Ramón González Paredes
Lucila Palacios, mujer de obra y de ideal, ha recorrido hasta hoy un firme camino literario que la sitúa entre nuestros más destacados valores.
FUERZA AMBIENTAL DE “LOS BUZOS”
Es esta su primera obra, escrita por el año 1934, cuando el ánimo nacional se trata desorientado entre dos fuerzas: la adulación y la cultura. El estado de nuestro pequeño mundo impresionó en grande al artista, por lo. cual “Los Buzos” es un gesto: de liberación que surge desde las recónditas estancias del alma y llena todo un libro. Su valor literario radica, precisamente en esta lucha espiritual que a veces culmina en pintorescos trozos líricos y llega a establecer polémicas familiares entre los personajes de principal categoría.
Se trata de un matrimonio guayanés venido a la capital. Sandoval, representa un tipo de marido común: llevado por los caprichos de su esposa Chepita doblega la voluntad hasta convertirse en una figura decorativa dentro del hogar. De su anterior matrimonio le quedó una hija, María Elena, en quien coloca Lucila Palacios un cúmulo de virtudes, y viene a simbolizar la razón, en pugna siempre con la frivolidad —Chepita—; sin que esta pugna se traduzca en lucha abierta sino en simples choques espirituales.
Sandoval tuvo en Chepita dos hijos: José Luis, quien siempre anheló un horizonte más amplio para desarrollar sus facultades y Griselda, muchacha que une a la frivolidad de su madre el sprit moderno y cae víctima de ambos en manos de Paco Amanguren, quien desempeñaba un brillante cargo en la política; este se aprovechó de la fragilidad de Griselda para saciar sus apetitos, la sacó de su casa y ambos convivieron hasta que Amanguren robó tan descaradamente que se vio precisado a huir.
La familia Sandoval con este paso de Griselda es abandonada por sus relaciones y en virtud de fuerzas de economía tiene que regresar a la provincia. Después de una serie de incidentes en el capítulo VIII se emprende el retorno. El diálogo familiar le imprime a la obra características de comedia. El plasticismo de Lucila Palacios está adornado de fuerzas naturales e instintivas, por ello apreciamos sus marcos con gusto sensorial. Parece que probáramos el vino cuando sus personajes se embriagan.
“Y juntos bebieron uno tras otro, y fue una misma la copa, y el whisky se les derramaba entre risas y palabras, todo como el licor impregnado de su sabor ardiente, picante, incentivo, fuego en las venas, fuego en el pecho, aunque una como sensación de vacío se le iba de aquel vértigo, de aquella locura, de aquel derroche de placer, y era que corría la noche, la embriaguez, el frenesí de sus cuerpos jóvenes” (Griselda y Amanguren. Capitulo IV)
Por otra parte -es digno de nota el estado de reacción conque todos reciben la palabra regreso: Sandoval veía en ello una derrota, y al mismo tiempo una oportunidad para vivir tranquilo en contacto con la naturaleza. Para Chepita era una tragedia el tener que separarse de tantas comodidades.
María Elena temía enfrentarse con el pasado, pero en su condición de observadora intelectual busca nuevos motivos para escribir el libro que traía en mientes, y para José Luis resulta una claudicación: entrégase con Gregory, mozo libertino criado en Europa, a toda clase de desórdenes, hasta que ambos mueren ahogados en el río que los vio nacer.
El Capítulo IX de “Los Buzos” trae la siguiente descripción: “La cinta azul del Orinoco se ensanchaba a medida que el carro iba avanzando. Alborozados los pasajeros sacaban la cabeza del carro, ansiosos de admirar el paisaje pluvial, en contras:e con los áridos caminos recorridos durante los últimos días.
A lo lejos una, dos o más velas… La superficie móvil del río surcada por uno que otro daramero arrancado por las crecientes a las orillas inmediatas, y la espuma apenas visible formando pequeñas escamas fosforescentes bajo el sol ardoroso.
