Noche en blanco
a Carlos Danez
No es fácil de veras saber que las Musas se han marchado de la casa
saber que su esfinge de puta silvestre ya no hiere con sus alas
No es fácil, con tres monedas en el bolsillo,
descubrir el olor de las naranjas
y hacer de la noche un trajinar soberbio de la tinta y el papel
Son cuervos las mujeres que han huido de mí
Son graznidos de urraca que se alejaron de mi ventana
Son hembras malas que huyeron al desierto sobre cornudas bestias
Ellas trabajan en las autopistas, se embarcan en camiones,
se embriagan con las palabras necias de un cochero nauseabundo
viajan en trenes nocturnos, en taxis piratas
y se adormecen sobre el tendido húmedo de sábanas rotas.
Esta noche Erato también duerme frente al televisor
y yo no tengo más que unas flores del Osario
un paraguas que florece bajo la lluvia
la soledad de nueve putas en mi cama
el llanto de Atenea
tres monedas en el bolsillo tengo
el recuerdo intacto de mi hermano ebrio
y una hoja en blanco donde dar testimonio
aciago
de la orfandad
El resplandor y la espera
a Armando Rojas Guardia
«la mujer que amé se ha convertido en fantasma.
Yo soy el lugar de sus apariciones»
Juan José Arreola
Quizás nunca como entonces
el amor fue la síntesis decrépita
de una luz que buscó agotarse
en la resurrección del alba
Quizás el odio anidó la serpiente
la flor negra del osario
la criatura bicéfala de la maledicencia
el germen de la manzana podrida
Sé, sin embargo, que en sus ojos
se oculta el gesto que ahuyentó el olvido
que sus manos resguardan la plenitud
[y el deseo
que su corazón es un alcázar
habitado por las sombras
de un duende taciturno
que acecha las madrugadas
buscando restituir el resplandor
[y la espera
Ases rotos
Te elegí entre las sombras, entre pares y nones, al azar del destino. Tu corazón era una fiesta de despedida, un festín de romanos y bacantes, una botella de vino vertida sobre el rencor, rota contra los acantilados de la suerte. Quise enhebrar con palabras el finísimo hilo de Ariadna y, a través de tu mirada, mostrarte las veredas por donde transita el Sol. Te elegí, es cierto, en un juego de cartas abiertas, de ases rotos, donde gané la suma de lo que perdí. Te amé cuando ya las horas conocían tu destino y la vida era un tren vacío y nauseabundo que prorrogaba su partida. Quise, sin embargo, reparar tus alas y hacer de tus senos un albur de sortilegios, una nómina febril del deseo. Quise conjugar contigo los verbos copulativos y señalar sobre tu cuerpo la ruta al vientre azul. Ahora, que recuerdo intacto tu vestido blanco, las rimas consonantes entre tus manos y las mías, la vigilia de San Benito mirándonos desde su altar y ese afán tuyo de hablar con desmesura de lo que sabías poco, de convertir las tardes en cementerios de soles desplomados… Pienso que valió la pena haberme jugado el todo por nada, haber apostado y perder, haber conservando aun, bajo la manga, el as del olvido que esta noche arrojo sobre la mesa y hace de ti una delgada flor tendida sobre las vetas blancas del Osario.
La flor del Osario
«Comencé a ver una flor
y he aquí que devino un fuego azul
en el rincón de un precipicio del tiempo»
Vicente Gerbasi
[Tirano de sombra y fuego]
A Cordelia Brown, en su memoria
Me gustan las flores con rostros de mujeres ebrias
flores impúdicas avasalladas por el viento
flores deprimidas desnudas en la lluvia
flores con nombres de brisas y de arroyo
bizarras flores del jardín del Edén
Me gusta ser la flor del narciso
deshojar las margaritas de la incertidumbre
cultivar la efímera flor nocturna del baobab
robar las amapolas de Van Gogh
y las rosas de acerina como aretes de princesa Etrusca
como frailejones entumecidos por las sombras
como cadáver de lirio
como tulipanes plantados en la luna
como siemprevivas [aun más hermosas muertas]
como Azucena de Quito
santificada sin haber probado caricias de mujer
Me gusta ser la flor de Addis Abeba
las flores del mal
vírgenes flores negras de viernes santo
rosa mística
rosa del adviento
rosa de los vientos
rosa roja de Luxemburgo
rosario de San Miguel y su coro de Principados
Me gustan las flores de jardín abiertas a los pájaros
los crisantemos amarillos del Palacio Imperial
los anemones de Renoir tatuados en tu seno
las coronas de gardenias para bellas cortesanas
Me gustan los pétalos abiertos de la concupiscencia
las flores con olor a hembra de Tristán Flora
la flor bígama y morena de Jorge Amado
flores como agua entre las manos de una amante fugaz
Me gusta en fin
la flor de la verdad
la flor magnifica sembrada en la penumbra
flor discreta de agónico resplandor
flor blanquísima y serena
cerrada y seca
esparcida aun al pie del madero
germinando en la sonrisa
rota
del ángel
La flor del Osario
Le Comte Bleu D` Autre Soleil
¡Oh corazón amado de todas las esferas
oye el canto al lado de tu amada
y ligeramente coloca un beso
en su alma!
