literatura venezolana

de hoy y de siempre

Manual para los días críticos (selección)

Feb 7, 2026

Luis Moreno Villamediana

Preguntas para abajo

¿quién vive en el infierno,
quién pule sus umbrales de hielo seco?;
el que más ha sufrido se ha cortado en pedazos
y nos sirve de cena:
no más soporta nuestros jugos gástricos;
eso no es tormento suficiente;
¿quién podrá contarnos que ha sido suyo el fuego,
que satán es su par,
que no ha soñado con los
carbones apagados?;
¿quién,
mejor,
quiere pulir mi cráneo duro,
mi lápida sin fósforos ni gas?

***

Manual para los días críticos

¿por qué si cualquiera llámese como se llame mientras mira llover
prepara una olla de café y se sienta
y disfruta más lo que ha de beber, no es más frecuente el acto de llenar la taza
y sencillamente escoger una butaca,
con los libros lejos y las flores regadas por todo el piso?;

en ese instante, con ese acto mínimo,
uno podría para el resto del tiempo ponerse más entero,
más con la cara limpia de señales de muerte,
más con la vida deshecha de quebrantos;

sólo así el cuerpo del tipo este que estas letras escribe
ha podido vengarse de la mala factura
y resistir el mal uso que hacen de mi los tontos los infantes;

pedí que me cambiaran y me enviaran de vuelta
el dinero invertido;
pero nada;
por eso, como yo, vea usted llover con un café en la mano
si de casa matriz le dicen «imposible.
no hay cambios»: prepárese su taza
y viva su miseria
con la conmoción del agua que otros mandan de afuera

***

Viaje con, ay, billete de regreso

YO
me sumo al espacio como huesos y sangre,
como carne seca,
abro los brazos
y salto desde un risco,
grito,
saludo a los paseantes
y salivo,
veo que pasan a mi lado los pájaros,
doy vueltas por el aire, igual
que un trapecista,
ahora voy cayendo como parte del cielo,
allá abajo me esperan como lluvia,
preparan la tierra, abren los surcos rezan, cosechan margaritas,
allá abajo me van a ver en el crepúsculo,
o Luis mancha roja
que se extiende por todo el horizonte,
hasta mi nombre pierdo en el esfuerzo
de ser un miembro inefable del mundo,
YO me sumo al espacio, YO,
como pelo y esperma y carne seca y un
minuto después
termino de soñar

***

Inmovilidad

a mí nunca partir me ha visto el mundo,
siempre me ha conseguido ya en mitad de sus perros
el alumbrado público,
como si fuera un muerto anciano un muerto suyo,
siempre puntual a un costado de la acera;

quien me visita no aprecia mi equipaje
o nota apenas mis cajas y mis baúles:
la camisa que llevo tiene ya tanto tiempo encima
que parece de piedra;

cuando me muevo, paso inadvertido:
¿a quién le importa que un árbol se harte
y se mude de cuadra?;

o Luis o mancha roja
si alguna vez comprara un pasaje
y decidiera que una nube es mi casa
o es mi hogar otro río o un palacio de la India,
silbando el mundo creería que esa nueva morada,
como mi ropa,
es antigua y de piedra

***

Caer duele

¿a quién sino a mí abandonaron en una esquina los dioses, vuelto polvo
para que los transeúntes le dijeran «levántate,
eres hombre,
deja ya de ensuciarnos la acera»?;

¿a quién si no a este pobre e inocente Luis que se despierta atónito
dejaron los dioses tirado cuando al fin se cansaron
de hacer la cola para pedir el pan
como todos los otros?;

¿a quién si no a este mortal purísimo los dioses dejaron caer
cuando una noche fría,
completo el equipaje,
hartos ya de la tierra y con los ojos cerrados,
se marcharon a su aire hasta quedar apenas
su recuerdo en los tallos y en edificios públicos?;

¿a quién si no a este simple loco culpan todos?

***

Porque la muerte es nuestra última pertenencia

como disuelto en sueños,
como parado en un alambre dulce,
este hombre Luis,
este fallo abismal de carne y sangre,
se declara mortal hasta los huesos,
y ahora que no existe,
ahora que se esfuma por un ladito con un hondo silencio,
nadie canta por él,
los cuervos del exilio se ocupan de sus vidas;

que nadie pregunte más por el cadáver roto y descompuesto,
sirva su flor al pie de los jardines
y las estatuas;

que no se brinde con café su partida
que no se demore el servicio funerario más de una hora
y sea profundo el hoyo
y fieles los gusanos y amorosos
los híbridos caballos que pasten sobre el catre
final y de madera

***

Gimnasia

definirse en ciertas ocasiones requiere poco menos que fe,
decir entre otras cosas cómo de lentos
trabajan los brazos
cuando se dedican a levantar el pan y el pollo,
cómo de un lado a otro se mueve la nariz
para oler el limón,
para oler el orine,
cómo lo que empezó a viajar dos semanas atrás
en otro continente
ahora a los ojos se muestra disfrazado de cielo,

¿no es eso ya un milagro,
una irrupción mágica de la naturaleza
en la voluntad de alguien que anuncia

cómo es

una manera de hacer estallar el cráneo para que el viento se pasee a sus anchas
en el hombre vacío?;

ésta debe ser la esquina de la hierba,
dentro de Luis,
éste el rincón avícola,
el reino de la caca

***

Herencia a medias

me será dada para todos los usos que este caballero juzgue pertinentes una casa,
dos mesas,
cuatro árboles altos en un solar donde el cielo parece estar abajo,
pero no (óigase bien) el tacto agudo
con el cual pudiera sacar chispas al suelo
al apenas posar mis palmas
blancas;

quedará opaco todo aquello que toque,
aunque comente sobre papel sellado
y ante notario público y testigos
que de mis manos surgieron tantas luces
que el cielo se hizo una hoguera
levantada

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