Cuando pasan los ciclistas
Cuando pasan los ciclistas
a través de los campos
vemos los cuerpos subiendo
las manos sosteniendo
una antigua escalera
y los peldaños pasando entre
las piernas
mientras los árboles
quietos van cambiando de lugar
No mirarán germinar los campos
No verán crecer a los hijos
Dejarán que un remolino de hojas
siga girando y los ríos sin presencia
continúen alejándose de donde vinieron
mientras corren sentados
desnudos y vacíos
por creer en el viento
***
Escuchando a las ratas
Cada noche las ratas
murmuran contra nosotros
y se persiguen y huyen
cayendo en las trampas
Nosotros también huimos
de ciudad en ciudad
y de un cuerpo a otro
y mientras escondemos el arroz
las ratas escarban
mientras estamos despiertos
ellas duermen
y mientras dormimos
anidan en nosotros
y son los fantasmas
que rasguñan de noche
las abuelas
dejando caer las ollas
y los dioses
que responden en sueños
***
Cierre de la Feria
Mientras la feria se retira
y los comercios
se desarman y desinflan
se guardan las camisas
de los hombres
que nunca llegaron
y vuelven a sus cajas
los zapatos de los hijos
que no nacieron
y largos vestidos
se abrazan con chaquetas
decepcionados
porque la vida
sea el triunfo
de oportunidades perdidas
con los relatos
de la abuela
que nadie contó a los nietos
con en el soplo
de las cosas
que nunca pasaron
y con amores
que nunca
llegaron a encontrarse
***
El niño toca la bandera
El hombre que reprendió
a mis manos
por tocar su bandera
ha muerto
Él no sabía que un niño
es también sagrado
y que la muerte
flamea en el aire
A veces oigo su cuerpo
sacudirse al viento
entre sábanas
sin tierra ni patria
A veces lo recuerdo guardado
en su caja de madera
A veces chicotea
el viento
allí donde no hay banderas
solo el tiempo y la muerte
son banderas
que se retuercen en lo alto
con la lengua
saboreando
el sinsabor de la nada
***
Frankenstein
Alguien juntó
y cosió brazos y piernas
pero no hay luz en mis ojos
Alguien me puso
en zapatos de ortopedia
pero no me enseño a caminar
alguien me revivió
con truenos y electricidad
pero no reanimó mi corazón
Poseo la mano de uno
y el miembro de otro
Yo, el Adán genocida
estoy vivo
a pesar de estar muerto
y muerto
a pesar de estar vivo.
***
Un soplo de verdad
Si el mar se detuviera
y el sol se comenzara a enfriar
si la ciudad dejara de apresarnos
y no hubiesen días que contar
Si los pájaros dejaran de temernos
y los árboles no tuviesen
que susurrar
si el tiempo dejara de girar
y los ríos renunciaran
a seguir un curso
si la respiración se asfixiara
y el corazón
renunciara a bombear
Ese momento
ha de llegar
para todos
***
Palabras a una hija
Yo, un extranjero en todo el mundo
sepultado como tal en otra tierra
dirijo a ti mis palabras:
Aquellas manos
con que te enseñé a nadar
han sostenido
siempre tu cintura
y camino a tu lado
con mis piernas heladas
en el inframundo
Mientras tú podrías ahogarte
camino sin ver el camino
y te sostengo en aguas
cada vez más negras
mientras yo no sepa
cuán hondo
es el mundo
***
El gato muerto
Después de amar
los gatos
regresan con sus dueños
los que no regresan
duermen
con ojos abiertos
y yacen abandonados
y sucios
aun hermosos a causa del amor
y pienso en las manos
de quienes
no los volverán a acariciar
y los dejo mojados y tiesos
en el pasto
pues la inocencia a veces
cierra los ojos
a veces la muerte camina
entre las hojas
y se vuelve un animal que vaga
y no entiende la separación
ni la tristeza que depara
a quien todavía
los espera
***
El Sable del Museo de Napoleón
Un sable solitario en el museo
presiente la ciudad desde su caja de vidrio
detrás de las ventanas hay campos
donde crece la maleza
y un avión a chorro
corta en dos pedazos el cielo
el sable sin embargo se sostiene inmóvil
y cada día es pasado por el filo
De noche brilla allí donde no hay ríos
separados por orillas
Yo mismo
he cruzado esta hoja
aunque el sable permanezca
taciturno y silencioso
con la hoja mellada
frente a un hombre
divorciado
***
La mosca
La mosca camina por mi brazo
igual que el comprador
de una propiedad en venta
me espía y observa cómo
una masa de carne
se afeita y se soba las manos
y se acicala igual a una mosca
Ella que ha merodeando
a nuestros muertos
sabe que nos rige el reloj
y camina sobre mí esquivando
la mano del hombre
y sin embargo muere de espaldas
en el polvo después de chocar
con las ventanas
Hay quien acepta la oscuridad
sin preguntar
luego están las moscas
que nos han visto morir
y se han detenido a caminar
sobre nuestros labios
preguntándonos por qué
anhelamos el cielo
Qué buscamos en lo alto
si finalmente nos hemos perdido
en un bosque de palabras
cubierto de hojas
***
La ciudad perdida
Visito la ciudad perdida
oculta detrás de mis ojos
una luz de atardecer le pertenece
una espera se mueve hacia nosotros
Una vez estuve en ella caminé entre sus calles
y el aroma de agua muerta me rodea
y un sol amargo de pastos reseca mi garganta
sin embargo la había perdido
A veces una piedra cae de sus torres
A veces las campanas dibujan sus iglesias
Allí he estado muchas veces
palpo sus casas recorro con incertidumbre sus calles
sus piedras se han defendido por siglos del sol
y aunque la ciudad me pertenece
la desconozco sabiéndola ausente
Cada hombre que alguna vez
la ha encontrado, la ha perdido
Conrad y Pedro de Aguado soñaron esta ciudad
Humboldt escribió sobre sus árboles de leche
y los Welsares la vieron cubierta de oro
Ella en cambio me espera con sus esquinas
con sus ventanas radiantes
en perpetuo atardecer
y camino por ella perdiéndome
sabiendo que otros
también la han perdido
***
Presencia del mar
Aquí estuvo el mar del que solo
queda la sal sobre la mesa
Aquí estuvo el mar
dice el pájaro queltehue
con su graznido
de gaviota en la niebla
La gente que nace y muere
es el polvo pasando bajo las puertas
y las palabras que dijimos
el mar las devora y el aliento
de vivir en vano es ahora
el viento que azota las ventanas
Aquí los días fluyen con la rompiente
al detenerme en una calle
al hacer una cama
una ola blanca emerge
pasa entre nosotros un frío
y una línea indecisa cruza el horizonte
Al decir adiós o cuando suspiro
el silencio
se convierte
en la orilla