Atrás habían dejado la Mesa de Guanipa, seca, chamuscada, mustia por el calor, en donde la arena se junta con el cielo hacia el horizonte circundado a veces por una leve franja de montaña, rápida como una visión esfumada en el aire y que finge oleajes fantásticos, tierras de prisma, espejismo de las pupilas encandiladas y enfebrecidas”.
Griselda es abandonada por Amanguren, ahora tiene que luchar con el hambre y la deshonra; pero los Salas, una familia de buen corazón e intachables costumbres, la recoge. Griselda regresa al lado de sus padres, la sigue Pepe Salas poco tiempo después. María Elena le muestra a éste su libro “La Mujer de Piedra” (aquí brota una vez más la preocupación “feminista” de Lucila Palacios), y ambos sienten en su alma un profundo anhelo por contribuir a la transformación de la patria.
Sobresale la obra en descripciones de costumbres y Lucila Palacios se muestra en ella como una profunda conocedora del espíritu nacional. “Los buzos” es una obra de tesis: pone de realce que la deshonra de Griselda y el desvío de José Luis fueron consecuencia dela pésima educación; pero resulta noble y parece convertirse en tea de libertad. Así exclama su autora en e] capítulo XXIV, con una especie de frenesí patriótico:
“¡Venezuela nueva! ¡Venezuela nueva!, sin grillos, sin aduladores, sin hombres repletos de lúbricos deseos, o sin mujeres cuya holganza reclame sitio de placeres a toda costa. La Venezuela sin analfabetos y sin soldados siervos de una consigna cuyo significado desconocen!”
Responde a la época en que fue escrita y nos brinda una serie de incidentes que son necesarios para poder conocer la trayectoria artística de Lucila Palacios.
LIRISMO DE “LA GRAN SERPIENTE”
Con esta obra teatral, Lucila Palacios nos muestra su profundo amor por las tradiciones indígenas. Es el latido de la montaña que obedece con todos sus misterios al Cacique Cucheme (árbol fuerte), en quien pone la autora un cúmulo de características para hermanarlo con la paz del bosque.
La Princesa Can (culebra) es una sacerdotisa del mal, que quiere perturbar con su odio el tranquilo correr de la fuente. Resulta como una adaptación del Génesis a la mitología indígena, y al mismo tiempo es una recia pugna entre los Cachimanes (genios benéficos) y sus contrarios, los Yoloquiamos.
Can visita las potencias infernales, consulta a Cahón y se vale del Cacique Hurivai (viento fuerte), quien amaba a la doncella Irúa, prometida de Cucheme, para hacerlo rabiar a este último, pues su “sereno equilibrio” lo hace gobernar sobre seres y cosas y mantener en estado de felicidad a su pueblo.
Cuando Cucheme sabe que Hurivai ha raptado a Irúa, exclama furioso, no obs:ante las intervenciones del buen Piache y de Los Cachimanes, que quieren alejarlo del mal:
“El bosque se llenará de gritos de dolor. Morderé como antes mordieron mis pumas bravíos. Haré pisotear las plantas. Caerán los pétalos. Llorarán las mujeres… Los hombres se quejarán bajo mi yugo… Y cuando crujan los huesos y se oiga el chasquido de los miembros rotos, y haya lágrimas, y el incendio enrojezca los cielos, y la ceniza enturbie los arroyos y apague la cosecha… ¡Entonces solo existirá la maldad en el reino de Cucheme!»
En el tercer acto hablan la doncella Tacinú (hermana) y el piache sobre el sufrimiento que ha cundido por todas partes: «La tribu gime desolada. Cucheme se excede. ¡Es fiero, implacable! Los hombres trabajan de solo a sol. Las mujeres temen la presencia del cacique».
