teresa Torres el Pegasus, Eugenio Montejo el Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz y, hasta cuando los autores quedan de subcampeones, para usar la terminología de Echeto, se aluden y ponen como ejemplos las menciones obtenidas por venezolanos en el Rómulo Gallegos.
Y la pregunta ¿Qué pasa con la narrativa venezolana?
Para Chirinos (2005) quien reside en Madrid, “el asunto tiene mil aristas”, “la narrativa necesita algo para que alcance la difusión que merece”, “nos da de comer”, “no es mediana” porque hay una lista para mostrarlo, necesita editoriales, librerías, distribuidoras, suplementos literarios, lectores e, incluso, escritores y, además, merece un crítico responsable.
Padrón (2005), el economista, considera que “goza de buena salud” y que “ha alcanzado los niveles de proposiciones estéticas y narrativas de las grandes obras de la literatura universal” pero “no cuenta con extraordinarios narradores”.
Echeto (2005a, b, c), el optimista, cree que “vive un momento luminoso y extraño” pero “decidir si vive o no un instante de gloria es tarea difícil”. “No llega a ninguna parte”. “Es un negocio al que le falta aspiración, aliento, ganas, bolas, deseos de superarse y de que la conozcan en muchos lugares y no solo en nuestro hundido país”.
Quero (2005), el galardonado, explica que “el problema de la narrativa está en la escritura” porque “carece de creatividad, talento sostenido en el lenguaje y en la configuración de la anécdota”, “no despierta el interés del lector”, “utiliza los recursos de siempre”, es un somnífero, es triste, “merece más lectores”, “no está en el concierto mundial”. En fin que “no sucede nada con ella porque no despierta ni entusiasmo para debatir”.“ Hay que esperar a ver si tiene éxito”.
A López Ortega, (2005) el promotor, le parece que “es un tema recurrente” y que “no está seguro de la respuesta”. Sin embargo, afirma que “la narrativa está ausente de los claustros o foros de difusión continental o mundial” y además “carece de trascendencia”, “no vive un momento luminoso”, “es mediana”, “ensimismada”, “ingenua” y “provinciana”, “con poca sensación de cuerpo”, y “está alimentada por individualidades”.
Gutiérrez (2005), el editor, dice que “nadie lee los libros” y que “se deben contar los títulos más vendidos o el número de ejemplares adquiridos para responder”.
Sandoval (2005a, 2005b), el crítico, muestra que la narrativa “tiene una sólida tradición pero importa poco”, que “su horizonte se detiene en los años sesenta” porque “no se desprende del contexto social”. Sin embargo, “no está por debajo de los logros estéticos de otros logros” y en cuentos “tenemos una notoria variedad de propuestas”. Pero, “no goza del merecido reconocimiento”, “no tenemos una novela representativa” y “no se puede inventariar”. En fin “no vive un momento luminoso”.
Gaspar (2005), la crítica, cree que “coexiste en un ámbito descalificador”. “Se identifica con un ejercicio de poder y se sitúa como una práctica cultural privilegiada”. Además, “ha perdido legitimidad”. “No se solidariza con la incomunicación, la intrascendencia, la negatividad, la imposibilidad o el vacío”. “No es legitimadora ni canónica”.
Después de todas estas opiniones no podemos sino repreguntar:
¿Y entonces? ¿Qué es lo que pasa con la narrativa venezolana?
De acuerdo con estas propuestas sobre la narrativa venezolana, todos los que trabajamos con ella deberíamos olvidar el asunto. Creo que este grupo quedó entrampado en una pregunta ontológica y obviamente ninguno podía dar una respuesta adecuada debido a la complejidad de la misma. No creo que nadie en su sano juicio pueda contestar esta pregunta en un espacio de 20 minutos y mucho menos en la instantaneidad del medio impreso; se requiere de mucho estudio y mucha lectura para ello y, seguramente, como afirma Chirinos (2005), aquí lo que hay es “pereza intelectual”. Lo que sí se puede hacer es circular por el país e identificarse de este modo con la institucionalidad a fin de legitimarse como miembro de la misma y obtener la atención de los lectores que, a fin de cuentas, son los que le dan vida a la narrativa. Curiosamente el papel de los lectores no es una preocupación para estos autores, al menos la mayoría no lo expresó. Y los pocos que lo hicieron dieron cuenta de un anhelo ¿cómo nos ganamos al lector? Creo que esa sí sería una buena discusión para una polémica entre los miembros de la institución literaria, sobre todo para los que escriben ficción, porque de lo contrario, este “tema recurrente” como lo denomina López Ortega (2005) seguirá siendo una vaguada que sorprende cuando se inicia, inunda todo mientras se desarrolla y se olvida cuando sale el sol.
