M2.50 (La venganza)
XÉNIA AVILÉS
Para: ER
De: Xènia Avilés
XeniaAR9x@gmail.com
Para: Eloy Rafaeli
EloyRR9x@gmail.com
Fecha: 25 de mayo. de 2014 06:06 am.
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Desde que te marchaste era solo pensar, recordaba instantes y lugares, no hablaba, no comía casi, me empastillaba para dormir; duré semanas refugiada en la habitación. No había querido llamarte ni escribirte hasta hoy, pero necesitaba desahogarme. ¿Te sigue gustando la música? No puedo concebirte serio, en una casa, cumpliendo labores cotidianas. Hace tan poco caminé por aquellos sitios, ya no quedan vestigios de lo que fue. Los comercios no existen, la juventud ha sido substituida por la delincuencia, las plazas y los parques han cerrado… Por más que intenté buscar un lugar para reencontrarme con el pasado no encontré nada.
Algunos agitan y promueven rebeliones que nunca suceden… Y, haciendo preguntas y consiguiendo datos, confirmas tus peores sospechas, forman parte de lo que adversan.
Seguramente la información te está llegando alterada por eso quiero escribirte de primera mano, hoy a las seis de la mañana con un fuerte dolor de cabeza y el estómago vacío, ahora que mi cuerpo empieza a reaccionar. Fuiste testigo del deterioro, pero desde que ya no estás las cosas perdieron su nombre. No sé si llorar o reír, casi todos se han ido, no me di cuenta… Cuanta más esperanza tenía, más la iban devastando.
Observo a quienes dan las órdenes, soy testigo de los arrestos, de la represión, de cómo las detonaciones impactan en las cabezas y asesinan a todo aquel que se ponga en frente. La barbarie siempre ha ido en serio, no para, se mata con regocijo. Muchos aplauden estas acciones contradictorias de forma sistemática cuando se agrupan en filas para ser consagrados por el líder y recibir sus presentes, luego celebran con un baile descontrolado ante los funerales de los adversarios entre cánticos nacionalistas.
El líder, aunque estúpido e imberbe, se hace respetar con incriminaciones y fuego, posee una manada de civiles armados sin educación primaria. En la selección gana al que no le tiembla el pulso. Allí convive lo más nutrido de la escoria y la porquería humana, asesinos a sueldo y fanáticos rescatados del submundo criminal. En muchas ocasiones he tratado de debatir con las personas, pero ya nadie habla, se han propuesto una rutina exacta en el día a día y no ambicionan más. Este fin de semana han asesinado a cuatrocientas personas, ya van más de veintiocho mil en lo que va de año. Por necesidad y protección he tenido que hacerme amiga de un criminal, pertenece a los paramilitares que tanto he señalado… y es que comenzaban a sospechar de «mis actividades» y no quiero terminar en la cárcel, la tumba como la llaman todos.
Dos de mis amigos presos me han contados los horrores del encierro: descargas eléctricas, abusos sexuales, asfixias, inducciones al suicidio, etcétera. Uno está por salir en libertad condicional, apenas lo haga tratará de escapar por la frontera, el otro debe cumplir seis años más de condena. Podría hacerte un recuento infinito, pero incubo la peor de las violencias, me tiembla el pulso. Salimos día a día a la buena de Dios y no sé si regresaremos, pero nuestras calamidades no solo son esas, también se burlan de nuestros muertos, todo en directo, en señal abierta de televisión.
He meditado mucho para mantenerme dentro de la frontera de lo racional. Aquí ya no hay sorpresas, quizá el estado de los cadáveres o el número de disparos sobre los cuerpos pueden alterar tu asombro.
En este instante hay una fiesta, escucho música y sonrisas. Siento un total desprecio tanto con el verdugo como con el victimario, la gente ha creado una especie de humor negro de muy mal gusto.
Como todo carece de seriedad me da miedo asumir que el deterioro es tal, que ya no hay vuelta atrás. La esclavitud se ha implementado, te dan unas cuantas migajas con exactitud una vez al mes y a un horario impostergable, no hay tiempo para más, sin luz, la oscuridad describe el infierno mejor que yo, un tiempo a cámara lenta que está creando una demencia colectiva. Todo esto es inconcebible, perdí el trabajo, cerraron parcialmente la universidad y buscando una distracción para salir del letargo tuve una idea, una inquietud, llámalo como quieras… ahora quiero aprender a disparar para complementar el tiempo, es lo único que me queda, desahoga y quita las perturbaciones. Empezó como un juego en un comentario y ahora parece que se materializa, ya voy por mi sexta clase.