Sentenció el vidente y descendió del lomo adormecido
de la montaña más alta
El poeta cultivó un jardín con lirios rojos
y negras flores del Osario
amó a Magdala
y abrigó la desnudez de diez vírgenes ebrias bajo la lluvia
Sentado sobre las ramas de un álamo
a la izquierda de un ruiseñor
el vidente retomó la palabra diciendo:
La poesía es un pan compartido
vino derramado sobre un vestido blanco
palabra de Dios…
Yo no quisiera que toda esa luz se aleje de mis ojos
Yo no quisiera ser la punta agudísima del diamante
Yo no quisiera ser ave enjaulada a las diez de la mañana
¿Quién repara las alas rota del ángel?
¿quién le da libertad a la libertad?
¿quién robó las piedras de Rosetta?
¿quién mató a Sucre en montañas de Berruecos?
¿quién libera a Miguel Hernández de la prisión de Alicante?
Preguntó el vidente ante una multitud de lirios y pájaros silvestres
Esta luz brillante como alborada es la poesía
Esta Gacela es un siervo del fuego Polar
Esta alcantarilla es morada para un reino
Un honguero apasionado surgió como una lágrima y anunció:
Alcides es la poesía!!!…
Esa noche el Conde Azul no acudió a la Última Cena
maquilló el cadáver verde de Abraham Lincoln
levantó la falda a las montañas
abrió la cremallera de los sueños
disputó a Superman el amor de Luisa Lane
fundó en Ontario un reino de concupiscencia
y apostó por el vino el baile la palabra y las hermosas princesas
Nadie advirtió cómo ejecutó la Lira de Orfeo
pulsando las varillas de un rin de bicicleta
Ninguno advirtió cuándo el vidente voló
tras las cortinas del crepúsculo
y se hizo canción
polvo cósmico
luz
prometeica
Antífonas de la O
a Ernesto Román-Orozco
I
Oh! Señor, que bebes el agua ardiente del arroyo y reinas sobre la ley, devuélveme el sol de los venados, la sonrisa de mi hermano,
las palabras que a tu lado eran cortejos de lobo,
la fértil pobreza de mis días de infancia,
el beso que se pudrió.
II
Cuando me sentí propenso a cortejar a la más hermosa de las criaturas del mundo, pensé en la Literatura y, por ello, le di forma de mujer.
III
Solo mientras tanto, viendo los gatos que sobre el tinglado
han dragado algunos sonoros ruidos de la noche
para hacerlos tuyos. Solo mientras tanto,
libando las asperezas, limando las esperanzas.
IV
Señor!
Muéstrame el camino oscuro, las filosas piedras de obsidiana.
Sálvame de la gloria y aleja de mí el agua. Hazme barro nuevamente
y no permitas que la luz
cubra mis huesos
V
Victoria,
hija,
ángel custodio de mis días,
esta noche dormiré con tu nombre en mis ojos
VI
Cuando supe, por Boris Vian, que detrás del umbral de la eternidad
habían montones de pájaros sin alas, planté, sobre el Osario,
semillas de girasol, una rosa-cruz dorada y el noble árbol
de la noche.
VII
El amor ha sido la danza febril de la intacta miseria. Vísperas del fuego
que devora especies sentadas al sol.
Ella era una casa
a Esperanza Noguera Arias
Ella era una casa
un tinglado enmohecido por la lluvia
una tarde detenida en el jardín
Ella era un patio amplio y florido
árboles de mangos
y flores amarillas en el solar noctámbulo
Desde el balcón de sus ojos negros
contemplamos el manto púrpura de la noche
que nos tejió para abrigar los sueños
Ella era una casa de ventanas abiertas
epidermis sobre el concreto roto
febriles muros de inquebrantables huesos
que atestiguaron la vida y otros años
Ella fue el agua y el arroyo
los espejos velados / los rincones sin sombras
origen de luz entre el gratino y el asbesto
Ella era una casa
un corazón sin cerrojos
Postal de Amsterdam
Te escribo no de Providencia
ni de Camaguey ni de Pernambuco
lo hago desde las ruinas de una ciudad amurallada
desde los puentes inconclusos de un paisaje
íntimo y perplejo
Te escribo desde la garganta rota de un motel de Amsterdam
de un lugar tan frío como Estocolmo
noctámbulo y festivo como tus ojos
tan azul como París
Te escribo sobre las piedras arenosas del corazón
[de Chiapas
sobre los espejos de agua del desierto de Atacama
sobre la cartografía imaginaria
de un epigrama de amor
te escribo
Oración nocturna
a José Javier Sánchez
a Emad Aboaasi El Nimer
Seré el responsable de que la muerte no muera del todo
que de sus entrañas resurjan los almendros
que de su agónico resplandor se restituya el vuelo
No cerraré mis ojos mientras haya vino en esta mesa
mientras haya flores y abismos por conocer
mientras tenga la piel del glande extendida
y una hembra lustre sus alas para abrigar mis sueños
