Tomás Martínez Sancho
Cauto azulejo / escondes tu belleza / entre los nísperos. T.M.S.
El haiku es poema de la vida. “Instante significativo de la cotidianidad” –se ha dicho. Sin pretenderlo como estrategia planificada, enseña. El haiku invita a contemplar. Dice de las pequeñas cosas, apunta a la naturaleza como maestra del arte de vivir. En cuanto a su espiritualidad originaria, está marcado por el zen japonés (deudor del budismo hindú y del taoísmo chino), y apunta a la iluminación: el despertar del Buda. Salvando la distancia de tiempo y espacio, algo de esto se pone de manifiesto en ciertos elementos vitales, “iluminadores”, presentes en los poemas breves de cuatro obras de Wafi Salih: Vigilia de huesos, Caligrafía del aire, Honor al fuego y Sojam.
Elementos formales: vía de contemplación
En Vigilia de huesos, una estructura repetida, que ayuda a fijar la mirada, consiste en una acción simple y tres sustantivos, dos relacionados por el verbo, y un tercero señalando circunstancia. Los sustantivos permiten aguzar la mirada contemplativa sobre la escena, sobre sus detalles. El verbo único concentra la acción simple.
Fuera de casa / esparce la noche / su tempestad
Sin ser tan común esta estructura en Caligrafía del aire se lee:
Una mariposa / en la puerta del cielo / abre el templo
Los “verbos metafóricos”, como en este haiku de Buson: El sol en el ocaso / pisa la cola / del faisán cobrizo; o el recurso de la humanización de este otro, del maestro Onitsura: Una vez lleno de agua / el jarrón recibió / a la camelia; son vías formales para la mirada penetrante sobre la naturaleza; evocadora de lo esencial de la vida.
Wafi escribe, en Vigila de huesos:
En el río / los amantes desbordan / la inmensidad
El sol de hoy / juega con las nubes / de este poema.
Ofrendan la noche / los blancos jazmines / bajo la lluvia.
Un ejemplo más de estos “verbos metafóricos”, se tiene en este haiku en Caligrafía del aire, en el que la ronda de los insectos sobre las plantas se expresa como tejido de canciones:
Los insectos / tejen sobre el perejil / verdes canciones
Estas “metáforas” apuntan, es verdad, a una mirada profunda sobre la vida. Sin embargo, en Basho, el iris es apenas “parecido”, reflejo en el agua.
Cómo se parece / a su reflejo en el agua / el iris.
En Honor al fuego se puede intuir la pregunta: ¿qué significan unas flores extasiadas, unas flores detenidas en el tiempo de su existencia?
Extasiadas / las flores ante el espejo / del tocador
¿Qué son el río y el sauce sino espejos?:
Míralo bien / el sauce del patio / es un espejo
El río da a las flores / como a la reina su rostro / en el espejo
Los animales, en su camino, marcan un mundo alterno: nuevo canal en el río, senda entre el polvo de los libros, vía láctea sobre el poema:
Una manada / de hipopótamos, abrió un canal /del pantano al río
Quitó el polvo / una huidiza lagartija / en mi librero
Vía Láctea / danza sobre el poema / una mariposa
¿Cuál es la relación de la palabra con la belleza? Los poemas semejan aves y flores:
Nace un mirlo / en el follaje de estas letras / sobre el papel
Maceta de palabras / en el mercado de flores / un libro de poemas
Y sin embargo:
Tanta belleza / solo un débil reflejo / atrapa el verso
Finalmente, el apuntar de la metáfora hacia una mirada-otra, se vuelve sospecha sobre lo real. La alteridad deviene asombro, nada, lección de Zen:
Lección de Zen / sigo el rastro invisible / de un caracol
Invisibilidad que vuelve a recogerse aquí:
En la neblina / mi escoba invisible / barre a tientas
Los términos neblina, invisible y a tientas expresan esa sombra de duda en el quehacer humano. Barrer y escoba simbolizan genéricamente cualquiera de sus acciones, pero en particular el ejercicio de la escritura, referido en varios haikus más. Apunta también, desde una hermenéutica contemporánea en clave de mujer, a una sutil y risueña crítica a los discursos androcéntricos –que se percibe en su evocación de las “brujas”, mujeres represaliadas, invisibilizadas y representadas en sus escobas voladoras.
A veces, formalmente, la “metáfora desvelada” del haiku está cercana a una definición o una adivinanza.
