{"id":9977,"date":"2023-12-12T20:08:01","date_gmt":"2023-12-12T20:08:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9977"},"modified":"2023-12-12T20:08:56","modified_gmt":"2023-12-12T20:08:56","slug":"cronicas-chocron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cronicas-chocron\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00f3nicas de Isaac Chocr\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La carta, por favor<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo fin de semana una pareja amiga me invit\u00f3 a visitarlos en su casa de playa. El marido me explic\u00f3 por tel\u00e9fono c\u00f3mo llegar al sitio, que queda bastante aislado del pueblo m\u00e1s cercano. Sab\u00eda de antemano que tendr\u00eda que atravesar una calle de tierra y que una vez en la casa podr\u00eda disfrutar de la m\u00e1s completa tranquilidad junto a ellos dos, ya que no ten\u00edan ni vecinos, ni radio, ni siquiera un tocadiscos. Iban a ser dos d\u00edas pasados en la playa desierta hasta la noche, cuando entrar\u00edamos a la casita a cenar y a acostarnos a dormir. Seg\u00fan ellos, estar\u00edamos juntos pero lo suficientemente distanciados para que cada cual pudiese leer o meditar o dormir cuanto quisiese. Todo iba a ser como un retiro espiritual sin doctrina de por medio. He aqu\u00ed lo que fue:<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando iba por la mitad de la autopista, el viernes por la noche, bajo una lluvia torrencial, me di cuenta que hab\u00eda dejado olvidada en mi casa una bolsa donde hab\u00eda guardado muy ordenadamente una media docena de libros, papel y dos bol\u00edgrafos para escribir. Escog\u00ed los libros como para satisfacer cualquier estado de \u00e1nimo que me viniese: dos novelas que supon\u00eda buenas (una de misterio), dos antolog\u00edas de ensayos sobre temas trascendentes de aspecto aburridor, un libro escrito por un farsante que seguramente provocar\u00eda mi bilis, y una colecci\u00f3n de crucigramas. El papel y los bol\u00edgrafos eran para anotar las miles de ideas que estaba seguro se me ocurrir\u00edan mientras me tostaba al sol y ve\u00eda romper las olas.<\/p>\n\n\n\n<p>Continu\u00e9 mi viaje sin esta bolsa de distracciones, tratando de convencerme, siguiendo el ritmo del parabrisas que ten\u00eda frente a mis ojos, de que no me aburrir\u00eda, de que pod\u00eda hacer ejercicios de concentraci\u00f3n similares a los que algunos amigos hac\u00edan tres veces por semana bajo las instrucciones de un hipnotista profesional: y, en fin, repiti\u00e9ndome que mis anfitriones seguramente tendr\u00edan algo que leer y papel y pluma para prestarme, si es que yo consideraba ineludible escribir. Adem\u00e1s, \u00bfacaso no era el prop\u00f3sito fundamental de mi viaje tomar sol y ba\u00f1arme en el mar? Leer y escribir pod\u00eda hacerlo todos los d\u00edas. Yo iba al encuentro de la naturaleza, aun cuando ella se manifestara esa noche en una casi r\u00e9plica del diluvio universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco y ya mareado por el parabrisas, pas\u00e9 el pueblo que me hab\u00edan se\u00f1alado, tom\u00e9 la carretera de tierra, y all\u00ed al final estaba la casita toda iluminada, y seguramente toda acogedora, como en los cuentos de hadas. Me baj\u00e9 del auto con mi valija en la mano, corr\u00ed hasta la puerta gritando: \u201c\u00a1Aqu\u00ed estoy yo! \u00a1Buenas noches!\u201d, la abr\u00ed, entr\u00e9, pens\u00e9 que no \u201chab\u00eda nadie, me pareci\u00f3 extra\u00f1o que a\u00fan ellos no hubieran llegado, y entonces vi un papel blanco recostado contra una l\u00e1mpara, donde me dejaban dicho que les hab\u00eda surgido un inconveniente y no podr\u00edan estar conmigo sino hasta el d\u00eda siguiente por la tarde, Agregaban que hab\u00eda tragos en la despensa y comida en la refrigeradora. Menos mal.