literatura venezolana

de hoy y de siempre

Bajo el rezo animal (selección)

Ene 13, 2026

Giordana García

Inmersión

Me dirán que el horno no es explanada de contienda

donde lenguas opuestas se recriminan​​ 

mientras se derrite el pastel

al descuido levado

sobre

plántulas de verdor genuino

floreciendo cual guirnaldas​​ 

tatuadas en mi entrecejo.

Así va este oficio:

maternar a mil metros bajo el nivel de la semana

sin reservas suficientes de oxígeno

ni indumentaria adecuada

para enfrentar parajes equinocciales

donde la guerra ha sido temporal

fragor sin más culpa que la muerte

levantada en hermosos cementerios

diseñados con polinomios astrales,

yo entonces​​ 

baladí

investigando el punto de la masa

donde no se hunde ni se desborda

imperfecto cotidiano​​ 

sin más motivo​​ 

o con todos.

***

Contra la prudencia

Procuro limpiar los anteojos con parsimonia

me sostengo al día desde sus patas

froto precisa del centro al borde​​ 

​​ ‒mis flotadores bermellón

 sobre la alberca mohosa‒

sin melancolía ni soundtrack.​​ 

Prudencia sí,

como ver una danza de Pina Bausch en un televisor​​ 

de 18 pulgadas elevado en diagonal

tomando vodka sobre el piso frío

repasar cada línea paralela de la rodilla de la bailarina

a la mancha de la baldosa

estarse así

planificando la semana y la década.

No

esa no era yo

jamás use lentes bermellón

sí​​ 

gestos​​ 

calculadamente nerviosos

en el arco de la ceja

acanalando el surco hacia los ojos

‒mis pobres cáscaras de semilla

platos listos para el desayuno del ave‒.

Me queda un ejercicio de filosofía doméstica:

salvar la plasticidad de la memoria

ráfaga de dios a la hora del abismo

sobre una mesa amantelada.

***

Clave

Perdí mi nombre

sobre una pila de hojas por escribir

forrando la casa de adentro hacia afuera.

Las niñas pintaron sus propios signos

en tres niveles biológicos:

hongos, vertebrados y sueños,

mientras  ​​ ​​​​ yo dejaba atrás a mi madre:

la envolví entre sábanas recién lavadas

con flores humedecidas en alcohol,

arrojé su cuerpo  ​​ ​​ ​​​​ alguna cisura debió atajarlo.

Cuando volví solamente encontré​​ 

un cuarto de espejos

un erizo dibujado con tiza

y brotes de enredaderas en cada esquina.

Cerré los ojos

sin dejar de escribir.

***

Partida

La niña ahuyenta audacias de muerte

en los ojos absortos de su madre

sumerge la bestia en pocillo pequeño

Leve  ​​ ​​ ​​​​ golpea su ombligo ​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ la hunde​​ 

con naturalidad convoca el universo

de las grietas soplan telarañas​​ 

delicados veleros con voces de sirena

todo lo vivo bulle en su juego

la pesada lámpara vuelca bandada

revuelo de pluma​​ 

caída de luz

para ver

ahora sí  ​​​​ ver

​​  el hilo de cáscaras sobre hormigas

hacia la absurda camada de vida.

***

Vena

En el centro de mi mano​​ 

crece invertido el filo de un lápiz

terminal de memoria nervada

la cinta azul plata que culmina en mi padre.

Sus pómulos puntean la corona del glaciar

trazo recorrido por talones secos

 envueltos en suaves manos de niña.

El día en que leí aquel discurso​​ 

 lloró​​ 

incliné mi sien sobre su espalda

 ​​ ​​ ​​​​ descifré hileras de lunares

 ​​ ​​ ​​​​ escuché un manto tectónico de golpes

 ​​ ​​ ​​​​ ramas lenguadas de confesión y consuelo.

Los mismos dedos que cerraron sus ojos

amontonan grumos de azúcar

derriten el silencio en la leche de mi hija

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ que observa curiosa​​ 

el ojo de grafito

sobre el trastorno de mi piel.

Al mar la ceniza

Vigilia vuelve  ​​ ​​ ​​​​ arroja hilos de baba

sobre viejas coyunturas

Yo, cuerpo sustrato​​ 

larva de hombros sin calma  ​​ ​​ ​​​​ nube de caída al pie

La cabeza es otra cosa  ​​​​ 

dulzor de hundimiento  ​​ ​​ ​​​​ consuelo de la fiebre​​ 

fantasmas de Nueva Cádiz

sobre la arena escupida  ​​ ​​ ​​​​ por la mesnada perdida

Todas sus maldiciones  ​​ ​​ ​​​​ todos los bajeles ​​ 

encallados en mi pubis

Para no ser madre  ​​ ​​ ​​​​ ni océano

nunca más  ​​​​ salvo ahora

en esta pequeña isla  ​​ ​​ ​​​​ consciente del fin.

Sobre la autora

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