Oswaldo Trejo
¿Habrá por qué ni para qué contar mucho de ustedes, encubridores, inescrupulosos, doble jugadores, injustos, enmierdadores, indelicados, simuladores, falaces, alevosos y desgarradores, mostrando tantos defectos? Once más, defectos once menos dará igual, pues será así para cuantos teniéndolos vayan pasando hacia el pasado. Sucederá que ustedes, de sabiduría infinita, en nada se protegerán más aquí,
otro escapado, habiéndose acogido, habiéndose escuchado el dicho que ustedes vendrán siempre de los ellos desconocidos. Siendo imposible conocerlos ni podrán escucharse ustedes, escuchándose como desgarradores y alevosos, falaces, simuladores, indelicados, enmierdadores, injustos, doble jugadores, inescrupulosos, encubridores, traidores,
encontraránse alegremente, despreocupadamente ustedes, de morar bajo el estado de gracia por inconciencia, pero sin permanecer, permaneciendo en tiempos pasados, tiempos presentes, o tiempos futuros; estarán puliendo traiciones, encubrimientos, inescrupulosidades, doble juegos, injusticias, enmierdamientos, indelicadezas, simulaciones, falacias, alevosías y desgarramientos, que cometerán, que harán imposible, no siendo otros para el amor, el querer verlos siempre de frente y menos de perfil, que será siempre menos que un recuerdo,
aquí y ahora, entre nosotros, entre ustedes y yo,—el ello—, ¡de qué se podrá hablar! ¿Del pasado? ¿Del presente? ¿Del futuro?, estarán donde seguirán los meses entre recuerdos, sobrenombres, desnudeces, estímulos, renunciamientos, celebraciones, perdones, confianzas, afirmaciones; entre las manos muertas avivadas por vaselinas y proyectos. Irán tal cual son dentro de la ciudad y alrededores; alojáranse más allá de los alláes, como velas denunciantes del mar de una presencia al costado, ocupado, invadido, rodando, y las manos muertas sobre timones, y ustedes de espaldas a las cosas dejadas por aquello rodando como espera, como deuda por pagarse en que el mar estará siendo transportado; como atrás dejarán los cielos, miradas buscando aplausos, risas, sábanas blancas como ahora, para envolverse, protegerse escondidos y luego hacer grandes salas para consabidos espectáculos,
cómo, ¿será siempre sorpresa ingrata encontrarlos, yendo despreocupadamente o viniendo? Sí, pues ustedes serán como días vacíos, como cosas sin afueras. Con tales hallazgos, vez por vez harán aparecer vuestra simulación en todo. Desvirtuarán lo entero, lo andante por existente que adquirirá otras cualidades para otros fines, aplicables también a las cosas de la ciudad, (blancas porque estarán clausuradas), a las jardineras y arboledas inventadas para nuestro patio, preservando ahora su ahora congelado: el imperturbable crecer de enredaderas como huyentes silencios con heridas hechas helechos, glosas, hechos de mudanzas e invasión de lugares desocupados por ausencias temporales, como nuevos milagros de la Segunda Persona, esperados favores de la Segunda Persona con otros propósitos encubiertos, atravesando pájaros y sueños sin significación como basamento de traiciones, encubrimientos, inescrupulosidades, doble juegos, injusticias, enmierdamientos, indelicadezas, simulaciones, falacias, alevosías y desgarramientos, haciéndose pasar por ternuras, afectos, gentilezas, cordialidades, admiraciones, estímulos, por esos pájaros cantando nuestras cosas como aprendices de engaños,
con gorjeos llegando siempre a otros espejismos definiendo calles, avenidas anchísimas, autopistas, parques, plazas, y casas, edificios, redoblándose y escuetos siempre de paredes, apenas con puertas y ventanas innecesarias pero con más vida que ustedes, habitantes,
gorjeos allanando —y a pesar de todo— pasadizos y cuartos de las intimidades, allanando hendijas de las puertas, desdibujadas sólo bien entradas las noches con el regreso al todo, desde consumados hechos, vagabundajes nocturnos, licenciosos, que permiten todavía ponerle a rechazos e inconvenientes todos, nombres de medicamentos y enfermedades venidas de la Segunda Persona, como pronósticos de que acabaráse todo: Espacios ganados hasta a las hendijas, helechos,
¡con esos helechos inmensos ya hechos y siempre como haciéndose, sombreándose esos equilibrios en verdes, esos movimientos repentinos que los volverán pesados y ampulosos!, ampulosos y pesados volvieron los que. ¡Repentinos movimientos! Esos verdes en equilibrios, esos. Sé, sombreando. Sé, haciendo, como siempre. Y hechos ya, inmensos helechos esos. Con helechos, hendijas, alas, ¡hasta ganados!, espacios, todo, ¿acabóse qué?,