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que esa noche beb\u00ed y com\u00ed m\u00e1s de la cuenta, debido a la soledad que me produjo la lluvia golpeando contra las paredes y cristales de la casita, sinti\u00e9ndome como el anciano marinero del conocido poema o m\u00e1s sencillamente como un ermita\u00f1o involuntario, me quit\u00e9 la ropa y me acost\u00e9 en el \u00fanico sof\u00e1 que hab\u00eda en la \u00fanica habitaci\u00f3n. Supuse que era sal\u00f3n y dormitorio al mismo tiempo y mientras me dorm\u00eda record\u00e9 que en la ciudad llamamos a eso \u201cestudio ambiente\u201d. Definitivamente vivimos rodeados de t\u00e9rminos inadecuados; con raz\u00f3n nos cuesta tanto trabajo trabajo entendernos. As\u00ed que en el medio de ese \u201cestudio ambiente\u201d, sin ganas de estudiar, me qued\u00e9 dormido y debo haber tenido varias pesadillas, porque me despert\u00e9 casi al amanecer, sintiendo picadas por todo el cuerpo. Las picadas eran de los mosquitos que deben haber tenido conmigo un gran banquete. Mir\u00e9 por la ventana la lluvia que segu\u00eda cayendo con fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Camin\u00e9 varias veces de un lado a otro de la habitaci\u00f3n y cuando casi estaba decidido a vestirme y regresar a la ciudad, encontr\u00e9 junto al papel que mis amigos me hab\u00edan dejado, dos libros, uno encima del otro, y una nota que dec\u00eda: \u201cPor si te aburres\u201d. Mientras la lluvia ca\u00eda y ca\u00eda toda esa ma\u00f1ana y esa tarde, mientras me fum\u00e9 casi un paquete de cigarrillos y com\u00ed y beb\u00ed y me sent\u00e9 y me volv\u00ed a acostar y me pas\u00e9 las u\u00f1as por todo el cuerpo, haci\u00e9ndome brotar a veces una sangre oscura que se coagulaba en puntos parecidos a lunares, mientras transcurri\u00f3 ese largo d\u00eda que luego, debo admitir, me pareci\u00f3 bastante corto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAdivinan qu\u00e9 le\u00ed? <em>Gu\u00eda para Comer Fuera en Nueva York<\/em>, por Craig Claiborne, cr\u00edtico de restaurantes del peri\u00f3dico New York Times, edici\u00f3n de 1968, \u201caumentada, revisada y completamente redise\u00f1ada\u201d. El Sr. Claiborne declara en el pr\u00f3logo a su obra maestra que ella ha sido el resultado de 4.000 horas de haberse sentado en una mesa frente a comida, tiempo que representa haber visitado dos restaurantes por d\u00eda, cinco d\u00edas por semana, durante casi seis a\u00f1os. Rese\u00f1a en total 700 lugares, a todos los cuales ha ido de manera inc\u00f3gnita y siempre pagando su cuenta (me imagino que quien paga es el peri\u00f3dico); Su trabajo tiene el prop\u00f3sito de informar a los lectores sobre la calidad de los establecimientos que visita, graduados por \u00e9l de tres a ninguna estrella. Sus principales conclusiones son: que Nueva York posee los mejores restaurantes de los Estados Unidos pero que no tiene un restaurant franc\u00e9s de gran categor\u00eda; que tiene, sin embargo, los mejores para comida china, superiores a aquellos de San Francisco, Hong Kong y hasta de Tokio; y que Nueva York tampoco tiene ni un extraordinario restaurant italiano ni uno que sirva pescado de alta calidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sugiere el Sr. Claiborne que no se pida vino porque siempre supone un precio escandaloso y que se d\u00e9 como propina el 15% de la suma total, a menos que el servicio haya sido deficiente. En tal caso, aconseja que no se deje nada, porque a fin de cuentas, uno no va a volver. Mientras le\u00eda las largas listas que preceden a la descripci\u00f3n pormenorizada de cada restaurant, sent\u00ed que me importaba menos el hurac\u00e1n afuera y que me dol\u00edan menos las picaduras. \u00a1Qu\u00e9 inventiva demuestra el hombre para nombrar un restaurant!: <em>Bo Bo; Quo Vadis; La Toca Blanca; Restaurant Chino de Perla: Antica Roma; Cedros del L\u00edbano; Cristo; El Matador; Frankie and Johnnie; Gran Shanghai; Casa de Chan; Casa de Milano; Il Bambino; La Groser\u00eda; Pireus, Mt amor; La Mujer de Tony; Ho Ho; El Hijo del Sheik; La Mesa del Sult\u00e1n; Italian\u00edsimo; Roman\u00edsimo<\/em>, estos dos \u00faltimos escogidos probablemente en un estado de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A