En Vigila de huesos, así:
La angustia: / luciérnagas en ronda / sacuden el corazón
Noche en vela: / el amor de los gatos / sobre el tejado
La primavera: / en la cesta del mercado / canta el día
Inocencia: / el niño toca la luna / con una mano
Y en Caligrafía del aire, aparecen estos:
Monjes en fila / gotas de rocío / en el templo
Sombra muda / la diminuta rana / sobre la hoja
Perfume / de primavera / la luna sola
Esta forma cercana a la adivinanza, se muestra con mayor profusión en el poemario Sojam. La poesía como juego, en Wafi, ya se ha estudiado a propósito de su obra Cielos Descalzos. El carácter lúdico de Sojam se descubre ahora, y en primer lugar, por esta forma de adivinanza de algunos poemas. Hay adivinanzas con animales: el equilibrista, la galaxia, el alba, el mundo, un paraíso…; adivinanzas con la naturaleza: ciudad derruida, traición y gloria, la vida, la primavera, la madrugada, estrella fugaz…; adivinanzas con humanos y ángeles: tiernas sandías, flores, un sol mínimo, cabellera de la madre, el gran poema, cielo roto, unos ojos tristes….
La libélula en las llamas de una vela, ¿quién es? Y responde el haiku:
Equilibrista / la libélula en las llamas / de una vela
Los mangos más dulces avinagrados ¿Qué son?
Ciudad derruida / los mangos más dulces / avinagrados
Un anciano a lo lejos con su sombrero, ¿qué es?
Sol mínimo / ¡un anciano a lo lejos / con su sombrero
Muchos otros haikus sostienen este carácter adivinatorio y lúdico. A veces se trata de adivinanzas de elementos concretos, pero en otras ocasiones se da el paso a la abstracción: el mundo, la gloria, la vida…. Y con este paso ocurre una transformación en el ludismo, que da un suave giro hacia la meditación existencial. ¿Qué son la vida y el mundo? ¿Por qué lo que fueran cielos descalzos se nos revelan como cielos rotos? ¿Qué sentido puede tener la palabra poética?
Espejo del alba / el rostro recién nacido / de un colibrí
Flores, ¡sí!, flores / la risa desparramada / del loco del pueblo
Con los años / la cabeza de mi madre / nido de ángeles
Ala de ángel / la página blanca / el gran poema
Ese juego se conserva en la forma literaria del símil. La luna como un tazón, las hojas secas o las piedras del río como la vida…
Luna creciente / como un tazón de arroz / la ve mi niño
Travieso niño, tu risa / como tronco de bambú / mece el viento
Las partículas admirativas Cuántas, Qué, Tan, Oh introducen varios haikus del libro Sojam en el modo del asombro. El asombro y la curiosidad frente a cualquier fenómeno dan paso en los niños y niñas a la comprensión del mundo, tanto de los objetos que los rodean como de las personas con las que conviven y se relacionan. Con asombro se reconocen algunos hechos y fenómenos de la vida natural.
¡Cuántos ratones! / y el gato en celo / sin percatarse
A veces el asombro se da al percibir alguna relación visual o imaginativa entre fenómenos. Se mantiene algo del ludismo adivinatorio señalado con anterioridad, pero ahora se incorpora explícitamente la emoción del asombro.
¡Cuántas garzas! / solo una línea blanca / en el horizonte
¡Qué maravilla! / la huella del elefante / charca de insectos
Las situaciones sociales, los sueños del amante o la belleza crepuscular, el tiempo transcurrido, las dificultades de la vida, los sentimientos propios o la autoconciencia, también son ocasión de asombro. Varios haikus recogen este maravillarse sostenido con los años, este asombro de edad madura, interiorizado.
¡Cuántos mundos! / traslada a su ventana / el amante insomne
¡Oh crepúsculo! / robaste a los dioses / la sagrada belleza
Patio de escuela / ¡cuántas hojas cayeron / en estos años!
En ocasiones se introducen en los haikus los verbos ver, contemplar, mirar… Así se hace explícito el sujeto que contempla, reforzado en el caso que sigue, de la obra Sojam, con una pausa en el movimiento:
Me detengo / contemplo las hormigas / sobre mi sombra
El conjunto de estos elementos formales invita, insinúa y, con sutileza, permite acceder a la contemplación por un camino más expedito.
Los ciclos cosmológicos y los fenómenos naturales
Las cuatro estaciones, el sol y la luna, el día y la noche, los ríos y montañas, el viento y la lluvia, la roca y el oleaje, son elementos presentes en los haikus de Wafi. Así aparecen en Vigilia de huesos:
Día sin sol: / el croar de los sapos / trae la lluvia
Ya es verano / las moscas / en su ronda hostil
Como en la película del maestro Kim-ki-duk: Primavera, verano, otoño, invierno y… otra vez primavera, los haikus expresan la sabiduría oriental taoísta: “el Ciclo Cosmológico”, vinculado a los fenómenos de la alternancia día-noche, las estaciones, la floración y el fruto… transcurre de acuerdo con la dinámica que produce el equilibrio de los opuestos Yin-Yang que trae armonía, renovación y vitalidad.
Las noches del maestro Basho cambian con las estaciones. La noche primaveral se vive así:
Bebamos toda la noche / para hacer un tiesto de flores / con el tonel.
La noche de Honor al fuego es tranquila y primaveral. El gato es su dueño. No hay amantes que la inquieten.