de pronósticos… Como persona da según aldeas. ¡Venid enfermedades y medicamentos de nombres todos, inconvenientes y rechazos! Ah, ponerle toda vía permiten. ¡Qué licenciosos nocturnos! Vagabundajes, hechos. Dos suma con desde todo, al regreso. El con noches, las entradas. Bien solo das,
desdibuja puertas, las de hendijas allanando intimidades, las de cuartos y pasadizos. Todo de pesar ya,
allanando gorjeos, habitantes, ¡ustedes! Qué vida más con peros, innecesaria. Ventanas y puertas con penas, esa pared de siempre. Escuetos y redoblándose: Edificios, casas y plazas, parques, autopistas anchísimas, avenidas, calles. Definiendo espejismos…
En el más elevado deseo detuviéronse y de él descendieron al inmenso territorio pululante de engaños e indelicadezas donde están, casi siempre congregados en los extremos y como haciendo horizontes, o tal vez el borde de precipicios más allá de los alláes, precipicios que seguramente los atrae, acaso precipicios rectos, imprecisables en cuanto al lugar donde terminan. La sensación que tendrán debe ser semejante a las dejadas atrás durante el recorrido para llegar a tales parajes, cuando en la huida tal vez se estimularon con un nadie me alcanza, no tienen por qué alcanzarme y como no quiero que me alcance no aporto nada para que me alcancen, ni para que lleguen a mí, por eso mismo. Decir de un Cristo que fue siempre un decir de todos, en donde se hallaron,
desconociendo donde finalizaría la caída por cuanto la escasa claridad solamente determina las zonas que ellos habitan, llanas, firmes, nunca cambiantes, preferirán indagar de dónde les vienen las voces, si de abajos, si de arribas, si de nortes, sures, estes, oestes, las voces llegando, entre las cuales una repite siempre su decir al derecho y al revés, un decir que de cuando en cuando es cambiado por otro decir, pero siempre de la manera más constante y apagada, ahora mismo terminando… helechos, los abandonados por habidos cuando ustedes reúnan los días cual puercos sueltos, engordados con traiciones, encubrimientos, inescrupulosidades, doble juegos, injusticias, enmierdamientos, indelicadezas, simulaciones, falacias, alevosías y desgarramientos, siguiendo ustedes y puercos, sigilosamente, habidos tiempos contra el desplegar de los ya llegados verdes, reiterativos de los peros habidos que ahora y siempre justifican la existencia, y ya recomenzando al revés, existencia la justifican siempre y ahora ¡qué habidos peros! los de reiterativos verdes llegados ya los de desplegar los contratiempos habidos sigilosamente
puercos y ustedes siguiendo desgarramientos y alevosías falacias simulaciones indelicadezas enmierdamientos injusticias doble juegos inescrupulosidades encubrimientos traiciones con engordados sueltos puercos cual días los reunían ustedes cuando habidos por abandonados los helechos empulosos y pesados volvíanlos que repentinos movimientos ¡esos! verdes en equilibrios ¡esos! sombreándose haciéndose como siempre y hechos ya
inmensos helechos esos con helechos hendijas alas hasta ganados espacios todo se acaba ¡qué de pronósticos! como persona segunda la de venidas enfermedades y medicamentos de nombres todos inconvenientes y sos arrecha ¡ponerle! ¿todavía permitían qué licenciosos nocturnos vandabundajes? ¿hechos consumados desde todo?
al regreso él con noches (las entradas bien) solo desdibujadas puertas las de hendijas allanando intimidades (las de cuartos y pasadizos) todo de pesar ya allanando gorjeos habitantes ustedes qué vida más con pero innecesarias ventanas y puertas con apenas paredes de siempre
escuetos y redoblándose edificios casas y plazas parques autopistas anchísimas avenidas calles definiendo espejismos otros
¡ah siempre llegando gorjeos con engaños de aprendices como cosas nuestras cantando pájaros ¡esos por estímulos admiraciones cordialidades gentilezas afectos ternuras por pasar haciéndose desgarramiento y alevosías
falacias simulaciones indelicadezas enmierdamientos injusticias doble juegos inescrupulosidades encubrimientos traiciones ¡de basamento! como significación sin sueños
y pájaros atravesando encubiertos propósitos
otros con persona segunda la de favores esperados
persona segunda la de milagros nuevos como temporales
ausencias por desocupados lugares de invasión y mudanzas de hechos glosas helechos hechas heridas con silencios huyentes como enredaderas de crecer imperturbable
¡congelado el ahora! su ahora preservando ¡patio nuestro! para inventadas arboledas y jardineras
¡alas! clausuradas estaban ¿qué? ¿por blancas?