mitad de la ma\u00f1ana, un poco marcado por las descripciones culinarias del Sr. Claiborne y en particular por las de los 37 restaurantes hispano-americanos que me hab\u00eda propuesto revisar (todos sienten la obligaci\u00f3n de ofrecer paella), abr\u00ed la puerta, la lluvia me ba\u00f1\u00f3 la cara, y regres\u00e9 a sentarme en uno de los dos sillones para leer el segundo libro que me hab\u00edan dejado mis ahora extra\u00f1os amigos. <em>Gu\u00eda Exclusiva de los Restaurantes Chinos en Nueva York<\/em>, por William Clifford: \u201cla sorprendente variedad; las delicias ex\u00f3ticas, y el asombroso buen precio de la cocina china en Nueva York\u201d. El autor comienza diciendo que \u201custed puede comer mejor con menos dinero en los restaurantes chinos que en cualquier otra parte en Nueva York. Cuando los due\u00f1os de restaurantes newyorkinos sacan a su familia a comer, casi siempre la llevan a Chinatown\u201d. Y para refrendar su audacia, agrega una cita: \u201cMe encuentro cada vez m\u00e1s frecuentemente visitando restaurantes chinos por el placer absoluto de comer bien\u201d, dice Craig Claiborne, quien los conoce todos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento pens\u00e9 simult\u00e1neamente dos cosas: o el Sr. Claiborne hab\u00eda sido hu\u00e9sped de mis amigos hace poco (cosa improbable), o ellos lo admiran mucho. Impresionado por la notoriedad, hasta entonces para m\u00ed desconocida, de este se\u00f1or, segu\u00ed leyendo la Introducci\u00f3n, donde aprend\u00ed que los mejores sitios quedan en el barrio chino (como era de esperarse) y que dicha cocina se divide en cantonesa y no-cantonesa. La mejor es la primera, pero ambas gozan de la experiencia de 4.664 a\u00f1os de esfuerzos. Es preferible ir a un restaurant chino en grupo, al menos de cuatro, porque las porciones son lo suficientemente grandes para que todos puedan comer con dos o tres.<\/p>\n\n\n\n<p>Al leer esto, me sent\u00ed otra vez solo, aislado y anacoreta, y casi no me llam\u00f3 la atenci\u00f3n aprender que los chinos, como los japoneses, toman la sopa durante la comida o al final y nunca al principio, as\u00ed como que tampoco comen dulces al final ni toman vino. El autor insiste que la mejor bebida para acompa\u00f1ar un plato chino es la cerveza o el t\u00e9, \u201csi hace fr\u00edo\u201d. Fui y me hice una taza de t\u00e9 y mientras me lo tomaba le\u00ed sobre platos como almejas con crema de frijoles negros; pich\u00f3n con mel\u00f3n amargo; Delicia de Buda, que es una combinaci\u00f3n vegetariana de \u201clos ingredientes m\u00e1s extra\u00f1os, ya que se sabe que los monjes siempre han logrado sacar todas las ventajas posibles de su pobreza y de sus restricciones diet\u00e9ticas\u201d (pero el autor prefiri\u00f3 no dar m\u00e1s explicaciones); crisantemos con arroz; y parrilla de Mongolia, llamada as\u00ed porque a la carne se le unta una salsa de \u201cmuchos ingredientes\u201d (pero el autor tampoco suelta prenda).<\/p>\n\n\n\n<p>Luego viene una lista muy extensa de los restaurantes, cuyos nombres son todos parecidos. Pero ya me sent\u00eda cansado de leer y de imaginarme platos y decid\u00ed cerrar el libro, no sin hacerme el prop\u00f3sito de comprar los dos la pr\u00f3xima vez que vaya a Nueva York. Debe ser muy entretenido andar con ellos bajo el brazo y voltearle la cara a todos los <em>delicatessen<\/em> y cafeter\u00edas que uno encuentre.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces me acord\u00e9 de mis amigos y vi la lluvia y decid\u00ed voltearles la cara a ellos tambi\u00e9n. Recog\u00ed mi valija y corr\u00ed al auto. Regres\u00e9 a la ciudad casi de noche. Llam\u00e9 a unos amigos y salimos a comer a un restaurant chino. Gracias a Dios que \u00e9ramos cuatro. Les insist\u00ed que no pidieran ni chow mein ni chop suey, recordando que el Sr. Clifford considera esos dos platos como basura para turistas. Mientras com\u00edamos un men\u00fa tan ex\u00f3tico que el due\u00f1o del restaurant vino a la mesa a saludarnos, les cont\u00e9 c\u00f3mo hab\u00eda pasado las \u00faltimas veinticuatro horas. Todos coincidieron que hab\u00eda sido una l\u00e1stima la eterna lluvia con que me encontr\u00e9, pero ninguno me crey\u00f3 lo de los dos libros.