Sobre el tejado / la desnudez de la luna / ronronea el gato
Llena de noche / la chicharra canta / ajena a todo
Entre lo más peculiar que identifica a Caligrafía del aire, se hace tónica constante este alternar de la vida, sus ciclos, el paso de una etapa a otra, los elementos o fases de la naturaleza (cinco en la tradición china, cuatro en otras antiguas tradiciones), los opuestos armonizados, el día y la noche, las estaciones…:
Viento de invierno / sostiene ¿qué? / ¿tanta tristeza?
Flores de azahar / despinta la noche / blanca fragancia
Especial aparición tienen algunos de los elementos de la naturaleza: agua, tierra y aire. El agua en sus diversas formas o estadios: escarcha, rocío, lluvia, nieve, gota… La tierra, piedra o fango. Y el aire: viento, cielo, nubes; con la observación de que este último elemento, que marca el título del poemario, no se incluye entre las cinco fases de la naturaleza en la filosofía tradicional china. Así va quedando claro que los haikus de Wafi beben en distintas fuentes (orientales y occidentales) sin apostar por una corriente filosófica particular.
Gotas de rocío / ¡quién las distingue! / sobre el agua
Desde la rama / el gorrión lee el agua / sobre la piedra
Frío de invierno / queja del viento / en mi ventana
Nacer y morir, florecer, son otros modos de evocar el ritmo vital, tránsito de la vida de una etapa a otra:
Lindo día / muere en los ojos una flor / otra nace
La luz y la sombra, son expresión de la armonía de opuestos en el yin-yang:
La mariposa / bate dos mitades de la luz / dos sombras
Ya Basho prevenía sobre la vida:
No lo olvides: / caminamos por el infierno, / contemplando flores.
Esta armonía de opuestos, aparecerá de nuevo, en Honor al fuego:
Junto al cardo / ilumina el cocuyo / a una rosa
Sombra del día / ¿Quién te despliega / y hace la noche?
Los opuestos –infierno-flores, luz-sombra, cardo-rosa, día-noche– son revelados, en epifanía, bien sea por la luz del cocuyo, por el batir de alas de la mariposa, por un despliegue misterioso o por el ejercicio de la contemplación y de la memoria.
El “infierno” al que se refiere Basho, al de nuestro mundo, por el que “caminamos”, está hecho de violencia. Con frecuencia destructiva, sin desearlo, ejercida por simple torpeza, o por ejercicio de naturaleza inconsciente:
Torpe mi gato / detrás de las mariposas / pisando flores
Basta un elefante / para aplastar un reino / de hormigas (HF)
Incluso la caricia puede llegar a transformarse en violencia que doblega:
Dobla el bambú / cuando lo acaricia el viento / su dura espalda (HF)
A veces, surge la violencia furiosa de un elemento sobre otro, pero sin causar el efecto destructivo, que en otras circunstancias sí provoca:
Contemplo el mar / enfurecido sobre la roca / no logra quebrarla (VH)
En Honor al fuego, la violencia de las pulgas es violencia que no logra mellar la felicidad:
Lleno de pulgas / mi perro ha vuelto / feliz del campo
Los animales: pequeñez en la que mirarse
El haiku se fija en ellos, nos hace prestarles atención contemplativa. Lo cotidiano-sencillo nos lleva a la iluminación. Como en la historia del monje que le dijo al maestro Joshu: “Acabo de entrar a este monasterio. Por favor enséñame”. Joshu preguntó: “¿Has comido tu arroz?” El monje respondió: “Ya he comido”. Joshu le dijo: “Entonces sería mejor que lavaras tu plato”. En los haikus de Wafi, son los pequeños animales los que muestran la vida sencilla, el valor de las cosas pequeñas. Lo más simple nos hace despertar.
En Vigilia de huesos, son los pequeños insectos: cocuyo, luciérnaga, libélula, mariposa, mosca, hormiga; o las aves: pájaro, ruiseñor.
¿Qué se dirán / de rama en rama / los ruiseñores?
Se agregan los animales domésticos tan comunes: perros y gatos. En estas miradas, miradas-otras, taladradoras de lo real, se incluyen animales despreciados, sapos y gusanos, o sus excrementos:
Florecen / sobre una bosta de vaca / dos azucenas
En Caligrafía del aire, otra vez están los pequeños insectos: mariposa, hormiga, mosquito, grillo; y las aves: pájaro, ruiseñor, gorrión, tortolita, gaviota.
Agua y frío / en mi ventana / dos mariposas
Se hace explícita la mención de su pequeñez, en el caso de otro animal -la rana-:
Sombra muda / la diminuta rana / sobre la hoja
Y se agrega a los ratones:
Este invierno / los ratones no encuentran / migas de arroz
En Sojam vuelven a aparecer las mariposas, las hormigas, las moscas, las arañas y los saltamontes. Sus acciones de revolotear, saltar, brincar, desfilar, danzar o tejer, apuntan al dinamismo indetenible de la naturaleza que convida
Revolotean / sobre el toro manso / las mariposas
Brinca y brinca / desgastando la tarde / el saltamontes
La araña teje / un velo de novia / para la luna
Recuerdo lo que afirma la poeta Beatris Osés García:
En la mayoría de mis poemas recurro a los animales para crear imágenes poéticas. La animalización es un medio para distanciarme y, al mismo tiempo, hablar con libertad de los animales que llevamos dentro. Estos personajes conectan con el tiempo de la infancia y con la tradición. Me permiten el juego de la inversión, la vanguardia y la ruptura con lo previsible. (…) resulta divertido, incluso liberador, aceptar esta propuesta para voltear la realidad y buscar otra más original, más equilibrada o más justa.