¡ciudad! la de cosas ¡alas también!
aplicables fines otros para cualidades otras adquiría ¡que existente por andante lo entero! lo desvirtuaban todo en simulación vuestro siempre
aparecer hacían vez por vez hallazgos tales con afueras sin cosas como vacíos días ¡como son ustedes! pues si viniendo o despreocupadamente yendo
encontrarlos ingrata sorpresa siempre era como espectáculos consabidos para salas grandes
¡hacer!
luego y escondidos protegerse envolverse para ahora como blancas sábanas
risas aplausos buscando miradas cielos sol dejaban atrás como transportados iendo esta mar él que en pagarse por deuda como espera como
blanco rodando aquello por dejadas cosas alas espaldas de ustedes y timones sobre muertas manos ¡las y rodando! invadido ocupado costado ¡la presencia! una de mar el de denunciantes velas como es allá ¡más se alejaban alrededores y ciudad! la de dentro ¡son! cual tal van proyectos y vaselinas por avivadas muertas manos las entre afirmaciones confianzas perdones celebraciones renunciamientos estímulos desnudeces sobrenombres recuerdos ¡entre noches los seguían donde estaban!
futuro del presente del pasado de el hablar podíase ¿qué de ello? el yo y ustedes entre nosotros ¡entre ahora y aquí recuerdo un qué menos siempre! ¿era qué? perfil de menos y frente de siempre ¡verlos querer el amor el para otros siendo no imposible!
¿hacían qué? ¿cometían qué?
desgarramientos y alevosías falacias simulaciones indelicadezas enmierdamientos injusticias doble juegos inescrupulosidades encubrimientos traiciones ¡puliendo estaban futuros tiempos o presentes tiempos! ¡pasados tiempos en permaneciendo!
permanecer sin pero ¡inconciencia! por gracia de Estado el bajo morar de ustedes despreocupadamente alegremente encontrábanse traidores encubridores inescrupulosos doble jugadores injustos enmierdadores indelicados simuladores falaces alevosos y desgarradores ¡como escuchándose! ustedes escucharse podían
¡ni conocerlos! imposible siendo desconocidos ellos los de siempre
¿venían ustedes? ¡qué dicho el escuchado habiéndose acogido habiéndose escapado otro! aquí más protegíanse ¡nada en infinita sabiduría de ustedes!
¿qué sucede?
¡pasado el Asia pasando iban! ¡teniéndolos! ¿cuántos para sí? ese pues igual da menos once defectos más once defectos tantos mostrando desgarradores y alevosos falaces simuladores indelicados enmierdadores injustos doble jugadores inescrupulosos encubridores traidores ¡ustedes de mucho contar! ¿qué para ni qué por había?
hay pores quées paras
¿qué cuenta ?
mucho de ustedes traidores encubridores inescrupulosos doble jugadores enmierdadores indelicados simuladores falaces alevosos y desgarradores
…hacen de niños y saltan como para contentar a la patrona, a Santa Teresa de los Enfaldos, pero son adultos, son los que se desprendieron de los crucifijos y se escaparon corriendo, y fueron seguidos los once por las once Teresas numeradas del uno al once, Teresa Alicia, Teresa Dolores, Teresa Juana, Teresa Carmen, Teresa Julia, Teresa María, Teresa Ramona, Teresa Graciela, Teresa Luisa, Teresa Josefita, Teresa Rosa, ¡Hermanas de Santa Teresa de los Enfaldos! aún más por el hábito que visten que por los crucifijos vacíos, sin los Cristos que finalmente volvieron al lugar donde juegan entre sí, unos, y consigo mismos, otros, como si en vez de vivir estuviesen transcurriendo, fuesen parte de un tiempo inapresable.