Tacinú enceguece; todo es desolacion. Can, cuando siente llegar a Hurivai, se llena de alegria, porque sabe que Cucheme le dará muere: por celos perderá todo su poder y verá desvanecerse como una visión a Irúa, quien ha regresado “entre un remolino y como arrastrada por el viento.
Pero la doncella Tacinú informa que no es Hurivai quien regresa: “…no ha venido aún; pero los pumas han encontrado en el camino una serpiente verde y la destrozan”. Can va en busca de la serpiente y los pumas también la destrozan. La sangre de ambas “sigue corriendo, engruesa, empieza a crece como un torrente… Se oye rumor de agua. Se abre el boscaje y brota una fuente verde y luminosa”. El Piache exclama que la Serpiente Ciempiés ha sido vencida, y Cucheme grita junto a la doncella Irúa: “En mi reino ha florecido de nuevo la paz y el amor”.
Esta pieza teatral que terminó de escribir Lucila Palacios el 22 de agosto de 1942, encierra un desbordante lirismo. Hay en nuestra escritora una profunda tendencia a humanizar las cosas, prueba de ello es su obra “Orquídeas Azules”, en la cual pone en juego todo ese mundo natural de las fábulas y los cuentos infantiles, con una seria preocupación por el color y un mayor equilibrio entre el gesto y la palabra.
Los animales obran y piensan como personas, y detrás de todo ello hay una fina ironía por las costumbres y cierta inclinación a moralizar que ya se pone de relieve en “Los Buzos”. Su obra Juan se durmió en la Torre” es una superación; toda ella está saturada de idealismo y ganada por el ensueño. La expresión adquiere nuevos matices y el cuadro escénico se mueve con naturalidad y desenvoltura en el campo infantil.
Esta obra obtuvo el premio municipal premio Municipal de teatro para niños; “Los buzos» fue laureada en México, y su última obra, aún inédita; «3 Palabras y una Mujer”, alcanzó el premio de Literatura en el IV Concurso Femenino Venezolano.
“Hay que pintar las verdes”, resulta un poema dialogado y lleno de sugerencias. Pero, no es propiamente en el teatro donde se plasma el valor integral de Lucila Palacios, pues siempre allí se nos aparece contrastando con la realidad. El cuento y la novela constituyen sus expresiones más características.
VIVENCIA Y COSTUMBRISMO DEL CUENTO
“Trozos de vida”, libro de cuentos que apareció en 1942, encierra una cálida preocupación nativista, y al mismo tiempo es el resultado de una serie de experiencias en en que la propia observación juega un papel muy importante.
Justamente, Lucila Palacios lanza primero una mirada a su interior y después vuelve hacia el mundo. El valor dramático de sus cuentos reside en choques
psicológicos más que en contrastes de acción. Y es muy digno de nota el desenvolvimiento de la trama, que siempre oscila entre los extremos del bien y del mal.
Como cuentista, Lucila Palacios tiene una personalidad muy definida: el hombre lucha contra el hombre. Así en “Ladrón”, don Aureliano siempre se considerará culpable por haber traicionado a su protector Carmelo Rijo, aunque lo ignore la mayoría… En “El Vértice”, pone a vibrar dos almas desechada por todos: el leproso y la prostituta. En “Culpable”, se levanta como torbellino el sentimiento de una madre contra el médico, aparentemente cruel, que inyectara al hijo agonizante una ampolleta mortal.
En cambio como novelista nos presenta problemas de índole diferente, y pone a luchar al hombre contra la la sociedad en que se desenvuelve. Resumiendo: Lucila Palacios en teatro lírico el motivo indígena ejerce sobre ella una considerable presión, las fuerzas telúricas constituyen el origen de toda acción humana.
En el cuento enfoca motivos individuales y se preocupa mucho de la reacción psíquica. Y en la novela pone a luchar dos masas desiguales: integrada la una por sentimientos y pasiones, y la otra constituida por los prejuicios.