La recurrencia a los animales permite al lector el distanciamiento –que da libertad- a la vez que la conexión, la identificación a la vez que la propuesta rupturista, los sueños infinitos así como la denuncia del sinsentido.
Pequeño grillo / dice tanto tu canto / al pasto seco
Parece decir: / el zumbido de los insectos / mundo absurdo
Los pequeños pájaros muestran las formas de la vida.
El peso del pájaro / sobre una débil rama / levemente la inclina
Acaso se queja / el pájaro del espino / o de la piedra
Los familiares gatos, aún más similares a los humanos, obsesivos, en desamparo, acechantes, son reflejo del yo o del mundo, en sintonía o en pugna, en equilibrio. Y con los gatos, los leones –de la familia- y los perros. Los lobos y la luna, armonía de opuestos.
Gato en celo / sobre el blanco mantel / derrama la sopa
En penumbra / la sombra del viejo gato / como un león
Leones y gatos / como toda familia / iguales y diferentes
Después del festín / en la puerta de mi vecino / gatos y perros
El lobo sabe / la luna lo contiene / y él a ella
En algunas ocasiones, en lugar de ocultar el yo tras el animal, el poema recurre al movimiento explícito del yo (en su pensamiento complejo, en sus sueños de futuro…). El juego de inversión consiste aquí, en que el movimiento hacia afuera, del yo hacia el animal, es en realidad un movimiento de interiorización; un gato triste, unas mariposas ante la mirada o un caballo blanco lo representan.
Budas y arañas / contiene mi pensamiento / de gato triste
En mis sueños / un caballo blanco / borra el destino
La muerte: espacio de transformaciones
La muerte de los animales es fluir de la naturaleza. Así lo refiere Basho:
Este mismo paisaje / oye el canto y ve la muerte / de la cigarra.
Cercanos a este de Basho, en cuanto al tema del canto de los animales que llega a su fin, y sus consecuencias, escribe Wafi Salih en Honor al fuego:
Muere el grillo / la orquesta del patio / desafina
¿Dónde (está) ahora / la caja de resonancia/ del grillo muerto?
¡Cuántas moscas / sobre el ruiseñor que ayer /cantó a la flor!
El grillo y el ruiseñor han dejado de cantar. Sus órganos ya no reproducen el sonido, las moscas rondan su cuerpo, el canto –sin ellos– ya no es igual.
La muerte de los animales remite a la propia muerte. Si se tiene en cuenta la al poeta Basho, la conciencia de la propia muerte es conciencia de eternización en la naturaleza y en su ciclo:
Cuando me vaya, / guarda bien mi tumba, / saltamontes.
En Honor al fuego, esta conciencia de la muerte se hace más aguda. Fuego y noche, ceniza y tal vez –cuestionamiento sobre el futuro- flores nuevas, es lo que permite expresar el afán de trascendencia, una especie de testamento espiritual de Wafi Salih, con este texto que parece llamado a cerrar un ciclo poético, a través de estos haikus.
Sobre mi tumba / florecerá la noche / ¿Quién lo sabe?
Cuando yo muera / harán mis cansados huesos / honor al fuego
Algunos personajes: los niños, los viejos, los amantes y el mendigo
En los haikus tradicionales hay una mirada particular sobre algunos personajes, que mantienen su natural esencia: los niños, el mendigo, la muchacha, el viejo…; personajes que remiten a la sabiduría y la paz. Esta perspectiva la recoge Wafi en varios poemas de Caligrafía del aire:
Un sendero de hormigas / guía al vagabundo / esta tarde
Tul y encaje / camina la niña / entre nubes
Entre la lluvia / la niña llora / nadie lo nota
En el jardín / ajeno a los gladiolos / un niño llora
El llanto del niño y la niña, apenas descubierto a la mirada del poeta, lanza la pregunta por la razón de tales llantos. Este otro haiku permite interrogar por la propia realidad humana en su desarrollo evolutivo:
Ve en el retrato / el niño que era / yo ¿o un extraño?
En Honor al fuego, vejez y niñez se valoran como etapas de la vida. La vejez es considerada luna menguada. El viejo es el sabio que toma decisiones oportunas ante la naturaleza amenazante. Las niñas, en contraste con el viejo que se recoge, buscan las flores que adornen sus cabellos.
