{"id":992,"date":"2021-08-30T21:12:51","date_gmt":"2021-08-30T21:12:51","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=992"},"modified":"2023-11-24T18:38:57","modified_gmt":"2023-11-24T18:38:57","slug":"la-hora-menguada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-hora-menguada\/","title":{"rendered":"La hora menguada"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">R\u00f3mulo Gallegos<\/h4>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 horror! \u00a1Qu\u00e9 horror!<\/p>\n<p>Clamaba Enriqueta, con las manos sobre las sienes consumidas por el sufrimiento, pase\u00e1ndose de un extremo a otro de la sala, impregnada todav\u00eda del dulce y pastoso aroma de nardos y azucenas del mortuorio reciente.<\/p>\n<p>-Ya me lo dec\u00eda el coraz\u00f3n. No era natural que t\u00fa te desesperaras tanto por la muerte de Adolfo. Si parec\u00eda que eras t\u00fa la viuda y no yo. \u00a1Y yo tan ciega, tan c\u00e1ndida! \u00bfC\u00f3mo es posible que no me hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando? \u00a1Traicionada por mi propia hermana, en mi propia casa!&#8230;<\/p>\n<p>Amelia la o\u00eda sin protestar. Ten\u00eda el aire est\u00fapido de un alelamiento doloroso; sus ojos, que un leve estrabismo ba\u00f1aba de languidez y dulzura, encarnizados por el llanto y por el insomnio, segu\u00edan el ir y venir de la hermana con esa distra\u00edda persistencia del idiotismo. Parec\u00eda abrumada por el horror de su culpa; pero no reflexionaba sobre ella; ni siquiera pensaba en el infortunio que hab\u00eda ca\u00eddo para siempre sobre su vida.<\/p>\n<p>Atormentada por los celos, tr\u00e9mula de indignaci\u00f3n y de despecho, Enriqueta escarbaba con implacable sa\u00f1a en aquella herida que era dolor de ambas, arranc\u00e1ndole las m\u00e1s crueles confesiones a la hermana, quien las iba haciendo d\u00f3cilmente con la sencillez de un ni\u00f1o, llegando a un inquietante \u00a0extremo de exageraci\u00f3n cuando Amelia le confes\u00f3 que era madre.<\/p>\n<p>\u00a1Ella, que tanto lo deseara, no hab\u00eda podido serlo durante su matrimonio! \u00bfNo era el colmo de la crueldad del destino para con ella, que tuviese que amargar m\u00e1s a\u00fan, con el despecho de su esterilidad su dolor y su ira de esposa ofendida, de hermana traicionada? \u00a1Esto s\u00f3lo le faltaba: tener de qu\u00e9 avergonzarse!<\/p>\n<p>Al cabo la violencia misma de sus sentimientos la rindi\u00f3. Llor\u00f3 largo rato, desesperadamente; luego m\u00e1s due\u00f1a de s\u00ed misma y aquietada por el saludable estrago de su tormenta interior, le dijo a la hermana con una s\u00fabita resoluci\u00f3n:<\/p>\n<p>-Bien. Hay que tratar ahora de ver si se salva algo: siquiera el concepto de los dem\u00e1s. Nos iremos de aqu\u00ed, donde todo el mundo nos conoce y nos sacar\u00edan a la cara esta verg\u00fcenza. Nos instalaremos en el campo hasta que tu hijo haya nacido. Y ser\u00e1 m\u00edo. Yo mentir\u00e9 y me prestar\u00e9 a la comedia para salvarte a ti de la deshonra&#8230; y&#8230;<\/p>\n<p>Pero no se atrevi\u00f3 a expresar su verdadero sentimiento, agregando: y para librarme yo de las burlas de la gente. Porque en aquel rapto de heroica abnegaci\u00f3n no pod\u00eda faltar, para que fuese humana, el flaco impulso de una peque\u00f1a pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Amelia la oy\u00f3 con sorpresa y se le llenaron de l\u00e1grimas los ojos que parec\u00edan haber olvidado el llanto: su instinto maternal midi\u00f3 un instante la enormidad del sacrificio que se le exig\u00eda. Respondi\u00f3 resignada:<\/p>\n<p>-Bueno, Enriqueta. Como t\u00fa digas. Ser\u00e1 tuyo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Confundi\u00e9ndolas en un mismo amor creci\u00f3 Gustavo Adolfo al lado de aquellas dos mujeres que se ve\u00edan y se deseaban para colmarlo de ternuras.<\/p>\n<p>Era un pugilato de dos almas atormentadas por el secreto, para adue\u00f1arse plenamente de la del ni\u00f1o que era de ambas y a ninguna pertenec\u00eda.