literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Rodolfo Quintero-Noguera

Jun 11, 2022

Noche en blanco

a Carlos Danez

 

No es fácil de veras saber que las Musas se han marchado de la casa

saber que su esfinge de puta silvestre ya no hiere con sus alas

No es fácil, con tres monedas en el bolsillo,

descubrir el olor de las naranjas

y hacer de la noche un trajinar soberbio de la tinta y el papel

 

Son cuervos las mujeres que han huido de mí

Son graznidos de urraca que se alejaron de mi ventana

Son hembras malas que huyeron al desierto sobre cornudas bestias

 

Ellas trabajan en las autopistas, se embarcan en camiones,

se embriagan con las palabras necias de un cochero nauseabundo

viajan en trenes nocturnos, en taxis piratas

y se adormecen sobre el tendido húmedo de sábanas rotas.

 

Esta noche Erato también duerme frente al televisor

y yo no tengo más que unas flores del Osario

un paraguas que florece bajo la lluvia

la soledad de nueve putas en mi cama

el llanto de Atenea

tres monedas en el bolsillo tengo

el recuerdo intacto de mi hermano ebrio

y una hoja en blanco donde dar testimonio

aciago

de la orfandad

 

 

El resplandor y la espera

 

a Armando Rojas Guardia

«la mujer que amé se ha convertido en fantasma.

Yo soy el lugar de sus apariciones»

Juan José Arreola

 

Quizás nunca como entonces

el amor fue la síntesis decrépita

de una luz que buscó agotarse

en la resurrección del alba

 

Quizás el odio anidó la serpiente

la flor negra del osario

la criatura bicéfala de la maledicencia

el germen de la manzana podrida

 

Sé, sin embargo, que en sus ojos

se oculta el gesto que ahuyentó el olvido

que sus manos resguardan la plenitud

[y el deseo

que su corazón es un alcázar

habitado por las sombras

de un duende taciturno

que acecha las madrugadas

buscando restituir el resplandor

[y la espera

 

 

Ases rotos  

Te elegí entre las sombras, entre pares y nones, al azar del destino. Tu corazón era una fiesta de despedida, un festín de romanos y bacantes, una botella de vino vertida sobre el rencor, rota contra los acantilados de la suerte. Quise enhebrar con palabras el finísimo hilo de Ariadna y, a través de tu mirada, mostrarte las veredas por donde transita el Sol. Te elegí, es cierto, en un juego de cartas abiertas, de ases rotos, donde gané la suma de lo que perdí. Te amé cuando ya las horas conocían tu destino y la vida era un tren vacío y nauseabundo que prorrogaba su partida. Quise, sin embargo, reparar tus alas y hacer de tus senos un albur de sortilegios, una nómina febril del deseo. Quise conjugar contigo los verbos copulativos y señalar sobre tu cuerpo la ruta al vientre azul. Ahora, que recuerdo intacto tu vestido blanco, las rimas consonantes entre tus manos y las mías, la vigilia de San Benito mirándonos desde su altar y ese afán tuyo de hablar con desmesura de lo que sabías poco, de convertir las tardes en cementerios de soles desplomados… Pienso que valió la pena haberme jugado el todo por nada, haber apostado y perder, haber conservando aun, bajo la manga, el as del olvido que esta noche arrojo sobre la mesa y hace de ti una delgada flor tendida sobre las vetas blancas del Osario.

 

 

 

La flor del Osario 

 

«Comencé a ver una flor

y he aquí que devino un fuego azul

en el rincón de un precipicio del tiempo»

Vicente Gerbasi

[Tirano de sombra y fuego]

 

A Cordelia Brown, en su memoria

 

Me gustan las flores con rostros de mujeres ebrias

flores impúdicas avasalladas por el viento

flores deprimidas desnudas en la lluvia

flores con nombres de brisas y de arroyo

bizarras flores del jardín del Edén

 

Me gusta ser la flor del narciso

deshojar las margaritas de la incertidumbre

cultivar la efímera flor nocturna del baobab

robar las amapolas de Van Gogh

y las rosas de acerina como aretes de princesa Etrusca

 

como frailejones entumecidos por las sombras

como cadáver de lirio

como tulipanes plantados en la luna

como siemprevivas [aun más hermosas muertas]

como Azucena de Quito

santificada sin haber probado caricias de mujer

 

Me gusta ser la flor de Addis Abeba

las flores del mal

vírgenes flores negras de viernes santo

rosa mística

rosa del adviento

rosa de los vientos

rosa roja de Luxemburgo

rosario de San Miguel y su coro de Principados

 

Me gustan las flores de jardín abiertas a los pájaros

los crisantemos amarillos del Palacio Imperial

los anemones de Renoir tatuados en tu seno

las coronas de gardenias para bellas cortesanas

 

Me gustan los pétalos abiertos de la concupiscencia

las flores con olor a  hembra de Tristán Flora

la flor bígama y morena de Jorge Amado

flores como agua entre las manos de una amante fugaz

 

Me gusta en fin

la flor de la verdad

la flor magnifica sembrada en la penumbra

flor discreta de agónico resplandor

flor blanquísima y serena

cerrada y seca

esparcida aun al pie del madero

germinando en la sonrisa

rota

del ángel

La flor del Osario

 

 

Le Comte Bleu D` Autre Soleil

¡Oh corazón amado de todas las esferas

oye el canto al lado de tu amada

y ligeramente coloca un beso

en su alma!