Y si hay que dar una respuesta a la pregunta, diría que, en esta oportunidad, estos representantes de la institución literaria venezolana, hicieron uso de una estrategia de autopresentación funcional a través de una polémica que concluyó con la publicación de todos los textos, con un prologo de Antonio López Ortega en Zona Tórrida, una revista académica, sí; y que yo sepa, hasta el momento, ninguno de los polemistas se ha quejado.
BIBLIOGRAFÍA
- Barrera Linares, Luis. (2000). Análisis crítico del discurso. Caracas: UCAB.
- _____. (2005). La negación del rostro. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.
- Barthes, Roland. (1971). Crítica y verdad. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores.
- Calsamiglia, Helena y Tusón, Amparo. (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Ariel.
- Chirinos, Juan Carlos. (2005). ¿Quién le pone el cascabel al crítico? En Papel Literario de El Nacional. 23 de abril, p. 8.
- Chirinos, Juan Carlos. (2005). La desnudez del crítico. En Papel Literario de El Nacional. 2 de julio. P. 4.
- Echeto, Roberto. (2005a). La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura. En Papel Literario de El Nacional. 20 de marzo, p. 16.
- _____. (2005b). Contra los malos mestureros. En Papel Literario de El Nacional. 2 de julio, p. 4.
- _____. (2005c). Bendito sea el pan que producimos. En Papel Literario de El Nacional. 23 de abril, p. 4.
- Gaspar, Catalina. (2005). De saberes y miradas. En Papel Literario de El Nacional. 16 de junio. p. 4.
- Gutiérrez, Leroy. (2005). Carta a un escritor venezolano. En El Nacional. 16 de abril, C- p. 6.
- López Ortega, Antonio. (2005). Entre la basura y la luminosidad. En El Nacional. 16 de abril, p. 4.
- Méndez Guédez, Juan. (2005) Juan Carlos Chirinos: La escritura de los cinco sentidos. [Revista en línea]. Disponible: http://www. ficcionbreve.org/ entrevistas/ especial.htm. [Consulta: 2005, octubre].
- Mumby, Dennis y Clair, Robin. (2000). El discurso de las organizaciones. En Teun van Dijk (comp.). El discurso como interacción social, 263-296. Barcelona: Gedisa.
- Padrón, Alejandro. (2005). En torno a la polémica sobre la literatura venezolana. En Papel Literario de El Nacional. 7 de mayo, p. 8.
- Quero, Milton. (2005). La literatura y sus tiempos. En Papel Literario de El Nacional. 23 de abril. p. 8.
- Sainz Borgo, Karina. (2005). La VI Bienal Mariano Picón Salas, desde el retrovisor. En Papel Literario de El Nacional. 26 de marzo, p. 13.
- Sandoval, Carlos. (2005a). Espías, jueces y demonios: una pintura de la narrativa venezolana actual. En Papel Literario de El Nacional. 16 de abril.
- Sandoval, Carlos. (2005b). Crítico con cascabel que come el pan que producimos. En Papel Literario de El Nacional. 7 de mayo, p. 8.
- Van Dijk,Teun. (1980). Estructuras y funciones del discurso. México: Siglo XXI.
- _____. (1987). Análisis del discurso. Barcelona: Paidós.
- _____. (1999). Ideología. Una aproximación multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa.
- _____. (comp.). (2000). El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II. Introducción multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa.
- _____. (2003). Ideología y discurso. Madrid: Ariel.
NOTAS
[1] Se utiliza el concepto de ideología que remite a “la interfase entre propiedades fundamentales (por ejemplo, intereses, objetivos) de grupos sociales y las cogniciones sociales compartidas de sus miembros” (Van Dijk, 1999, p. 391)
[2] Las proposiciones que se mencionan recogen la valoración general expresada por el grupo.