<\/p>\n<p>-\u00a1Mi hijo! \u00a1Mi hijito!&#8230;<\/p>\n<p>Dec\u00eda Enriqueta, comi\u00e9ndoselo a besos, con el coraz\u00f3n torturado por el anhelo maternal que se desesperaba ante la evidencia de su mentira.<\/p>\n<p>-\u00a1Muchacho! \u00a1Muchachito!<\/p>\n<p>Exclamaba Amelia, sufriendo la pena de T\u00e1ntalo por no poder satisfacer su orgullo materno ostentando la verdad de su amor.<\/p>\n<p>Y a medida que el ni\u00f1o crec\u00eda aumentaba el conflicto sentimental que cada una llevaba dentro del alma. Cel\u00e1banse y espi\u00e1banse mutuamente: Enriqueta siempre temerosa de que Amelia descubriese alg\u00fan d\u00eda la verdad al ni\u00f1o; Amelia de continuo en acecho de las extremosas ternuras de la hermana para superarlas con las suyas.<\/p>\n<p>Por momentos esta perenne tensi\u00f3n de sus \u00e1nimos se resolv\u00eda en crisis de odio rec\u00edproco. Acontec\u00edales muy a menudo pasar d\u00edas enteros sin dirigirse palabra, cada cual encerrada en su habitaci\u00f3n, para no tener que sufrir la presencia de la otra, y cuando se sentaban en la mesa o, por las noches, se reun\u00edan en la sala en torno al ni\u00f1o que charlaba copiosamente hasta caer rendido de sue\u00f1o sobre el sof\u00e1, una y otra lanz\u00e1banse feroces reojos a hurtadillas de la criatura que hac\u00eda las veces de int\u00e9rprete entre ambas. A veces un simult\u00e1neo impulso de ternura reun\u00eda sobre la infantil cabecita las manos de ellas que se encontraban y tropezaban en una misma caricia; bruscamente las retiraban a tiempo que sus bocas contra\u00eddas por duros gestos de encono, dejaban escapar gru\u00f1idos que unas veces provocaban la hilaridad y otras la extra\u00f1eza del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Pero la misma fuerza de la abnegaci\u00f3n con que sobrellevaban la enojosa situaci\u00f3n no tardaba en derramar su ben\u00e9fico influjo sobre aquellos esp\u00edritus exasperados por el amor y ro\u00eddos por el secreto. Bastaba que un donaire del ni\u00f1o sacase a las bocas endurecidas por la pasi\u00f3n rencorosa, la ternura de una sonrisa; mir\u00e1banse entonces largamente, hasta que se les humedec\u00edan los ojos, y reconoci\u00e9ndose mutuamente buenas y sinti\u00e9ndose confortadas por el sacrificio, olvidaban sus mutuos recelos, para decirse:<\/p>\n<p>-\u00a1Lo qu\u00e9 debes sufrir t\u00fa!<\/p>\n<p>-T\u00fa eres quien m\u00e1s sufre&#8230; y por mi culpa.<\/p>\n<p>Eran momentos de honda vida interior que a veces no llegaba a sus conciencias bajo la forma de un pensamiento; pero que estaba all\u00ed, como el agua de los fondos, d\u00e1ndoles la moment\u00e1nea intuici\u00f3n de algo inefable que atravesara sus existencias revelando cuanto de divino duerme en la entra\u00f1a de la grosera substancia humana; instantes de una intensa felicidad sin nombre que les levantaba las almas en una suspensi\u00f3n de arrobamientos. Eran sus horas de santidad.<\/p>\n<p>Y eran entonces los ojos del ni\u00f1o los que parec\u00eda que acertasen a ver mejor estos rel\u00e1mpagos del \u00e1ngel en las miradas de ellas, porque siempre que aquello aconteci\u00f3, Gustavo Adolfo se qued\u00f3 s\u00fabitamente serio, vi\u00e9ndolas a las caras transfiguradas, con un aire inexpresable.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>As\u00ed transcurri\u00f3 el tiempo y Gustavo Adolfo lleg\u00f3 a hombre.<\/p>\n<p>Mansa y calmosa, su vida discurr\u00eda al arrimo de las extremadas ternuras de aquellas dos mujeres que eran para \u00e9l una sola madre y en cuyas almas el fuego del sacrificio parec\u00eda haber consumido totalmente las escorias del recelo ego\u00edsta y del amor codicioso. Pero un d\u00eda -\u00e9l nunca pudo decir cuando ni por qu\u00e9-, una brusca eclosi\u00f3n de subconciencia le llen\u00f3 el esp\u00edritu de un sentimiento inusitado y extra\u00f1o: era como una expectativa de algo que hubiese pasado ya por su vida y que, de un momento a otro hubiera de volver.