literatura venezolana

de hoy y de siempre

La escritura como territorio de lo extremo

Abr 4, 2026

Alberto Jiménez Ure, su vida y escritura


Entrevista realizada por Juan Carlos Vásquez

«Soy un libertario y feligrés de la iconoclasia» (A. J. U. – 2026)

Durante años, la obra de Alberto Jiménez Ure ha operado en los márgenes de la literatura como una anomalía persistente: incómoda, excesiva, refractaria a cualquier forma de domesticación estética o moral. No se trata de un escritor que busque lectores; más bien, parece escribir contra ellos, o al menos contra la idea de una lectura apacible.

Cuando lo entrevisté por primera vez el diálogo orbitaba en torno a la escritura, la filosofía y la identidad del autor frente a su obra. Pero el tiempo —ese agente silencioso que reconfigura toda conciencia— introduce una variable que ninguna primera entrevista puede agotar: la transformación. Volver a interrogar a Jiménez Ure hoy no implica insistir en lo ya dicho, sino someter su propia trayectoria a una nueva presión. Se trata de observar qué permanece, qué se ha erosionado y qué ha mutado en ese territorio donde convergen su vida, obra y pensamiento.

Hay, además, un elemento que atraviesa su obra con intensidad difícil de neutralizar: la insistencia en lo degradado. El cuerpo como materia expuesta, la experiencia llevada al límite, la exploración de zonas donde la literatura deja de ser representación y comienza a rozar lo vivencial. En textos como Escorias, esa tensión alcanza un punto crítico: lo narrado no parece distante de quien escribe.

Esta conversación se plantea como una segunda incursión y desplazamiento. Ya no se trata únicamente del escritor que teoriza sobre su obra, sino del sujeto que ha atravesado el tiempo y que, inevitablemente, debe enfrentarse a lo que escribió y a lo que ya no puede repetir. Aquí no hay celebración ni ajuste de cuentas sino una tentativa de aproximación a una conciencia que ha hecho de la literatura un espacio de fricción constante.

[I] TIEMPO Y DESGASTE

1.- Han pasado años desde aquella conversación inicial que tuvimos, dieciocho años para ser exactos. En ese tránsito, ¿qué transformaciones reconoces en tu relación con la escritura y contigo mismo?

§-Aparté la narrativa pero inmergí, con persistencia, en el ensayo, artículo de opinión, pensamiento filosófico y análisis crítico de la poesía. No retomé la novela ni el cuento para evitar repetir rasgos de argumentos ya rigurosamente trabajados en mis novelas, la mayoría polémicas: caso Aberraciones, Dionisia, desahuciados y Escorias, por ejemplo, que, luego de más de dos décadas, fueron reeditadas junto con Alucinados y Decapitados en un solo tomo. En esa compilación faltan Lucífugo y Facia.

2.- Tu obra ha sido asociada a una radicalidad sostenida en el tiempo. ¿Cómo percibes hoy esa radicalidad desde la distancia que imponen los años y la experiencia?

§ –Te cuento que elegí el «ostracismo» durante poco más de 10 años, para eludir lo que llamo «discordiatoxis política – filosófica» que convertía en enemigos a familiares y vecinos. La pugnacidad entre ciudadanos era fomentada desde la cúpula piramidal de gobierno: adherías al sistema o te convertías en lacra & objetivo susceptible de eliminación. Fui excluido – vetado por editoriales en todo el país, pero publiqué libros digitales profusamente difundidos en el exterior: Proscritos (Portugal, 2011), El despotismo (Portugal, 2011), Dictados contrarrevolucionarios (España, 2014, digital, pero una en papel con el sello editorial de la Universidad de Los Andes de Venezuela, 2008), Arma letal (España, 2020), Heme filosofacto (España), Revelaciones (España, 2016, pero reeditado a partir de una edición en papel del Pen Club, Caracas, 1997), Pensamientos profanos (España, 2016, tomado de una edición en papel de la Universidad de Los Andes, Venezuela, 2008).

3.- Con el paso de los años, el escritor ya no solo escribe: también se observa a sí mismo haciéndolo. ¿Qué has descubierto en ese proceso de auto observación?

§ –Desde mi debut en el Ámbito de la Literatura Hispanoamericana algunos críticos y estudiosos de mis propuestas advertían que soy militante del solipsismo. Y no fueron apreciaciones fallidas. El solipsismo no se consuma sin profundas introspecciones. De hecho, me he declarado epistemólogo. He procurado mantenerme defensor de tesis insumisas pero salvo, esquivo a la mayoría de las personas y bajo riesgos redacto libros iconoclastas. 

