literatura venezolana

de hoy y de siempre

El Nacional, su fundación, influencia y línea editorial a favor del humanismo

Oct 14, 2026

Alberto Jiménez Ure

§ -Durante mis momentos transicionales entre la pubertad y adolescencia siempre veía a mi madre Carmen Ure leer El Nacional, un diario con menos páginas que otros de la competencia como El Universal o Últimas Noticias pero imprescindible en las casas de millones de venezolanos. Ella sabía de mis inclinaciones intelectuales y por ello un día me mostró una entrevista que le habían hecho al novelista Salvador Garmendia, que leí efusivo en una de las secciones. El futuro me deparaba conocerlo en la ciudad mítica de Venezuela, Mérida, en cuya Universidad de Los Andes ambos trabajaríamos (segunda mitad de la d. a. a. 70 – s. XX)[1].

El año 1982, en la antigua sede de El Nacional, también tuve el honor de conocer al notable escritor Miguel Otero Silva. Ulteriormente publiqué un ensayo breve sobre una de sus novelas[2].  

Se requiere tener más de 70 años para valorar, con rigor y fiabilidad, la trascendencia de El Nacional desestimando el corrosivo infundio de procedencia política e igual el odio  con intereses fútiles adrede fomentado en perjuicio de la majestad de un periódico fundado por Miguel Otero Silva y su padre.  La admirable determinación empresarial de Miguel Henrique [heredero,  actual presidente & director] ha logrado mantener su vigencia en Latinoamérica. La honorable familia de comunicadores sociales es descendiente de un general de la República de Venezuela: Miguel Ángel Otero Vigas.

El 3 de agosto de 1943, Henrique Otero Vizcarrondo publicó, junto con su hijo Miguel, el primer número del diario caraqueño El Nacional, del cual fue presidente. Tras su muerte, sus herederos donaron su colección personal de porcelanas chinas al Museo de Bellas Artes de Caracas[3].

Antes que las universidades autónomas de Venezuela [Central, de Los Andes y Zulia]ofrecieran la carrera de comunicación social a los jóvenes estudiantes, los diarios más relevantes de Venezuela tuvieron rígidas líneas editorialistas con el propósito de difundir informaciones constatables que exaltaran la ética comunicacional. Es, precisamente, una de las razones por las cuales El Nacional se transformaría en un diario temido por los déspotas y corruptos del ámbito político emparentados con la delincuencia organizada de larga data e historial abominable.

El dictador Marcos Pérez Jiménez (1952 – 1958) suspendió a El Nacional y bloqueó de forma episódica. Tuvo funcionarios policiales encargados de revisar contenidos informativos y editoriales que pudieran formular críticas al gobierno relacionadas, fundamentalmente, con los derechos humanos o atrocidades conexas: arrestos y desapariciones forzosas, torturas, intimidaciones, hostigamientos:

§ -«[…] El gobierno de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) ha sido estudiado desde varias visiones dentro de la literatura periodística, la politología, el ensayo histórico e inclusive la narrativa propiamente, en que se recrean los episodios más terribles de la cárcel y la tortura (…) hay un elemento de sumo interés a la hora de una lectura histórica del período, que es el complejo sistema de propaganda que el gobierno propició cuidadosamente en aras de su vanagloria y aceptación nacional e interamericana […]»[4] 

Quien esté adentrándose a mi breve ensayo puede dilucidar las innobles causas por las cuales El Nacional ha sido víctima de inescrupulosos con poder de mando, hombres que no fueron realmente de Estado sino forajidos. Curso de la democracia representativa (1958 – 1998) no fue cerrado por ninguno de los sucesivos gobiernos. Circuló amparado por el Art. 66 de la Constitución Nacional de Venezuela del año 1961:

§ -«[…] Todos tienen el derecho de expresar su pensamiento de viva voz o por escrito y de hacer uso para ello de cualquier medio de difusión, sin que pueda establecerse censura previa; pero quedan sujetas a pena, de conformidad con la ley, las expresiones que constituyan delito.

No se permite el anonimato. Tampoco se permitirá la propaganda de guerra, la que ofenda la moral pública ni la que tenga por objeto provocar la desobediencia de las leyes, sin que por esto pueda coartarse el análisis o la crítica de los preceptos legales […]»

El hostigamiento que El Nacional ha experimentado por parte de un sistema de gobierno ilegitimado que, sistemática y alevosamente, desconoce derechos fundamentales del hombre y ciudadano, especialmente libertad de opinión e información incluidas en la constitución vigente de 1999, no ha tenido precedentes en la Historia de Venezuela. Es inconmensurable la magnitud los daños morales y materiales ocasionados a los dueños del medio de quizá el más emblemático de entre los medios de comunicación social activos (s. XX – XXI)

Todos los venezolanos que adherimos a preceptos filosóficos a favor del fortalecimiento e inviolabilidad de nuestros derechos humanos tenemos el deber de solicitar, a viva voz o por escrito, el cese de la inaudita persecución, censura y bloqueo de El Nacional. La intelectualidad en general, hacedores de literatura, artistas plásticos, dramaturgos, obreros, profesionales de la Administración Pública, científicos, tecnólogos, docentes, investigadores, empresarios, religiosos y hasta los políticos de la república estamos en deuda con la catedral de la prensa nacional [así suelo calificarla].

Sobre el autor

NOTAS Y REFERENCIAS

[1]  https://www.elnacional.com/columnas/2022/06/mi-memoria-permanece-intacta/

[2] https://www.agenciabalcells.com/autores/obra/miguel-otero-silva/la-piedra-era-cristo/ (1984, El Impulso, Barquisimeto)

[3] (https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/o/otero-vizcarrondo-henrique/)

[4] (https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-94962009000200002)

Deja una respuesta