Es una forma de reaccionar ante los estímulos agresivos y me anticipo a cualquier situación. Hoy me explicaron las condiciones necesarias para un buen desempeño en el tiro. Sin trabajo, sin esfuerzo, no habrá resultados sólidos. El arma nos patea, nos aturde. Al principio tuve muchos errores: cerré los ojos, se me quebró la muñeca hacia delante anticipando el retroceso. Ahora aprendo a manejar los imprevistos, las cosas que se salen de lo rutinario; respirar, parpadear, latidos del corazón; en fin, todo lo que hacemos simultáneamente a la acción.
XÉNIA AVILÉS
Para: ER
De: Xènia Avilés
XeniaAR9x@gmail.com
Para: Eloy Rafaeli
EloyRR9x@gmail.com
Fecha: 31 de diciembre. de 2014 11:49 pm.
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Me sorprendo, parece el fin de algo. Cómo se parece todo esto a una venganza. ¿Cómo decírtelo? Llego ahora a un punto acerca del cual no debería, el punto al que voy a referirme es Dios contra el asesino, y una prueba fehaciente de que la sangre inocente clama al cielo.
No quiero que te asustes, estoy tranquila y satisfecha porque finalmente he coincidido con gente que piensa como yo. Lejos de ser una cuestión de azar, resultó que un grupo pequeño de voluntarios superó completamente a los demás, haciendo elecciones óptimas bajo riesgo. Ellos no son prodigios en las armas, ni tampoco son policías, ni militares. Pero sí son los «valientes», con conductas peligrosas y «psicopáticas», causadas por el dolor y el desamparo. Estoy tan alegre, demasiado alegre porque ha llegado la ruptura que tanto esperábamos. Son inercias que tienen que alinearse y se han alineado. Hemos obtenido un sin fin de «herramientas», y de entre ellas, una «M2 punto cincuenta» de largo alcance a través de la frontera. Tiene un modo automático que se activa al girar hacia abajo el retén del cerrojo, cuando este ha sido girado hacia arriba dispara en modo semiautomático. También puede disparar tiro por tiro. Tendré esta opción dependiendo del caso. No comprendía de lo que se puede llegar a ser capaz, tampoco entendía que la propaganda forma una realidad de fuerza que no es tal. Mil veces, elevar y rotar el trípode del arma y girar hacia abajo el retén del cerrojo lo que permitirá una puntería más precisa, como un deporte, mil veces practicarlo, hasta que se está listo.
Me arreglaré como nunca, más que presentarme a una ejecución acudo a una venganza. Tenemos la punto cincuenta a tono. Ya he visualizado el momento, el empuñe, la postura, la alineación correcta de mira. He descubierto su poder sobre el espacio para saber dónde incrementar el ataque.
Me hubiese gustado que estuvieses presente, aunque fuese a una distancia considerable para que no te metas en líos. El escenario es un balcón, un vehículo que lentamente se desplaza. Ejerceremos los movimientos sin cometer errores para llevar a cabo todo lo aprendido. Será un día de sorpresa y celebración.
Recuerdo estas calles, otra virtud reinaba en el ambiente, solíamos pasear sin esas estúpidas disputas de poder. Hoy alguien tiene que asumir responsabilidades. Seguramente crearán un historial para enjuiciar mis objetivos de manera incorrecta pero no tiene importancia. Sueño con el sonido atronador, con esas luces, con esos resplandores. Sera lo más grande que he visto (y quizá también lo más satisfactorio de lo que jamás he formado parte), ver al enemigo estallar en pedazos por los aires junto con sus colaboradores. Dios, será magnífico. Entonces ¡fiuuum, venga a disparar! Una rabia ciega tomará el control de una forma incomprensible. El abrumador deseo de matar.
Es un día demasiado hermoso para ser verdad así que disfrutaré al extremo estos momentos.