EL PAISAJE INTERIOR EN LA NOVELA
En “Los Buzos” bosqueja Lucila Palacios una tendencia literaria que desarrollará después; ésta consiste en presentarnos como primer motivo el paisaje interior. El alma se lanza libremente dentro del cuadro novelístico; vuela, incendia, lo llena todo con su canto, e incluso el estilo reviste características de confidencia. Los temas preferentemente, se relacionan con problemas femeninos; y toda la obra de Lucila Palacios es un grito de liberación.
En esta escritora sucede algo muy parecido a lo que acontece en la mayor parte de las poetas scontemporáneas: utilizan la literatura como un medio de libertad. Así nos explicamos por que sus obras siempre tienden a un crudo realismo, tras el cual bulle la idea de una moral interpretada subrepticiamente; es decir, lo que no pueden realizar, porque el medio que se los impide, lo obtienen merced a su imaginación…
Sus personajes femeninos se relacionan en muy alto grado con su propia “vivencia”. Es más, Lucila Palacios se plasma integramente en cada una de sus creaciones. La incomprensión ambiental, las luchas psicológicas, el sentimiento de inferioridad ante el hombre, no porque haya un complejo sino porque el medio se empeña en marcar una desigualdad entre los elementos sociales; sus deseos de superación, su tragedia como mujer; todo el palpita con violencia en las obras de esta escritora pasivamente revolucionaria.
«Rebeldía» también nos informa de esta lucha interior. Es una novela de contrastes psicológicos, en que se nos muestra dos tipos de mujer: característicos en Lucila Palacios. Ellas son Carmelina y Teresa: la primera es una persona que lleva a la realidad cuanto piensa; se desprende de toda tradición familiar, trabaja y hace su vida propia. La segunda, al casarse, encadena su ideal a un ser extraño, al que, está unida por un débil lazo, capaz de romperse a la menor intemperie.
El problema se plantea de muy diverso modo que en “Casa de Muñecas” de Henrik Johan Ibsen, puesto que allí la mujer reacciona, mientras que en “Rebeldía” la mujer hunde su acción en aguas del prejuicio y se queda durante el transcurso de su vida conyugal con un descontento bien disimulado; no obstante siente en lo más profundo de su alma el deseo de liberación; pero como el marido le brinda comodidades domina esta rebeldía y sobrelleva la rutina del deber.
Todo el proceso psicológico entre las dos primas se realiza por medio de correspondencia. En la última carta que se cruzaran piensa Carmelina que la mujer al casarse forma parte de la prostitución general, porque ha vendido su ideal a un hombre y ha entregado su mundo a un convencionalismo.
Meditemos acerca de es:a obra y su trascendencia social: Lucila Palacios, cuando escribió “Rebeldía”, se invistió con la túnica del pensamiento libre que bulle en el interior de muchas mujeres, y permanece allí oculto e ignorado.
Esta novela tiene una gran virtud: la espontaneidad. Acaso encierra una tesis bien disimulada; acaso fue escrita con un poco de apasionamiento, sin lograr el equilibrio que encontramos más tarde en su obra “3 Palabras y una mujer”. Pero expresa, como un poema, las perturbaciones de un alma sensible que capa la más leve anormalidad del medio en que se desenvuelve.
Lucila Palacios, responde a la época con todas sus fuerzas interiores. Abre su corazón y nos muestra, con originalidad y sencillez, sus más profundos secretos. Original, sí, porque ella ha construido un mundo de imaginación únicamente con el auxilio de sus manos. Sencilla también, porque a medida que escribe se va superando hasta llegar a remedar con su prosa el correr de una fuente.
“3 Palabras y una mujer” es la novela en que Lucila Palacios logra mayor elevación espiritual, pues reviste caracteres de diario íntimo y como en casi todas sus creaciones, los personajes son fiel trasunto de su universo interior. La acción es lenta pues obedece a un proceso psicológico en que la meditación juega un papel principal.