Suspira el viejo / cerrando la puerta / al rudo invierno
Para sus trenzas / las niñas coquetas / rondan las flores
Los mendigos y locos enseñan nuevas miradas:
La loca del pueblo / va contando estrellas / mientras camina
Granos de arroz / el mendigo los mira / perlas pequeñas
Los amantes, bajo la lluvia o en el otoño, expresan esa misma esencia de la vida en sus diversas etapas:
Se estremece / la sombra de los amantes / en la pared
Amor de otoño / se entrelazan las manos / para el invierno
Ancianos, ella y él / siguen elevando cometas / cuando se miran
Bio-conciencia
La pregunta por el llanto de los niños y la evolución humana, se asocia bien con la pregunta por el mundo en que vivimos. En Caligrafía del aire, Wafi muestra con claridad su mirada contemplativa al mundo. Un mundo sufriente, sobre el que el alba llora, lavando en algo su dolor:
Sobre el mundo / deja sus lágrimas / el alba
Un mundo que cae, pero lo hace lenta y suavemente, a ritmo de historia:
Refleja el mundo / esta hoja que cae / sin resistencia
Para mis ojos / el mundo se desliza / entre las flores
La flauta, con su melodía, derrama sobre la tierra seca una humedad transida de dolor.
Una flauta / escarcha de lágrimas/ el desierto
Sufrimiento y salvación.
La relación entre opuestos, en equilibrio y armonización, no solo se da en los ciclos o fases de la naturaleza, sino en la historia y el fluir del mundo.
Algo de ángel / tiene esta mariposa / sobre el fango
Igual de suaves / espinas y pétalos / para el rocío
Ciudad derruida / de dónde llega / tanta fragancia
Semejante a este último haiku en su primer verso, léase el haiku de Vigilia de huesos:
País derruido / un lamento de lluvia / sobre las piedras
Obsérvese, sin embargo, que en este haiku se ha perdido la dimensión de oposición: allá fragancia, aquí lo derruido queda en lamento.
Sojam avanza en la conciencia del mundo, del tú, del yo; en la conciencia de la vida. Wafi muestra con claridad su mirada contemplativa al mundo. El mundo, materia –viento, agua y fuego- a tenor de los antiguos griegos, revela hondas verdades del espíritu.
Suspira el viento / las huellas invisibles / de otros días
Aviva el río / con palabras de agua / fuegos secretos
Gotas de rocío / también sobre las dalias / del cementerio
En el lago / estremece la luna / como un amante
Notas de agua / el río entre las piedras / canta el cielo
La noche, con la luna y las estrellas, ofrecen un punto donde colgar los sueños de humanidad.
El universo / deletrea el cielo / con las estrellas
El niño señala / la luna llena, ¡Madre! / tendrá una lunita
Y un contrapunto, para noches sin luna:
Nada ilumina / más allá de esta vela / la madrugada
Dialoguicidad: amor, desamor, añoranza del amado
Si bien el haiku tradicional de los maestros japoneses, por lo general está referido a la naturaleza, se acaban de mostrar algunas excepciones. Otros poetas contemporáneos se han ejercitado en el haiku desde otras claves. Benedetti es un exponente latinoamericano, con su Rincón de haikus, de una apuesta más socio-política. Desde estas pistas y posibilidades contemporáneas que se abren, Wafi aporta un grupo de haikus, en Vigilia de huesos, centrados en el encuentro de dos, yo-tú:
Noche muda / el corazón del amado / canta en mí
Cuando te veo /una flor invisible / perfuma el aire
O en su desencuentro:
Vacía para mí / colmada de palabra / esta: tu carta
Borra tu huella / la niebla, el dolor / y estas lágrimas
Hablas de amor / indiferente la brisa / enfría tu aliento
Se podrían agregar, de En honor al Fuego:
Amado mío / me miro en el espejo / y veo tus ojos
Toc, toc, mi corazón /El paraíso de tus manos / tras una puerta
En la mayor parte de estos casos, puede apreciarse que Wafi no deja de lado la mirada contemplativa sobre la naturaleza.
Este diálogo de dos, usando la segunda persona, hay veces en las que deja de incorporar a un tú humano directo, para establecerse con un tú animal o flor. Así sucede en Vigilia de huesos:
Gato travieso / al borde de mi cama / ronroneas
Flor de verano / un gusano silencioso / roe tu tallo
Aunque detrás de ellos se esconda el sujeto humano, como en estos:
Detente, detente / corazón de libélula / el sol te quema
Pájaro gris / tienen prisa los años / en tu plumaje.