«Tras el primer paso» todo se descompuso y el valor perdido de la multitud se recuperó. A continuación se desató una furia incontrolable. Faltaba una semana para navidad y unos segundos para coordinarse un efecto en cadena de proporciones impensadas. Cuerpos cosidos a tiros, calcinados o mutilados inundaron la ciudad mientras Eloy escuchaba la radio y se preguntaba por Xènia…
Valencia Rock ‘n’ Roll – 1986
Cuando surgía la asfixia parecía formar parte del orden en que suceden a veces las cosas, con trece años y la naturaleza fisiológica del trauma —en este caso, el asma— mis padres no tuvieron más remedio que buscar los métodos y los tratamientos posibles para curarme o por lo menos para aliviar aquello; tres inyecciones a la semana que actuaron como alérgenos debajo de la piel, a lo que el médico denominó (inmunoterapia).
Con la aparente sensación de cura comencé a hacer unos recorridos cada vez más frecuentes por las calles del centro de la ciudad.
Desde muy pequeño había desarrollado aquella curiosidad por explorar. Valencia era para entonces una ciudad pujante, industrial, abierta a las corrientes, dónde se habían instalado personas de todas las nacionalidades. Atravesaba avenidas, bulevares, calles y parques. En algunos cines ya desaparecidos me rotaba cada semana. Por años estuve al tanto de la cartelera hasta que la casualidad me hizo descubrir el Centro Comercial Caribbean Plaza.
En mil novecientos ochenta y seis una comunión de personas giró en torno a la música en aquel lugar. Grupos influenciados por géneros y subgéneros del Rock. Todo era dureza, el exceso anárquico de los sonidos y los mensajes. Hice muchos amigos —músicos autodidactas, músicos formándose en el Echeverría Lozano o en el tecnológico de música Valencia (TMV)—. Ya daban sus primeros pasos: melómanos, anarquistas, soñadores, curiosos. Todos hacían acto de presencia y organizábamos largos viajes y asistíamos a todos los espectáculos posibles.
Todas nuestras vivencias estuvieron precedidas por el auge de grandes bandas: Slayer y su «Reign in Blood», Megadeth, OverKill, Metallica, Testament, Kreator, Venom y su «Welcome to Hell». Por D.R.I. Suicidal Tendence y Crumsuckers.
Envuelto en la euforia conocí a Karen —Karen era una mezcla de thrasher con gótica—. Juntos; dos bebedores potenciales que empezaron de la mano. Me llevaba al cementerio a robar cruces, pero aquel hurto no era algo peligroso, era algo divertido. «Ahora me pregunto cómo hubiese sido haber estado sobrios, juntos pero sobrios». Yo creo que el uno arrastraba al otro a la locura. Éramos la perfecta compañía para nuestro lado loco que se sentía solo. Y nos reíamos y conspiramos y solucionamos el problema insoluble de la existencia con ginebra. Podemos con todo, somos los genios del grupo. El dinero no importa; si no hay, no permitiremos que algo así nos detenga; el ingenio nos permite conseguirlo de la forma más fácil, tampoco necesitábamos mucho. Pero, sobre todo, reitero, el asombroso ingenio en la mente de Karen. “Que afortunado soy” —me decía en ese instante—, de tener una novia a la que le encanta ese lugar y esos modos. Era una cómplice siempre dispuesta a compartir mis impulsos.
2.
Camellos, policías, mezclas de alcoholes empujadas por jóvenes desencajados. A diario hacían presencia para divertirme hasta que llegó la noticia. Nos iríamos a la capital para asistir al «New Titan On The Bloc» en las Naciones Unidas. Organizaron decenas de autobuses. Estábamos extasiados y alegres. Caracas para entonces era un parque de diversiones. Después de un par de horas llegamos a la urb. Paraíso e invadimos la zona antes del espectáculo.
Napalm Death, con el inmejorable Mark Barney que fue todo un demente sobre la tarima. Sacred Reich, sin pausa ni descanso, verdaderos himnos del universo del Thrash Metal; American Way, Love & Hate y Surf Nicaragua. El momento cumbre llegó con Sepultura, que copó la escena con el debut de su último trabajo discográfico «Arise». Con todos los miembros originales, un Max Cavalera demasiado conectado, tanto que se lanzó a la hoya del Naciones Unidas sobre el público».
Hasta el tope nos enfrentamos en un círculo que iba dejando heridos, pero al finalizar aumentamos la apuesta, contra la policía. Me partieron la ceja de un codazo, Karen, se desmayó a la salida luego de un cruento ataque de bombas lacrimógenas hasta que logró restablecerse al rato y subimos al autobús. Estaba cansada de estar tanto rato de pie en el suelo de cemento, mareada por el intenso olor.