Lucila Palacios, cuando escribe, estudia. Su observación es introspectiva; las dudas se confunden con el pensamiento creador, y al relegarse lo externo es fácil de explicar el poco movimiento que tiene esta obra. Sus pasos en la niebla no parecen seguros, porque marcha podríamos decir que a tientas; ya que si el mundo exterior se nos presenta lleno de luz y con objetos bien delimitados, nuestro mundo interno es brumoso, lleno de imágenes: casi imperceptibles, la mayor parte nacidas en el recuerdo y el resto adivinado por la intuición…
Berta, protagonista de “3 Palabras y una mujer”, es la muchacha que apenas comienza a conocerse a sí misma; entrevé un misterio social en la muerte de su hermana Rosalina, a quien tocó la deshonra; se enamora frívolamente de Alfonso con quien contrae matrimonio, y unida a éste transcurre su existencia “inalterable” y tiene que fingir para atraerlo mejor. No deja de envidiar la vida libre de su hermana Susana, casada para obrar más fácilmente… Susana, engaña a la sociedad y se burla de
todos, porque ella ha sabido guardar las apariencias.
Berta se enferma a raíz de las desavenencias conyugales y va a pasarse una temporada Junto al mar. Allí conoce a Ricardo, de quien se enamora perdidamente. Alfonso vuelve a buscarla; bastante cambiado por la separación quiere resucitar las primeras horas de novios, y de estos coloquios resulta un niño,
Aquí arrecia el temporal en el alma de Berta. Su espíritu se está volviendo cada vez más sombrío y ya nada parece ser otra cosa que un caos. Ricardo “grita desde su corazón”; y ella no ve en aquel hijo de Alfonso más que una copia fiel del amigo. Tiene el color de sus ojos, los cuales a su vez nos recuerdan el mar.
Ella se siente infiel porque en su espíritu se ha entregado a Ricardo. Su conciencia le reprocha día a día, y cuando tiene que enfrentársele al marido, la culpa le enciende el rostro; y su alma, como un torbellino, va girando vertiginosamente. La entrega fue sólo espiritual, pero ella piensa que el cuerpo resulta una masa inconsciente, en cambio la idea es libre y responsable; ella ha pecado en idea, o mejor dicho, es verdaderamente pecadora.
El capítulo final podríamos llamarlo renunciación: sacrifica sus ideales, sacrifica su amor, debido a los prejuicios; y con el marasmo de los vencidos se entrega a la corriente. Lucila Palacios nos presenta un tipo de novela muy evolucionado: cada expresión es fruto de la más sentida experiencia. La trayectoria seguida por ella es desde el mundo es hasta su espíritu. El lenguaje que emplea en su última obra está lleno de armonía y sencillez.
Veamos la gracia conque nos describe, ya el paisaje urbano, ya el ambiente campesino:
“Sobre el puente se levantan unos grandes árboles. Desde el barranco suben hasta el barandaje roto y lo adornan con sus ramas de un verde claro. Abajo corre una cascada. Pero el hilo de agua sólo se ve cuando llueve. De resto el el cauce es un túnel abierto entre dos calles. La gente camina por los bordes improvisados en aceras. Hay casitas muy pobres de lado y lado, cercadas con palos donde las mujeres cuelgan la ropa al sol. A lo lejos se ve un trozo de la ciudad envuelta en humo y niebla” (Capítulo VI).
“El camino largo bajo la luna. Tiemblan los cañamelares, de lado y lado, y un dulce rumor de ramas que se doblegan y de hojas que se desprenden, una inquietud de vida nocturna, nos rodea” (Capítulo XIV).
Las elementos novelísticos que utiliza Lucila Palacios en la concepción del plan resultan completamente subjetivos. “3 Palabras y una mujer” señala un mundo impreciso y lleno de sombras, y con toda la bruma de nuestros pensamientos nos conduce por los senderos del alma.