Sentenció el vidente y descendió del lomo adormecido

de la montaña más alta

 

El poeta cultivó un jardín con lirios rojos

y negras flores del Osario

amó a Magdala

y abrigó la desnudez de diez vírgenes ebrias bajo la lluvia

 

Sentado sobre las ramas de un álamo

a la izquierda de un ruiseñor

el vidente retomó la palabra diciendo:

 

La poesía es un pan compartido

vino derramado sobre un vestido blanco

palabra de Dios…

 

Yo no quisiera que toda esa luz se aleje de mis ojos

Yo no quisiera ser la punta agudísima del diamante

Yo no quisiera ser ave enjaulada a las diez de la mañana

 

¿Quién repara las alas rota del ángel?

¿quién le da libertad a la libertad?

¿quién robó las piedras de Rosetta?

¿quién mató a Sucre en montañas de Berruecos?

¿quién libera a Miguel Hernández de la prisión de Alicante?

Preguntó el vidente ante una multitud de lirios y pájaros silvestres

 

Esta luz brillante como alborada es la poesía

Esta Gacela es un siervo del fuego Polar

Esta alcantarilla es morada para un reino

 

Un honguero apasionado surgió como una lágrima y anunció:

Alcides es la poesía!!!…

 

Esa noche el Conde Azul no acudió a la Última Cena

maquilló el cadáver verde de Abraham Lincoln

levantó la falda a las montañas

abrió la cremallera de los sueños

disputó a Superman el amor de Luisa Lane

fundó en Ontario un reino de concupiscencia

y apostó por el vino el baile la palabra y las hermosas princesas

 

Nadie advirtió cómo ejecutó la Lira de Orfeo

pulsando las varillas de un rin de bicicleta

 

Ninguno advirtió cuándo el vidente voló

tras las cortinas del crepúsculo

y se hizo canción

polvo cósmico

luz

prometeica

 

 

Antífonas de la O 

a Ernesto Román-Orozco

 

I

Oh! Señor, que bebes el agua ardiente del arroyo y reinas sobre la ley, devuélveme el sol de los venados, la sonrisa de mi hermano,

las palabras que a tu lado eran cortejos de lobo,

la fértil pobreza de mis días de infancia,

el beso que se pudrió.

 

II

Cuando me sentí propenso a cortejar a la más hermosa de las criaturas del mundo, pensé en la Literatura y, por ello, le di forma de mujer.

 

III

Solo mientras tanto, viendo los gatos que sobre el tinglado

han dragado algunos sonoros ruidos de la noche

para hacerlos tuyos. Solo mientras tanto,

libando las asperezas, limando las esperanzas.

 

IV

Señor!

Muéstrame el camino oscuro, las filosas piedras de obsidiana.

Sálvame de la gloria y aleja de mí el agua. Hazme barro nuevamente

y no permitas que la luz

cubra mis huesos

 

V

Victoria,

hija,

ángel custodio de mis días,

esta noche dormiré con tu nombre en mis ojos

 

VI

Cuando supe, por Boris Vian, que detrás del umbral de la eternidad

habían montones de pájaros sin alas, planté, sobre el Osario,

semillas de girasol, una rosa-cruz dorada y el noble árbol

de la noche.

 

VII

El amor ha sido la danza febril de la intacta miseria. Vísperas del fuego

que devora especies sentadas al sol.

 

 

Ella era una casa

a Esperanza Noguera Arias

 

Ella era una casa

un tinglado enmohecido por la lluvia

una tarde detenida en el jardín

 

Ella era un patio amplio y florido

árboles de mangos

y flores amarillas en el solar noctámbulo

 

Desde el balcón de sus ojos negros

contemplamos el manto púrpura de la noche

que nos tejió para abrigar los sueños

 

Ella era una casa de ventanas abiertas

epidermis sobre el concreto roto

febriles muros de inquebrantables huesos

que atestiguaron la vida y otros años

 

Ella fue el agua y el arroyo

los espejos velados / los rincones sin sombras

origen de luz entre el gratino y el asbesto

 

Ella era una casa

un corazón sin cerrojos

 

 

Postal de Amsterdam

Te escribo no de Providencia

ni de Camaguey ni de Pernambuco

lo hago desde las ruinas de una ciudad amurallada

desde los puentes inconclusos de un paisaje

íntimo y perplejo

 

Te escribo desde la garganta rota de un motel de Amsterdam

de un lugar tan frío como Estocolmo

noctámbulo y festivo como tus ojos

tan azul como París

 

Te escribo sobre las piedras arenosas del corazón

[de Chiapas

sobre los espejos de agua del desierto de Atacama

sobre la cartografía imaginaria

de un epigrama de amor

te escribo

 

 

Oración nocturna

a José Javier Sánchez

a Emad Aboaasi El Nimer

 

Seré el responsable de que la muerte no muera del todo

que de sus entrañas resurjan los almendros

que de su agónico resplandor se restituya el vuelo

No cerraré mis ojos mientras haya vino en esta mesa

mientras haya flores y abismos por conocer

mientras tenga la piel del glande extendida

y una hembra lustre sus alas para abrigar mis sueños

Sobre el autor

*Fotografía: Geczaín Tovar Andueza

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