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos me repet\u00edan la misma pregunta, que a\u00fan hoy yo me sigo repitiendo: \u00bfPor qu\u00e9 dejaron PRECISAMENTE esos dos libros? Pasar\u00e1 alg\u00fan tiempo antes de que lo sepa. Los llam\u00e9 por tel\u00e9fono y su criada me dijo que hab\u00edan tenido que marcharse de pronto a Nueva York. \u00bfA qu\u00e9? Ella no sab\u00eda. No puede haber sido a visitar los restaurantes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Vida de caf\u00e9s<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Quiero expresar mi m\u00e1s sentido p\u00e9same a todas aquellas personas que vivan en ciudades donde no existan caf\u00e9s al aire libre. Para la envidia de ellas y para aquellos que como yo, pueden de pronto mandar al diablo ocupaciones y pre-ocupaciones sent\u00e1ndose frente a una mesa por varias horas a ver pasar gente, he aqu\u00ed un imperfecto manual (mi humildad es inconmensurable) para disfrutar al m\u00e1ximo (mi arrogancia est\u00e1 respaldada por una larga experiencia) el rato que usted quiera o anhele pasar en un caf\u00e9:<\/p>\n\n\n\n<p>1.\u2014No salga de su casa o de su trabajo deliberadamente hacia establecimientos que entorpecen el tr\u00e1fico de los peatones. Si planea ir a sentarse a un caf\u00e9, lo m\u00e1s probable es que se aburra. Mejor camine distra\u00eddamente, viendo vidrieras, esperando la luz verde en cada esquina, y cuando pase por cualquier caf\u00e9 \u2014f\u00edjese bien que sea cualquiera y no uno premeditadamente escogido\u2014 suspire, p\u00e1rese, y d\u00edgase a s\u00ed mismo que no ser\u00eda mala idea sentarse un rato a tomar alg\u00fan l\u00edquido caliente o fr\u00edo. La temperatura, por supuesto, no se la puedo indicar yo y seguramente depender\u00e1 de su estado f\u00edsico y de las condiciones climatol\u00f3gicas imperantes.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u2014Antes de proceder a aconsejar sobre la relaci\u00f3n que se debe entablar con el mesonero, quiero llamar la atenci\u00f3n al hecho de que he supuesto que usted no ir\u00e1 con alguna compa\u00f1\u00eda. Siempre es preferible sentarse solo en un caf\u00e9 porque as\u00ed uno podr\u00e1 concentrarse ampliamente en lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, si anda con alguien cuando se le antoje perder el tiempo de esta manera, trate de mantener la conversaci\u00f3n a un m\u00ednimo de palabras o deje que la otra persona monologue. Usted no est\u00e1 ah\u00ed sentado para participar en discusiones, confesiones o intercambios, sino para ver y o\u00edr todo lo que pasa. El tiempo y la experiencia ciertamente le se\u00f1alar\u00e1n cu\u00e1les de sus conocidos son personas aptas para acompa\u00f1arlo en un caf\u00e9. En relaci\u00f3n a personas conocidas, es imprescindible que usted aprenda tan pronto como pueda a distinguirlos a una cierta distancia, y al verlos venir en direcci\u00f3n al caf\u00e9 debe inmediatamente mirar hacia el suelo o hacia el cielo, pretender cualquier preocupaci\u00f3n o inquietud, porque de lo contrario puede tener la absoluta seguridad de que se le acercar\u00e1n y mientras saludan se sentar\u00e1n a su lado. Si esto sucede, es preferible que le haga una se\u00f1a al mesonero, pague y se pare porque ya el rato est\u00e1 arruinado. En suma, el caf\u00e9 no es, como creen los incautos, para rodearse de amigos y pasarse horas hablando y escuchando lo que ellos dicen. El caf\u00e9 es para sentarse uno solo, o quiz\u00e1s con otro ser que tenga las mismas intenciones, y relajar m\u00fasculos y mente mientras observa el divertido circo humano que est\u00e1 all\u00ed a su disposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>3.