En Caligrafía del aire, un grupo de haikus, están centrados en la añoranza del amado; y la mayor parte de ellos son nocturnos:
Medianoche / esta tormenta / trae tu voz
Noche sin luna / la luz me llega / de tu sonrisa
En semejanza y desemejanza de naturaleza y amado: voz semejante a tormenta, luz en contraste con la oscura noche. La semejanza aparecerá de nuevo en Vigilia de huesos:
Noche muda / el corazón del amado / canta en mí
Otros versos refieren la ausencia de la persona querida:
Negra noche / igual a otras / donde no estás
Viento y suspiro, son caligrafía del aire, caligrafía del corazón deseante:
Cuando te vas / murmullo de alas / trae el viento
Rostro ausente / caligrafía del corazón / cada suspiro
Amor distante / suspira el viento / toda la noche
Caligrafía del corazón, en juego con el título del poemario, Caligrafía del aire, establece una pista para leer algunos haikus más:
Tras la lluvia / más fresco el aire / también el alma
La primavera / desata sus cabellos / sobre mi almohada
En Honor al Fuego, lluvia y suspiro, nieve y huella, evocan también al amado:
Blanca tan blanca / como fila de ángeles/ tu huella en la nieve
Suspira por ti / esta lluvia que cae / menuda, lenta
En Sojam son unos pocos los haikus de amor y de cuerpo. Amor tortuoso, ocaso separado, en ruinas, o añorante.
País derruido / un alfabeto de piedras / tu cuerpo ahora
Senos al aire / los viste la media noche / de nostalgia
Dos cometas / destino de amantes / el viento separa
Puede apreciarse que Wafi no deja de lado la mirada contemplativa sobre la naturaleza: lluvia, viento o noche, primavera, evocadora de la experiencia interior.
El yo poético
Se puede encontrar entre los haikus de Wafi Salih, contemplación de la naturaleza, con preferencia formal por la tercera persona; dialoguicidad, presente en los haikus en segunda persona; y también haikus en primera persona, en los que el hablante es un yo. Se trata de un explícito yo poético[1]. A estos me refiero en lo que sigue.
En Vigilia de huesos, el femenino del sujeto, permite lanzar un anzuelo sobre la autora, metamorfoseada sin pudor de purista literario, en el yo del haiku. La introspección no es aquí un ejercicio psicologista, de introversión recluyente, sino el reconocimiento de su historia pasada:
¿A dónde zarparon / los barquitos de papel / de cuando era niña?
Y presente:
En esta casa/ como una luciérnaga / estoy sola
Para, finalmente, asumir desde la mayor libertad y abandono, el propio ser:
A la intemperie / en vigilia de huesos / llevo mi alma
Me desnudo / borro lentamente / cada palabra
El final de este poemario, apunta a la vida que se abre entonces:
Vuelvo a mí: / unos ruiseñores / cantan ahora
Ejercicio del vivir.
En continuidad con la mirada espiritual presente en Caligrafía del aire, tres de sus poemas, desde el yo contemplativo, apuntan al cielo, señal de la iluminación interior.
Miro el cielo / mosquitos alrededor / yo no los veo
Miro el cielo / miles de mariposas / en una sola
Miro el cielo / todas las nubes / me pertenecen
Sorprende la mención de la propia tumba, asunción de la vida en su integralidad, con ciertos tonos vallejianos, en aquello de: Me gusta la vida enormemente /pero, desde luego, / con mi muerte querida y mi café; manteniendo sin embargo esa dosis de sabiduría oriental: la muerte y la vida como etapas de un mismo fluir existencial.
Sobre mi tumba / nace un poema / perfuma la luna.
El yo poético, presente en las anteriores obras de Wafi Salih, en Honor al fuego se hace más intenso. A veces son los animales acercándose, comunicando sus deseos, sus cansancios y sus mensajes ocultos, al estilo de este de Basho:
Viene a verme aquí / desde el vivero / una voz de sapo
En esta obra de Wafi, ranas, búhos, hormigas y moscas, dan el paso para dialogar con el yo:
Vienen a mí / pequeña rana que salta / los días idos
Aguas termales / mira el búho desde una rama / mi desnudez
Guardo el carbón / las hormigas sobre mi cara / trazan un mapa
Cansada de vivir / la mosca se ahoga / en mi taza de té
O hasta la misma Vía láctea se aproxima a comunicar sus cuitas:
La Vía láctea / en mi taza de té / cada mañana
En otras ocasiones es el yo (sentimiento de tristeza o vida total) el que sale de sí, se desplaza hacia fuera, se refleja en animales o cosas: una rana que canta, un puente colgante, un papel escrito:
Croan las ranas / notas de mi tristeza / en su garganta
Puente colgante / deja pasar también / a mi tristeza
Es un espejo / en este papel, un haiku, / mi vida entera
La realidad cotidiana, en su fragilidad y simpleza (“solo soy”) e integralidad de vida biológica, básica (acción de comer), y vida “espiritual” (situarse “ante”, contemplativamente) es lo que reflejan estos haikus de Basho:
Yo soy un hombre / que se toma su arroz / ante el roble
Solo soy un hombre / comiendo su sopa / ante la flor de asagao.
En la misma senda, afirma Wafi Salih:
Mi frágil alma / ante un plato de lentejas / medita el alba
Mitiga algo / el almíbar del níspero / en mi boca
Blanco, tan blanco / como un plato de arroz / mi pensamiento
Evolución humana y natural vuelven a hacerse presentes al yo íntimo. Recuerdo de la infancia, evocación de los antepasados; junio con mangos maduros para la vista, verano cálido para el tacto, invierno y desnudez; con cierto tono de sensualidad.