[II] CONTRA SÍ MISMO

4.- Todo proyecto literario arrastra excesos, omisiones, incluso errores deliberados. ¿Cuáles identificas hoy en tu propio recorrido? ¿Qué figuras literarias te generan incomodidad o resistencia, y por qué?§ –Salí del país con dos intenciones: compartir con mi hija menor (en Lima, Perú, 2022) y liberar tensiones intelectuales por causa de mis atrevimientos escriturales. Fue un desahogo importante, necesario. Me había convertido en un indómito sátiro y mis seres queridos temían que fuese judicializado. Ciertas figuras literarias son ahora delitos. Luego de casi un año regresé y tuve un reencuentro con un amigo poeta, alguien que había conocido en la «Escuela de Letras» de la Universidad de Los Andes (1982). Se había convertido en un hombre de Estado. Redacté tres libros tanto de sus quehaceres jurídicos como literarios, tras viajar sistemáticamente hacia Caracas durante casi tres años: Tarek William Saab. Me ha respetado mi condición de librepensador y yo la suya comprometida con un proceso que no me seduce ni adoctrina.   

[III] EL PRESENTE Y LA LITERATURA

5.- La escritura contemporánea circula en un ecosistema dominado por la sobreproducción textual. ¿Qué efectos percibe en la calidad y en la experiencia misma de la literatura?

§ –Admito haber perdido interés por enterarme de la novísima producción literaria nacional y foránea. No me he ocupado en investigar y escribir sobre los autores venezolanos que eligieron exiliarse. Estuve enfocado en el análisis y anotaciones en rededor del mencionado personaje, convertido en un gran y noble hermano a pesar que nuestros ideales relacionados con un hipotéticamente mejor país difieren. Nací en un campo de la Creole Petroleum Corporation y pude, desde mi niñez, comprender lo que significa producir en una demarcación riquezas territorial agraciada por sus inmensas riquezas subterráneas. Deploro la miseria inducida. Abominaré siempre el pugilato falazmente revolucionario. En cambio, adhiero y propugno ideas corporativas.

6.- En ese contexto, ¿existe algún tipo de escritura que te resulta hoy difícil de tolerar o simplemente ajena?

§ –No tolero las propuestas literarias que lucen detestables panfletos.

[IV] EL CUERPO Y LA ESCORIA

7.- En muchos de tus relatos el cuerpo aparece sometido a procesos de degradación, exposición o violencia. ¿Qué lugar ocupa esa insistencia dentro de tu visión del ser humano?

§ –La violencia es una patología que insensibiliza a cualquier criatura pensante sin menoscabo de su situación social, convirtiéndose en gozo de semental en la intimidad para unos, pero también instrumento de dominación tribal y estatuto en ceremoniales conforme a nuestros hábitos o costumbres. A temprana edad tuve que acelerar mi cerebro para protegerme de esa enfermedad que diezma. Mi obra literaria no es apología de esos comportamientos sino denuncia.

8.- En tu novela Escorias, la representación del cuerpo se articula con dinámicas de poder, deseo y deterioro. ¿Cómo se construyó esa relación durante el proceso de escritura?

§ -Esa trama que tú, Juan Carlos, me publicaste fragmentada en el portal Herederos del Kaos, del cual eres director, ha sido la única no ficcional sino existencialista. Viví la historia, los sucesos ahí contados desgarraban mi alma. Frené el proceso de impresión que iniciaban los talleres gráficos de la Universidad de Los Andes porque generaría un escándalo descomunal. En el Centro Nacional del Libro (CENAL) de Venezuela aparece registrada1. Un joven de asombroso talento, investigador, ensayista egresado de la Universidad Central de Venezuela, propició una edición digital en España2.

9.- La literatura que trabajas pudiera peligrosamente vincularse con tus experiencias personales. ¿Qué piensas de esa zona de «fricción»?

§ –Una periodista con la cual trabajé en Prensa de la Universidad de Los Andes solía decirme que soy diestro caminando «encima de cuerdas flojas» sin ser un artista del trapecio. He sobrevivido en un mundo que terminará de forma explosiva. Irgo en la «fricción».  

[V] ESCRITURA Y EXPERIENCIA LÍMITE

10.- Cuando la literatura se aproxima a lo extremo, parece desdibujar la frontera entre representación y experiencia. ¿Hasta qué punto escribir sobre el límite implica también atravesarlo?

