literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Pedro Rivero

Jul 28, 2026

Niágara

De dónde surges agua. A dónde, agua tranquila,
dirige, ciega, el rumbo tu preciosa corriente
Una deidad ignota te acrecienta y vigila.
Y te das al abismo desgreñada en torrente.

Ya es un rugir profundo tu acento de sibila.
El sol trasmuta en iris tu fracaso potente.
Y un suspiro inefable empaña la pupila
del cielo inaccesible, cerúleo, indiferente.

Te espacias y reanudas la carrera divina.
Entre arbustos y flores tu fuga se encamina.
El mar, lejos, aguarda tu dulzura campestre.

Feliz quien vio tu sueño recatado en la bruma,
prodigio de la noche, sobre escabel de espuma.
Imagen peregrina de la gloria terrestre.

***

Enano

Recuerdo al hombre mínimo, ya anciano
alerta y rubio, el alma una colmena
calvo, la luenga barba de azucena,
los ojos de zafir, fuerte la mano.

Patriarca diminuto. Veterano
carpintero, labraba una patena
de dorado matiz o nazarena
cruz al ritual de mi fervor lejano.

Con su velamen de marino brote,
me fabricaba una goleta, un bote.
El cordero de casa lo seguía,

Tuvo una hija, hermosa como Juno.
A Blanca Nieve me la refería.
Y de sus siete enanos era uno.

***

Claroscuro
I
El peregrino de la noche
la soñaba nocturno día:
luz de la carne sin reproche,
negror de la melancolía.

Su rocinante, uncido a un coche,
la estrella matinal veía.
La rosa sensual abrió el broche,
ebria de letal alegría.

Próvidas mamas de bohemia
lo nutrieron de neurastenia
bajo unos luengos rizos rubios.

Incendio solar fue la hora.
Y en el claror de esos connubios
el bardo poseyó a la aurora.

II
El alba despertó ya noche.
Su sueño fue nocturno día.
En el ocaso sin reproche
moría la melancolía.

El rocinante uncido al coche
la estrella vesperal veía.
La rosa del tedio abrió el broche,
ebria de letal alegría.

De súbito una voz lo nombra.
Y miró una sombra en la sombra;
era el cuerpo de un ángel rubio.

Se aproximó sin un reproche.
Y en el crespón de ese connubio
el bardo poseyó a la noche.

***

Égloga

Tras las hojas la luz borda en encaje
de reflejos inmóviles el suelo.
Y la turquesa diáfana del cielo
cubre de paz la gloria del paisaje.

La esmeralda florida del ramaje
acoge en giro tornasol el vuelo
de una torcaz con ojos en recelo
y claros de rubí, terso el plumaje.

Busca en la soledad un dios oculto.
La quietud matinal propicia el culto
del dios silvestre al pájaro en la fronda.

Y al evocarlo en sones sensitivos,
con la cadencia de su flauta honda
puebla el bosque de puntos suspensivos…

***

Odisea

La nave mensajera surge sola.
Y evoca la prístina carabela.
El iris estrellado la constela
en el tope de alegre banderola.

El cielo de cristal se tornasola.
Añil de mar. Blancura de la vela.
Oro solar, La fuga de la estela.
Y naufragio de espumas en la ola.

Rubí de ardiente flor sangra la tuna
marginal del armiño de la duna
donde el ave dejó rastros cual lises.

Voló en el trino y suspiró el encanto,
guirnalda alterna de leticia y llanto.
Y en la lira de nácar flota Ulises.

***

Santuario

Torno hacia ti cansado de la ausencia.
El mundo desgarró la bizarría
de mi túnica, blanca de inocencia.
Pero me queda aún la poesía.

Mi lámpara de amor y reverencia
su luz puede ofrendarte todavía.
Mi corazón, su perfumada esencia.
Y mi copa bohemia, su ambrosía.

Torno a tu valle fiel, místico huerto.
Anclo en ti hoy como en seguro puerto.
A ti, joya cimera, me consagro.

Tu templo es sacrosanta madreperla.
Tú, la perla preciosa del milagro:
perla de oriente, oriente de la perla.

***

Atavismo

Pródigo fui. La urbe y la montaña,
lejos de ti, secaron la cisterna
viva del corazón, isla materna.
Dame otra vez lo puro de tu entraña.

Dame tus mieles prístinas. Restaña
mi herida y gane tu salud eterna.
Quiero cumplir la voluntad paterna
de vela audaz sobre tu azul campaña.

Dame la plenitud de mi destino.
Nací del mar, sucumbiré marino.
Devuélveme la gracia de tus dones.

Aparta las sirenas de tu mundo.
Y déjame luchar con los tritones
en tu misterio de zafir profundo.

Deja una respuesta