3.
Estoy sentado junto a un árbol con la sensación de ser una de esas personas raras, diferentes; un contracultura, un anarquista, un opositor de todo lo que representa un orden establecido. Me pongo a tocar la guitarra, voy al liceo, hago veinte kilómetros en bicicleta. Hasta que se hace de noche y se va la luz, al resplandor de las velas mi padre canta, bromea, nos cuenta parte de su infancia, saca a colación fragmentos de nuestras travesuras en la niñez. En muchas ocasiones llueve entre relámpagos y nace un lapsus inexplicable en el tiempo, tan raro, que no descifro al instante.
En mil novecientos ochenta y cinco nos sorprende la banda «Stormtroopers of Death» (S.O.D). Nos asombra en la guitarra del grupo un miembro de Anthrax; nuestro reverenciado Scott Ian. Y además aparece «Life of Dreams» de Crumbsuckers. Thrash and hardcore punk.
4.
Un aparato reproductor de música, unas cuantas botellas y nos íbamos al abandonado Palacio de los Iturriza, «aquella suerte de palacete rodeado de jardines con una torre-mirador balaustrada y un porche». Allí pasamos muchas noches, cada quién escogía sus quehaceres. Cuando entrábamos ya estaban otros que eran como amigos a los que haces una visita, y de lo alto del segundo piso bajan para saludar. Nos gustaba ir, estar a la luz de la luna, ver cada sombra. Algunos se van, mientras saludo a los demás; luego asciendo al balcón como un estúpido para pensar en Karen. Cerca, vi a un par de muchachos tirados en el suelo. Gamberros rockeros. Otros abren puertas arrastrándolas, revisan, revientan las conducciones de agua con martillos neumáticos, rompen a hachazos el suelo en los lavabos para extraer las tuberías de cobre y hacer una pipa. Muchos subieron al techo para deslizarse por fuera con una cuerda. Yonquis y rateros de borrachos esperan en la acera para ver quién de nosotros es el primero. Nadie miraba a nadie por miedo a las estrictas leyes que castigaban todo intento de molestar al otro.
5.
Germán, David y yo, engañamos a la familia, no dormiriamos en la casa de Karen por su cumpleaños. Nos fuimos a un festival a cuatrocientos kilómetros de la ciudad. Era la hora de ver aquella magna coalición integrada nada más y nada menos que por las veinte bandas que dominaban la escena musical del momento. La terminal de autobuses del Big Low Center estaba llena de personas vestidas de negro y la policía redobló la seguridad por los altercados. Miles de muchachos llegados de todos los rincones del país, pero no solo estábamos borrachos los presentes, también lo estaba la seguridad que resguardaría el espectáculo. Mientras transitaban por la tarima los integrantes de las bandas, Ruben preparaba una mezcla de ron con vodka y cerveza y pastillas de todo tipo. La bebida pasó de mano en mano, se vaciaba y se llenaba una y otra vez. Al perder el control comenzaron los enfrentamientos. «¡Las fuerzas policiales una vez más actuaron y arremetieron con brutalidad! (perros de ataque, gases lacrimógenos, disparos de escopeta con perdigones de sal) contra todos los presentes. Pero tampoco les quedó fácil el resultado, varios policías heridos, uno de ellos perdió el dedo de una de sus manos». Karen se extravió, mientras corría fuera la buscaba entre la multitud porque la había visto corriendo. De vez en cuando me detenía, recogía piedras y las tiraba contra los policías que disparaban. En grupo fuimos hasta la terminal y casi al amanecer tomamos el primer autobús para regresar a Valencia. El efecto del humo de las lacrimógenas y la bebida mezcla de alcoholes y pastillas me hicieron padecer raras alucinaciones por el trayecto. Luché por dormir, quería a toda costa salir de ese estado. Llegamos cansados, con la boca seca, alterados y sonriendo hasta que vimos a nuestras madres de cerca señalando el camino. Sobre la mesa del salón de mi casa había dos discos: «South of heaven» de Slayer y «Wellcome to hell» de Venom. Una de las señoras tomó la palabra mientras mi madre sonreía demostrando con un gesto que me lo había buscado, fue tedioso, infinito. Para una evangélica aquel rió de sangre y esa invitación al infierno en las carátulas de los discos era algo doctrinal que terminaría hundiéndonos. Señalaba los cadáveres en las imágenes y nos traducía el mensaje que «Venom» nos vociferaba con la voz de Conrad Thomas Lant, cuando con el dedo ella invertía la rotación del disco para que brotará: I’m gonna burn your soul (voy a quemar tu alma). Germán cogió una lima de las uñas e hizo una parodia, David hastiado se encogía de hombros. Con ganas de increpar soportamos estoicamente callados para pasar página lo más pronto posible. Sí, lo sabía, no necesitaba que aquella señora lo dijera, estaba destruyendo los sesos frente a los altares de la locura.