¡Qué nostalgia! / la casa de mi infancia / llena de flores
¿Quién comerá / los dátiles que plantó / mi abuelo?
Días de junio / titilan los mangos / en mis pupilas
En verano / sentir las piedras del río / bajo mis pies
¡Qué coincidencia! / Las vetas de estas piedras / sobre mis manos
Rudo invierno / tiene prisa mi alma / por desnudarse
¿De dónde vengo y quién soy?, se interroga la poeta. Vengo del amor y soy naturaleza viva:
Soy los latidos / en las cartas de amor / de mis abuelas
Sin ufanarme / soy un simple cuco / entre las ramas
Santidad y dolor terrenal soy; dolor de la palabra breve pronunciada:
Limpio mis santos / algo de mí en sus túnicas / descoloridas
Yo Wafi Salih / un haiku con espinas / sobre la tierra
En Sojam, los haikus muestran la realidad cotidiana, en su fragilidad, simpleza e integralidad de vida biológica y socio-laboral (podar, destrenzar, barrer, injertar, caminar).
Podo las flores / en el suelo pétalos / sucios de lodo
Pisadas frescas / desvelada mi madre / injertó una rosa
Barro mi acera / avergonzada mi vecina / busca su escoba
En ocasiones se introducen en los haikus los verbos ver, contemplar, mirar… Así se hace explícito el sujeto que contempla. Estos elementos formales invitan, insinúan y, con sutileza, permiten acceder a la contemplación por un camino más expedito, incorporando a la vida su dimensión “espiritual”.
Miro la sombra / de mi gato en la pared / retrato del mundo
Medito / las rosas y sus espinas / son caminos
Uno tras otro, los haikus recorren –en un yo que no se esconde- los sentimientos de dolor y de amor, de confusión y de paz, de fiesta y serenidad, de pequeñez y de infinitud.
Mi casa nueva / sus paredes tan blancas / oprimen el corazón
Desordenado / el gallinero imita / mi corazón
Oculta el brillo / la oscuridad del estanque / de mi anillo de bodas
Mi pelo blanco / ángeles sobre mi cabeza / guían mis pasos
Dunas milenarias / en la mirada de mi padre / y de mi hijo
Frente al templo / una niña descalza / siempre seré yo
Detengo la noche / cuando contemplo en el muro / al caracol
Percibo en el aire / la rosa abierta / de tus manos
Naturaleza, escritura y sacralidad
El haiku permite ahondar, desde la naturaleza, en la vivencia interior. Permite pasar de lo material al “signo espiritual”. En Caligrafía de aire, la iglesia, el templo, los monjes, o el ángel son ámbitos y personajes que evocan, en su quietud “natural”, esta dimensión de espiritualidad.
Copos de nieve / caligrafía blanca / sobre la iglesia
La naturaleza clama por lo divino. Así, la lluvia misma es plegaria:
Llueve / repiquetea en cada gota / una oración
En Honor al fuego, esta visión de lo sagrado, manifiesta en los signos de iglesia y templo, se trastoca, como lo hiciera ya provocadoramente Basho. En lo humano reside la presencia de lo sagrado, tanto como la de las moscas –ironiza Basho. Es curioso el modo sutil diferenciado que establece para referirse a esta presencia en el siguiente haiku. Las moscas rondan lo humano, como a la basura o las heces. Son algo externo, y el ser humano es asimilado a lo despreciable. Los Budas no lo rondan (lo humano), están presentes en su interior. El ser humano se asimila a lo santo.
Donde hay hombres / encontrarás moscas / y Budas.
En lo humano cohabitan heces y santidad. Los poetas lo dicen bien, ahora sí, en Honor al fuego:
Cada poeta / transcribe en sus letras / cielo y lodo
Y así, en lo sagrado (templo, iglesia) menos lustroso (de pueblo o en ruinas) pueden advertirse seres inoportunos (ratones o mosquitos).
Ratón sin casa / en la iglesia del pueblo / duerme la siesta
Templo en ruinas / oigo a los mosquitos / multiplicarse
Lo sagrado (iglesia, templo o cielo) queda desfigurado, sin rostro, rodeado de vetustez y pobreza.
¡Qué gran pueblo! / casuchas desvencijadas / rodean un templo
Casa en ruinas / una mujer espera / señales del cielo
Niña descalza / por un mendrugo de pan / llega a la iglesia
Y, no obstante, se apunta otro modo de lo sagrado, al estilo de lo que reclamara el texto del Trito-Isaías, de la Escritura judeo-cristiana (capítulo 66, verso 1), en un contexto de “secuestro de lo sagrado” por los grupos sadocitas (siglos V y IV antes de la era cristiana):
Así dice YHVH: el cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies: ¿Qué casa podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo?