<\/p>\n<p>De all\u00ed en adelante aconteciole\u00a0sentir\u00a0esto muy a menudo, sobre todo cuando viniendo de la calle, pon\u00eda el pie en su casa. En veces fue tan l\u00facida esta visi\u00f3n inmaterial que lleg\u00f3 a adquirir la convicci\u00f3n de que toda su vida estaba sostenida sobre un misterio familiar, que \u00e9l no pod\u00eda precisar cu\u00e1l fuese, a pesar de que, en aquellos momentos, estaba seguro de haber tenido en \u00e9l inequ\u00edvocas revelaciones, all\u00e1 en su ni\u00f1ez. Sobrecogido de este sentimiento, que no se ocupaba de analizar, cada vez que entraba en su casa deten\u00edase en el zagu\u00e1n, con el o\u00eddo contra la puerta, espiando el silencio interior, convencido de que alg\u00fan d\u00eda terminar\u00eda por o\u00edr la palabra que descorriese el velo de su inquietante misterio.<\/p>\n<p>Y la escuch\u00f3 por fin.<\/p>\n<p>A tiempo que \u00e9l entraba en el zagu\u00e1n oy\u00f3 la voz airada de Enriqueta dici\u00e9ndole a Amelia:<\/p>\n<p>-Y si no hubiera sido por m\u00ed, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de ti? Ni tu hijo te querr\u00eda, porque Gustavo Adolfo no te hubiera perdonado el que lo hayas hecho hijo de una culpa. Me traicionaste, me quitaste el amor de mi marido&#8230;<\/p>\n<p>-Pero te di mi hijo&#8230; \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s quieres? Te he dado lo que t\u00fa no supiste tener. Me debes la mayor alegr\u00eda de una mujer: o\u00edr que la llamen madre. Y te la he dado a costa m\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>-\u00a1Traidora!&#8230; Mala mujer&#8230;<\/p>\n<p>-\u00a1Est\u00e9ril!&#8230;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Han pasado a\u00f1os y a\u00f1os&#8230; Est\u00e1n viejas y solas&#8230; Gustavo Adolfo las ha abandonado&#8230; Se revolvi\u00f3 del zagu\u00e1n donde oy\u00f3 la vergonzosa revelaci\u00f3n de su misterio \u00a0\u00a0\u2014210\u2192\u00a0\u00a0 y no volvi\u00f3 m\u00e1s a la casa&#8230; Lo esperaron en vano, aderezado el puesto en la mesa, abierto el port\u00f3n durante las noches&#8230; \u00a1Ni una noticia de \u00e9l! Tal vez hab\u00eda muerto&#8230;<\/p>\n<p>Todav\u00eda lo aguardaban. El ruido de un coche que se detuviera cerca de la casa les hac\u00eda saltar los corazones&#8230; esperaban conteniendo el aliento, aguzados los o\u00eddos hacia el silencio del zagu\u00e1n&#8230; y pasaban largos ratos bajo las puertas de sus dormitorios que daban al patio en una espera anhelosa&#8230; luego se met\u00edan de nuevo a sus habitaciones a llorar&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1La vida rota! Destrozada en un momento de violencia por un motivo balad\u00ed: a\u00f1os de sacrificio, dos existencias de heroica abnegaci\u00f3n frustradas de pronto porque a una se le cay\u00f3 una copa de las manos y la otra profiri\u00f3 una palabra dura. As\u00ed comenz\u00f3 aquella disputa vulgar y est\u00fapida en la cual se fueron enardeciendo hasta concluir sac\u00e1ndose a las caras las mutuas verg\u00fcenzas; y as\u00ed termin\u00f3 para ellas, de una vez por todas, la felicidad que disfrutaban en torno al hijo com\u00fan, y la santa complacencia de s\u00ed mismas, que experimentaban cuando med\u00edan el sacrificio que cada una hab\u00eda hecho y se encontraban buenas.<\/p>\n<p>Ahora las atormentaba la soledad&#8230; el silencio de d\u00edas enteros, martiriz\u00e1ndose con el in\u00fatil pensamiento:<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 se me ocurri\u00f3 decir aquello?<\/p>\n<p>-\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfPor qu\u00e9 no me quitaste el habla?<\/p>\n<p>-\u00a1Y todo por una copa rota! \u00a1Qui\u00e9n pudiera recoger las palabras que no debi\u00f3 pronunciar!<\/p>\n<p>-\u00a1La hora menguada!&#8230;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gallegos-romulo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>R\u00f3mulo Gallegos -\u00a1Qu\u00e9 horror! \u00a1Qu\u00e9 horror! 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