§ –Ya en el Corredor de la Muerte (en el 2026 he alcanzado 74 años de edad) procuro no enmascarar mi estilo escritural ni contenidos propios de un intelectual extremófilo. Atravesé límites cuando fui infante y no existen formas para retroceder. Tampoco quiero hacerlo. Ansío escindir.  

[VI] DIATRIBA Y PENSAMIENTO

11.- Tus textos ensayísticos y aforísticos construyen una crítica persistente a las estructuras morales, políticas, filosóficas y sociales. ¿Desde dónde se articula esa necesidad de confrontación?

§ –No nací manso y ello me condujo irremediablemente hacia la confrontación. Fui un depresivo precoz que igual atreviéndose confesar a su madre que no le gustaba estar vivo. Mi opinión sobre nuestra especie quedaría registrada en una entrevista que me hicieron tras la aparición de mi novela Desahuciados.3

He sido un estudioso de la Literatura, Gramática, Filosofía del Derecho e Historia de las Ideas y Ciencia Política. Pero, dolorosamente, me hallo compelido a inferir que casi el cien por ciento de los políticos que he conocido es flojo, no se instruye en disciplinas exigentes. Lo cual es una calamidad. Soy un libertario y feligrés de la iconoclasia.

12.- Si toda moral es una construcción y toda verdad sospechosa, ¿desde dónde escribes?

§ –Jamás a partir de sospechas sino certidumbres, pulsiones filosóficas catapultándome hacia lo infinitamente fiable. La moral nació bifurcada: muestra un sendero donde la ética reina y su antípoda minado con atrocidades que aguardan clientela. Con dificultades intento llegar al final de mis días, persuadido que la quietud y el distanciamiento blindan mis días finales. A la muerte no temo y ansío desaparecer. Cuando regresé de Lima una pandilla de vecinos quiso lapidarme sólo por exigir que respetara mis derechos fundamentales, sistemáticamente violados por esa banda forajida. Igual me reprochaban haberme convertido en biógrafo de un temido poeta – hombre de Estado. Un tribunal penal dictó medidas de protección para resguardar mi integridad física, que prorrogan sin término predecible. Vivo solo, en una casa propia, zona periférica de la ciudad de Mérida, suburbio donde malvivientes acechan. Tengo dos hijas que emigraron hace muchos años: una ya recibió la nacionalidad canadiense. No supero esa separación.

13.- Tu obra parece situarse en una zona donde el desmontaje de la moral, en la línea de Nietzsche, no desemboca en la creación de nuevos valores, sino en una intemperie más cercana a la lucidez sin consuelo de Ciorán. En ese sentido, ¿consideras que la conciencia crítica conduce necesariamente a una fórmula de implosión —pérdida irreversible de sentido—, o existe en tu pensamiento alguna posibilidad de afirmación que no recaiga en las estructuras que has demolido?

§ –Las lecturas filosóficas – políticas – literarias – religiosas no cambiaron mi pensamiento infante. Este año publiqué un artículo en el cual, por enésima vez, declaro mi escepticismo. No espero ser consolado por alguna entidad providencial ni ser sometido a torturas terrenales por permanecer vivo y reflexivo. Prorrumpimos víctimas en una realidad que no se ajusta a nuestros anhelos. Los agresores cotidianos son insaciables demonios, los apacibles su alimento. Nietzsche fue un anticristo confeso y tuvo suficientes motivos. Los inquisidores del Ámbito Religioso criminaron su pensamiento irreverente. Ciorán sintió un legítimo desprecio por nuestra especie. Helo aquí:«A veces uno quisiera ser caníbal, no tanto por el placer de devorar a fulano o mengano como por el de vomitarlo». Lamento haber experimentado lo que se siente estar vivo, no debieron parirme. Pero exculpo a mi madre, que adoré. Lo que se entiende por sustancia o conciencia crítica me ha, paradojalmente, sostenido en pie.

14.- En tu obra, los filósofos griegos parecen reaparecer no como origen de la razón, sino como una forma temprana de disidencia frente a las estructuras que luego se consolidaron como verdades. Si el pensamiento filosófico nace como confrontación —de Sócrates a Diógenes—, ¿crees que la filosofía posterior traicionó ese impulso al institucionalizarla, y que tu escritura intenta devolverle al razonamiento su carácter originariamente incómodo?