\u2014Digamos pues que usted ha suspirado, ha decidido que le gustar\u00eda tomar algo y se ha sentado. Qu\u00e9dese as\u00ed y por ninguna raz\u00f3n llame la atenci\u00f3n del mesonero. El vendr\u00e1 cuando quiera y usted no tiene ning\u00fan apuro. Si empieza a palmotear o a hacerle se\u00f1as, este hombre de orejas y cara como de perro triste arrastrar\u00e1 los pies, le atender\u00e1 de mala gana y lo tratar\u00e1 como a un intruso. Tal recepci\u00f3n responde al hecho de que el mesonero est\u00e1 haciendo precisamente lo que usted va a hacer ah\u00ed \u201csentado: mirando y oyendo lo que ocurre a su alrededor. Podr\u00eda decirse que \u00e9l trabaja mientras se deleita, as\u00ed que d\u00e9jelo inadvertido y \u00e9l vendr\u00e1. Cuando venga, no le diga lo que quiere seguido de un \u201cpor favor\u201d porque entonces usted pasar\u00e1 ante sus ojos como un verdadero forastero a quien hay que atender r\u00e1pido para que se marche r\u00e1pido. D\u00e9le los buenos d\u00edas o tardes y d\u00edgale algo como: \u201c\u00bfQu\u00e9 tal?\u201d, o mejor \u201c\u00bfC\u00f3mo le va?\u201d. El creer\u00e1 que usted ha venido antes, a lo mejor sonreir\u00e1 o le har\u00e1 una peque\u00f1a venia, y ya habr\u00e1n entablado muy buenas relaciones. P\u00eddale lo que quiere tomar y goce vi\u00e9ndolo deslizarse como un barco de vela que va sereno por entre las mesas.<\/p>\n\n\n\n<p>4 \u2014Ahora mire a su alrededor. S\u00ed, la rubia gorda lim\u00e1ndose las u\u00f1as es todo lo que usted piensa; de un momento a otro la ver\u00e1 en acci\u00f3n, abriendo y cerrando las pesta\u00f1as, humedeci\u00e9ndose los labios, volviendo a cruzar las piernas ya dos veces cruzadas, y sonriendo al se\u00f1or que ha pretendido estar viendo los zapatos de aquella vidriera. El viene, se sienta al lado de la rubia y casi inmediatamente ella suelta una alegre carcajada. Los dos viejos de tez color de aceituna sentados en esa otra mesa son a lo mejor joyeros o vendedores de joyas (hay una gran diferencia entre ambas profesiones) o quiz\u00e1 tienen algo que ver con apuestas o mesas de p\u00f3ker. Usted est\u00e1 all\u00ed en la mesa para tratar de averiguar qui\u00e9nes son, para confabular una ficci\u00f3n que a lo mejor resulta cierta. Mientras tanto, pare la oreja y oiga la conversaci\u00f3n de la mesa de atr\u00e1s, esa de las dos chicas discutiendo cu\u00e1l pel\u00edcula prefieren ver, cuando en realidad lo que les gustar\u00eda es no ir al cine y conocer aqu\u00ed mismo a alguien que les agarre una mano y les pague la cuenta. Oiga el acento extranjero de una vieja que le cuenta a otra m\u00e1s vieja su visita habitual al supermercado, detallando cada compra con precios y tama\u00f1os. Vea al hombre de enfrente absorto mirando c\u00f3mo el limpiabotas le pule un zapato, y a los dos m\u00e1s atr\u00e1s sacando cuentas en la superficie blanca de la mesa. Y mientras ve y oye a todos lo que le acompa\u00f1an en el caf\u00e9 mire el desfile que va y viene por entre las mesas: gente apurada, gente pausada, muchachas d minifaldas, mujeres embarazadas (cu\u00e9ntelas y tendr\u00e1 una idea vaga de cu\u00e1nto crece la poblaci\u00f3n), estudiantes con libros bajo el brazo, uno que otro hombre que camina con la seguridad de saber que no hay nadie mejor que \u00e9l, altos, bajos, gordos, flacos, j\u00f3venes, viejos, y la lista podr\u00eda continuar eternamente jam\u00e1s llegase a ser totalmente inclusiva. Todos pasando y usted mirando. Si llegara a marearle un poco el tr\u00e1fico, tiene el suelo y el cielo para descansar la vista. \u00bfQu\u00e9 otro lugar puede ofrecerle mayor variedad?<\/p>\n\n\n\n<p>5.