Cada uno lleva su trapo blanco anudado en la cintura, y las Teresas visten los más caprichosos trajes, predominando los largos muy holgados y los de colores desvaídos a partir de uno cualquiera de los de la bata de Santa Teresa de los Enfaldos, el amarillo, el negro, el blanco. Pero son las que visten a la manera de otros tiempos y actualizan la gama de los ocres, las que tratan de precisar hechos de los años que han vivido. Parecen estar entre otras gentes cuando crúzanse, como ahora, con esas personas de aspecto aparentemente más renovado, gente más joven que lleva como las mismas modas, mujeres de cabellos muy largos, de rostros desaliñados, de faldas cortísimas, de medias negras, azules, rojas, y mujeres… damás, señoras, señoritas, de cabellos menos largos, bien peinadas, de rostros desamables por lo sobriamente maquillados, de faldas nada extravagantes, de medias color de piel… Mujeres con pantalones y hombres con pantalones ceñidos, con camisas abiertas, o cerradas bajo anchas corbatas de llamativos dibujos y colores, bien formados todos, de cabellos largos, bien peinados, o descuidados a propósito, de movimientos acompasados, a veces casi femeninos, o demasiado viriles como para ser más hombres. Aquel como si estuviera contra aquel, casi afeminado, pero naturalmente son unos mismos, unos muy hombreando, siendo lo que son, otros siéndolo también, hombreando de manera diferente, y entre ellos están también los que llevan la nostalgia, o el orgullo, de no ser suficientemente hombres, simplemente hombres junto a aquellos con los que también alternan, o crúzanse, los de trajes holgados, gordos, virilmente descuidados, de discretas corbatas sobre camisas impecablemente blancas, o sin corbatas, los hombres de torpes movimientos, de sombreros puestos, o con las cabezas al descubierto, con los cabellos cortos, algunos calvos o ya perdiendo el pelo, machamente altivos, serenísimos, y más serios aún, como si siendo más hombres de una cierta estampa que hombres temiesen ser irrespetados,
alláes, como velas denunciantes del mar, de una presencia al costado. Ocupado, invadido, rodando. Y las manos muertas sobre timones. Y ustedes de espaldas a las cosas dejadas por aquello rodando como espera, como deuda por pagarse,
¿en qué el mar está siendo transportado? ¿Cómo?
atrás dejan los cielos, miradas buscando aplausos, sabanas,
¡cómo!, ¡ahora!,
para envolverse, protegerse escondidos. Y luego hacer grandes salas para consabidos espectáculos. ¡Como es siempre sorpresa ingrata encontrarlos, yendo despreocupadamente, o viniendo!,
sí, pues ustedes son como días vacíos, como cosas sin afueras, todavía.
Mucho más cuando muestran ustedes los como guantes, los como perfiles. ¡Con tales hallazgos! Vez por vez hacen aparecer vuestra simulación en todo. Desvirtúan lo entero, lo andante. Por existe, ¿qué adquieren? ¿Otros defectos para otros fines, aplicables también a las cosas (de la ciudad) blancas porque están clausuradas? Alas, jardineras y arboledas, inventadas para nuestro patio, preservando entonces sus entonces congelado, el imperturbable crecer de enredaderas,
como huyentes silencios con heridas HE CHAS helechos, glosas, hechos, de mudanzas e invasión de lugares desocupados por ausencias, temporales como nuevos milagros de la Segunda Persona, esperados favores de la Segunda Persona, con otros propósitos encubiertos, atravesando PA JA ROS, y SUE ÑOS, sin significación, como basamento de traiciones, encubrimientos, inescrupulosidades, doble juegos, injusticias, enmierdamientos, indelicadezas, simulaciones, falacias, alevosías y desgarramientos,
haciéndose pasar por ternuras, ¡A FEC TOS!, gentilezas, ¡COR DIA LI DA DES!, admiraciones, ¡ES TI MU LOS!, por esos pájaros cantando NUES TRAS CO SAS, ¡cómo aprendices de engaños!, con gorjeos llegando siempre a otros, ¡ES PE JIS MOS! definiendo calles, avenidas anchísimas, autopistas, parques, plazas y casas. ¡EDIFICIOS!, redoblándose y escuetos siempre de paredes, apenas con puertas y ventanas innecesarias pero con más vida que ustedes,
¡HA BI TAN TES!, gorjeos allanando —y a pesar de todo— pasadizos y cuartos de las intimidades, ¡A LLA NAN DO!,
…escuchando, contemplan la pendiente de los alláes. O la horizontalidad de los alláes que los hace volver al centro del más grande descampado donde platican, seguramente del temor a las lejanías sin límites. Extenso se les hace todo desde el lugar que ocupen, llamado siempre el centro, en el que se desplazan y se reagrupan para volver, cuando se lo proponen, a hacer unos horizontes, y a mirar el precipicio de alláes, o los otros alláes, pero mientras tanto, despreocupados, pueden dejar lo que hallen, por importante que sea, por cualquier cosa, en cualquier momento inesperado;