El cielo de Honor al fuego se torna espacio de los sentimientos profundos –suspiros, enamoramientos, presencia escondida-; espacio de lo sagrado.
Enamoradas / dos cometas en el cielo / ¿O son la misma?
Blancos suspiros / cuando miro las garzas / cruzar el cielo
Cuando no esté / escribe esto: solo buscó / mirar el cielo
Escribe el cielo / una carta de amor / cada mañana
No solo en el cielo anda lo divino. De Basho se lee:
El mensaje de Buda / brilla en el rocío / de una hoja.
Dios se manifiesta en su no-ser, en su trascendencia, inatrapabilidad, in-amarrabilidad. Escapa de los cercos racionales, modernos. De Vigilia de huesos es este poema:
Sobre el agua / trazo con mi dedo / el rostro de Dios
Su rostro se desvanece al intentar grabarlo con otra caligrafía, no ya de aire sino de agua, escritura “digital”. Estamos cerca de la teología-negativa de Tomás de Aquino, la Nada de los místicos (tanto occidentales como orientales), o incluso el llamado politeísmo naturalista de algunas antiguas tradiciones religiosas.
Algo más aporta este haiku:
Dios en la hoja / la rama nueva / y el árbol muerto
Dios en lo pequeño, en la naturaleza escueta, en su ser de vida, con su muerte tan propia. Armonía de opuestos.
Dios en la hoja / la rama nueva / y el árbol muerto
Presencia en lo muerto, que puede leerse como presencia-ausencia, enmarcada en el ciclo de lo natural. Así se refleja en Honor al fuego. Ausencia de Dios, en las hojas muertas del otoño, que anuncian los brotes primaverales…. Hasta Dios se ausenta recurrentemente.
Dios ausente / se amontonan / las hojas secas
O se esconde en lo recóndito:
¡Qué grandeza! / en el vientre de la ostra / el rostro de Dios
En Sojam, el oficio de existir, que para la poeta es oficio de crear, pasa por el ejercicio de la meditación, y por la irrupción de la palabra temblequeante que intenta vagamente aproximarse a lo divino. Es tarea pendiente: Dioses, Budas, maestros y ángeles aún no logran su cometido.
Cuando meditas / el ritmo del corazón / haiku perfecto
Me pregunto: / estos haikus, ¿traducen / tanta nostalgia?
¡Díctame luna! / las blancas palabras / del infinito
No dudo, también / en el charco de tinta / el rostro de Dios
Buda infinito / ¿qué custodian las piedras / del gran templo?
Sobre la tumba / del maestro Issa / ¿ángeles o lirios?
Cierres de obra
En Caligrafía del aire, los dos haikus que cierran el poemario resaltan la mirada interior, el suave trascurrir de la historia, y la naturaleza compositora de las más exquisitas melodías:
Para mis ojos / el mundo se desliza / entre las flores
Los insectos / tejen sobre el perejil / verdes canciones
Planteamiento similar utilizará Wafi en Vigilia de huesos, al cerrarlo con el canto de los ruiseñores, ejecutores magistrales de estas verdes canciones.
En Honor al fuego, son notorias las menciones de los maestros Basho e Issa.
Oigo las aves / de los poemas de Basho / en el ciruelo
Maestro Issa / este tachón con ira / ¿será un haiku?
Los maestros Basho e Issa, inspiradores de la belleza contemplativa, sensorial (oído y vista) y ascética (evitación de la ira), que recorren de principio a fin los haikus de Wafi, son recordados haciéndoles honor. Honor a quien honor merece, podría decirse. Y no obstante, bien mirada la vida, en su integralidad, el honor va más allá de los textos escritos. Se torna universo ardiente, llamarada cósmica que envuelve lo que resta del tiempo:
Cuando yo muera / harán mis cansados huesos / honor al fuego
En Sojam, de modo similar a como en el poemario Con el índice de una lágrima, la imagen de la madre llena el texto, no obstante su aparición fugaz. El haiku persigue su verdad con la madre y a través de ella. La cuna, el arrullo, el olor de durazno de aquel libro:
Estrenó / en horas ya idas / hace tanto / una canción / de cuna
Madre / tuyo el olor del durazno / me arrulla / y es nunca jamás / ayer (IL)
…están ahora, junto a la cama de una voz adulta, como perfume y abrazo:
En la apertura: Perfuma el aire / el retrato de mi madre / junto a mi cama
En el cierre de la obra: Cobíjame luna / el abrazo de mi madre / tu blanco rostro.
Notas
[1] Eludo aquí la discusión sostenida entre algunos especialistas sobre lo conveniente o no de la presencia del yo en el haiku: hay quienes afirman que si hay un yo no hay haiku. Lo razonan desde lo contemplativo como salida de sí. Está bien. Aquí no tengo interés por el rescate del haiku tradicional o esencial, sino por el estudio de la obra de Wafi. Aquí se trata de otros haikus, los nuestros, los latinoamericanos. Son poemas y basta para que entren en mi interés ensayístico.