\u2014Mientras crece su euforia o su aburrimiento, se le ir\u00e1n acercando una serie de vendedores de cosas cuyo \u00fanico com\u00fan denominador es la impulsividad que despiertan. Algunas son comestibles, como papitas fritas, man\u00edes y chupetas de colores mientras que otras pueden ser para usarlas en el mismo instante en que se compran, como anteojos de sol, plumas fuentes, lazos de terciopelo para el pelo, prendedores de madera con nombres de mujer, y peque\u00f1os juguetes que hacen algo. Aun otras son para un consumo m\u00e1s \u00edntimo como hojillas de afeitar, dent\u00edfricos, colonias en frascos m\u00ednimos con nombres franceses, y otro producto que siempre se vende en la calle a se\u00f1ores con ojos inquietos. Pero indudablemente que lo que m\u00e1s se vende en un caf\u00e9, a juzgar por el n\u00famero de oferentes, es loter\u00eda. He llegado a contar hasta quince variedades y muchas m\u00e1s t\u00e9cnicas para venderlas. La m\u00e1s implacable es la del hombre que se acerca a la mesa, tira los billetes encima de ella sin siquiera mirarlo a uno, y se queda imp\u00e1vido. Lo mejor es responderle con una expresi\u00f3n similar a la que \u00e9l tenga en su rostro y recordar aquel \u201csabio dicho de Santa Teresita: \u201cLa paciente perseverancia lo consigue todo\u201d. Tarde o temprano, y seguramente tarde, \u00e9l se ir\u00e1. Pero si usted sucumbe al estoicismo del vendedor, ha ca\u00eddo sin darse cuenta en las manos de los otros catorce que uno por uno, y con exasperante insistencia, vendr\u00e1n a obligarlo a que pruebe la suerte con sus billetes. Por lo tanto, es preferible que si usted desea jugar a la loter\u00eda o comprar cualquier cosa, no utilice su rato en el caf\u00e9 para estos fines. Usted no est\u00e1 all\u00ed sentado para comprar o vender sino para distraerse viendo a los otros comprando, vendiendo, gesticulando, riendo, hablando; en fin, viviendo.<\/p>\n\n\n\n<p>6.\u2014Si por casualidad usted es de los que se sienten inc\u00f3modos con las manos vac\u00edas y el tiempo libre, en cuyo caso a lo mejor no deber\u00eda ir a sentarse a un caf\u00e9, puede llevar consigo un peri\u00f3dico o un libro que le dar\u00e1n \u201calgo que hacer\u201d mientras mira. Especialmente un peri\u00f3dico puede ser muy \u00fatil para esconderse de gente conocida que usted vea venir a la distancia. En algunos caf\u00e9s, el mesonero puede suministrarle tambi\u00e9n papel y pluma para escribir, pero si usted es mujer le recomiendo que \u00fanicamente se siente con las manos cruzadas mirando serenamente al frente, o de lo contrario alg\u00fan se\u00f1or aprovechar\u00e1 preguntarle qu\u00e9 lee o escribe para sentarse a su lado. Este consejo por supuesto funciona tambi\u00e9n al rev\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>7.\u2014Cuando haya gozado suficientemente de la gente, del aire, de lo que sea, y se sienta en paz, trate de encontrar los ojos del mesonero y sonr\u00edale. El vendr\u00e1 con su paso de ping\u00fcino, le cobrar\u00e1 lo que haya consumido, esperar\u00e1 para ver cu\u00e1nto le deja de propina, \u00a1sea generoso, por favor!, y lo despedir\u00e1 con un \u201cHasta ma\u00f1ana\u201d como si usted fuera cliente diario y favorito. Al d\u00eda siguiente, no vaya ni a ese caf\u00e9 ni a ning\u00fan otro. Espere mejor otro momento cuando se le antoje perder un poco de tiempo y ganar un poco de tranquilidad. Entonces si\u00e9ntese en un caf\u00e9 nuevo, diferente, a ver pasar la misma gente y a descubrir a cada uno ese detalle que lo identifica.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/isaac-chocron\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La carta, por favor El \u00faltimo fin de semana una pareja amiga me invit\u00f3 a visitarlos en su casa de playa. El marido me explic\u00f3 por tel\u00e9fono c\u00f3mo llegar al sitio, que queda bastante aislado del pueblo m\u00e1s cercano. Sab\u00eda de antemano que tendr\u00eda que atravesar una calle de tierra y que una vez en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9978,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9977"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9977"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9977\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9979,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9977\/revisions\/9979"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9978"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9977"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9977"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9977"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}