hendijas de las puertas, DES DI BUJA DAS. ¡Solo!, bien entradas las noches con el regreso al todo, desde consumados HE CHOS, vagabundajes nocturnos, licenciosos. ¿Que permiten todavía?,
ponerle a rechazos e inconvenientes todos, nombres de medicamentos y enfermedades venidas de la Segunda Persona, como pronósticos de que acabase todo, ES PA CIOS, GA NA DOS, AS TA, A LAS, EN DI JAS, HE LE CHOS. ¡Con esos helechos inmensos ya hechos! ¡Y siempre como haciéndose, sombreándose esos E QUI LI BRIOS! En verdes, esos MO VI MIEN TOS repentinos. ¿Qué los vuelven pesados y ampulosos?, helechos, los abandonados por habidos. ¿Cuándo ustedes reúnen los días cual puercos sueltos, engordados con traiciones, encubrimientos, inescrupulosidades, doble juegos, injusticias, enmierdamientos, indelicadezas, simulaciones, falacias, alevosías y desgarramientos?,
siguiendo ustedes y puercos, SI GI LO SA MEN TE, habidos tiempos contra el desplegar de los ya llegados VER DES, reiterativos de los PE ROS habidos que entonces y siempre justifican la existencia,
.. También ustedes, allá, hagan de niños de todos los tamaños, como los Cristos pequeñísimos; jueguen, pues muchas cosas nuestras les conciernen de la misma manera que a nosotros las de ustedes, mucho más si habitamos un mismo edificio que, buscándolo, es aquel que en lo más alto y lejano está al revés, como por caer sobre nuestros territorios, ¡el edificio!, y es desde acá donde, si se acercan, pueden observar los contornos, las entradas, las… ciertamente son como avenidas, como calles, como parques, como plazas. Acaso tantas cosas a la vez son las que establecen nuestra separación inevitable. Con todo aquello el único vínculo afectivo que les queda es una perra, y con todos estos lugares, por donde andan, los vincula la pequeña perra muerta, resucitante, resurgente desde el pasado, y también el perro único, el no parecido a otros, el mediano, el desconocido y solitario, de esporádicas y poco alentadoras apariciones, perro éste quizás de una de las Teresas, o de todas, o solamente de Santa Teresa de los Enfaldos, nunca de los pequeños, los pelones, los lampiños, los rollizos Cristos, ni siquiera de los menos buenmocitos, pocos entre los once Cristos, todos tan terribles por la visión que tienen de las cosas, especialmente de los adultos tomados por juguetes y de quienes saben como fueron unos cuando niños, cómo eran sus reacciones y miradas, semejantes a las que tienen ahora y cada vez que los Cristos pídenlos, llorando ante las Teresas no dadoras de adultos, pero los Cristos pídenlos, reclámanlos, insisten en tenerlos y lloran por esos, queriéndolos para sí, para jugar con ellos; difícil impedirlo cuando siguen haciendo de niños, como ahora, nuevamente, casi ciertamente niños, disputándose unos adultos desprevenidos, en vez de seres humanos, ¡adultos!, vistos como juguetes, tal vez como juguetes no recibidos nunca, juguetes deseados una vez, no poseídos por los Cristos, no llegados con ningún motivo,
y de ello tal vez sabría algo Santa Teresa de los Enfaldos, ¡una en once Teresas, numeradas del uno al once!,
1 Teresa Alicia
2 Teresa Dolores
3 Teresa Juana
4 Teresa Carmen
5 Teresa Julia
6 Teresa María
7 Teresa Ramona
8 Teresa Graciela
9 Teresa Luisa
10 Teresa Josefita
11 Teresa Rosa
Teresas que en vez de rosas llevan girasoles en una mano y pancartas en la otra con una o más palabras, y en los crucifijos solo son visibles las huellas secas, desteñidas, del espacio ocupado por los Cristos y donde angustiosamente pataleaban como niños, haciendo pucheros a quienes tuvieran más cercanos entre los seres que escuchan esas voces tan delgadas, tan frágiles, como finísimos hilos de palabras, rotos por las dificultades que hallan en su llegar atravesando nadie sabe qué distancias, y menos los Cristos que tienen al alcance horizontes tan inmediatos debido a sus cortas estaturas, pues ninguno de ellos sobrepasa los ochenta centímetros, que es el Cristo que llevaba en su crucifijo Santa Teresa de los Enfaldos, la más alta de todas, la más sobriamente vistosa por ello mismo ya que entre el tamaño de los Cristos y el de las Teresas la proporción es admirablemente equilibrada, sin lo cual no se explicaría cómo podían llevarlos en esos crucifijos, por fortuna ya vacíos aun para las Teresas no tan altísimas, para la pequeña Teresa Josefita,