Muy pronto apareció la prensa en las manos de mi padre y la noticia de disturbios, destrozos, multitud de heridos.
6.
Empecé a desmoronarme en la angustia. Desesperado por darle argumentación al suicidio —que parecía el paso lógico—, me volví hacia lo que parecía ser la única otra opción para salvar la vida, o al menos el cuerpo, y entregué la mente, el espíritu y el yo: busqué «alcohol», me convertí en un paciente continuo y un vehemente admirador de sus poderes, a partir de entonces, llevé una existencia conforme. A una mente perturbada como la mía había que tranquilizarla y sellar con algo. Para salir de casa, del Centro Comercial, de los agujeros de reunión me iba a donde mi amigo Reinhard. Una cabaña alejada del bullicio, un retiro y… tocábamos guitarra, escribíamos, leíamos. A veces llegaban algunas amigas para hacernos compañía. Un rió, una piscina, ante la gloria de una barra. «Poemas, pensamientos y locuras de un ser confuso», por Leopold Reinhard Resch. Finalmente había terminado un manuscrito del que hablaba poco. Yo tuve la suerte de que esa sensación fue temporal, pero sabía de otras personas para quienes había resultado permanente. Me atreví a rechazar el estigma y a desafiarlo. De la casa de Reinhard salía diferente. Él se iba a su habitación y me dejaba escuchar el sonido del agua del río chocando contra las piedras. El resto, la ironía, burlarnos de nosotros mismos… cambiar el mundo y si no, por lo menos destruirlo, mientras tanto continuaba el curso.
Cuando asumimos nuestra realidad más próxima e inmediata veníamos llenos de dudas. Tratando de encontrar algo esencialmente sano en un misterio irracional. Nuestra virtud consistía en que mientras nos veíamos ante una multitud desesperada organizábamos una fiesta. Me di cuenta de que todo era una proyección estúpida bajo la naturaleza igual, sordas eucaristías y funciones de circo, políticos y personas constantemente quejándose. Pasó el tiempo de constatar, dónde se extingue lo maravilloso y nació la deliberación de conformar algo estático y productivo. Inevitablemente me iba a convertir en lo mismo.
7.
Estoy perdido en Ybor City. Llevo algún tiempo en Estados Unidos. En lo único que pienso es en el dinero. Y que estoy perdiendo mi capacidad para vivir alegre y disfrutar de lo que me gusta. Ahora solo es supervivencia. El siguiente paso está obstruido. Pasan otros meses y ya estoy de vuelta a Valencia «para hacer una visita relámpago», son pocos los que quedan. Ha pasado más de lo que pensaba. Se han dividido entre hundidos y agraciados. Los que hacen dinero continuaron ganando dinero y más dinero, cada vez más atrincherado como autoridades en su especialidad, ascendiendo en los círculos sociales. Empiezo a variar con la música, despojo los corsés que la constriñen y voy catando sus posibilidades en una suerte de peregrinaje. Muchos matrimonios de sonidos, muchas influencias y muchos encuentros fortuitos.
Empecé a buscar a través de combinaciones, en la reordenación de breaks tomados del jazz, el funk y el blues, la orquestación clásica, el trhash metal y las armonías ambientales y electro acústicas. No buscaba géneros, buscaba estados de ánimos convertidos en música para alimentar de ideas otro trance.
Logré conectar con algunos del pasado, nos citamos para un reencuentro, nuestro primer pensamiento común fue un bar. —Es horrible para algunos que parecen obligados —, por supuesto, pero era necesario desinhibirse… nos reímos. Incluso habían telefoneado a Karen desde la calle. Nunca pensamos que aquella fuese la última vez antes de que la esencia y la vitalidad de la ciudad fuese progresivamente destruida y enterrada.