§ -Es irremediable que el auténtico pensamiento filosófico nazca confrontándose. El apareamiento que fecunda es conflicto entre partes no idénticas pero asociadas en prácticas hedonistas. La disidencia es reafirmación de esa inalienable libertad individual que tropeles de canallas pretenden derogar. La iconoclasia es pariente del pensamiento filosófico que tiene hacedores magnánimos pero traidores por paga mercenaria. Ya te dije que en Venezuela estoy vetado por las editoriales dependientes del Estado. Fue imposible que les entregara una compilación personal de mis apotegmas, por ejemplo, arduo trabajo que inició el año 1970 y prosigue. En España, una dama promotora editorial publicó, en primera fase digital, mi máxima selección de pensamientos [casi 3 mil] y luego lo eliminó de su portal https://kimuragamanediciones.com/ por motivos políticos. Mis pensamientos filosóficos incomodan, unos y otros no encuentran maneras de bendecirlos. Aquí te dejo algunos: https://ejerciciosescriturales.home.blog/wp-content/uploads/2025/07/quinientos-pensamientos-de-alberto-jimenez-ure-1.pdf

[VII] NARRATIVA Y ANTICIPACIÓN

15.- En tus cuentos, especialmente en libros como Maleficio o Abominables, la violencia —mutilaciones, abusos, quiebres del cuerpo y de la intimidad— no aparece como irrupción, sino como una condición previa, casi invisible, que sostiene lo real desde el inicio. Ese modo de escritura parece anticipar, más que representar, ciertas fracturas humanas y sociales que luego se manifiestan con mayor claridad en otros ámbitos. ¿Consideras que tu narrativa opera como una forma de premonición —una intuición de lo que subyace y está por revelarse—, y cómo se articula esa posible capacidad anticipatoria con tu labor periodística y tus percepciones políticas?

§ -Históricamente, han sido vómitos los acaecimientos políticos mundiales. Lo he denunciado innumerables ocasiones4. Mi literatura toda [cuentos, novelas, artículos de opinión, ensayos y pensamientos] conforma el compendio de malas noticias que estigmatiza una civilización fracasada. La violencia, Filosofía, lamentaciones y el litigio constituyen la columna vertebral de mi corpus creativo. No es accidente cósmico que un afamado portal español de frases célebres haya publicado casi 200 mías. Los críticos – estudiosos de mi obra literaria aciertan enfocándolas en la crueldad, maldad, misantropía, descomposición social, lo incorregible del ser más o menos humano.

16.- Quien tiene las herramientas tiene el poder, pero no hay nada más brutalista que el tiempo, tanto en lo político como en el arte. En ese marco, cuando se acerca al monstruo que desea desmontar —ya sea una institución, un dogma, un límite de la propia conciencia—, ¿cómo dialoga con él mientras espera el instante en que caiga, arrastrado por la misma fuerza que intenta sostenerlo?

§ -En el curso de los s. s. XX – XXI el más letal y devastador monstruo que ha golpeado irreversiblemente la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y Ciudadano han sido las falsas revoluciones que nacen y fallecen.

[VIII] EL IMPULSO

17.- Cinco entre tus novelas fueron reunidas e impresas por una editorial privada. Al colocarlas lado a lado, ¿qué revelaciones o contradicciones emergen entre ellas, y qué invita esta publicación a cuestionar sobre tu propia obra?

§ -Celebro al destacado intelectual zuliano Luis Perozo Cervantes, por haberme contratado, por cinco años, la reedición parcial de mis libros. Mis tramas novelescas o cuentísticas nunca han sido contradictorias entre sí.  

18.- Muchos escritores hablan de «la voz que los guía»o de «una obsesión invisible». ¿Cómo describiría usted la suya, ahora, al final de este recorrido?

§ -Aun cuando soy un hacedor obsesivo – compulsivo, escribo por vocación. Sólo en dos episodios de mi prolija existencia redacté poemarios sin recordar pulsiones: Luxfero, Revelaciones.

Agradezco a Alberto Jiménez Ure por la disposición y la generosidad de compartir su pensamiento y trayectoria en esta entrevista, así como por la oportunidad de recorrer su obra. Este diálogo ha sido un privilegio: un ejercicio de inmersión en un territorio extremo de la escritura, donde la intensidad, la radicalidad y la lucidez de su mirada quedan registradas para el lector.

NOTAS

1 ISBN 978-980-11-1207-5 – Escorias – Autor: Jiménez Ure, Alberto Editorial: Universidad de Los Andes. Publicado: 2008-05-26.

2 https://es.readanybook.com/leer-libros-online-gratis/escorias-20458/

3. Tengo muy mala opinión del ser humano. Por Andreína Gómez (El Nacional, Caracas, 15-11-1999).

4 https://www.elnacional.com/2023/03/toda-guerra-es-fratricida-e-inexcusable/ & https://www.elnacional.com/2023/11/en-las-guerras-solo-la-muerte-triunfa/.

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